Leccionario I (A) - Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

Triduo Pascual

DOMINGO DE PASCUA
DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

MISA DEL DÍA

PRIMERA LECTURA
Hch 10, 34a. 37-43
Hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

EN aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: 
    «Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén. A este lo mataron, colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió la gracia de manifestarse, no a todo el pueblo, sino a los testigos designados por Dios: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos.
Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos. De él dan testimonio todos los profetas: que todos los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 117, 1-2. 16-17. 22-23 (R/.: 24)
R/.   Este es el día que hizo el Señor:
        sea nuestra alegría y nuestro gozo.

O bien:

R/.   Aleluya.

        V/.   Dad gracias al Señor porque es bueno,
                porque es eterna su misericordia.
                Diga la casa de Israel:
                eterna es su misericordia.   R/.

        V/.   «La diestra del Señor es poderosa,
                la diestra del Señor es excelsa».
                No he de morir, viviré
                para contar las hazañas del Señor.   R/.

        V/. La piedra que desecharon los arquitectos
                es ahora la piedra angular.
                Es el Señor quien lo ha hecho,
                ha sido un milagro patente.   R/.


SEGUNDA LECTURA (opción 1)
Col 3, 1-4
Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses.

HERMANOS:
Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.
Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos, juntamente con él.

Palabra de Dios.

SEGUNDA LECTURA (opción 2)
1 Cor 5, 6b-8
Barred la levadura vieja para ser una masa nueva

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

HERMANOS:
¿No sabéis que un poco de levadura fermenta toda la masa? Barred la levadura vieja para ser una masa nueva, ya que sois panes ácimos. Porque ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo.
Así, pues, celebremos la Pascua, no con levadura vieja (levadura de corrupción y de maldad), sino con los panes ácimos de la sinceridad y la verdad.

Palabra de Dios.


SECUENCIA

Hoy es obligatorio decir la Secuencia. Los días dentro de la Octava es potestativo.

Ofrezcan los cristianos
   ofrendas de alabanza
   a gloria de la Víctima
   propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado
   que a las ovejas salva,
   a Dios y a los culpables
   unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte
   en singular batalla,
   y, muerto el que es la Vida,
   triunfante se levanta. 

«¿Qué has visto de camino,
   María, en la mañana?»
   «A mi Señor glorioso,
   la tumba abandonada,

los ángeles testigos,
   sudarios y mortaja.
   ¡Resucitó de veras
   mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,
   allí el Señor aguarda;
   allí veréis los suyos
   la gloria de la Pascua».

Primicia de los muertos,
   sabemos por tu gracia
   que estás resucitado;
   la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate
   de la miseria humana
   y da a tus fieles parte
   en tu victoria santa.

Aleluya
Cf. 1 Cor 5, 7b-8a
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   Ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo.
        Así, pues, celebremos la Pascua en el Señor.   R/.

En lugar del Evangelio propuesto a continuación puede leerse el de la Vigilia pascual.

En las Misas vespertinas puede leerse el Evangelio del pasaje de Emaús.

EVANGELIO
Jn 20, 1-9
Él había de resucitar de entre los muertos
Lectura del santo Evangelio según san Juan.

EL primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: 
    «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos. 

Palabra del Señor.

EVANGELIO (opcional para las Misas vespertinas)
Lc 24, 13-35
Quédate con nosotros, porque atardece
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

AQUEL mismo día (el primero de la semana), dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo:
    «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».
Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:
    «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?».
Él les dijo:
    «¿Qué?».
Ellos le contestaron:
    «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».
Entonces él les dijo:
    «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.
Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:
    «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída». 
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista.
Y se dijeron el uno al otro:
    «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».
Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
    «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra del Señor.

