Misal Romano (tercera edición) - Ordinario de la Misa: Rito de conclusión

ORDINARIO DE LA MISA

RITO DE CONCLUSIÓN


Textos musicalizados en Apéndice I.

161. Siguen, si es necesario, breves avisos para el pueblo.

155. Después tiene lugar la despedida. El sacerdote, vuelto hacia el pueblo, extiendiendo las manos, dice:

El Señor esté con vosotros.

El pueblo responde:

Y con tu espíritu.

El sacerdote bendice al pueblo, diciendo:

La bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros.

El pueblo responde:

Amén.

163. En algunos días u ocasiones, a esta fórmula de bendición precede, según las rúbricas, otra fórmula de bendición más solemne o una oración sobre el pueblo.

___________________________

164. En la misa pontifical el celebrante recibe la mitra y, extendiendo las manos, dice:

El Señor esté con vosotros.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

El celebrante dice:

Bendito sea el nombre del Señor.

Todos responden:

Ahora y por todos los siglos.

El celebrante dice:

Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

Todos responden:

Que hizo el cielo y la tierra.

Entonces el celebrante, habiendo recibido el báculo, si lo usa, dice:

La bendición de Dios todopoderoso,

Y, haciendo tres veces la señal de la cruz sobre el pueblo, añade:

Padre , Hijo , y Espíritu  Santo,
descienda sobre vosotros.

Todos responden:

Amén.
___________________________

165. Luego el diácono, o el mismo sacerdote, con las manos juntas, vuelto hacia el pueblo, dice:

Podéis ir en paz.

     O bien:

La alegría del Señor sea nuestra fuerza.
Podéis ir en paz.

     O bien:

Glorificad al Señor con su vida.
Podéis ir en paz.

     O bien:

En el nombre del Señor, podéis ir en paz.

O bien, especialmente en los domingos de Pascua:

Anunciad a todos la alegría del Señor resucitado.
Podéis ir en paz.

El pueblo responde:

Demos gracias a Dios.

166. Después el sacerdote venera el altar con un beso, como al comienzo. Seguidamente, hecha inclinación profunda con los ministros, se retira.

167. Si inmediatamente sigue alguna acción litúrgica, se omite el rito de despedida.


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Misal Romano (tercera edición) - Ordinario de la Misa: Rito de la comunión

ORDINARIO DE LA MISA

RITO DE LA COMUNIÓN

Oración dominical

145. Una vez depositados el cáliz y la patena sobre el altar, el sacerdote, con las manos juntas, dice:

Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:

     O bien:

Llenos de alegría por ser hijos de Dios, digamos confiadamente la oración que Cristo nos enseñó:

     O bien:

El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado; digamos con fe y esperanza:

     O bien:

Antes de participar en el banquete de la Eucaristía, signo de reconciliación y vínculo de unión fraterna, oremos juntos como el Señor nos ha enseñado:

Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:

Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

___________________________
En latín:

Pater noster, qui es in cælis:
sanctificétur nomen tuum;
advéniat regnum tuum;
fiat volúntas tua, sicut in caelo, et in terra.
Panem nostrum cotidiánum da nobis hódie;
et dimítte nobis débita nostra,
sicut et nos dimíttimus debitóribus nostris;
et ne nos indúcas in tentatiónem;
sed líbera nos a malo.
___________________________

146. Solo el sacerdote, con las manos extendidas, prosigue diciendo:

Líbranos de todos los males, Señor,
y concédenos la paz en nuestros días,
para que, ayudados por tu misericordia,
vivamos siempre libres de pecado
y protegidos de toda perturbación,
mientras esperamos la gloriosa venida
de nuestro Salvador Jesucristo.

Junta las manos.

El pueblo concluye la oración aclamando:

Tuyo es el reino,
tuyo el poder y la gloria por siempre, Señor.

Rito de la paz

147. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice en voz alta:

Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles:
«La paz os dejo, mi paz os doy»;
no tengas en cuenta nuestros pecados,
sino la fe de tu Iglesia
y, conforme a tu palabra,
concédele la paz y la unidad.

Junta las manos.

Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

El pueblo responde:

Amén.

148. El sacerdote, vuelto hacia el pueblo, extendiendo y juntando las manos, añade:

La paz del Señor esté siempre con vosotros.

El pueblo responde:

Y con tu espíritu.

149. Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade:

Daos fraternalmente la paz.

     O bien:

Como hijos de Dios, intercambiad ahora
un signo de comunión fraterna.

     O bien:

En Cristo, que nos ha hecho hermanos con su cruz,
daos la paz como signo de reconciliación.

     O bien:

En el Espíritu de Cristo resucitado,
daos fraternalmente la paz.

Y todos, según la costumbre del lugar, intercambian un gesto de paz, de comunión y de caridad. El sacerdote da la paz al diácono o al ministro.

Fracción del pan

150. Después toma el pan consagrado, lo parte sobre la patena, y pone una partícula dentro del cáliz, diciendo en secreto:

El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo,
unidos en este cáliz,
sean para nosotros alimento de vida eterna.

151. Mientras tanto, se canta o se dice:

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
danos la paz.

Esta aclamación puede repetirse varias veces, si la fracción del pan se prolonga. La última vez se dice: danos la paz.

Comunión

152. A continuación el sacerdote, con las manos juntas, dice en secreto:

Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo,
que, por voluntad del Padre,
cooperando el Espíritu Santo,
diste con tu muerte la vida al mundo,
líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre,
de todas mis culpas y de todo mal. 
Concédeme cumplir siempre tus mandamientos
y jamás permitas que me separe de ti.

