Leccionario III (impar) - Viernes de la XIV semana del tiempo ordinario

TIEMPO ORDINARIO

VIERNES DE LA XIV SEMANA
DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA
Gén 46, 1-7. 28-30
Puedo morir, después de haber contemplado tu rostro

Lectura del libro del Génesis.

EN aquellos días, Israel se puso en camino con todo lo que tenía, llegó a Berseba y allí ofreció sacrificios al Dios de su padre Isaac.
Dios dijo a Israel en una visión nocturna:
    «Jacob, Jacob».
Respondió:
    «Aquí estoy».
Dios le dijo:
    «Yo soy Dios, el Dios de tu padre; no temas bajar a Egipto, porque allí te convertiré en una gran nación. Yo bajaré contigo a Egipto, y yo mismo te haré subir; y José te cerrará los ojos».
Al salir Jacob de Berseba, los hijos de Israel hicieron montar a su padre con los niños y las mujeres en las carretas que el faraón había enviado para transportarlos.
Tomaron el ganado y las posesiones que habían adquirido en la tierra de Canaán y emigraron a Egipto Jacob con todos sus descendientes: hijos y nietos, hijas y nietas. Llevó consigo a Egipto a todos sus descendientes.
Jacob envió a Judá por delante, adonde estaba José, para preparar el sitio en Gosén.
Cuando llegaron a Gosén, José hizo enganchar la carroza y se dirigió a Gosén a recibir a su padre.
Al verlo se le echó al cuello y lloró abrazado a él.
Israel dijo a José:
    «Ahora puedo morir, después de haber contemplado tu rostro y ver que vives todavía».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial 
Sal 36, 3-4. 18-19. 27-28. 39-40 (R.: 39a)
R/.   El Señor es quien salva a los justos.

        V/.   Confía en el Señor y haz el bien:
                habitarás tu tierra y reposarás en ella en fidelidad;
                sea el Señor tu delicia,
                y él te dará lo que pide tu corazón.   R/.
     
        V/.   El Señor vela por los días de los buenos,
                y su herencia durará siempre;
                no se agostarán en tiempo de sequía,
                en tiempo de hambre se saciarán.   R/.

        V/.   Apártate del mal y haz el bien,
                y siempre tendrás una casa;
                porque el Señor ama la justicia
                y no abandona a sus fieles.
                Los inicuos son exterminados,
                la estirpe de los malvados se extinguirá.    R/.

        V/.   El Señor es quien salva a los justos,
                él es su alcázar en el peligro;
                el Señor los protege y los libra.
                los libra de los malvados y los salva
                porque se acogen a él.    R/.


Aleluya
Jn 16, 13a; 14 26d
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   Cuando venga el Espíritu de la verdad,
        os guiará hasta la verdad plena,
        y os irá recordando todo lo que os he dicho.   R/.

EVANGELIO
Mt 10, 16-23
No seréis vosotros los que habléis, sino el Espíritu de vuestro Padre
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
    «Mirad que yo os envío como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas.
Pero ¡cuidado con la gente!, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos y ante los gentiles.
Cuando os entreguen, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en aquel momento se os sugerirá lo que tenéis que decir, porque no seréis vosotros los que habléis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.
El hermano entregará al hermano a la muerte, el padre al hijo; se rebelarán los hijos contra sus padres y los matarán.
Y seréis odiados por todos a causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el final, se salvará. Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra.
En verdad os digo que no terminaréis con las ciudades de Israel antes de que vuelva el Hijo del hombre».

Palabra del Señor.


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Leccionario III (impar) - Miércoles de la XIV semana del tiempo ordinario

TIEMPO ORDINARIO

MIÉRCOLES DE LA XIV SEMANA
DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA
Gén 41, 55-57; 42, 5-7. 17-24a
Estamos pagando el delito contra nuestro hermano

Lectura del libro del Génesis.

