Leccionario I (B) - Domingo XXIX del tiempo ordinario

TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO XXIX
DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA
Is 53, 10-11
Al entregar su vida como expiación, verá su descendencia, prolongará sus años

Lectura del libro de Isaías.

EL Señor quiso triturarlo con el sufrimiento,
     y entregar su vida como expiación:
     verá su descendencia, prolongará sus años,
     lo que el Señor quiere prosperará por su mano.
Por los trabajos de su alma verá la luz,
     el justo se saciará de conocimiento.
Mi siervo justificará a muchos,
     porque cargó con los crímenes de ellos.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 32, 4-5. 18-19. 20 y 22 (R/.: 22)
R/.   Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
        como lo esperamos de ti.

        V/.   La palabra del Señor es sincera,
                y todas sus acciones son leales;
                él ama la justicia y el derecho,
                y su misericordia llena la tierra.   R/.

        V/.   Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
                en los que esperan su misericordia,
                para librar sus vidas de la muerte
                y reanimarlos en tiempo de hambre.   R/.

        V/.   Nosotros aguardamos al Señor:
                él es nuestro auxilio y escudo.
                Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
                como lo esperamos de tia.   R/.


SEGUNDA LECTURA
Heb 4, 14-16
Acerquémonos con seguridad al trono de la gracia

Lectura de la carta a los Hebreos.

HERMANOS:
Ya que tenemos un sumo sacerdote grande que ha atravesado el cielo, Jesús, Hijo de Dios, mantengamos firme la confesión de fe.
No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo, como nosotros, menos en el pecado. Por eso, comparezcamos confiados ante el trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia para un auxilio oportuno.

Palabra de Dios.


Aleluya
Mc 10, 45
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   El Hijo del hombre ha venido a servir
        y dar su vida en rescate por muchos.   R/.

EVANGELIO (forma larga)
Mc 10, 35-45
El Hijo del hombre ha venido a dar su vida en rescate por muchos
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron:
   «Maestro, queremos que nos hagas lo que te vamos a pedir».
Les preguntó:
   «¿Qué queréis que haga por vosotros?».
Contestaron:
   «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda».
Jesús replicó:
   «No sabéis lo que pedís, ¿podéis beber el cáliz que yo he de beber, o bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?».
Contestaron:
   «Podemos».
Jesús les dijo:
   «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y seréis bautizados con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que es para quienes está reservado».
Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús, llamándolos, les dijo:
   «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos».

Palabra del Señor.

EVANGELIO (forma breve)
Mc 10, 42-45
El Hijo del hombre ha venido a dar su vida en rescate por muchos
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, Jesús, llamando a los Doce, les dijo:
   «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos».

Palabra del Señor.


© Conferencia Episcopal Española

Leccionario I (B) - Domingo XXVIII del tiempo ordinario

TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO XXVII
DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA
Sab 7, 7 11
Al lado de la sabiduría en nada tuve la riqueza

Lectura del libro de la Sabiduría.

SUPLIQUÉ y me fue dada la prudencia,
     invoqué y vino a mí el espíritu de sabiduría.
La preferí a cetros y tronos
     y a su lado en nada tuve la riqueza.
No la equiparé a la piedra más preciosa,
     porque todo el oro ante ella es un poco de arena
     y junto a ella la plata es como el barro.
La quise más que a la salud y la belleza
     y la preferí a la misma luz,
     porque su resplandor no tiene ocaso.
Con ella me vinieron todos los bienes juntos,
     tiene en sus manos riquezas incontables.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 89, 12-13. 14-15. 16-17 (R/.: cf. 14)
R/.   Sácianos de tu misericordia, Señor, y estaremos alegres.

        V/.   Enséñanos a calcular nuestros años,
                para que adquiramos un corazón sensato.
                Vuélvete, Señor, ¿hasta cuando?
                Ten compasión de tus siervos.   R/.

        V/.   Por la mañana sácianos de tu misericordia,
                y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
                Danos alegría, por los días en que nos afligiste,
                por los años en que sufrimos desdichas.   R/.

        V/.   Que tus siervos vean tu acción,
                y sus hijos tu gloria.
                Baje a nosotros la bondad del Señor
                y haga prósperas las obras de nuestras manos.
                Sí, haga prósperas las obras de nuestras manos.   R/.


SEGUNDA LECTURA
Heb 4, 12-13
La palabra de Dios juzga los deseos e intenciones del corazón

Lectura de la carta a los Hebreos.