     O bien:

Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre
no sea para mí un motivo de juicio y condenación,
sino que, por tu piedad,
me aproveche para defensa de alma y cuerpo
y como remedio saludable.

153. El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena o sobre el cáliz, hacia el pueblo, dice con voz clara:

Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor.

Y, juntamente con el pueblo, añade:

Señor, no soy digno de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya bastará para sanarme.

154. El sacerdote, hacia el altar, dice en secreto:

El Cuerpo de Cristo me guarde para la vida eterna.

Y comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo.

Después toma el cáliz y dice en secreto:

La Sangre de Cristo me guarde para la vida eterna.

Y bebe reverentemente la Sangre de Cristo.

155. Después toma la patena o la píxide, y se acerca a los van a comulgar. Muestra el pan consagrado a cada uno, sostieniéndolo un poco elevado, y le dice:

El Cuerpo de Cristo.

El que va a comulgar responde:

Amén.

Y comulga.

El diácono y los ministros que distribuyen la sagrada Comunión, lo realizan de la misma manera.

156. Si se comulga bajo las dos especies, se observa el rito descrito en su lugar (cf. OGMR, nn. 284-287).

157. Cuando el sacerdote ha comulgado el Cuerpo de Cristo, comienza el canto de comunión.

158. Finalizada la comunión, el sacerdote, el diácono, o el acólito, purifica la patena sobre el cáliz y también el cáliz.

Mientras hace la purificación, el sacerdote dice en secreto:

Haz, Señor,
que recibamos con un corazón limpio
el alimento que acabamos de tomar,
y que el don que nos haces en esta vida
nos aproveche para la eterna.

159. Después el sacerdote puede volver a la sede. Si se considera oportuno, se puede dejar un breve espacio de silencio sagrado o entonar un salmo o algún cántico de alabanza.

Oración después de la comunión

160. Luego, de pie en el altar o en la sede, el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, con las manos juntas, dice:

Oremos.

Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho antes.

Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión, al final de la cual, el pueblo aclama:

Amén.

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La oración después de la comunión termina con la conclusión breve, que el sacerdote dice con las manos juntas.

Si la oración se dirige al Padre:

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Si la oración se dirige al Padre, pero al final de la misma se menciona al Hijo:

Él, que vive y reina por los siglo de los siglos.

Si la oración se dirige al Hijo:

Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
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Misal Romano (tercera edición) - Plegaria eucarística IV

ORDINARIO DE LA MISA

PLEGARIA EUCARÍSTICA IV


137. No está permitido cambiar el prefacio de esta plegaria eucarística por razón de la estructura de la plegaria, que presenta un sumario de la historia de la salvación.

Texto musicalizado Apéndice I.

V/. El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.

V/. Levantemos el corazón.
R/. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V/. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R/. Es justo y necesario.

EN verdad es justo darte gracias,
y deber nuestro glorificarte, Padre santo,
porque tú eres el único Dios vivo y verdadero
que existes desde siempre y vives para siempre,
luz sobre toda luz.
Porque tú solo eres bueno y fuente de vida,
hiciste todas las cosas para colmarlas de tus bendiciones
y alegrar su multitud con la claridad de tu gloria.

Por eso, innumerables ángeles en tu presencia,
contemplando la gloria de tu rostro,
te sirven siempre y te glorifican sin cesar. 

Y con ellos también nosotros, llenos de alegría,
y por nuestra voz, las demás criaturas,
aclamamos tu nombre cantando:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

138. El sacerdote, con las manos extendidas, dice:

Te alabamos, Padre santo,
porque eres grande
y porque hiciste todas las cosas con sabiduría y amor.

A imagen tuya creaste al hombre
y le encomendaste el universo entero,
para que, sirviéndote sólo a ti, su Creador,
dominara todo lo creado.

Y cuando por desobediencia perdió tu amistad,
no lo abandonaste al poder de la muerte,
sino que, compadecido, tendiste la mano a todos,
para que te encuentre el que te busca.

Reiteraste, además, tu alianza a los hombres;
por los profetas los fuiste llevando con la esperanza de salvación.

Y tanto amaste al mundo, Padre santo,
que, al cumplirse la plenitud de los tiempos,
nos enviaste como salvador a tu único Hijo.

El cual se encarnó por obra del Espíritu Santo,
nació de María, la Virgen,
y así compartió en todo nuestra condición humana
menos en el pecado;
anunció la salvación a los pobres,
la liberación a los oprimidos
y a los afligidos el consuelo.

Para cumplir tus designios,
él mismo se entregó a la muerte,
y, resucitando, destruyó la muerte y nos dio nueva vida.

Y porque no vivamos ya para nosotros mismos,
sino para él, que por nosotros murió y resucitó,
envió, Padre, al Espíritu Santo
como primicia para los creyentes,
a fin de santificar todas las cosas,
llevando a plenitud su obra en el mundo.

139. Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice:

Por eso, Padre, te rogamos
que este mismo Espíritu
santifique estas ofrendas,

Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:

para que se conviertan en el Cuerpo y la Sangre
de Jesucristo, nuestro Señor,

Junta las manos.

y así celebremos el gran misterio
que nos dejó como alianza eterna.

140. En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse claramente y con precisión, como lo requiere la naturaleza de las mismas palabras.