© Conferencia Episcopal Española

Leccionario I (A) - Vigilia Pascual en la Noche Santa

Triduo Pascual

DOMINGO DE PASCUA
DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

VIGILIA PASCUAL EN LA NOCHE SANTA



Para la Vigilia pascual se proponen nueve lecturas: siete del antiguo Testamento y dos del nuevo. Si lo exigen las circunstancias, y por causas particulares, se puede disminuir el número de las lecturas asignadas. Ténganse al menos tres lecturas del antiguo Testamento y, en casos más urgentes, por lo menos dos, antes de la epístola y el evangelio. Nunca se omita la lectura del Éxodo sobre el paso del mar Rojo (tercera lectura). 


PRIMERA LECTURA (forma larga)
Gén 1, 1-2, 2
Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno

Lectura del libro del Génesis.

AL principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra estaba informe y vacía; la tiniebla cubría la superficie del abismo, mientras el espíritu de Dios se cernía sobre la faz de las aguas. Dijo Dios:
    «Exista la luz».
Y la luz existió.
Vio Dios que la luz era buena. Y separó Dios la luz de la tiniebla. Llamó Dios a la luz «día» y a la tiniebla llamó «noche».
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero.
Y dijo Dios:
    «Exista un firmamento entre las aguas, que separe aguas de aguas».
E hizo Dios el firmamento y separó las aguas de debajo del firmamento de las aguas de encima del firmamento.
Y así fue.
Llamó Dios al firmamento «cielo».
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día segundo.
Dijo Dios:
    «Júntense las aguas de debajo del cielo en un solo sitio, y que aparezca lo seco».
Y así fue.
Llamó Dios a lo seco «tierra», y a la masa de las aguas llamó «mar».
Y vio Dios que era bueno.
Dijo Dios:
    «Cúbrase la tierra de verdor, de hierba verde que engendre semilla, y de árboles frutales que den fruto según su especie y que lleven semilla sobre la tierra».
Y así fue.
La tierra brotó hierba verde que engendraba semilla según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla según su especie.
Y vio Dios que era bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día tercero.
Dijo Dios:
    «Existan lumbreras en el firmamento del cielo, para separar el día de la noche, para señalar las fiestas, los días y los años, y sirvan de lumbreras en el firmamento del cielo, para iluminar sobre la tierra».
Y así fue.
E hizo Dios dos lumbreras grandes: la lumbrera mayor para regir el día, la lumbrera menor para regir la noche; y las estrellas. Dios las puso en el firmamento del cielo para iluminar la tierra, para regir el día y la noche y para separar la luz de la tiniebla.
Y vio Dios que era bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día cuarto.
Dijo Dios:
    «Bullan las aguas de seres vivientes, y vuelen los pájaros sobre la tierra frente al firmamento del cielo».
Y creó Dios los grandes cetáceos y los seres vivientes que se deslizan y que las aguas fueron produciendo según sus especies, y las aves aladas según sus especies.
Y vio Dios que era bueno.
Luego los bendijo Dios, diciendo:
    «Sed fecundos y multiplicaos, llenad las aguas del mar; y que las aves se multipliquen en la tierra».
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día quinto.
Dijo Dios:
    «Produzca la tierra seres vivientes según sus especies: ganados, reptiles y fieras según sus especies».
Y así fue.
E hizo Dios las fieras según sus especies, los ganados según sus especies y los reptiles según sus especies.
Y vio Dios que era bueno.
Dijo Dios:
    «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves del cielo, los ganados y los reptiles de la tierra».
Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó.
Dios los bendijo; y les dijo Dios:
    «Sed fecundos y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven sobre la tierra».
Y dijo Dios:
    «Mirad, os entrego todas las hierbas que engendran semilla sobre la superficie de la tierra y todos los árboles frutales que engendran semilla: os servirán de alimento. Y la hierba verde servirá de alimento a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra y a todo ser que respira».
Y así fue.
Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día sexto.
Así quedaron concluidos el cielo, la tierra y todo el universo.
Y habiendo concluido el día séptimo la obra que había hecho, descansó el día séptimo de toda la obra que había hecho.

Palabra de Dios.

PRIMERA LECTURA (forma breve)
Gén 1, 1. 26-31a
Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno

Lectura del libro del Génesis.