EN aquellos días, llegó el hambre a todo Egipto y el pueblo reclamaba pan al faraón, y este decía a los egipcios:
    «Id a José y haced lo que él os diga».
El hambre se extendió a toda la tierra, y José abrió los graneros y repartió raciones a los egipcios, mientras arreciaba el hambre en Egipto.
De todos los países venían a Egipto a comprarle a José, porque el hambre arreciaba en toda la tierra.
Los hijos de Jacob fueron a Egipto a comprar grano junto con otros grupos, pues había hambre en la tierra de Canaán.
José mandaba en el país y distribuía las raciones a todo el mundo.
Vinieron, pues, los hermanos de José y se postraron ante él, rostro en tierra. Al ver a sus hermanos José los reconoció, pero él no se dio a conocer, sino que les habló duramente.
Y los hizo detener durante tres días.
Al tercer día, José les dijo:
    «Yo temo a Dios, por eso haréis lo siguiente, y salvaréis la vida: si sois honrados, uno de vosotros quedará bajo custodia en la casa donde estáis detenidos y los demás irán a llevar el grano a sus familias hambrientas. Después me traeréis a vuestro hermano menor; así probaréis que habéis dicho la verdad y no moriréis».
Ellos aceptaron. Entonces se dijeron unos a otros:
«Estamos pagando el delito contra nuestro hermano, cuando le veíamos suplicarnos angustiado y no le hicimos caso; por eso nos sucede esta desgracia».
Intervino Rubén:
    «¿No os decía yo: “No pequéis contra el muchacho”, y vosotros no me hicisteis caso? Ahora nos piden cuentas de su sangre».
Ellos no sabían que José les entendía, pues había usado intérprete. Él se retiró y lloró.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial 
Sal 32, 2-3. 10-11. 18-19 (R/.: 2)
R/.   Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
        como lo esperamos de ti.

        V/.   Dad gracias al Señor con la cítara,
                tocad en su honor el arpa de diez cuerdas;
                cantadle un cántico nuevo,
                acompañando los vítores con bordones.   R/.
     
        V/.   El Señor deshace los planes de las naciones,
                frustra los proyectos de los pueblos;
                pero el plan del Señor subsiste por siempre;
                los proyectos de su corazón, de edad en edad.   R/.

        V/.   Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
                en los que esperan en su misericordia,
                para librar sus vidas de la muerte
                y a reanimarlos en tiempo de hambre.    R/.


Aleluya
Mc 1, 15
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   Está cerca el reino de Dios;
        convertíos y creed en el Evangelio.   R/.

EVANGELIO
Mt 10, 1-7
Id a las ovejas descarriadas de Israel
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

EN aquel tiempo, Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia.
Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó.
A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:
    «No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos».

Palabra del Señor.


© Conferencia Episcopal Española

Leccionario III (impar) - Martes de la XIV semana del tiempo ordinario

TIEMPO ORDINARIO

MARTES DE LA XIV SEMANA
DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA
Gén 32, 23-32
Te llamarás Israel, porque has luchado con Dios y has vencido

Lectura del libro del Génesis.

EN aquellos días, todavía de noche, se levantó Jacob, tomó a las dos mujeres, las dos criadas y los once hijos, y cruzó el vado de Yaboc. Después de tomarlos y hacerles pasar el torrente, hizo pasar cuanto poseía.
Y Jacob se quedó solo.
Un hombre luchó con él hasta la aurora. Y viendo que no podía a Jacob, le tocó la articulación del muslo y se la dejó tiesa mientras peleaba con él.
El hombre le dijo:
    «Suéltame, que llega la aurora».
Jacob respondió:
    «No te soltaré hasta que me bendigas».
Él le preguntó:
    «¿Cómo te llamas?».
Contestó: «Jacob».
Le replicó:
    «Ya no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido».
Jacob, a su vez, preguntó:
    «Dime tu nombre».
Respondió:
    «¿Por qué me preguntas mi nombre?».
Y le bendijo.
Jacob llamó aquel lugar Penuel, pues se dijo:
    «He visto a Dios cara a cara y he quedado vivo».
Cuando atravesaba Penuel, salía el sol y él iba cojeando del muslo. Por eso los hijos de Israel hasta hoy no comen el tendón de la articulación del muslo, porque Jacob fue herido en dicho tendón del muslo.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial 
Sal 16, 1. 2-3. 6-7. 8 y 15 (R/.: 15a)
R/.   Yo con mi apelación vengo a tu presencia, Señor.

        V/.   Señor, escucha mi apelación,
                atiende a mis clamores,
                presta oído a mi súplica,
                que en mis labios no hay engaño.   R/.
     