HERMANOS:
La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo; penetra hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos; juzga los deseos e intenciones del corazón.
Nada se le oculta; todo está patente y descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas.

Palabra de Dios.


Aleluya
Mt 5, 3
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   Bienaventurados los pobres en el espíritu,
        porque de ellos es el reino de los cielos.   R/.

EVANGELIO (forma larga)
Mc 10, 17-30
Vende lo que tienes y sígueme
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló ante él y le preguntó:
   «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?».
Jesús le contestó:
   «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre».
Él replicó:
   «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud».
Jesús se quedó mirándolo, lo amó y le dijo:
   «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego ven y sígueme».
A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó triste porque era muy rico.
Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos:
   «¡Qué difícil les será entrar en el reino de Dios a los que tienen riquezas!».
Los discípulos quedaron sorprendidos de estas palabras. Pero Jesús añadió:
   «Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios».
Ellos se espantaron y comentaban:
   «Entonces, ¿quién puede salvarse?».
Jesús se les quedó mirando y les dijo:
   «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo».
Pedro se puso a decirle:
   «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».
Jesús dijo:
   «En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, que no reciba ahora, en este tiempo, cien veces más —casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones— y en la edad futura, vida eterna».

Palabra del Señor.

EVANGELIO (forma breve)
Mc 10, 17-27
Vende lo que tienes y sígueme
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló ante él y le preguntó:
   «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?».
Jesús le contestó:
   «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre».
Él replicó:
   «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud».
Jesús se quedó mirándolo, lo amó y le dijo:
   «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego ven y sígueme».
A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó triste porque
era muy rico.
Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos:
   «¡Qué difícil les será entrar en el reino de Dios a los que tienen riquezas!».
Los discípulos quedaron sorprendidos de estas palabras. Pero Jesús añadió:
   «Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios».
Ellos se espantaron y comentaban:
   «Entonces, ¿quién puede salvarse?».
Jesús se les quedó mirando y les dijo:
   «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo».

Palabra del Señor.


© Conferencia Episcopal Española

Leccionario I (B) - Domingo XXVII del tiempo ordinario

TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO XXVII
DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA
Gén 2, 18-24
Y serán los dos una sola carne

Lectura del libro del Génesis.

EL Señor Dios se dijo:
«No es bueno que el hombre esté solo; voy a hacerle a alguien como él, que le ayude».
Entonces el Señor Dios modeló de la tierra todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo, y se los presentó a Adán, para ver qué nombre les ponía. Y cada ser vivo llevaría el nombre que Adán le pusiera.
Así Adán puso nombre a todos los ganados, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no encontró ninguno como él, que le ayudase.
Entonces el Señor Dios hizo caer un letargo sobre Adán, que se durmió; le sacó una costilla, y le cerró el sitio con carne.
Y el Señor Dios formó, de la costilla que había sacado de Adán, una mujer, y se la presentó a Adán.
Adán dijo:
«Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Su nombre será “mujer», porque ha salido del varón».
Por eso abandonará el varón a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 127, 1bc-2.3. 4-5. 6 (R/.: cf. 5)
R/.   Que el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida.

        V/.   Dichoso el que teme al Señor
                y sigue sus caminos.
                Comerás del fruto de tu trabajo,
                serás dichoso, te irá bien.   R/.

        V/.   Tu mujer, como parra fecunda,
                en medio de tu casa;
                tus hijos, como renuevos de olivo,
                alrededor de tu mesa.   R/.

        V/.   Esta es la bendición del hombre
                que teme al Señor.
                Que el Señor te bendiga desde Sión,
                que veas la prosperidad de Jerusalén
                todos los días de tu vida.   R/.

        V/.   Que veas a los hijos de tus hijos.
                ¡Paz a Israel!   R/.


SEGUNDA LECTURA
Heb 2, 9-11
El santificador y los santificados proceden todos del mismo

Lectura de la carta a los Hebreos.

HERMANOS:
Al que Dios había hecho un poco inferior a los ángeles, a Jesús, lo vemos ahora coronado de gloria y honor por su pasión y muerte. Pues, por la gracia de Dios, gustó la muerte por todos.
Convenía que aquel, para quien y por quien existe todo, llevara muchos hijos a la gloria perfeccionando mediante el sufrimiento al jefe que iba a guiarlos a la salvación.
El santificador y los santificados proceden todos del mismo. Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos.

