Misal Romano (tercera edición) - Jueves Santo en la Cena del Señor: Misa vespertina

PROPIO DEL TIEMPO: TRIDUO PASCUAL

JUEVES SANTO EN LA CENA DEL SEÑOR

Misa vespertina


1. Por la tarde, en la hora más oportuna, se celebra la misa de la Cena del Señor, en la que participa plenamente toda la comunidad local y en la que todos los sacerdotes y ministros ejercen su propio oficio.

2. Pueden concelebrar todos los sacerdotes aunque en este día hayan celebrado la misa crismal o deban celebrar otra misa para el bien de los fieles.

3. Donde lo exija el bien pastoral, el ordinario del lugar puede permitir la celebración de otra misa, por la tarde, en las iglesias u oratorios públicos o semipúblicos, y en caso de verdadera necesidad, incluso por la mañana, pero solamente para los fieles que de ningún modo puedan participar en la misa vespertina.

Cuídese que estas misas no se celebren solamente para bien de personas privadas o pequeños grupos particulares y que nada perjudique la misa vespertina.

4. La sagrada comunión solamente se puede distribuir a los fieles dentro de la misa; a los enfermos se les puede llevar a cualquier hora del día.

5. Adórnese con flores el altar con la moderación conveniente al carácter de este día. El sagrario ha de estar completamente vacío; se ha de consagrar en esta misa suficiente pan para que el clero y el pueblo puedan comulgar hoy y mañana.

6. Antífona de entrada           Cf. Ga 6, 14
Nosotros hemos de gloriarnos en la cruz de nuestro Señor Jesucristo: en él está nuestra salvación, vida y resurrección, por él hemos sido salvados y liberados.

7. Se dice Gloria. Mientras se canta el himno, se hacen sonar las campanas, que ya no se vuelven a tocar hasta la Vigilia pascual, a no ser que el obispo diocesano juzgue oportuno establecer otra cosa. Así mismo durante este tiempo puede usarse e! órgano y otros instrumentos musicales solo para sostener el canto.

8. Oración colecta
OH, Dios,
al celebrar la Cena santísima
en la que tu Unigénito,
cuando iba a entregarse a la muerte,
confió a la Iglesia el sacrificio nuevo y eterno
y el banquete de su amor,
te pedimos alcanzar,
de tan gran misterio,
la plenitud de caridad y de vida.
Por nuestro Señor Jesucristo.

9. Después de la proclamación del Evangelio, el sacerdote pronuncia la homilía, en la cual se comentan los grandes misterios que se celebran en esta misa: la institución de la sagrada Eucaristía y del orden sacerdotal, y el mandato del Señor sobre la caridad fraterna.

Lavatorio de los pies

10. Terminada la homilía, se procede al lavatorio de los pies donde lo aconseje el bien pastoral.

11. Los que han sido designados de entre el pueblo de Dios, acompañados por los ministros, van a ocupar los asientos preparados para ellos. El sacerdote (dejada la casulla, si es necesario) se acerca a cada uno y, con la ayuda de los ministros, vierte agua sobre los pies y se los seca.

12. Mientras tanto se cantan algunas de las siguientes antífonas o algún otro canto apropiado.

Antífona 1          Cf. Jn 13, 4. 5. 15
El Señor, después de levantarse de la Cena, echó agua en la jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos. Éste fue el ejemplo que les dejó.

Antífona 2          Cf. Jn 13, 12. 13. 15
El Señor Jesús, después de haber cenado con sus discípulos, les lavó los pies y les dijo: «Comprendéis lo que yo, Señor y Maestro, he hecho con vosotros? Os he dado ejemplo para que vosotros también lo hagáis».

Antífona 3          Jn 13, 6. 7. 8 
R/.   Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?
        Jesús le contestó: «Si no te lavo los pies, no tienes parte conmigo».
V/.   Llegó a Simón Pedro y éste le dice: R/.
V/.   «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora; pero lo comprenderás más tarde». R/.

Antífona 4         Cf. Jn 13, 14
Si yo, vuestro Señor y Maestro, os he lavado los pies, cuánto más vosotros debéis lavaros los pies unos a otros.

Antífona 5          Cf. Jn 13, 35
R/. «En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros».
V/. Dijo Jesús a sus discípulos: R/.

Antífona 6          Cf. Jn 13, 34
Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado, dice el Señor.