AL principio creó Dios el cielo y la tierra.
Dijo Dios:
    «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves del cielo, los ganados y los reptiles de la tierra».
Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó.
Dios los bendijo; y les dijo Dios:
    «Sed fecundos y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven sobre la tierra».
Y dijo Dios:
    «Mirad, os entrego todas las hierbas que engendran semilla sobre la superficie de la tierra y todos los árboles frutales que engendran semilla: os servirán de alimento. Y la hierba verde servirá de alimento a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra y a todo ser que respira».
Y así fue.
Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno.

Como salmo responsorial se puede elegir entre el 103 y el 32.

Salmo responsorial a la primera lectura (opción 1)
Sal 103, 1-2a. 5-6. 10 y 12. 13-14. 24 y 35c (R/.: cf. 30)
R/.   Envía tu espíritu, Señor,
        y repuebla la faz de la tierra.

        V/.   Bendice, alma mía, al Señor:
                ¡Dios mío, qué grande eres!
                Te vistes de belleza y majestad,
                la luz te envuelve como un manto.   R/.

        V/.   Asentaste la tierra sobre sus cimientos,
                y no vacilará jamás;
                la cubriste con el manto del océano,
                y las aguas se posaron sobre las montañas.   R/.

        V/.   De los manantiales sacas los ríos,
                para que fluyan entre los montes;
                junto a ellos habitan las aves del cielo,
                y entre las frondas se oye su canto.   R/.

        V/.   Desde tu morada riegas los montes,
                y la tierra se sacia de tu acción fecunda;
                haces brotar hierba para los ganados,
                y forraje para los que sirven al hombre.
                Él saca pan de los campos.   R/.

        V/.   Cuántas son tus obras, Señor,
                y todas las hiciste con sabiduría;
                la tierra está llena de tus criaturas.
                ¡Bendice, alma mía, al Señor!   R/.

Salmo responsorial a la primera lectura (opción 2)
Sal 32, 4-5. 6-7. 12-13. 20 y 22 (R/.: 5b)
R/.   La misericordia del Señor llena la tierra.

        V/.   La palabra del Señor es sincera,
                y todas sus acciones son leales;
                él ama la justicia y el derecho,
                y su misericordia llena la tierra.

        V/.   La palabra del Señor hizo el cielo;
                el aliento de su boca, sus ejércitos;
                encierra en un odre las aguas marinas,
                mete en un depósito el océano.

        V/.   Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
                el pueblo que él se escogió como heredad.
                El Señor mira desde el cielo,
                se fija en todos los hombres.

        V/.   Nosotros aguardamos al Señor:
                él es nuestro auxilio y escudo.
                Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
                como lo esperamos de ti.


SEGUNDA LECTURA (forma larga)
Gén 22, 1-18
El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe

Lectura del libro del Génesis

EN aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán. Le dijo:
    «¡Abrahán!».
El respondió:
    «Aquí estoy».
Dios dijo:
    «Toma a tu hijo único, al que amas, a Isaac, y vete a la tierra de Mona y ofrécemelo allí en holocausto en uno de los mon te que yo te indicaré».
Abrahán madrugó, aparejó el asno y se llevó consigo a dos criados y a su hijo Isaac; cortó leña para el holocausto y se encaminó al lugar que le había indicado Dios.
Al tercer día levantó Abrahán los ojos y divisó el sitio desde lejos. Abrahán dijo a sus criados:
    «Quedaos aquí con el asno; yo con el muchacho iré hasta allá para adorar, y después volveremos con vosotros».
Abrahán tomó la leña para el holocausto, se la cargó a su hijo Isaac, y él llevaba el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos.
Isaac dijo a Abrahán, su padre:
    «Padre».
Él respondió:
    «Aquí estoy, hijo mío».
El muchacho dijo:
    «Tenemos fuego y leña, pero, ¿dónde está el cordero para el holocausto?».
Abrahán contestó:
    «Dios proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío». Y siguieron caminando juntos.
Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán alargó la mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. Pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:
    «¡Abrahán, Abrahán!».
Él contestó:
    «Aquí estoy».
El ángel le ordenó:
    «No alargues la mano contra el muchacho ni le hagas nada. Ahora he comprobado que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, a tu único hijo».
Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.
Abrahán llamó aquel sitio «El Señor ve», por lo que se dice aún hoy «En el monte el Señor es visto».
El ángel del Señor llamó a Abrahán por segunda vez desde el cielo y le dijo:
    «Juro por mí mismo, oráculo del Señor: por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único, te colmaré de bendiciones y multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de sus enemigos. Todas las naciones de la tierra se bendecirán con tu descendencia, porque has escuchado mi voz».