Palabra de Dios.


Aleluya
1 Jn 4, 12
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros,
        y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.   R/.

EVANGELIO (forma larga)
Mc 10, 2-16
Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, acercándose unos fariseos, preguntaban a Jesús para ponerlo a prueba:
   «¿Le es lícito al hombre repudiar a su mujer?».
Él les replicó:
   «¿Qué os ha mandado Moisés?».
Contestaron:
     «Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla».
Jesús les dijo:
   «Por la dureza de vuestro corazón dejó escrito Moisés este precepto. Pero al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».
En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo.
Él les dijo:
   «Si uno repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio».
Acercaban a Jesús niños para que los tocara, pero los discípulos los regañaban.
Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo:
   «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis, pues de los que son como ellos es el reino de Dios. En verdad os digo que quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él».
Y tomándolos en brazos los bendecía imponiéndoles las manos.

Palabra del Señor.

EVANGELIO (forma breve)
Mc 10, 2-12
Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, acercándose unos fariseos, preguntaban a Jesús para ponerlo a prueba:
   «¿Le es lícito al hombre repudiar a su mujer?».
Él les replicó:
   «¿Qué os ha mandado Moisés?».
Contestaron:
   «Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla».
Jesús les dijo:
   «Por la dureza de vuestro corazón dejó escrito Moisés este precepto. Pero al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».
En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo.
Él les dijo:
   «Si uno repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio».

Palabra del Señor.


© Conferencia Episcopal Española

Leccionario IV - Exaltación de la Santa Cruz

SEPTIEMBRE

14 de septiembre

EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ

FIESTA


Cuando esta fiesta coincide en domingo, antes del Evangelio se leen las dos lecturas siguientes. El salmo responsorial sigue a la primera lectura.


PRIMERA LECTURA (opción 1)
Núm 21, 4b-9
Cuando un serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida

Lectura del libro de los Números.

EN aquellos días, el pueblo se cansó de caminar y habló contra Dios y contra Moisés:
   «¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náuseas ese pan sin sustancia».
El Señor envió contra el pueblo serpientes abrasadoras, que los mordían, y murieron muchos de Israel.
Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo:
   «Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes».
Moisés rezó al Señor por el pueblo y el Señor le respondió:
   «Haz una serpiente abrasadora y colócala en un estandarte:
   los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla».
Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida.

Palabra de Dios.

PRIMERA LECTURA (opción 2)
Flp 2, 6-11
En domingo:
SEGUNDA LECTURA

Se humilló a sí mismo; por eso Dios lo exaltó sobre todo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses.

CRISTO Jesús, siendo de condición divina, 
     no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; 
     al contrario, se despojó de sí mismo 
     tomando la condición de esclavo, 
     hecho semejante a los hombres.
Y así, reconocido como hombre por su presencia,
     se humilló a sí mismo, 
     hecho obediente hasta la muerte, 
     y una muerte de cruz. 
Por eso Dios lo exaltó sobre todo 
     y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; 
     de modo que al nombre de Jesús 
     toda rodilla se doble 
     en el cielo, en la tierra, en el abismo, 
     y toda lengua proclame: 
     Jesucristo es Señor, 
     para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 77, 1-2. 34-35. 36-37. 38 (R/.: cf. 7b)
R/.   No olvidéis las acciones del Señor.

        V/.   Escucha, pueblo mío, mi enseñanza;
                inclina el oído a las palabras de mi boca:
                que voy a abrir mi boca a las sentencias,
                para que broten los enigmas del pasado.   R/.

        V/.   Cuando los hacía morir, lo buscaban,
                y madrugaban para volverse hacia Dios;
                se acordaban de que Dios era su roca,
                el Dios altísimo su redentor.   R/.

        V/.   Lo adulaban con sus bocas,
                pero sus lenguas mentían:
                su corazón no era sincero con él,
                ni eran fieles a su alianza.   R/.

        V/.   Él, en cambio, sentía lástima,
                perdonaba la culpa y no los destruía:
                una y otra vez reprimió su cólera,
                y no despertaba todo su furor.   R/.


Aleluya

R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos:
        porque con tu cruz has redimido el mundo.   R/.

EVANGELIO
Jn 3, 13-17
Tiene que ser elevado el Hijo del hombre
Lectura del santo Evangelio según san Juan.