Antífona 7          1 Cor 13, 13
R/.   Permanezcan en vosotros la fe, la esperanza, el amor, estas tres: la más grande es el amor.
V/.   Ahora quedan la fe, la esperanza, el amor, estas tes: la más grande es el amor. R/.

13. Inmediatamente después del lavatorio de los pies el sacerdote se lava y seca las manos, vuelve a ponerse la casulla y va a la sede desde la que dirige la oración universal.

No se dice Credo.

Liturgia eucarística

14. Al comienzo de la liturgia eucarística se puede organizar una procesión de los fieles en la cual, con el pan y el vino, se pueden presentar dones para los pobres. 

Mientras tanto se canta el siguiente himno u otro canto apropiado.

Ant. Ubi cáritas est vera, Deus ibi est.

V/. Congregávit nos in unum Christi amor.
V/. Exsultémus et in ipso iucundémur.
V/. Timeámus et amémus Deum vivum.
V/. Et ex corde diligámus nos sincéro.

Ant. Ubi cáritas est vera, Deus ibi est.

V/. Simul ergo cum in unum congregámur:
V/. Ne nos mente dividámur, caveámus.
V/. Cessent iúrgia malígna, cessent lites.
V/. Et in médio nostri sit Christus Deus.

Ant. Ubi cáritas est vera, Deus ibi est.

V/. Simul quoque cum beátis videámus
V/. Gloriánter vultum tuum, Christe Deus:
V/. Gáudium, quod est imménsum atque probum,
V/. Saecula per infiníta saeculórum. Amen.

15. Oración sobre las ofrendas
CONCÉDENOS, Señor,
participar dignamente en estos sacramentos,
pues cada vez que se celebra el memorial del sacrificio de Cristo,
se realiza la obra de nuestra redención.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

16. Prefacio

EL SACRIFICIO Y EL SACRAMENTO DE CRISTO

Texto musicalizado en Apéndice I.

V/.   El Señor esté con vosotros. R/.

V/.   Levantemos el corazón. R/.

V/.   Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R/.

EN verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

El cual, verdadero y único sacerdote,
al instituir el sacrificio de la eterna alianza
se ofreció el primero a ti como víctima de salvación,
y nos mandó perpetuar esta ofrenda en memoria suya.
Su carne, inmolada por nosotros,
es alimento que nos fortalece;
su sangre, derramada por nosotros,
es bebida que nos purifica.

Por eso, con los ángeles y arcángeles,
con los tronos y dominaciones,
y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

17.    I. Cuando se utiliza el Canon romano se hace todo como se indica en los nn. 18ss.

       II. Cuando se utiliza la plegaria eucarística II, en el relato de la institución se dice El cual, en esta misma noche, cuando iba a ser entregado a su pasión.

       III. Cuando se utiliza la plegaria eucarística III, en el relato de la institución se dice habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo los amó hasta el extremo y, mientras cenaba con sus discípulos.

18. El sacerdote, con las manos extendidas, dice:

Padre misericordioso,
te pedimos humildemente
por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor,

Junta las manos y dice:

que aceptes

Traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:

y bendigas estos  dones,
este sacrificio santo y puro que te ofrecemos,

Con las manos extendidas, prosigue:

ante todo, por tu Iglesia santa y católica,
para que le concedas la paz, la protejas,
la congregues en la unidad
y la gobiernes en el mundo entero,
con tu servidor el papa N.,
con nuestro obispo N.,

[con el obispo coadjutor (auxiliar) N. 

     o bien: 

y sus obispos auxiliares,

El obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:

conmigo, indigno siervo tuyo,

     o bien, cuando celebra un obispo que no es el ordinario diocesano, dice:

con mi hermano N., obispo de esta Iglesia de N.,
conmigo, indigno siervo tuyo,]

y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad,
promueven la fe católica y apostólica.

19. CONMEMORACIÓN DE LOS VIVOS

Acuérdate, Señor, de tus hijos [N. y N.]

Junta las manos y ora unos momentos por quienes tiene intención de orar.

Después, con las manos extendidas, prosigue:

y de todos los aquí reunidos,
cuya fe y entrega bien conoces;
por ellos y todos los suyos,
por el perdón de sus pecados
y la salvación que esperan,
te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen,
este sacrificio de alabanza,
a ti, eterno Dios, vivo y verdadero.