Palabra de Dios.

SEGUNDA LECTURA (forma breve)
Gén 22, 1-2. 9a. 10-13. 15-18
El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe

Lectura del libro del Génesis.

EN aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán. Le dijo:
    «¡Abrahán!».
El respondió:
    «Aquí estoy».
Dios dijo:
    «Toma a tu hijo único, al que amas, a Isaac, y vete a la tierra de Mona y ofrécemelo allí en holocausto en uno de los montes que yo te indicaré».
Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña. Entonces Abrahán alargó la mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. Pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:
    «Abrahán, Abrahán!».
Él contestó:
    «Aquí estoy».
El ángel le ordenó:
    «No alargues la mano contra el muchacho ni le hagas nada. Ahora he comprobado que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, a tu único hijo».
Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.
El ángel del Señor llamó a Abrahán por segunda vez desde el cielo y le dijo:
    «Juro por mí mismo, oráculo del Señor: por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único, te colmaré de bendiciones y multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de sus enemigos. Todas las naciones de la tierra se bendecirán con tu descendencia, porque has escuchado mi voz».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial a la segunda lectura
Sal 15, 5 y 8. 9-10. 11 (R/.: 1)
R/. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

        V/.   El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
                mi suerte está en tu mano.
                Tengo siempre presente al Señor,
                con él a mi derecha no vacilaré.   R/.

        V/.   Por eso se me alegra el corazón,
                se gozan mis entrañas,
                y mi carne descansa esperanzada.
                Porque no me abandonarás en la región de los muertos
                ni dejarás a tu fiel ver la corrupción.   R/.

        V/.   Me enseñarás el sendero de la vida,
                me saciarás de gozo en tu presencia,
                de alegría perpetua a tu derecha.   R/.


TERCERA LECTURA
Éx 14, 15-15, 1a
Los hijos de Israel entraron en medio del mar, por lo seco

Lectura del libro del Éxodo.

EN aquellos días, el Señor dijo a Moisés:
    «¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los hijos de Israel que se pongan en marcha. Y tú, alza tu cayado, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los hijos de Israel pasen por medio del mar, por lo seco. Yo haré que los egipcios se obstinen y entren detrás de vosotros, y me cubriré de gloria a costa del faraón y de todo su ejército, de sus carros y de sus jinetes. Así sabrán los egipcios que yo soy el Señor, cuando me haya cubierto de gloria a costa del faraón, de sus carros y de sus jinetes».
Se puso en marcha el ángel del Señor, que iba al frente del ejército de Israel, y pasó a retaguardia. También la columna de nube, que iba delante de ellos, se desplazó y se colocó detrás, poniéndose entre el campamento de los egipcios y el campamento de Israel. La nube era tenebrosa y transcurrió toda la noche sin que los ejércitos pudieran aproximarse el uno al otro. Moisés extendió su mano sobre el mar y el Señor hizo retirarse el mar con un fuerte viento del este que sopló toda la noche; el mar se secó y se dividieron las aguas. Los hijos de Israel entraron en medio del mar, en lo seco, y las aguas les hacían de muralla a derecha e izquierda. Los egipcios los persiguieron y entraron tras ellos, en medio del mar: todos los caballos del faraón, sus carros y sus jinetes.
Era ya la vigilia matutina cuando el Señor miró desde la columna de fuego y humo hacia el ejército de los egipcios y sembró el pánico en el ejército egipcio. Trabó las ruedas de sus carros, haciéndolos avanzar pesadamente.
Los egipcios dijeron:
    «Huyamos ante Israel, porque el Señor lucha por él contra
Egipto».
Luego dijo el Señor a Moisés:
    «Extiende tu mano sobre el mar, y vuelvan las aguas sobre los egipcios, sus carros y sus jinetes».
Moisés extendió su mano sobre el mar; y al despuntar el día el mar recobró su estado natural, de modo que los egipcios, en su huida, toparon con las aguas. Así precipitó el Señor a los egipcios en medio del mar.
Las aguas volvieron y cubrieron los carros, los jinetes y todo el ejército del faraón, que había entrado en el mar. Ni uno solo se salvó.
Mas los hijos de Israel pasaron en seco por medio del mar, mientras las aguas hacían de muralla a derecha e izquierda.
Aquel día salvó el Señor a Israel del poder de Egipto, e Israel vio a los egipcios muertos, en la orilla del mar. Vio, pues, Israel la mano potente que el Señor había desplegado contra los egipcios, y temió el pueblo al Señor, y creyó en el Señor y en Moisés, su siervo.
Entonces Moisés y los hijos de Israel entonaron este canto al Señor:

No se dice Palabra de Dios.

Salmo responsorial a la tercera lectura
Ex 15, 1b-2. 3-4. 5-6. 17-18 (R/.: 1b)
R/.   Cantaré al Señor, gloriosa es su victoria.

        V/.   Cantaré al Señor, gloriosa es su victoria,
                caballos y carros ha arrojado en el mar.
                Mi fuerza y mi poder es el Señor,
                El fue mi salvación.
                Él es mi Dios: yo lo alabaré;
                el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré.   R/.

        V/.   El Señor es un guerrero,
                su nombre es “El Señor”.
                Los carros del faraón los lanzó al mar,
                ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes.   R/.

        V/.   Las olas los cubrieron,
                bajaron hasta el fondo como piedras.
                Tu diestra, Señor, es magnífica en poder,
                tu diestra, Señor, tritura al enemigo.   R/.

        V/.   Lo introduces y lo plantas en el monte de tu heredad,
                lugar del que hiciste tu trono, Señor;
                santuario, Señor, que fundaron tus manos.
                El Señor reina por siempre jamás.   R/.


CUARTA LECTURA
Is 54, 5-14
Con amor eterno te quiere el Señor, tu libertador

Lectura del libro de Isaías.

QUIEN te desposa es tu Hacedor:
su nombre es Señor todopoderoso.
Tu libertador es el Santo de Israel:
se llama «Dios de toda la tierra».
Como a mujer abandonada y abatida
     te llama el Señor;
     como a esposa de juventud, repudiada
     —dice tu Dios—.
Por un instante te abandoné,
     pero con gran cariño te reuniré.
En un arrebato de ira,
     por un instante te escondí mi rostro,
     pero con amor eterno te quiero
     —dice el Señor, tu libertador—.
Me sucede como en los días de Noé:
     juré que las aguas de Noé
     no volverían a cubrir la tierra;
     así juro no irritarme contra ti
     ni amenazarte.
Aunque los montes cambiasen
     y vacilaran las colinas,
     no cambiaría mi amor,
     ni vacilaría mi alianza de paz
     —dice el Señor que te quiere—.
¡Ciudad afligida, azotada por el viento,
     a quien nadie consuela!
Mira, yo mismo asiento tus piedras sobre azabaches,
     tus cimientos sobre zafiros;
     haré tus almenas de rubí,
     tus puertas de esmeralda,
     y de piedras preciosas tus bastiones.
Tus hijos serán discípulos del Señor,
     gozarán de gran prosperidad tus constructores.
Tendrás tu fundamento en la justicia:
     lejos de la opresión, no tendrás que temer;
     lejos del terror, que no se acercará.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial a la cuarta lectura
Sal 29, 2 y 4. 5-6. 11 y 12a y 13b (R/.: 2a)
R/.   Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

        V/.   Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
                y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
                Señor, sacaste mi vida del abismo,
                y me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.   R/.