Porque él mismo, llegada la hora
en que había de ser glorificado por ti, Padre santo,
habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo,
los amó hasta el extremo.
Y, mientras cenaba con sus discípulos,

Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:

tomó pan, te bendijo, lo partió
y se lo dio, diciendo:

Se inclina un poco.

TOMAD Y COMED TODOS DE ÉL, 
PORQUE ESTO ES MI CUERPO,
QUE SERÁ ENTREGADO POR VOSOTROS.


Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora, haciendo genuflexión.

141. Después prosigue:

Del mismo modo,

Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:

tomó el cáliz lleno del fruto de la vid,
te dio gracias, y lo pasó a sus discípulos diciendo:

Se inclina un poco.

TOMAD Y BEBED TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,
SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,
QUE SERÁ DERRAMADA
POR VOSOTROS Y POR MUCHOS
PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS. 
HACED ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora, haciendo genuflexión.

142. Luego dice una de las siguientes fórmulas:

Este es el Misterio de la fe.

     O bien:

Este es el Sacramento de nuestra fe.

Y el pueblo prosigue, aclamando:

Anunciamos tu muerte,
proclamamos tu resurrección.
¡Ven, Señor Jesús!

     O bien:

Aclamemos el Misterio de la fe.

Y el pueblo prosigue, aclamando:

Cada vez que comemos de este pan
y bebemos de este cáliz,
anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

     O bien:

Proclamemos el Misterio de la fe.

Y el pueblo prosigue, aclamando:

Sálvanos, Salvador del mundo,
que nos has liberado por tu cruz y resurrección.

143. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:

Por eso, Padre,
al celebrar ahora el memorial de nuestra redención,
recordamos la muerte de Cristo
y su descenso al lugar de los muertos,
proclamamos su resurrección y ascensión a tu derecha;
y, mientras esperamos su venida gloriosa,
te ofrecemos su Cuerpo y su Sangre,
sacrificio agradable a ti
y salvación para todo el mundo.

Dirige tu mirada sobre esta Víctima
que tú mismo has preparado a tu Iglesia,
y concede a cuantos compartimos
este pan y este cáliz
que, congregados en un solo cuerpo por el Espíritu Santo,
seamos en Cristo
víctima viva para alabanza de tu gloria.

Y ahora, Señor, acuérdate
de todos aquellos por quienes se ofrece este sacrificio:
de tu servidor el papa N., de nuestro obispo N.,

[Aquí se puede hacer mención del obispo coadjutor o de los obispos auxiliares:

con el obispo coadjutor (auxiliar) N.,

     o bien: 

y sus obispos auxiliares,

El obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:

conmigo, indigno siervo tuyo,

     o bien, cuando celebra un obispo que no es el ordinario diocesano, dice:

con mi hermano N., obispo de esta Iglesia de N.,
conmigo, indigno siervo tuyo,]

del orden episcopal y de los presbíteros y diáconos,
de los oferentes y de los aquí reunidos,

___________________________

Intercesiones particulares

En la misa de Pascua, de su octava y en el bautismo:

de los neófitos [N. y N.] que hoy has hecho renacer del agua del Espíritu Santo,*

En la misa de la confirmación:

de tus hijos [N. y N.], que hoy has confirmado marcándolos con el sello del Espíritu Santo,*

En la misa de primera comunión:

de tus hijos [N. y N.], que por vez primera invitas en este día a participar del Pan de vida y del Cáliz de salvación, en la mesa de tu familia,*

En la misa del matrimonio:

de tus hijos N. y N., que en Cristo hoy han fundado una nueva familia,*
___________________________

*de todo tu pueblo santo
y de aquellos que te buscan con sincero corazón.

Acuérdate también
de los que murieron en la paz de Cristo
y de todos los difuntos,
cuya fe sólo tú conociste.

Padre de bondad,
que todos tus hijos nos reunamos en la heredad de tu reino,
con María, la Virgen Madre de Dios,
con su esposo san José,
con los apóstoles y los santos;
y allí, junto con toda la creación
libre ya de pecado y de muerte,
te glorifiquemos por Cristo, Señor nuestro,

Junta las manos.

por quien concedes al mundo todos los bienes.

144. Toma la patena, con el pan consagrado y el cáliz y, elevándolos, dice:

Por Cristo, con él y en él,
a ti, Dios Padre omnipotente,
en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria
por los siglos de los siglos.

El pueblo aclama:

Amén.

Después sigue el rito de comunión.


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Misal Romano (tercera edición) - Plegaria eucarística III

ORDINARIO DE LA MISA

PLEGARIA EUCARÍSTICA III


128.   V/. El Señor esté con vosotros.
          R/. Y con tu espíritu.

          V/. Levantemos el corazón.
          R/. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

          V/. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
          R/. Es justo y necesario.

Sigue el prefacio que corresponda según las rúbricas, el cual concluye:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna. en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

129. El sacerdote, con las manos extendidas, dice:

SANTO eres en verdad, Padre,
y con razón te alaban todas tus criaturas,
ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro,
con la fuerza del Espíritu Santo,
das vida y santificas todo,
y congregas a tu pueblo sin cesar,
para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha
desde donde sale el sol hasta el ocaso.

130. Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice:

Por eso, Padre, te suplicamos
que santifiques por el mismo Espíritu
estos dones que hemos separado para ti, 

Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y sobre el cáliz conjuntamente, diciendo:

de manera que se conviertan
en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo,
Hijo tuyo y Señor nuestro,

Junta las manos.

que nos mandó celebrar estos misterios.