20. CONMEMORACIÓN DE LOS SANTOS

Reunidos en comunión con toda la Iglesia,
para celebrar el día santo
en que nuestro Señor Jesucristo
fue entregado por nosotros,
veneramos la memoria,
ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María,
Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor;
la de su esposo, San José;
la de los santos apóstoles y mártires
Pedro y Pablo, Andrés,
[Santiago y Juan,
Tomás, Santiago y Felipe,
Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo;
Lino, Cleto, Clemente,
Sixto, Cornelio, Cipriano,
Lorenzo, Crisógono,
Juan y Pablo,
Cosme y Damián,]
y la de todos los santos;
por sus méritos y oraciones
concédenos en todo tu protección.

[Por Cristo, nuestro Señor. Amén.]

21. Con las manos extendidas prosigue:

Acepta, Señor, en tu bondad,
esta ofrenda de tus siervos
y de toda tu familia santa,
que te presentamos en el día mismo
en que nuestro Señor Jesucristo
encomendó a sus discípulos
la celebración del sacramento
de su Cuerpo y de su Sangre;
ordena en tu paz nuestros días,
líbranos de la condenación eterna
y cuéntanos entre tus elegidos.

Junta las manos.

[Por Cristo, nuestro Señor. Amén.]

22. Extendiendo las manos sobre las ofrendas, dice:

Bendice y santifica, oh Padre, esta ofrenda
haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti,
de manera que sea para nosotros
Cuerpo y Sangre de tu Hijo amado,
Jesucristo, nuestro Señor.

Junta las manos.

23. En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse claramente y con precisión, como lo requiere la naturaleza de las mismas palabras.

El cual, hoy,
la víspera de padecer por nuestra salvación
y la de todos los hombres,

Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:

tomó pan en sus santas y venerables manos,

Eleva los ojos.

y elevando los ojos al cielo,
hacia ti, Dios Padre suyo todopoderoso,
dando gracias te bendijo, lo partió
y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Se inclina un poco.

TOMAD Y COMED TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTO ES MI CUERPO,
QUE SERÁ ENTREGADO POR VOSOTROS.

Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora, haciendo genuflexión.

24. Después prosigue:

Del mismo modo, acabada la cena,

Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, dice:

tomó este cáliz glorioso
en sus santas y venerables manos,
dando gracias te bendijo,
y lo dio a sus discípulos diciendo:

Se inclina un poco.

TOMAD Y BEBED TODOS DE ÉL,
PORQUE ÉSTE ES EL CALIZ DE MI SANGRE,
SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,
QUE SERÁ DERRAMADA
POR VOSOTROS Y POR MUCHOS
PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.

HACED ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora, haciendo genuflexión.

25. Luego dice una de las siguientes fórmulas:

Éste es el Misterio de la fe.

     O bien:

Éste es el Sacramento de nuestra fe.

Y el pueblo prosigue, aclamando:

Anunciamos tu muerte,
proclamamos tu resurrección.
¡Ven, Señor Jesús!

     O bien:

Aclamemos el Misterio de la fe.

Y el pueblo prosigue, aclamando:

Cada vez que comemos de este pan
y bebemos de este cáliz,
anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

     O bien:

Proclamemos el Misterio de la fe.

Y el pueblo prosigue, aclamando:

Sálvanos, Salvador del mundo,
que nos has liberado por tu cruz y resurrección.

26. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:

Por eso, Padre,
nosotros, tus siervos,
y todo tu pueblo santo,
al celebrar este memorial
de la muerte gloriosa de Jesucristo,
tu Hijo, nuestro Señor;
de su santa resurrección del lugar de los muertos
y de su admirable ascensión a los cielos,
te ofrecemos, Dios de gloria y majestad,
de los mismos bienes que nos has dado,
el sacrificio puro, inmaculado y santo;
pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación.

27. Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala,
como aceptaste los dones del justo Abel,
el sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe,
y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquisedec.

28. Inclinado, con las manos juntas, prosigue:

Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso,
que esta ofrenda sea llevada a tu presencia,
hasta el altar del cielo,
por manos tu ángel,
para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,
al participar aquí de este altar,

Se endereza y se signa diciendo:

seamos colmados de gracia y bendición.

Junta las manos.

[Por Cristo, nuestro Señor. Amén.]

29. CONMEMORACIÓN DE LOS DIFUNTOS

Con las manos extendidas, dice:

Acuérdate también, Señor,
de tus hijos [N. y N.],
que nos han precedido con el signo de la fe
y duermen ya el sueño de la paz.