        V/.   Emane de ti la sentencia,
                miren tus ojos la rectitud.
                Aunque sondees mi corazón, visitándolo de noche,
                aunque me pruebes al fuego,
                no encontrarás malicia en mí.   R/.

        V/.   Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío;
                inclina el oído y escucha mis palabras.
                Muestra las maravillas de tu misericordia,
                tú que salvas de los adversarios
                a quien se refugia a tu derecha.    R/.

        V/.   Guárdame como a las niñas de tus ojos,
                a la sombra de tus alas escóndeme.
                Yo con mi apelación vengo a tu presencia,
                y al despertar me saciaré de tu semblante.    R/.


Aleluya
Jn 10, 14
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   Yo soy el buen Pastor —dice el Señor—,
        que conozco a mis ovejas, y las mías me conocen.   R/.

EVANGELIO
Mt 9, 32-38
La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

EN aquel tiempo, le llevaron a Jesús un endemoniado mudo. Y después de echar al demonio, el mudo habló. La gente decía admirada:
    «Nunca se ha visto en Israel cosa igual».
En cambio, los fariseos decían:
    «Este echa los demonios con el poder del jefe de los demonios».
Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia. Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor».
Entonces dice a sus discípulos:
    «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».

Palabra del Señor.


© Conferencia Episcopal Española

Leccionario III (impar) - Lunes de la XIV semana del tiempo ordinario

TIEMPO ORDINARIO

LUNES DE LA XIV SEMANA
DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA
Gén 28, 10-22
Vio una escalinata apoyada, y ángeles de Dios subían y bajaban, y Dios hablaba

Lectura del libro del Génesis.

EN aquellos días, Jacob salió de Berseba en dirección a Jarán. Llegó a un determinado lugar y se quedó allí a pernoctar, porque ya se había puesto el sol.
Tomando una piedra de allí mismo, se la colocó por cabezal y se echó a dormir en aquel lugar.
Y tuvo un sueño: una escalinata, apoyada en la tierra, con la cima tocaba el cielo. Ángeles de Dios subían y bajaban por ella. El Señor, que estaba en pie junto a ella, le dijo:
    «Yo soy el Señor, el Dios de tu padre Abrahán y el Dios de Isaac. La tierra sobre la que estás acostado la daré a ti y a tu descendencia.
Tu descendencia será como el polvo de la tierra, y te extenderás a occidente y oriente, a norte y sur; y todas las naciones de la tierra serán benditas por causa tuya y de tu descendencia. Yo estoy contigo; yo te guardaré donde quiera que vayas, te haré volver a esta tierra y no te abandonaré hasta que cumpla lo que he prometido».
Cuando Jacob despertó de su sueño, dijo:
    «Realmente el Señor está en este lugar y yo no lo sabía».
Y, sobrecogido, añadió:
    «Qué terrible es este lugar: no es sino la casa de Dios y la puerta del cielo».
Jacob se levantó de madrugada, tomó la piedra que había colocado por cabezal, la erigió como estela y derramó aceite por encima.
Y llamó a aquel lugar Betel, aunque antes la ciudad se llamaba Luz.
Jacob hizo un voto en estos términos:
    «Si Dios está conmigo y me guarda en el camino que estoy haciendo, si me da pan para comer y vestidos para cubrirme, si vuelvo sano y salvo a casa de mi padre, entonces el Señor será mi Dios, y esta piedra que he erigido como estela será una casa de Dios; y de todo lo que me des, te daré el diezmo».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial 
Sal 90, 1-2. 3-4. 14-15ab (R/.: Cf. 2b)
R/.   Dios mío, confío en ti.

        V/.   Tú que habitas al amparo del Altísimo,
                que vives a la sombra del Omnipotente,
                di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío,
                Dios mío, confío en ti».   R/.
     
        V/.   Él te librará de la red del cazador,
                de la peste funesta.
                Te cubrirá con sus plumas,
                bajo sus alas te refugiarás:
                su verdad es escudo y armadura.   R/.

        V/.   «Se puso junto a mí: lo libraré;
                lo protegeré porque conoce mi nombre;
                me invocará y lo escucharé.
                Con él estaré en la tribulación».    R/.


Aleluya
Cf. 2 Tim 1, 10
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   Nuestro salvador, Cristo Jesús, destruyó la muerte,
        e hizo brillar la vida por medio del Evangelio.   R/.