131. En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse claramente y con precisión, como lo requiere la naturaleza de las mismas palabras.

Porque él mismo,
la noche en que iba a ser entregado,

[En la misa vespertina del Jueves Santo:

habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo
los amó hasta el extremo
y, mientras cenaba con sus discípulos,]

Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:

tomó pan,
y dando gracias te bendijo,
lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Se inclina un poco.

TOMAD Y COMED TODOS DE ÉL, 
PORQUE ESTO ES MI CUERPO,
QUE SERÁ ENTREGADO POR VOSOTROS.

Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora, haciendo genuflexión.

132. Después prosigue:

Del mismo modo, acabada la cena,

Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:

tomó el cáliz,
y, dándote gracias de nuevo,
lo pasó a sus discípulos, diciendo:

Se inclina un poco.

TOMAD Y BEBED TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,
SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,
QUE SERÁ DERRAMADA
POR VOSOTROS Y POR MUCHOS
PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS. 
HACED ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora, haciendo genuflexión.

133. Luego dice:

Este es el Misterio de la fe.

     O bien:

Éste es el Sacramento de nuestra fe.

Y el pueblo prosigue, aclamando:

Anunciamos tu muerte,
proclamamos tu resurrección.
¡Ven, Señor Jesús!

     O bien:

Aclamemos el Misterio de la fe.

Y el pueblo prosigue, aclamando:

Cada vez que comemos de este pan
y bebemos de este cáliz,
anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

     O bien:

Proclamemos el Misterio de la fe.

Y el pueblo prosigue, aclamando:

Sálvanos, Salvador del mundo,
que nos has liberado por tu cruz y resurrección.

134. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:

Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial
de la pasión salvadora de tu Hijo,
de su admirable resurrección y ascensión al cielo,
mientras esperamos su venida gloriosa,
te ofrecemos, en esta acción de gracias,
el sacrificio vivo y santo.

Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia
y reconoce en ella la Víctima
por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad,
para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo
y llenos de su Espíritu Santo,
ormemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.

Que él nos transforme en ofrenda permanente
para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos:
con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José,
los apóstoles y los mártires, [san N.: santo del día o patrono]
y todos los santos,
por cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.

En las misas de Pascua, de su octava y en el bautismo de adultos; en la misa del bautismo de niños, de confirmación, de primera comunión y del matrimonio se dicen las intercesiones particulares.

Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación
traiga la paz y la salvación al mundo entero.
Confirma en la fe y en la caridad
a tu Iglesia, peregrina en la tierra:
al tu servidor, el papa N., a nuestro obispo N.,

[Aquí se puede hacer mención del obispo coadjutor o de los obispos auxiliares:

con el obispo coadjutor (auxiliar) N.,

     o bien: 

y sus obispos auxiliares,

El obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:

conmigo, indigno siervo tuyo,

     o bien, cuando celebra un obispo que no es el ordinario diocesano, dice:

con mi hermano N., obispo de esta Iglesia de N.,
conmigo, indigno siervo tuyo,]

al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos,
y a todo el pueblo redimido por ti.

En la Natividad del Señor y durante su octava, en la Epifanía del Señor, en la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua, en la Ascensión del Señor y en el domingo de Pentecostés se dice el recuerdo propio.

Atiende los deseos de esta familia
que has congregado en tu presencia.

[En los domingos, cuando no hay otro recuerdo más propio, puede decirse:

en el domingo, día en que Cristo ha vencido a la muerte
y nos ha hecho partícipes de su vida inmortal.]

Reúne en torno a ti, Padre misericordioso,
a todos tus hijos dispersos por el mundo.

A nuestros hermanos difuntos
y a cuantos murieron en tu amistad
recíbelos en tu reino,
donde esperamos gozar todos juntos
de la plenitud eterna de tu gloria,

Junta las manos.

por Cristo, Señor nuestro,
por quien concedes al mundo todos los bienes.

___________________________

135. Cuando esta plegaria eucarística se utiliza en las misas de difuntos, puede decirse:

Recuerda a tu hijo (hija) N.
a quien llamaste [hoy] de este mundo a tu presencia:
concédele que, así como ha compartido ya la muerte de Jesucristo,
comparta, también, con él la gloria de la resurrección,
cuando Cristo haga surgir de la tierra a los muertos,
y transforme nuestro cuerpo frágil
en cuerpo glorioso como el suyo.
Y a nuestros hermanos difuntos,
y a cuantos murieron en tu amistad,
recíbelos en tu reino,
donde esperamos gozar todos juntos
de la plenitud eterna de tu gloria;
allí enjugarás las lágrimas de nuestros ojos,
porque, al contemplarte como tú eres, Dios nuestro,
seremos para siempre semejantes a ti
y cantaremos eternamente tus alabanzas,

Junta las manos.

por Cristo, Señor nuestro,
por quien concedes al mundo todos los bienes.
___________________________

136. Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz, y elevándolos, dice:

Por Cristo, con él y en él,
a ti, Dios Padre omnipotente,
en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria
por los siglos de los siglos.

El pueblo aclama:

Amén.

Después sigue el rito de comunión.

___________________________

Intercesiones particulares

Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación
traiga la paz y la salvación al mundo entero.
Confirma en la fe y en la caridad
a tu Iglesia, peregrina en la tierra:
al tu servidor, el papa N., a nuestro obispo N.,

[Aquí se puede hacer mención del obispo coadjutor o de los obispos auxiliares:

con el obispo coadjutor (auxiliar) N.,

     o bien: 

y sus obispos auxiliares,

El obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:

conmigo, indigno siervo tuyo,

     o bien, cuando celebra un obispo que no es el ordinario diocesano, dice:

con mi hermano N., obispo de esta Iglesia de N.,
conmigo, indigno siervo tuyo,]

al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos,
y a todo el pueblo redimido por ti.