        V/.   Tañed para el Señor, fieles suyos,
                celebrad el recuerdo de su nombre santo;
                su cólera dura un instante;
                su bondad, de por vida;
                al atardecer nos visita el llanto;
                por la mañana, el júbilo.   R/.

        V/.   Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
                Señor, socórreme.
                Cambiaste mi luto en danzas.
                Señor Dios mío, te daré gracias por siempre.   R/.


QUINTA LECTURA
Is 55, 1-11
Venid a mí, y viviréis. Sellaré con vosotros una alianza perpetua

Lectura del libro de Isaías.

ESTO dice el Señor:
«Sedientos todos, acudid por agua;
     venid, también los que no tenéis dinero:
     comprad trigo y comed, venid y comprad,
     sin dinero y de balde, vino y leche.
¿Por qué gastar dinero en lo que no alimenta
     y el salario en lo que no da hartura?
Escuchadme atentos y comeréis bien,
     saborearéis platos sustanciosos.
Inclinad vuestro oído, venid a mí:
     escuchadme y viviréis.
Sellaré con vosotros una alianza perpetua,
     las misericordias firmes hechas a David:
     lo hice mi testigo para los pueblos,
     guía y soberano de naciones.
Tú llamarás a un pueblo desconocido,
     un pueblo que no te conocía correrá hacia ti;
     porque el Señor tu Dios,
     el Santo de Israel te glorifica.
Buscad al Señor mientras se deja encontrar,
     invocadlo mientras está cerca.
Que el malvado abandone su camino,
     y el malhechor sus planes;
     que se convierta al Señor, y él tendrá piedad,
     a nuestro Dios, que es rico en perdón.
Porque mis planes no son vuestros planes,
     vuestros caminos no son mis caminos
     —oráculo del Señor—.
Cuanto dista el cielo de la tierra,
     así distan mis caminos de los vuestros,
     y mis planes de vuestros planes.
Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo,
     y no vuelven allá sino después de empapar la tierra,
     de fecundarla y hacerla germinar,
     para que dé semilla al sembrador
     y pan al que come,
     así será mi palabra que sale de mi boca:
     no volverá a mí vacía,
     sino que cumplirá mi deseo
     y llevará a cabo mi encargo».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial a la quinta lectura
Is 12, 2-3. 4bcde. 5-6 (R.: 3)
R/.   Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación.

        V/.   «Él es mi Dios y Salvador:
                confiaré y no temeré,
                porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
                él fue mi salvación».
                Y sacaréis aguas con gozo
                de las fuentes de la salvación.   R/.

        V/.   «Dad gracias al Señor,
                invocad su nombre,
                contad a los pueblos sus hazañas,
                proclamad que su nombre es excelso».   R/.

        V/.   Tañed para el Señor, que hizo proezas,
                anunciadlas a toda la tierra;
                gritad jubilosos, habitantes de Sión,
                porque es grande es en medio de ti el Santo de Israel.   R/.


SEXTA LECTURA
Bar 3, 9-15. 32-4, 4
Camina al resplandor del Señor

Lectura del libro de Baruc.