EVANGELIO
Mt 9, 18-26
Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, y vivirá
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

EN aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se acercó un jefe de los judíos que se arrodilló ante él y le dijo:
    «Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, impón tu mano sobre ella y vivirá».
Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos. Entre tanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orla del manto, pensando que con solo tocarle el manto se curaría.
Jesús se volvió y al verla le dijo:
    «¡Ánimo, hija! Tu fe te ha salvado».
Y en aquel momento quedó curada la mujer.
Jesús llegó a casa de aquel jefe y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo:
    «¡Retiraos! La niña no está muerta, está dormida».
Se reían de él. Cuando echaron a la gente, entró él, cogió a la niña de la mano y ella se levantó. La noticia se divulgó por toda aquella comarca.

Palabra del Señor.


© Conferencia Episcopal Española

Leccionario III (impar) - Sábado de la XIII semana del tiempo ordinario

TIEMPO ORDINARIO

SÁBADO DE LA XIII SEMANA
DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA
Gén 27, 1-5. 15-29
Jacob suplantó a su hermano y le quitó su bendición

Lectura del libro del Génesis.

CUANDO Isaac se hizo viejo y perdió la vista, llamó a su hijo mayor:
    «Hijo mío».
Le contestó:
    «Aquí estoy».
Él le dijo:
    «Mira, yo soy viejo y no sé cuándo moriré. Toma tus aparejos, arco y aljaba, y sal al campo a buscarme caza; después me preparas un guiso sabroso, como a mí me gusta, y me lo traes para que lo coma; pues quiero darte mi bendición antes de morir».
Rebeca escuchó la conversación de Isaac con Esaú, su hijo.
Salió Esaú al campo a cazar para su padre.
Rebeca tomó un traje de su hijo mayor Esaú, el mejor que tenía en casa, y vistió con él a Jacob, su hijo menor. Con la piel de los cabritos le cubrió los brazos y la parte lisa del cuello.
Y puso en manos de su hijo Jacob el guiso sabroso que había preparado y el pan.
El entró en la habitación de su padre y dijo:
    «Padre».
Respondió Isaac:
    «Aquí estoy; ¿quién eres, hijo mío?».
Contestó Jacob a su padre:
    «Soy Esaú, tu primogénito; he hecho lo que me mandaste. Incorpórate, siéntate y come de mi caza; después podrás bendecirme».
Isaac dijo a su hijo:
    «¿Cómo la has podido encontrar tan pronto, hijo mío?».
Él respondió:
    «El Señor tu Dios me la puso al alcance».
Isaac dijo a Jacob:
    «Acércate que te palpe, hijo mío, a ver si eres tú mi hijo Esaú o no».
Se acercó Jacob a su padre Isaac, que lo palpó y le dijo:
    «La voz es de Jacob, pero los brazos son de Esaú».
Y no lo reconoció porque sus brazos estaban peludos como los de su hermano Esaú.
Así que le bendijo.
Pero insistió:
    «Eres tú realmente mi hijo Esaú?».
Respondió Jacob:
    «Yo soy».
Isaac dijo:
    «Sírveme, hijo mío, que coma yo de tu caza; después te bendeciré».
Se la sirvió y él comió. Le trajo vino y bebió. Entonces le dijo su padre Isaac:
    «Acércate y bésame, hijo mío».
Se acercó y lo besó. Y, al oler el aroma del traje, le bendijo con estas palabras:
    «El aroma de mi hijo
    es como el aroma de un campo
    que bendijo el Señor.
    Que Dios te conceda el rocío del cielo,
    la fertilidad de la tierra,
    abundancia de trigo y de vino.
    Que te sirvan los pueblos,
    y se postren ante ti las naciones.
    Sé señor de tus hermanos,
    que ellos se postren ante ti.
    Maldito quien te maldiga,
    bendito quien te bendiga».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial 
Sal 134, 1b-2. 3-4. 5-6 (R/.: 3a)
R/.   Alabad al Señor porque es bueno.

        V/.   Alabad el nombre del Señor,
                alabadlo, siervos del Señor,
                que estáis en la casa del Señor,
                en los atrios de la casa de nuestro Dios.   R/.
     
        V/.   Alabad al Señor porque es bueno,
                tañed para su nombre, que es amable.
                Porque él se escogió a Jacob,
                a Israel en posesión suya.   R/.