En las misas de Pascua, de su octava y en la del bautismo de adultos:

Confirma en el santo proposito a tus hijos [N. y N.], que hoy, por el bautismo [y del don del Espíritu], has agregado a tu pueblo y concédeles andar siempre en una vida nueva.*

En la misa del bautismo de niños:

Ayuda a nuestros hermanos [N. y N.], que hoy has hecho renacer del agua y del Espíritu Santo librándolos del pecado; tú que los has incorporado, como miembros vivos, al Cuerpo de Cristo, inscribe también sus nombres en el libro de la vida.*

En la misa de la confirmación:

Acuérdate también, Señor, de estos siervos tuyos [N. y N.] que, regenerados en el Bautismo, te has dignado confirmar con el don del Espíritu Santo y, con bondad, consérvalos en tu gracia.*

En la misa de primera comunión:

Ayuda a tus hijos [N. y N.], que por vez primera invitas en este día a participar del Pan de vida y del Cáliz de salvación, en la mesa de tu familia; concédeles crecer siempre en tu amistad y en la comunión con tu Iglesia.*

En la misa del matrimonio:

Conforta, con la gracia del matrimonio a N. y N., a quienes, felizmente, has conducido al día de su matrimonio, para que la alianza que han sellado en tu presencia la conserven a lo largo de toda su vida, con tu protección.*


Recuerdo propio de algunas solemnidades

*Atiende los deseos y súplicas de esta familia
que has congregado en tu presencia.

En la Natividad del Señor y durante su octava:

(en la noche santa) en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo.*

En la Epifanía del Señor:

en el día santo, en que tu único Hijo, eterno como tú en la gloria, se manifestó en la verdad de nuestra carne, hecho hombre.*

Desde la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

(en la noche gloriosa) en el día glorioso de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne.*

En la Ascensión del Señor:

en el día glorioso de la Ascensión, en el que Cristo ha sido constituido Señor del cielo y de la tierra.*

En el domingo de Pentecostés:

en el día en que la efusión de tu Espíritu ha hecho de ella sacramento de unidad para todos los pueblos.*

*Reúne en torno a ti, Padre misericordioso,
a todos tus hijos dispersos por el mundo.

A nuestros hermanos difuntos
y a cuantos murieron en tu amistad
recíbelos en tu reino,
donde esperamos gozar todos juntos
de la plenitud eterna de tu gloria,

Junta las manos.

por Cristo, Señor nuestro,
por quien concedes al mundo todos los bienes.

Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz, y elevándolos, dice:

Por Cristo, con él y en él,
a ti, Dios Padre omnipotente,
en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria
por los siglos de los siglos.

El pueblo aclama:

Amén.

Después sigue el rito de comunión.
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Misal Romano (tercera edición) - Plegaria eucarística II

ORDINARIO DE LA MISA

PLEGARIA EUCARÍSTICA II


120. Aunque esta plegaria eucarística tiene un prefacio propio que forma parte de su misma estructura, puede usarse también con otros prefacios, especialmente con aquellos que presentan una breve síntesis del misterio de la salvación; por ejemplo, con los prefacios comunes.

Texto musicalizado en Apéndice I.

V/. El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.

V/. Levantemos el corazón.
R/. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V/. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R/. Es justo y necesario.

EN verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
darte gracias, Padre santo, siempre y en todo lugar,
por Jesucristo, tu Hijo amado.

Por él, que es tu Verbo, hiciste todas las cosas;
tú nos lo enviaste
para que, hecho hombre por obra del Espíritu Santo
y nacido de María, la Virgen,
fuera nuestro Salvador y Redentor.

Él, en cumplimiento de tu voluntad,
para destruir la muerte y manifestar la resurrección,
extendió sus brazos en la cruz,
y así adquirió para ti un pueblo santo.

Por eso, con los ángeles y todos los santos,
proclamamos tu gloria diciendo a una sola voz:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

121. El sacerdote, con las manos extendidas, dice:

Santo eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad;

122. Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice:

por eso te pedimos que santifiques estos dones
con la efusión de tu Espíritu,

Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y sobre el cáliz conjuntamente, diciendo:

de manera que se conviertan para nosotros
en el Cuerpo y la Sangre
de Jesucristo, nuestro Señor.

Junta las manos.

123. En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse claramente y con precisión, como lo requiere la naturaleza de las mismas palabras.

El cual,
cuando iba a ser entregado a su pasión,
voluntariamente aceptada,

[En la misa vespertina del Jueves Santo: 

El cual,
en esta misma noche, cuando iba a ser entregado a su pasión,
voluntariamente aceptada,]

Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:

tomó pan, dándote gracias, lo partió
y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Se inclina un poco.

TOMAD Y COMED TODOS DE ÉL, 
PORQUE ESTO ES MI CUERPO,
QUE SERÁ ENTREGADO POR VOSOTROS.

Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora, haciendo genuflexión.

124. Después prosigue:

Del mismo modo, acabada la cena,

Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:

tomó el cáliz,
y, dándote gracias de nuevo,
lo pasó a sus discípulos, diciendo:

Se inclina un poco.

