Leccionario IV - San Bernardo, abad y doctor de la Iglesia

AGOSTO

20 de agosto

San Bernardo, abad
y doctor de la Iglesia

MEMORIA


Ordinariamente, lecturas de la feria.

Por motivos pastorales, del Común de doctores de la Iglesia o bien del Común de santos y santas (para religiosos). Se recomiendan las siguientes.

PRIMERA LECTURA — Eclo 15, 1-6.
Salmo responsorial — Sal 118, 9. 10. 11. 12. 13. 14.

Aleluya  Jn 15, 9b. 5b.
EVANGELIO — Jn 17, 20-26.


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Leccionario IV - San Ezequiel Moreno Díaz, obispo

AGOSTO

19 de agosto

San Ezequiel Moreno Díaz, obispo


Ordinariamente, lecturas de la feria.

Por motivos pastorales, del Común de pastores (para un obispo). Se recomiendan las siguientes.

PRIMERA LECTURA — 1 Cor 4, 1-5.
Salmo responsorial — Sal 95, 1-2a. 2b-3. 7-8a. 10.

EVANGELIO Jn 15. 9-17.


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Leccionario IV - San Juan Eudes, presbítero

AGOSTO

19 de agosto

San Juan Eudes, presbítero


Ordinariamente, lecturas de la feria.

Por motivos pastorales, del Común de pastores, o bien del Común de santos y santas. Se recomiendan las siguientes.

PRIMERA LECTURA — Ef 3, 14-19.
Salmo responsorial — Sal 130, 1bcde. 2. 3.

Aleluya — Cf. Mt 11, 25.
EVANGELIO — Mt 11, 25-30.


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Leccionario IV - San Esteban de Hungría

AGOSTO

16 de agosto

San Esteban de Hungría


Ordinariamente, lecturas de la feria.

Por motivos pastorales, del Común de santos y santas. Se recomiendan las siguientes.

PRIMERA LECTURA — Dt 6, 3-9.
Salmo responsorial — Sal 131, 1b-2. 3-4. 5-7a. 7b-8. 9.
Aleluya — Cf. Jn 14, 23.

EVANGELIO (forma larga) Mt 25, 14-30.
                          (forma breve) Mt 25, 14-23.


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Leccionario I (B) - Domingo XXIII del tiempo ordinario

TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO XXIII
DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA
Is 35, 4-7a
Los oídos del sordo se abrirán, y cantará la lengua del mudo

Lectura del libro de Isaías.

DECID a los inquietos:
«Sed fuertes, no temáis.
¡He aquí vuestro Dios!
Llega el desquite,
la retribución de Dios.
Viene en persona yos salvará».
Entonces se despegarán los ojos de los ciegos,
los oídos de los sordos se abrirán;
entonces saltará el cojo como un ciervo
y cantará la lengua del mudo,
porque han brotado aguas en el desierto
y corrientes en la estepa.
El páramo se convertirá en estanque,
el suelo sediento en manantial».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 145, 7. 8-9a. 9bc- 10 (R/.: 1b)
R/.   Alaba, alma mía, al Señor.

O bien:

R/.   Aleluya.

        V/.   El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
                que hace justicia a los oprimidos,
                que da pan a los hambrientos.
                El Señor liberta a los cautivos.   R/.

        V/.   El Señor abre los ojos al ciego,
                el Señor endereza a los que ya se doblan,
                el Señor ama a los justos.
                El Señor guarda a los peregrinos.   R/.

        V/.   Sustenta al huérfano y a la viuda
                y trastorna el camino de los malvados.
                El Señor reina eternamente,
                tu Dios, Sion, de edad en edad.   R/.


SEGUNDA LECTURA
Sant 2, 1-5
¿Acaso no elegió Dios a los pobres como herederos del Reino?

Lectura de la carta del apóstol Santiago.

HERMANOS míos, no mezcléis la fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso con la acepción de personas.
Suponed que en vuestra asamblea entra un hombre con sortija de oro y traje lujoso, y entra también un pobre con traje mugriento; si vosotros atendéis al que lleva el traje de lujo y le decís: «Tú siéntate aquí cómodamente», y al pobre le decís: «Tú quédate ahí de pie» o «siéntate en el suelo, a mis pies», ¿no estáis haciendo discriminaciones entre vosotros y convirtiéndoos en jueces de criterios inicuos?
Escuchad, mis queridos hermanos: ¿acaso no eligió Dios a los pobres según el mundo como ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a los que lo aman?

Palabra de Dios.


Aleluya
Cf. Mt 4, 23
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   Jesús proclamaba el Evangelio del reino,
        y curaba toda dolencia del pueblos.   R/.