        V/.   Yo sé que el Señor es grande,
                nuestro Dios más que todos los dioses.
                El Señor todo lo que quiere lo hace:
                en el cielo y en la tierra,
                en los mares y en los océanos.    R/.


Aleluya
Jn 10, 27
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   Mis ovejas escuchan mi voz —dice el Señor—,
        y yo las conozco, y ellas me siguen.   R/.

EVANGELIO
Mt 9, 14-17
¿Es que pueden guardar luto mientras el esposo está con ellos?
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

EN aquel tiempo, los discípulos de Juan se acercan a Jesús, preguntándole:
    «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?».
Jesús les dijo:
    «¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos?
Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán.
Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor.
Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque revientan los odres: se derrama el vino y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos y así las dos cosas se conservan».

Palabra del Señor.


© Conferencia Episcopal Española

Leccionario III (impar) - Viernes de la XIII semana del tiempo ordinario

TIEMPO ORDINARIO

VIERNES DE LA XIII SEMANA
DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA
Gén 23, 1-4. 19; 24, 1-8. 62-67
Isaac, con el amor de Rebeca, se consoló de la muerte de su madre

Lectura del libro del Génesis.

SARA vivió ciento veintisiete años. Murió Sara en Quiriat Arbá, o sea Hebrón, en la tierra de Canaán.
Abrahán fue a hacer duelo por Sara y a llorarla.
Después Abrahán dejó a su difunta y habló así a los hititas:
    «Yo soy un emigrante, residente entre vosotros. Dadme un sepulcro en propiedad, entre vosotros, para enterrar a mi difunta».
Después Abrahán enterró a Sara, su mujer, en la cueva del campo de Macpela, frente a Mambré, o sea Hebrón, en la tierra de Canaán.
Abrahán era anciano, de edad avanzada, y el Señor había bendecido a Abrahán en todo.
Abrahán dijo al criado más viejo de su casa, que administraba todas las posesiones:
    «Pon tu mano bajo mi muslo y júrame por el Señor, Dios del cielo y de la tierra, que no tomarás mujer para mi hijo de entre las hIjas de los cananeos, en cuya tierra habito, sino que irás a mi tierra nativa a tomar mujer para mi hijo Isaac».
El criado contestó:
    «Y si la mujer no quiere venir conmigo a esta tierra, ¿tengo que llevar a tu hijo a la tierra de donde saliste?».
Abrahán le replicó:
    «De ninguna manera lleves a mi hijo allá. El Señor Dios del cielo, que me sacó de la casa paterna y del país nativo, y que me juró: “A tu descendencia daré esta tierra”, enviará su ángel delante de ti, y traerás de allí mujer para mi hijo. Pero si la mujer no quiere venir contigo, quedas libre del juramento. Mas a mi hijo, no lo lleves allá».
Después de mucho tiempo, Isaac había vuelto del pozo de Lajay Roi. Por entonces habitaba en la región del Negueb.
Una tarde, salió a pasear por el campo y, alzando la vista, vio acercarse unos camellos.
También Rebeca alzó la vista y, al ver a Isaac, bajó del camello. Ella dijo al criado:
    «Quién es aquel hombre que viene por el campo en dirección a nosotros?».
Respondió el criado:
    «Es mi amo».
Entonces ella tomó el velo y se cubrió.
El criado le contó a Isaac todo lo que había hecho.
Isaac la condujo a la tienda de su madre Sara, la tomó por esposa y con su amor se consoló de la muerte de su madre.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial 
Sal 105, 1-2. 3-4a. 4b-5 (R/.: 1a)
R/.   Dad gracias al Señor porque es bueno.

O bien:

R/.   Aleluya.

        V/.   Dad gracias al Señor porque es bueno,
                porque es eterna su misericordia.
                ¿Quién podrá contar las hazañas de Dios,
                pregonar toda su alabanza?   R/.
     
        V/.   Dichosos los que respetan el derecho
                y practican siempre la justicia.
                Acuérdate de mí
                por amor a tu pueblo.   R/.

        V/.   Visítame con tu salvación:
                para que vea la dicha de tus escogidos,
                y me alegre con la alegría de tu pueblo,
                y me gloríe con tu heredad.    R/.