TOMAD Y BEBED TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,
SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,
QUE SERÁ DERRAMADA
POR VOSOTROS Y POR MUCHOS
PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS. 
HACED ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora, haciendo genuflexión.

125. Luego dice una de las siguientes fórmulas:

Este es el Misterio de la fe.

     O bien:

Este es el Sacramento de nuestra fe.

Y el pueblo prosigue, aclamando:

Anunciamos tu muerte,
proclamamos tu resurrección.
¡Ven, Señor Jesús!

     O bien:

Aclamemos el Misterio de la fe.

Y el pueblo prosigue, aclamando:

Cada vez que comemos de este pan
y bebemos de este cáliz,
anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

     O bien:

Proclamemos el Misterio de la fe.

Y el pueblo prosigue, aclamando:

Sálvanos, Salvador del mundo,
que nos has liberado por tu cruz y resurrección.

126. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:

Así, pues, Padre,
al celebrar ahora
el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo,
te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de salvación,
y te damos gracias
porque nos haces dignos de servirte en tu presencia.

Te pedimos humildemente
que el Espíritu Santo congregue en la unidad
a cuantos participamos del Cuerpo y la Sangre de Cristo.

En la Natividad del Señor y durante su octava, en la Epifanía del Señor, en la misa vespertina del Jueves Santo, desde la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua, en la Ascensión del Señor y en el domingo de Pentecostés se dice Acuérdate, Señor propio.

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra;

[En los domingos, cuando no hay otro Acuérdate, Señor más propio, puede decirse:

y reunida aquí en el domingo,
día en que Cristo ha vencido a la muerte
y nos ha hecho partícipes de su vida inmortal;]

y con el papa N.,
con nuestro obispo N.,

[Aquí se puede hacer mención del obispo coadjutor o de los obispos auxiliares:

con el obispo coadjutor (auxiliar) N.,

     o bien: 

y sus obispos auxiliares,

El obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:

conmigo, indigno siervo tuyo,

     o bien, cuando celebra un obispo que no es el ordinario diocesano, dice:

con mi hermano N., obispo de esta Iglesia de N.,
conmigo, indigno siervo tuyo,]

y todos los pastores que cuidan de tu pueblo,
llévala a su perfección por la caridad.

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«Acuérdate, Señor» propios de algunas solemnidades

En la Natividad del Señor y durante su octava:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche santa) en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo;*

En la Epifanía del Señor:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día santo en que tu único Hijo, eterno como tú en la gloria, se manifestó en la realidad de nuestra propia carne;*

Desde la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo;*

En la Ascensión del Señor:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día glorioso en que Cristo ha sido constituido Señor del cielo y de la tierra;* 

En el domingo de Pentecostés:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día en que la efusión de tu Espíritu ha hecho de ella sacramento de unidad para todos los pueblos;*

*y con el papa N.,
con nuestro obispo N.,
y todos los pastores que cuidan de tu pueblo,
llévala a su perfección por la caridad.
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En las misas de Pascua, de su octava y en el bautismo de adultos; en la misa del bautismo de niños, de confirmación, de primera comunión, del matrimonio y por los difuntos se dicen las intercesiones particulares.

Acuérdate también de nuestros hermanos
que durmieron en la esperanza de la resurrección,
y de todos los que han muerto en tu misericordia;
admítelos a contemplar la luz de tu rostro.

Ten misericordia de todos nosotros,
y así, con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José,
los apóstoles y cuantos vivieron en tu amistad
a través de los tiempos,
merezcamos, por tu Hijo Jesucristo,
compartir la vida eterna y cantar tus alabanzas.

Junta las manos.

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Intenciones particulares

En las misas de Pascua, de su octava y en la del bautismo de adultos:

Acuérdate también de los neófitos [N. y N.] que hoy, por el bautismo [y la confirmación], han entrado a formar parte de tu familia; ayúdales a seguir a Cristo, tu Hijo, con ánimo generoso y ferviente.

En la misa del bautismo de niños:

Acuérdate también de nuestros hermanos N. y N. (de aquellos hermanos nuestros) que hoy has hecho renacer del agua y del Espíritu Santo, librándolos del pecado; tú, que los has incorporado, como miembros vivos, al cuerpo de Cristo, inscribe también sus nombres en el libro de la vida.

En la misa de la confirmación:

Acuérdate también de tus siervos [N. y N.] a los que hoy te has dignado confirmar con el don del Espíritu Santo y consérvalos en tu gracia.

En la misa de primera comunión:

Acuérdate de tus hijos [N. y N.] que por vez primera invitas en este día a participar del Pan de vida y del Cáliz de salvación, en la mesa de tu familia; concédeles crecer siempre en tu amistad y en la comunión con tu Iglesia.

En la misa del matrimonio:

Acuérdate, Señor, de N. y N., a quienes has concedido llegar al día de su matrimonio; que permanezcan, por tu gracia, en el amor mutuo y la paz.

En la misa por los difuntos se puede añadir:

Recuerda a tu hijo (hija) N., a quien llamaste [hoy] de este mundo a tu presencia; concédele que, así como ha compartido ya la muerte de Jesucristo, comparta también con él la gloria de la resurrección.
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127. Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz. y elevándolos, dice:

Por Cristo, con él y en él,
a ti, Dios Padre omnipotente,
en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria
por los siglos de los siglos.

El pueblo aclama:

Amén.

Después sigue el rito de comunión.