ESCUCHA, Israel, mandatos de vida;
presta oído y aprende prudencia.
¿Cuál es la razón, Israel,
     de que sigas en país enemigo,
     envejeciendo en tierra extranjera;
     de que te crean un ser contaminado,
     un muerto habitante del Abismo?
¡Abandonaste la fuente de la sabiduría!
Si hubieras seguido el camino de Dios,
     habitarías en paz para siempre.
Aprende dónde está la prudencia,
     dónde el valor y la inteligencia,
     dónde una larga vida,
     la luz de los ojos y la paz.
¿Quién encontró su lugar
     o tuvo acceso a sus tesoros?
El que todo lo sabe la conoce,
     la ha examinado y la penetra;
     el que creó la tierra para siempre
     y la llenó de animales cuadrúpedos;
     el que envía la luz y le obedece,
     la llama y acude temblorosa;
     a los astros que velan gozosos
     arriba en sus puestos de guardia,
     los llama, y responden: «Presentes»,
     y brillan gozosos para su Creador.
Este es nuestro Dios,
     y no hay quien se le pueda comparar;
     rastreó el camino de la inteligencia
     y se lo enseñó a su hijo, Jacob,
     se lo mostró a su amado, Israel.
Después apareció en el mundo
     y vivió en medio de los hombres.
Es el libro de los mandatos de Dios,
     la ley de validez eterna:
     los que la guarden vivirán;
     los que la abandonen morirán.
Vuélvete, Jacob, a recibirla,
     camina al resplandor de su luz;
     no entregues a otros tu gloria,
     ni tu dignidad a un pueblo extranjero.
¡Dichosos nosotros, Israel,
     que conocemos lo que agrada al Señor!

Palabra de Dios.

Salmo responsorial a la sexta lectura
Sal 18, 8. 9. 10. 11 (R/.: Jn 6, 68c)
R/.   Señor, tú tienes palabras de vida eterna.

        V/.   La ley del Señor es perfecta
                y es descanso del alma;
                el precepto del Señor es fiel
                e instruye a los ignorantes.   R/.

        V/.   Los mandatos del Señor son rectos
                y alegran el corazón;
                la norma del Señor es límpida
                y da luz a los ojos.   R/.

        V/.   El temor del Señor es puro
                y eternamente estable;
                los mandamientos del Señor son verdaderos
                y eternamente justos.   R/.

        V/.   Más preciosos que el oro,
                más que el oro fino;
                más dulce que la miel
                de un panal que destila.   R/.


SÉPTIMA LECTURA
Ez 36, 16-17a. 18-28
Derramaré sobre vosotros un agua pura, y os daré un corazón nuevo

Lectura de la profecía de Ezequiel.

ME vino esta palabra del Señor:
«Hijo de hombre, la casa de Israel profanó
con su conducta y sus acciones
la tierra en que habitaba.
Me enfurecí contra ellos,
     por la sangre que habían derramado en el país,
     y por haberlo profanado con sus ídolos.
Los dispersé por las naciones,
     y anduvieron dispersos por diversos países.
     Los he juzgado según su conducta y sus acciones.
Al llegar a las diversas naciones,
     profanaron mi santo nombre,
     ya que de ellos se decía:
     “Estos son el pueblo del Señor
     y han debido abandonar su tierra”.
Así que tuve que defender mi santo nombre,
     profanado por la casa de Israel
     entre las naciones adonde había ido.
Por eso, di a la casa de Israel:
     “Esto dice el Señor Dios:
No hago esto por vosotros, casa de Israel,
     sino por mi santo nombre, profanado por vosotros
     en las naciones a las que fuisteis.
Manifestaré la santidad de mi gran nombre,
     profanado entre los gentiles,
     porque vosotros lo habéis profanado en medio de ellos.
Reconocerán las naciones que yo soy el Señor
     —oráculo del Señor Dios—,
     cuando por medio de vosotros les haga ver mi santidad.
Os recogeré de entre las naciones,
     os reuniré de todos los países
     y os llevaré a vuestra tierra.
Derramaré sobre vosotros un agua pura
     que os purificará:
     de todas vuestras inmundicias e idolatrías
     os he de purificar;
     y os daré un corazón nuevo,
     y os infundiré un espíritu nuevo;
     arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra,
     y os daré un corazón de carne.
Os infundiré mi espíritu,
     y haré que caminéis según mis preceptos,
     y que guardéis y cumpláis mis mandatos.
Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.
     Vosotros seréis mi pueblo,
     y yo seré vuestro Dios”».

Palabra de Dios.

Si se celebra el Bautismo se utiliza como salmo responsorial el texto de Isaías 12, o bien el salmo 50.