Junta las manos y ora unos momentos por los difuntos por quienes tiene intención de orar.

Después, con las manos extendidas, prosigue:

A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo,
concédeles el lugar del consuelo,
de la luz y de la paz.

Junta las manos:

[Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

30. Con la mano derecha se golpea el pecho diciendo:

Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos,

Con las manos extendidas prosigue:

que confiamos en tu infinita misericordia,
admítenos en la asamblea
de los santos apóstoles y mártires
Juan el Bautista, Esteban,
Matías y Bernabé,
[Ignacio, Alejandro,
Marcelino y Pedro,
Felicidad y Perpetua,
Águeda, Lucía,
Inés, Cecilia y Anastasia]
y de todos los santos;
y acéptanos en su compañía,
no por nuestros méritos,
sino conforme a tu bondad.

Junta las manos:

Por Cristo, Señor nuestro.

31. Y continúa:

Por quien sigues creando todos los bienes,
los santificas, los llenas de vida, los bendices
y los repartes entre nosotros.

32. Toma la patena con el pan consagrado, y el cáliz, y elevándolos, dice:

Por Cristo, con él y en él,
a ti, Dios Padre omnipotente,
en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria
por los siglos de los siglos.

El pueblo aclama:

Amén.

A continuación, sigue el rito de comunión.

33. Oportunamente, el sacerdote, en el momento de la comunión, entrega la Eucaristía tomada de la mesa del altar, a los diáconos, acólitos u otros ministros extraordinarios, para que seguidamente sea llevada a los enfermos que han de comulgar en casa.

34. Antífona de comunión           Cf. 1 Cor 11, 24-25
Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, dice el Señor; haced esto, cada vez que lo bebáis, en memoria mía.

35. Acabada la distribución de la comunión, se deja sobre el altar el píxide con el pan consagrado para la comunión del día siguiente. La misa acaba con la oración después de la comunión.

36. Oración después de la comunión
DIOS todopoderoso,
alimentados en el tiempo
por la Cena de tu Hijo,
concédenos, de la misma manera,
merecer ser saciados
en el banquete eterno.
Por Jesucristo nuestro Señor.

Traslado del Santísimo Sacramento

37. Dicha la oración después de la comunión, el sacerdote, de pie, pone incienso en el incensario, y de rodillas inciensa tres veces el Santísimo Sacramento. Después, poniéndose el paño de hombros de color blanco, se levanta, toma en sus manos la píxide y la cubre con el extremo del humeral.

38. Se organiza la procesión, en la que, en medio de cirios e incienso, se lleva el Santísimo Sacramento por la iglesia hasta el lugar de la reserva, preparada en alguna parte de la iglesia o en alguna capilla convenientemente ornamentada. Va delante un ministro laico con la cruz, en medio de otros dos con cirios encendidos. Le siguen otros llevando velas encendidas. Delante del sacerdote que lleva el Santísimo Sacramento va el turiferario con el incensario humeante. Mientras tanto, se canta el himno Pange, lingua, en castellano: Que la lengua humana (excepto las dos últimas estrofas), u otro canto eucarístico.

39. Cuando la procesión ha llegado al lugar de la reserva, el sacerdote, con la ayuda del diácono si es necesario, deposita la píxide en el tabernáculo dejando la puerta abierta. A continuación, después de poner incienso, de rodillas, inciensa al Santísimo Sacramento, mientras se canta el Tantum ergo, en castellano: Adorad postrados, u otro canto eucarístico. Después, el diácono o el mismo sacerdote, cierra la puerta del sagrario.

40. Después de un tiempo de adoración en silencio, el sacerdote y los ministros, hecha la genuflexión, vuelven a la sacristía.

41. Oportunamente se despoja el altar y se quitan, si es posible, las cruces de la iglesia. Si quedan algunas cruces en la iglesia, conviene que se cubran con un velo.

42. Los que han participado en la misa vespertina no celebran las Vísperas.

43. Exhórtese a los fieles a que dediquen algún tiempo de esta noche, según las circunstancias y costumbres de cada lugar, a la adoración del Santísimo Sacramento. Esta adoración, con todo, si se prolonga más allá de la medianoche, debe hacerse sin solemnidad.

44. Si en la misma iglesia no se celebra al día siguiente el Viernes Santo de la Pasión del Señor, la misa se concluye de modo acostumbrado y se guarda en el tabernáculo el Santísimo Sacramento.

© Conferencia Episcopal Española

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