Misal Romano (tercera edición) - Plegaria eucarística para las misas con niños II

APÉNDICE VI

PLEGARIA EUCARÍSTICA
PARA LAS MISAS CON NIÑOS II


V/. El Señor esté con vosotros. 
R/. Y con tu espíritu. 

V/. Levantemos el corazón. 
R/. Lo tenemos levantado hacia el Señor. 

V/. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. 
R/. Es justo y necesario. 

En verdad, Padre bueno, hoy estamos de fiesta: 
nuestro corazón está lleno de agradecimiento 
y con Jesús te cantamos nuestra alegría: 

Todos aclaman: 

¡Gloria a ti, Señor, porque nos amas! 

El sacerdote, con las manos extendidas, prosigue: 

Tú nos amas tanto, 
que has hecho para nosotros 
este mundo inmenso y maravilloso. 
Por eso te aclamamos: 

Todos aclaman: 

¡Gloria a ti, Señor, porque nos amas! 

El sacerdote. con las manos extendidas, prosigue: 

Tú nos amas tanto, 
que nos das a tu Hijo, Jesús, 
para que él nos acompañe hasta ti. 
Por eso te aclamamos:

Todos aclaman: 

¡Gloria a ti, Señor, porque nos amas! 

El sacerdote, con las manos extendidas, prosigue:

Tú nos amas tanto,
que nos reúnes con Jesús
como a los hijos de una misma familia. 
Por eso te aclamamos:

Todos aclaman: 

¡Gloria a ti, Señor, porque nos amas! 

El sacerdote, con las manos extendidas, prosigue: 

Por ese amor tan grande,
queremos darte gracias y cantarte
con los ángeles y los santos
que te adoran en el cielo.

Todos aclaman:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

El sacerdote, con las manos extendidas, dice:

Bendito sea Jesús, tu enviado,
el amigo de los niños y de los pobres.
Él vino para enseñarnos
cómo debemos amarte a ti
y amarnos los unos a los otros.

Él vino para arrancar de nuestros corazones
el mal que nos impide ser amigos
y el odio que no nos deja a ser felices.

Él ha prometido que su Espíritu Santo
estará siempre con nosotros
para que vivamos como verdaderos hijos tuyos.

Todos aclaman:

Bendito el que viene en el nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice:

A ti, Dios y Padre nuestro, te pedimos
que nos envíes tu Espíritu,
para que este pan y este vino
Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
sean el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, nuestro Señor.

Junta las manos.

En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse claramente y con precisión, como lo requiere la naturaleza de las mismas palabras.

El mismo Jesús, poco antes de morir,
nos dio la prueba de tu amor.
Cuando estaba sentado a la mesa con sus discípulos,
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó el pan,
dijo una oración para bendecirte y darte gracias,
lo partió
y lo dio a sus discípulos, diciéndoles:

Si inclina un poco.

TOMAD Y COMED TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTO ES MI CUERPO,
QUE SERÁ ENTREGADO POR VOSOTROS.

Muestra el pan consagrado al pueblo, mientras todos aclaman:

¡Señor Jesús, tú te entregaste por nosotros! 

Deposita luego el pan consagrado sobre la patena y lo adora, haciendo genuflexión. 

Después, toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:

Después, tomó el cáliz lleno de vino 
y, dándote gracias de nuevo, 
lo pasó a sus discípulos, diciendo: 

Se inclina un poco.

TOMAD Y BEBED TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,
SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,
QUE SERÁ DERRAMADA
POR VOSOTROS Y POR MUCHOS
PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.

Muestra el cáliz al pueblo, mientras todos aclaman:

¡Señor Jesús, tú te entregaste por nosotros! 

El sacerdote prosigue: 

Y les dijo también: 
HACED ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

Deposita luego el cáliz sobre el corporal y lo adora, haciendo genuflexión.

Después, el sacerdote, con las manos extendidas, dice:

Por eso, Padre bueno, recordamos ahora 
la muerte y Resurrección de Jesús, el Salvador del mundo. 
Él se ha puesto en nuestras manos 
para que te lo ofrezcamos como sacrificio nuestro 
y junto con él nos ofrezcamos a ti. 

Todos aclaman:

¡Gloria y alabanza a nuestro Dios! 

   O bien: 

¡Te alabamos, te bendecimos, te damos gracias! 

El sacerdote, con las manos extendidas, prosigue:

Escúchanos, Señor Dios nuestro; 
danos tu Espíritu de amor 
a los que participamos en esta comida, 
para que vivamos cada día 
más unidos en la Iglesia, 
con el santo Padre, el papa N.,
con nuestro obispo N.,

[Aquí se puede hacer mención del obispo coadjutor o de los obispos auxiliares:

con el obispo coadjutor (auxiliar) N.,

     o bien: 

y sus obispos auxiliares,

El obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:

conmigo, indigno siervo tuyo,

     o bien, cuando celebra un obispo que no es el ordinario diocesano, dice:

con mi hermano N., obispo de esta Iglesia de N.,
conmigo, indigno siervo tuyo,]

los demás obispos, 
y todos los que trabajan por tu pueblo. 

Todos aclaman: 

¡Que todos seamos una sola familia para gloria tuya! 

El sacerdote, con las mano extendidas, prosigue:

No te olvides de las personas que amamos 
ni de aquellas a las que debiéramos querer más. 
___________________________
En la misa de primera comunión: 

Acuérdate de nuestros amigos [N. y N.]
que por vez primera invitas en este día 
a participar del pan de vida y del cáliz de salvación, 
en la mesa de tu familia. 
Concédeles crecer siempre en tu amistad. 
___________________________

Acuérdate también de los que ya murieron 
y recíbelos con amor en tu casa. 

Todos aclaman:

¡Que todos seamos una sola familia para gloria tuya!

El sacerdote, con las manos extendidas, prosigue:

Y un día, reúnenos cerca de ti,
con María, la Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra, 
para celebrar en tu reino la gran fiesta del cielo. 
Entonces, todos los amigos de Jesús, nuestro Señor,
podremos cantarte sin fin. 

Todos aclaman:

¡Que todos seamos una sola familia para gloria tuya!

El sacerdote junta las manos, toma la patena, con el pan consagrado, y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice: 

Por Cristo, con él y en él, 
a ti, Dios Padre omnipotente, 
en la unidad del Espíritu Santo, 
todo honor y toda gloria 
por los siglos de los siglos. 

Todos aclaman: 

Amén.

Después sigue el rito de comunión.


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