EN aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
«Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios».

Palabra del Señor.


© Conferencia Episcopal Española

Leccionario IV - Natividad de la bienaventurada Virgen María

SEPTIEMBRE

8 de septiembre

NATIVIDAD DE LA
BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA

FIESTA


PRIMERA LECTURA (opción 1)
Miq 5, 1-4a
Dé a luz la que debe dar a luz

Lectura de la profecía de Miqueas.

ESTO dice el Señor:
«Y tú, Belén Efratá,
     pequeña entre los clanes de Judá,
     de ti voy a sacar
     al que ha de gobernar Israel;
     sus orígenes son de antaño,
     de tiempos inmemoriales.
Por eso, los entregará
     hasta que dé a luz la que debe dar a luz,
     el resto de sus hermanos volverá
     junto con los hijos de Israel.
Se mantendrá firme, pastoreará
     con la fuerza del Señor,
     con el dominio del nombre del Señor, su Dios;
     se instalarán, ya que el Señor se hará grande
     hasta el confín de la tierra.
Él mismo será la paz».

Palabra de Dios.

PRIMERA LECTURA (opción 2)
Rom 8, 28-30
Dios predestinó a los que había conocido de antemano

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.

HERMANOS:
Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien; a los cuales ha llamado conforme a su designio.
Porque a los que había conocido de antemano los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito entre muchos hermanos.
Y a los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 12, 6ab. 6cd (R/.: Is 61, 10)
R/.   Desbordo de gozo con el Señor.

        V/.   Porque yo confío en tu misericordia:
                mi alma gozará con tu salvación.   R/.

        V/.   Y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho.   R/.


Aleluya

R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   Dichosa eres, santa Virgen María,
        y muy digna de toda alabanza:
        porque de ti salió el sol de justicia,
        Cristo, nuestro Dios.   R/.

EVANGELIO
Mt 1, 1-16. 18-23
La criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

LIBRO del origen de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán.
Abrahán engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos. Judá engendró, de Tamar, a Fares y a Zará, Fares engendró a Esrón, Esrón engendró a Arán, Arán engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naasón, Naasón engendró a Salmón, Salmón engendró, de Rajab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed; Obed engendró a Jesé, Jesé engendró a David, el rey.
David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón, Salomón engendró a Roboán, Roboán engendró a Abías, Abías engendró a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Jorán, Jorán engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatán, Joatán engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amós, Amós engendró a Josías; Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando el destierro de Babilonia.
Después del destierro de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliaquín, Eliaquín engendró a Azor, Azor engendró a Sadoc, Sadoc engendró a Aquín, Aquín engendró a Eliud, Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Matán, Matán engendró a Jacob; y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.
La generación de Jesucristo fue de esta manera:
María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
«José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta:
«Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”».

Palabra del Señor.


© Conferencia Episcopal Española

Leccionario IV - Martirio de san Juan Bautista

AGOSTO

29 de agosto

Martirio de san Juan Bautista

MEMORIA


En este memoria el Evangelio es obligatorio.

La primera lectura con su salmo, ordinariamente, de la feria. Por motivos pastorales, se recomiendan las siguientes.

PRIMERA LECTURA
Jer 1, 17-19
Diles todo lo que yo te mande. No les tengas miedo

Lectura del libro de Jeremías.

EN aquellos días, me vino esta palabra del Señor:
«Cíñete los lomos:
prepárate para decirles todo lo que yo te mande.
No les tengas miedo,
     o seré yo quien te intimide.
Desde ahora te convierto en plaza fuerte,
     en columna de hierro y murallas de bronce,
     frente a todo el país:
     frente a los reyes y príncipes de Judá,
     frente a los sacerdotes y al pueblo de la tierra.
Lucharán contra ti, pero no te podrán,
     porque yo estoy contigo para librarte
     —oráculo del Señor—».

Palabra de Dios.
Salmo responsorial
Sal 70, 1-2. 3-4a. 5-6ab y 17 (R/.: cf. 15ab)
R/.   Mi boca contará tu salvación.

        V/.   A ti, Señor, me acojo:
                no quede yo derrotado para siempre.
                Tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo,
                inclina a mí tu oído y sálvame.   R/.

        V/.   Sé tu mi roca de refugio,
                el alcázar donde me salve,
                porque mi peña y mi alcázar eres tú.
                Dios mío, líbrame de la mano perversa.   R/.