EVANGELIO
Mc 7, 31-37
Hace oír a los sordos y hablar a los mudos
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo, que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga la mano.
Él, apartándolo de la gente, a solas, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua.
Y mirando al cielo, suspiró y le dijo:
«Effetá» (esto es, «ábrete»).
Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba correctamente.
Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos.
Y en el colmo del asombro decían:
«Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

Palabra del Señor.


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Leccionario III (par) - Sábado de la XXI semana del tiempo ordinario

TIEMPO ORDINARIO

SÁBADO DE LA XXI SEMANA
DEL TIEMPO ORDINARIO


PRIMERA LECTURA
1 Cor 1, 26-31
Lo débil del mundo lo ha escogido Dios

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

FIJAOS en vuestra asamblea, hermanos: no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos
aristócratas; sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso.
Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor.
A él se debe que vosotros estéis en Cristo Jesús, el cual se ha hecho para nosotros sabiduría de parte de Dios, justicia, santificación y redención.
Y así —como está escrito—: «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial 
Sal 32, 12-13. 18-19. 20-21 (R/.: cf. 12)
R/.   Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

        V/.   Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
                 el pueblo que él se escogió como heredad.
                 El Señor mira desde el cielo,
                 se fija en todos los hombres.   R/.

        V/.   Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
                 en los que esperan en su misericordia,
                 para librar sus vidas de la muerte
                 y reanimarlos en tiempo de hambre.   R/.

        V/.   Nosotros aguardamos al Señor:
                 él es nuestro auxilio y escudo;
                 con él se alegra nuestro corazón,
                 en su santo nombre confiamos.   R/.


Aleluya
Jn 13, 34
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   Os doy un mandamiento nuevo —dice el Señor—:
        que os améis unos a otros, como yo os he amado.    R/.

EVANGELIO
Mt 25, 14-30
Has sido fiel en lo poco, entra en el gozo de tu Señor
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus siervos y los dejó al cargo de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó.
El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos.
En cambio, el que recibió uno fue a hacer un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
Al cabo de mucho tiempo viene el señor de aquellos siervos y se pone a ajustar las cuentas con ellos.
Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo:
“Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco”.
Su señor le dijo:
“Bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”. Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo:
“Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos”. Su señor le dijo:
“Bien, siervo bueno y fiel!; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”.
Se acercó también el que había recibido un talento y dijo:
“Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo”.
El señor le respondió:
“Eres un siervo negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese siervo inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes”».
Palabra del Señor.


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Leccionario III (par) - Viernes de la XXI semana del tiempo ordinario

TIEMPO ORDINARIO

VIERNES DE LA XXI SEMANA
DEL TIEMPO ORDINARIO


PRIMERA LECTURA
1 Cor 1, 17-25
Predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los hombres; pero para los llamados es sabiduría de Dios

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

HERMANOS:
No me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.
Pues el mensaje de la cruz es necedad para los que se pierden; pero para los que se salvan, para nosotros, es fuerza de Dios.
Pues está escrito:
«Destruiré la sabiduría de los sabios, frustraré la sagacidad de los sagaces».
¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el docto? ¿Dónde está el sofista de este tiempo? ¿No ha convertido Dios en necedad la sabiduría del mundo?
Y puesto que, en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios por el camino de la sabiduría, quiso Dios valerse de la necedad de la predicación para salvar a los que creen.
Pues los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados —judíos o griegos—, un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios.
Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial 
Sal 32, 1-2. 4-5. 10-11 (R/.: cf. 5b)
R/.   La misericordia del Señor llena la tierra.

        V/.   Aclamad, justos, al Señor,
                 que merece la alabanza de los buenos.
                 Dad gracias al Señor con la cítara,
                 tocad en su honor el arpa de diez cuerdas.   R/.

        V/.   La palabra del Señor es sincera,
                 y todas sus acciones son leales;
                 él ama la justicia y el derecho,
                 y su misericordia llena la tierra.   R/.

        V/.   El Señor deshace los planes de las naciones,
                 frustra los proyectos de los pueblos;
                 pero el plan del Señor subsiste por siempre;
                 los proyectos de su corazón, de edad en edad.   R/.


Aleluya
Lc 21, 36
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   Estad despiertos en todo tiempo,
        pidiendo manteneros en pie ante el Hijo del hombre.    R/.

EVANGELIO
Mt 25, 1-13
¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«El reino de los cielos se parece a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes.
Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz:
“¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!”.
Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas.
Y las necias dijeron a las prudentes:
“Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”.
Pero las prudentes contestaron:
“Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”.
Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.
Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo:
Señor, señor, ábrenos.
Pero él respondió:
“En verdad os digo que no os conozco”.
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».

Palabra del Señor.


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