Salmo responsorial a la séptima lectura (cuando no se celebra el Bautismo)
Sal 41, 3. 5bcd; 42, 3. 4 (R/.: 41, 2)
R/.   Como busca la cierva corrientes de agua,
        así mi alma te busca a ti, Dios mío.

        V/.   Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo:
                ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?   R/.

        V/.   Cómo entraba en el recinto santo,
                cómo avanzaba hacia la casa de Dios,
                entre cantos de júbilo y alabanza,
                en el bullicio de la fiesta.   R/.

        V/.   Envía tu luz y tu verdad:
                que ellas me guíen
                y me conduzcan hasta tu monte santo,
                hasta tu morada.   R/.

        V/.   Me acercaré al altar de Dios,
                al Dios de mi alegría;
                y te daré gracias al son de la cítara,
                Dios, Dios mío.   R/.

Salmo responsorial a la séptima lectura (cuando se celebra el Bautismo, opción 1)
Is 12, 2-3. 4bcde. 5-6 (R.: 3)
R/.   Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación.

        V/.   «Él es mi Dios y Salvador:
                confiaré y no temeré,
                porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
                él fue mi salvación».
                Y sacaréis aguas con gozo
                de las fuentes de la salvación.   R/.

        V/.   «Dad gracias al Señor,
                invocad su nombre,
                contad a los pueblos sus hazañas,
                proclamad que su nombre es excelso».   R/.

        V/.   Tañed para el Señor, que hizo proezas,
                anunciadlas a toda la tierra;
                gritad jubilosos, habitantes de Sion,
                porque es grande en medio de ti el Santo de Israel.   R/.

Salmo responsorial a la séptima lectura (cuando se celebra el Bautismo, opción 2)
Sal 50, 12-13. 14-15. 18-19 (R.: 12a)
R/.   Oh, Dios, crea en mí un corazón puro.

        V/.   Oh, Dios, crea en mí un corazón puro,
                renuévame por dentro con espíritu firme.
                No me arrojes lejos de tu rostro,
                no me quites tu santo espíritu.   R/.

        V/.   Devuélveme la alegría de tu salvación,
                afiánzame con espíritu generoso;
                enseñaré a los malvados tus caminos,
                los pecadores volverán a ti.   R/.

        V/.   Los sacrificios no te satisfacen;
                si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
                El sacrificio agradable a Dios
                es un espíritu quebrantado;
                un corazón quebrantado y humillado,
                tú, oh, Dios, tú no lo desprecias.   R/.


EPÍSTOLA
Rom 6, 3-11
Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.

HERMANOS:
Cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte.
Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.
Pues si hemos sido incorporados a él en una muerte como la suya, lo seremos también en una resurrección como la suya; sabiendo que nuestro hombre viejo fue crucificado con Cristo, para que fuera destruido el cuerpo de pecado, y, de este modo, nosotros dejáramos de servir al pecado; porque quien muere ha quedado libre del pecado.
Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque quien ha muerto, ha muerto al pecado de una vez para siempre; y quien vive, vive para Dios.
Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial a la epístola
Sal 117, 1-2. 16-17. 22-23
R/.   Aleluya, aleluya. aleluya.

        V/.   Dad gracias al Señor porque es bueno,
                porque es eterna su misericordia.
                Diga la casa de Israel:
                eterna es su misericordia.   R/.

        V/.   «La diestra del Señor es poderosa,
                la diestra del Señor es excelsa».
                No he de morir, viviré
                para contar las hazañas del Señor.   R/.

        V/.   La piedra que desecharon los arquitectos
                es ahora la piedra angular.
                Es el Señor quien lo ha hecho,
                ha sido un milagro patente.   R/.


EVANGELIO
Mt 28, 1-10
Ha resucitado y va por delante de vosotros a Galilea

Lectura del santo Evangelio según San Mateo.

PASADO el sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima. Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve; los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel habló a las mujeres:
    «Vosotras, no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí: ¡ha resucitado!, como había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía e id aprisa a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis”. Mirad, os lo he anunciado».
Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos.
De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo:
    «Alegraos».
Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él.
Jesús les dijo:
    «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».

Palabra del Señor.