        V/.   Porque tú, Señor, fuiste mi esperanza
                y mi confianza, Señor, desde mi juventud.
                En el vientre materno ya me apoyaba en ti,
                en el seno tú me sostenías.   R/.

        V/.   Mi boca contará tu justicia,
                y todo el día tu salvación,
                Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
                y hasta hoy relato tus maravillas.   R/.


Aleluya
Mt 5, 10
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,
        porque de ellos es el reino de los cielos.   R/.

EVANGELIO
Mc 6, 17-29
Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista
Lectura del santo Evangelio según san Juan.

EN aquel tiempo, Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado.
El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener a la mujer de su hermano.
Herodías aborrecía a Juan y quería matarlo, pero no podía, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo defendía. Al escucharlo quedaba muy perplejo, aunque lo oía con gusto.
La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven:
   «Pídeme lo que quieras, que te lo daré».
Y le juró:
   «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino».
Ella salió a preguntarle a su madre:
   «¿Qué le pido?».
La madre le contestó:
   «La cabeza de Juan el Bautista».
Entró ella enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió:
   «Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».
El rey se puso muy triste; pero por el juramento y los convidados no quiso desairarla. Enseguida le mandó a uno de su guardia que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre.
Al enterarse sus discípulos fueron a recoger el cadáver y lo pusieron en un sepulcro.

Palabra del Señor.


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Leccionario III (par) - Jueves de la XXIV semana del tiempo ordinario

TIEMPO ORDINARIO

JUEVES DE LA XXIV SEMANA
DEL TIEMPO ORDINARIO


PRIMERA LECTURA
Cor 15, 1-11
Predicamos ésto, y así lo creísteis vosotros

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

OS recuerdo, hermanos, el Evangelio que os anuncié y que vosotros aceptasteis, en el que además estáis fundados,
y que os está salvando, si os mantenéis en la palabra que os anunciamos; de lo contrario, creísteis en vano.
Porque yo os transmití en primer lugar, lo que también yo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; y que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; y que se apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales vive todavía, otros han muerto; después se apareció a Santiago, más tarde a todos los apóstoles; por último, como a un aborto, se me apareció también a mí.
Porque yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de ser llamado apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios.
Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. Pues bien; tanto yo como ellos predicamos así, y así lo creísteis vosotros.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial 
Sal 117, 1-2. 16-17. 28 (R/.: 1)
R/.   Dad gracias al Señor porque es bueno.

O bien:

R/.   Aleluya.


        V/.   Dad gracias al Señor porque es bueno,
                 porque es eterna su misericordia.
                 Diga la casa de Israel:
                 eterna es su misericordia.   R/.

        V/.   «La diestra del Señor es poderosa,
                 la diestra del Señor es excelsa».
                 No he de morir, viviré
                 para contar las hazañas del Señor.   R/.

        V/.   Tú eres mi Dios, te doy gracias;
                 Dios mío, yo te ensalzo.   R/.


Aleluya
Mt 11, 28
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados —dice el Señor—,
        y yo os aliviaré.    R/.

EVANGELIO
Lc 7, 36-50
Sus muchos pecados han quedado perdonados, porque ha amado mucho
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

EN aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él y, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. En esto, una mujer que había en la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino trayendo un frasco de alabastro lleno de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con las lágrimas, se los enjugaba con los cabellos de su cabeza, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo:
   «Si este fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que lo está tocando, pues es una pecadora».
Jesús respondió y le dijo:
   «Simón, tengo algo que decirte».
Él contestó:
   «Dímelo, Maestro».
Jesús le dijo:
   «Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó abs dos. ¿Cuál de ellos le mostrará más amor?».
Respondió Simón y dijo:
   «Supongo que aquel a quien le perdonó más».
Le dijo Jesús:
   «Has juzgado rectamente».
Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón:
   «¿Ves a esta mujer? He entrado en tu casa y no me has dado agua para los pies; ella, en cambio, me ha regado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el beso de paz; ella, en cambio, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados han quedado perdonados, porque ha amado mucho, pero al que poco se le perdona, ama poco».
Y a ella le dijo:
   «Han quedado perdonados tus pecados».
Los demás convidados empezaron a decir entre ellos:
   «¿Quién es este, que hasta perdona pecados?».
Pero él dijo a la mujer:
   «Tu fe te ha salvado, vete en paz».

Palabra del Señor.


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