Aleluya
Mt 11, 28
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados —dice el Señor—,
        y yo os aliviaré.   R/.

EVANGELIO
Mt 9, 9-13
No tienen necesidad de médico los sanos; misericordia quiero y no sacrificio
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

EN aquel tiempo, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo:
    «Sígueme».
Él se levantó y lo siguió.
Y estando en la casa, sentado a la mesa, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaban con Jesús y sus discípulos.
Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos:
    «¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?».
Jesús lo oyó y dijo:
    «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa “Misericordia quiero y no sacrificio”: que no he venido a llamar a justos sino a pecadores».

Palabra del Señor.


© Conferencia Episcopal Española

Leccionario III (impar) - Jueves de la XIII semana del tiempo ordinario

TIEMPO ORDINARIO

JUEVES DE LA XIII SEMANA
DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA
Gén 22, 1-19
El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe

Lectura del libro del Génesis.

EN aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán. Le dijo:
    «Abrahán!».
Él respondió:
    «Aquí estoy».
Dios dijo:
    «Toma a tu hijo único, al que amas, a Isaac, y vete a la tierra de Mona y ofrécemelo allí en holocausto en uno de los montes que yo te indicaré».
Abrahán madrugó, aparejó el asno y se llevó consigo a dos criados y a su hijo Isaac; cortó leña para el holocausto y se encaminó al lugar que le había indicado Dios.
Al tercer día levantó Abrahán los ojos y divisó el sitio desde lejos. Abrahán dijo a sus criados:
    «Quedaos aquí con el asno; yo con el muchacho iré hasta allá para adorar, y después volveremos con vosotros».
Abrahán tomó la leña para el holocausto, se la cargó a su hijo Isaac, y él llevaba el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos.
Isaac dijo a Abrahán, su padre:
    «Padre».
El respondió:
    «Aquí estoy, hijo mío».
El muchacho dijo:
    «Tenemos fuego y leña, pero, ¿dónde está el cordero para el holocausto?».
Abrahán contestó:
    «Dios proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío».
Y siguieron caminando juntos.
Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán alargó la mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. Pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:
    «Abrahán, Abrahán!».
Él contestó:
    «Aquí estoy».
El ángel le ordenó:
    «No alargues la mano contra el muchacho ni le hagas nada. Ahora he comprobado que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, a tu único hijo».
Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.
Abrahán llamó aquel sitio «El Señor ve», por lo que se dice aún hoy «En el monte el Señor es visto».
El ángel del Señor llamó a Abrahán por segunda vez desde el cielo y le dijo:
    «Juro por mí mismo, oráculo del Señor: por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único, te colmaré de bendiciones y multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de sus enemigos. Todas las naciones de la tierra se bendecirán con tu descendencia, porque has escuchado mi voz».
Abrahán volvió al lado de sus criados y juntos se pusieron en camino hacia Berseba, y Abrahán se quedó a vivir en Berseba.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial 
Sal 114, 1-2. 3-4. 5-6. 8-9 (R/.: 9)
R/.   Caminaré en presencia del Señor en el país de los vivos.

        V/.   Amo al Señor, porque escucha
                mi voz suplicante,
                porque inclina su oído hacia mí
                el día que lo invoco.   R/.
     
        V/.   Me envolvían redes de muerte,
                me alcanzaron los lazos del abismo,
                caí en tristeza y angustia.
                Invoqué el nombre del Señor:
                «Señor, salva mi vida».   R/.

        V/.   El Señor es benigno y justo,
                nuestro Dios es compasivo;
                el Señor guarda a los sencillos:
                estando yo sin fuerzas, me salvó.    R/.

        V/.   Arrancó mi alma de la muerte,
                mis ojos de las lágrimas,
                mis pies de la caída.
                Caminaré en presencia del Señor
                en el país de los vivos.    R/.


Aleluya
2 Cor 5, 19ac
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo,
        y ha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación.   R/.

EVANGELIO
Mt 9, 1-8
La gente alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

EN aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. En esto le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico:
    «¡Ánimo, hijo!, tus pecados te son perdonados».
Algunos de los escribas se dijeron:
    «Este blasfema».
Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo:
    «¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y echa a andar”? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados —entonces dice al paralítico—: “Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa”».
Se puso en pie y se fue a su casa.
Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.

Palabra del Señor.


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