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Misal Romano (tercera edición) - Plegaria eucarística I o Canon romano

ORDINARIO DE LA MISA

PLEGARIA EUCARÍSTICA I
o CANON ROMANO


104.   V/. El Señor esté con vosotros.
          R/. Y con tu espíritu.

          V/. Levantemos el corazón.
          R/. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

          V/. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
          R/. Es justo y necesario.

Sigue el prefacio, dicho según las rúbricas, que se concluye:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

105. El sacerdote, con las manos extendidas, dice:

PADRE misericordioso,
te pedimos humildemente,
por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor,

Junta las manos y dice:

que aceptes

Traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:

y bendigas estos dones,
este sacrificio santo y puro que te ofrecemos,

Con las manos extendidas, prosigue:

ante todo, por tu Iglesia santa y católica,
para que le concedas la paz, la protejas,
la congregues en la unidad
y la gobiernes en el mundo entero,
con tu servidor el papa N.,
con nuestro obispo N.,

[Aquí se puede hacer mención del obispo coadjutor o de los obispos auxiliares:

con el obispo coadjutor (auxiliar) N.,

     o bien: 

y sus obispos auxiliares,

El obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:

conmigo, indigno siervo tuyo,

     o bien, cuando celebra un obispo que no es el ordinario diocesano, dice:

con mi hermano N., obispo de esta Iglesia de N.,
conmigo, indigno siervo tuyo,]

y todos los demás obispos que, fieles a la verdad,
promueven la fe católica y apostólica.

106.   CONMEMORACIÓN DE LOS VIVOS

Acuérdate, Señor, de tus hijos [N. y N.]

Junta las manos y ora unos momentos por quienes tiene intención de orar.

[En la misa del bautismo se hace mención de los padrinos:

Acuérdate, Señor, de tus hijos N. y N.
que han llevado a estos elegidos tuyos
a la gracia del bautismo,]

Después, con las manos extendidas, prosigue:

y de todos los aquí reunidos,
cuya fe y entrega bien conoces;
por ellos y todos los suyos,
por el perdón de sus pecados
y la salvación que esperan,
te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen,
este sacrificio de alabanza,
a ti, eterno Dios, vivo y verdadero.

107.   CONMEMORACIÓN DE LOS SANTOS

En la Natividad del Señor y durante su octava, en la Epifanía del Señor, desde la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua, en la Ascensión del Señor y en el domingo de Pentecostés se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia, 

[En los domingos, cuando no hay otro Reunidos en comunión propio, puede decirse:

para celebrar el domingo,
día en que Cristo ha vencido a la muerte
y nos ha hecho partícipes de su vida inmortal,]

veneramos la memoria,
ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María,
Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor;
la de su esposo, san José;
la de los santos apóstoles y mártires
Pedro y Pablo, Andrés,
[Santiago y Juan,
Tomás, Santiago y Felipe,
Bartolomé, Mateo,
Simón y Tadeo;
Lino, Cleto, Clemente, Sixto,
Cornelio, Cipriano,
Lorenzo, Crisógono,
Juan y Pablo,
Cosme y Damián,]
y la de todos los santos;
por sus méritos y oraciones
concédenos en todo tu protección. 

[Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

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«Reunidos en comunión» propios

En la Natividad del Señor y durante su octava:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la noche santa) el día santo en que la Virgen María, conservando intacta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo, veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor;*

En la Epifanía del Señor:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que tu único Hijo, eterno como tú en la gloria, se manifestó en la verdad de nuestra carne, hecho hombre como nosotros, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor;*

Desde la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la noche santa) el día santo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor;*

En la Ascensión del Señor:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que tu único Hijo, nuestro Señor Jesucristo, habiendo tomado nuestra débil condición humana, la exaltó a la derecha de tu gloria, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor;*

En el domingo de Pentecostés:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día de Pentecostés, en que el Espíritu Santo se manifestó a los apóstoles en lenguas de fuego, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor;*

*la de su esposo, san José;
la de los santos apóstoles y mártires
Pedro y Pablo, Andrés,
[Santiago y Juan,
Tomás, Santiago y Felipe,
Bartolomé, Mateo,
Simón y Tadeo;
Lino, Cleto, Clemente, Sixto,
Cornelio, Cipriano,
Lorenzo, Crisógono,
Juan y Pablo,
Cosme y Damián,]
y la de todos los santos;
por sus méritos y oraciones
concédenos en todo tu protección. 

[Por Cristo nuestro Señor. Amén.]
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108. Con las manos extendidas, prosigue:

Acepta, Señor, en tu bondad,
esta ofrenda de tus siervos
y de toda tu familia santa;
ordena en tu paz nuestros días,
líbranos de la condenación eterna
y cuéntanos entre tus elegidos.

Junta las manos.

[Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

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«Acepta, Señor» propios

Desde la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa, que hoy te ofrecemos especialmente N. y N. (aquellos) que has hecho renacer del agua y del Espíritu Santo, perdonándoles todos sus pecados; ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos.

Junta las manos.

[Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

En la misa del bautismo:

Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa, que hoy te ofrecemos por N. y N. (aquellos) que has hecho renacer del agua y del Espíritu Santo, perdonándoles todos sus pecados, para incorporarlos a Cristo Jesús, Señor nuestro, e inscribe sus nombres en el libro de la vida.

Junta las manos.

[Por Cristo, nuestro Señor. Amén.]

En la misa de confirmación:

Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa, que hoy te ofrecemos por N. y N. (aquellos) que, renacidos en el Bautismo, te has dignado confirmar por el don del Espíritu Santo; recíbela en tu bondad y conserva en ellos tu gracia.

Junta las manos.

[Por Cristo, nuestro Señor. Amén.]

En la misa de primera comunión:

Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa, que hoy te ofrecemos especialmente por N. y N. (aquellos) que por vez primera invitas en este día a participar del pan de vida y del cáliz de salvación, en la mesa de tu familia; concédeles crecer siempre en tu amistad y en la comunión con tu Iglesia.

Junta las manos.

[Por Cristo, nuestro Señor. Amén.]

En la misa del matrimonio:

Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos, de los nuevos esposos N. y N. y de toda tu familia santa, que hoy intercede por ellos; y ya que les has concedido llegar al día de los desposorios, otórgales también [el gozo de una ansiada descendencia y de] una larga vida.

Junta las manos.

[Por Cristo, nuestro Señor. Amén.]

En la misa exequial:

Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos, que hoy te ofrecemos especialmente por el descanso eterno de nuestro hermano N., pidiéndote que le concedas que, libre ya de la corrupción de la carne, tenga su parte entre tus santos.

Junta las manos.

[Por Cristo, nuestro Señor. Amén.]
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109. Extendiendo las manos sobre las ofrendas, dice:

Bendice y santifica esta ofrenda, Padre,
haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti:
que se convierta para nosotros
en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo amado,
Jesucristo, nuestro Señor.

Junta las manos.

110. En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse claramente y con precisión, como lo requiere la naturaleza de las mismas palabras.

El cual, la víspera de su Pasión,

Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:

tomó pan en sus santas y venerables manos,

Eleva los ojos.

y, elevando los ojos al cielo,
hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso,
dando gracias te bendijo,
lo partió
y lo dio a sus discípulos diciendo:

Se inclina un poco.

TOMAD Y COMED TODOS DE ÉL, 
PORQUE ESTO ES MI CUERPO,
QUE SERÁ ENTREGADO POR VOSOTROS.

Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora, haciendo genuflexión.

111. Después prosigue:

Del mismo modo, acabada la cena,

Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:

tomó este cáliz glorioso
en sus santas y venerables manos,
dando gracias te bendijo
y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Se inclina un poco.

TOMAD Y BEBED TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,
SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,
QUE SERÁ DERRAMADA
POR VOSOTROS Y POR MUCHOS
PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS. 
HACED ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora, haciendo genuflexión.

112. Luego dice una de las siguientes fórmulas:

Este es el Misterio de la fe.

     O bien:

Este es el Sacramento de nuestra fe.

Y el pueblo prosigue, aclamando:

Anunciamos tu muerte,
proclamamos tu resurrección.
¡Ven, Señor Jesús!

     O bien:

Aclamemos el Misterio de la fe.

Y el pueblo prosigue, aclamando:

Cada vez que comemos de este pan
y bebemos de este cáliz,
anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

     O bien:

Proclamemos el Misterio de la fe.

Y el pueblo prosigue, aclamando:

Sálvanos, Salvador del mundo,
que nos has liberado por tu cruz y resurrección.

113. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:

Por eso, Padre,
nosotros, tus siervos,
y todo tu pueblo santo,
al celebrar este memorial
de la muerte gloriosa de Jesucristo,
tu Hijo, nuestro Señor,
de su santa resurrección del lugar de los muertos
y de su admirable ascensión a los cielos,
te ofrecemos, Dios de gloria y majestad,
de los mismos bienes que nos has dado,
el sacrificio puro, inmaculado y santo:
pan de vida eterna
y cáliz de eterna salvación.

114. Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala,
como aceptaste los dones del justo Abel,
el sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe,
y la oblación pura
de tu sumo sacerdote Melquisedec.

115. Inclinado, con las manos juntas prosigue:

Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso,
que esta ofrenda sea llevada a tu presencia,
hasta el altar del cielo,
por manos tu ángel,
para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,
al participar aquí de este altar,

Se endereza y se signa diciendo:

seamos colmados de gracia y bendición.

Junta las manos.

[Por Cristo, nuestro Señor. Amén.]

116.   CONMEMORACIÓN DE LOS DIFUNTOS

Con las manos extendidas, dice:

Acuérdate también, Señor,
de tus hijos [N. y N.],
que nos han precedido con el signo de la fe
y duermen ya el sueño de la paz.

Junta las manos y ora unos momentos por los difuntos por quienes tiene intención de orar.

Después, con las manos extendidas, prosigue:

A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo,
concédeles el lugar del consuelo,
de la luz y de la paz.

Junta las manos.

[Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

117. Con la mano derecha se golpea el pecho diciendo:

Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos,

Con las manos extendidas prosigue:

que confiamos en tu infinita misericordia,
admítenos en la asamblea
de los santos apóstoles y mártires
Juan el Bautista, Esteban,
Matías y Bernabé,
[Ignacio, Alejandro,
Marcelino y Pedro,
Felicidad y Perpetua,
Águeda, Lucía,
Inés, Cecilia y Anastasia]
y de todos los santos;
y acéptanos en su compañía,
no por nuestros méritos,
sino conforme a tu bondad.

Junta las manos.

Por Cristo, Señor nuestro.

118. Y continúa:

Por quien sigues creando todos los bienes,
los santificas, los llenas de vida, los bendices
y los repartes entre nosotros.

119. Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz y, elevándolos, dice:

Por Cristo, con él y en él,
a ti, Dios Padre omnipotente,
en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria
por los siglos de los siglos.

El pueblo aclama:

Amén.

Después sigue el rito de comunión.


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