Ritual de exequias (extracto) - Sección de lecturas

SECCIÓN DE LECTURAS


SECCIÓN DE LECTURAS

PRIMERAS LECTURAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO

I
Job 19, 21-27
Yo sé que mi redentor vive

Lectura del libro de Job.

DIJO Job:
«¡Piedad, piedad, amigos míos,
     que me ha herido la mano de Dios!
¿Por qué me perseguís como Dios
     y no os hartáis de escarnecerme?
¡Ojalá se escribieran mis palabras!
¡Ojalá se grabaran en cobre,
     con cincel de hierro y con plomo
     se escribieran para siempre en la roca!
Yo sé que mi redentor vive
     y que al fin se alzará sobre el polvo:
     después que me arranquen la piel,
     ya sin carne, veré a Dios.
Yo mismo lo veré, y no otro;
     mis propios ojos lo verán.
¡Tal ansia me consume por dentro!».

Palabra de Dios.

II
Is 25, 6-10a
El Señor aniquilará la muerte para siempre

Lectura del libro de Isaías.

EN aquel día, preparará el Señor del universo para todos los pueblos,
     en este monte, un festín de manjares suculentos,
     un festín de vinos de solera;
     manjares exquisitos, vinos refinados.
Y arrancará en este monte
     el velo que cubre a todos los pueblos,
     el lienzo extendido sobre todas las naciones.
Aniquilará la muerte para siempre.
Dios, el Señor, enjugará las lágrimas de todos los rostros,
     y alejará del país el oprobio de su pueblo
     —lo ha dicho el Señor—.
Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios.
Esperábamos en él y nos ha salvado.
Este es el Señor en quien esperamos.
Celebremos y gocemos con su salvación,
     porque reposará sobre este monte la mano del Señor».

Palabra de Dios.

PRIMERAS LECTURAS DEL NUEVO TESTAMENTO
EN TIEMPO PASCUAL

I
Ap 20, 1-4. 11  21, 1
Los muertos fueron juzgados según sus obras

Lectura del libro del Apocalipsis.

YO, Juan, vi también un ángel que bajaba del cielo con la llave del abismo y una cadena grande en la mano. Sujetó al dragón, la antigua serpiente, o sea, el Diablo o Satanás, y lo encadenó por mil años; lo arrojó al abismo, echó la llave y puso un sello encima, para que no extravíe a las naciones antes que se cumplan los mil años. Después tiene que ser desatado por un poco de tiempo. Vi unos tronos y se sentaron sobre ellos, y se les dio el poder de juzgar; vi también las almas de los decapitados por el testimonio de Jesús y la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen y no habían recibido su marca en la frente ni en la mano. Estos volvieron a la vida y reinaron con Cristo mil años.
Vi un trono blanco y grande, y al que estaba sentado en él. De su presencia huyeron cielo y tierra, y no dejaron rastro. Vi a los muertos, pequeños y grandes, de pie ante el trono. Se abrieron los libros y se abrió otro libro, el de la vida. Los muertos fueron juzgados según sus obras, escritas en los libros. El mar devolvió a sus muertos, Muerte y Abismo devolvieron a sus muertos, y todos fueron juzgados según sus obras. Después, Muerte y Abismo fueron arrojados al lago de fuego —el lago de fuego es la muerte segunda—. Y si alguien no estaba escrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.
Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe.

Palabra de Dios.

Leccionario I (A) - Domingo XVIII del tiempo ordinario

TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO XVIII
DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA
Is 55, 1-3
Venid y comed

Lectura del libro de Isaías.

ESTO dice el Señor:
«Oíd, sedientos todos, acudid por agua; venid, también los que no tenéis dinero:
comprad trigo y comed, venid y comprad, sin dinero y de balde, vino y leche.
¿Por qué gastar dinero en lo que no alimenta y el salario en lo que no da hartura? Escuchadme atentos y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos.
Inclinad vuestro oído, venid a mí:
escuchadme y viviréis.
Sellaré con vosotros una alianza perpetua, las misericordias firmes hechas a David».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 144, 8-9. 15-16. 17-18
R/.   Abres tú la mano, Señor, y nos sacias.

        V/.   El Señor es clemente y misericordioso,
                lento a la cólera y rico en piedad;
                el Señor es bueno con todos,
                es cariñoso con todas sus criaturas.   R/.

        V/.   Los ojos de todos te están aguardando,
                tú les das la comida a su tiempo;
                abres tú la mano,
                y sacias de favores a todo viviente.   R/.

        V/.   El Señor es justo en todos sus caminos,
                es bondadoso en todas sus acciones;
                cerca está el Señor de los que lo invocan,
                de los que lo invocan sinceramente.   R/.


SEGUNDA LECTURA
Rom 8, 35. 37-39
Ninguna criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.

HERMANOS:
¿Quién nos separará del amor de Cristo?, ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?
Pero en todo esto vencemos de sobra gracias a aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.

Palabra de Dios.


Aleluya
Mt 4, 4b
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   No solo de pan vive el hombre,
        sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.   R/.


EVANGELIO
Mt 14, 13-21
Comieron todos y se saciaron
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

EN aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan Bautista se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto.
Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados.
Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle:
    «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida».
Jesús les replicó:
    «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer».
Ellos le replicaron:
    «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces».
Les dijo:
    «Traédmelos».
Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Palabra del Señor.


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Misal Romano (tercera edición) - En las exequias

MISAS DE DIFUNTOS

I. EN LAS EXEQUIAS


La misa exequial se puede celebrar todos los días, excepto las solemnidades de precepto, el Jueves Santo, el Triduo pascual y los domingos de Adviento, Cuaresma y Pascua.

A. Fuera del tiempo pascual

Antífona de entrada          Cf. 4 Esd 2, 34-35
Señor, dales el descanso eterno y brille sobre ellos la luz eterna.

Oración colecta
DIOS Padre omnipotente,
nuestra fe confiesa que tu Hijo
ha muerto y ha resucitado;
por este misterio,
concede bondadoso a tu siervo N.,
que se ha dormido en el Señor,
alegrarse de resucitar por él.
Por nuestro Señor Jesucristo.

     O bien:

OH, Dios,
siempre dispuesto a la misericordia y al perdón,
escucha nuestras súplicas por tu siervo N.,
a quien has llamado [hoy] a tu presencia,
y, porque en ti creyó y esperó,
condúcelo a la patria verdadera
para que goce contigo de las alegrías eternas.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
TE presentamos, Señor, estas ofrendas
implorando de tu bondad la salvación
de tu siervo N.;
concédele que tu Hijo Jesucristo,
del que no dudó fuese su Salvador,
sea para él Juez misericordioso.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de los difuntos.

Antífona de comunión          Cf. 4 Esd 2, 34-35
Brille, Señor, sobre ellos la luz eterna; vivan con tus santos por siempre porque tú eres compasivo. Señor, dales el descanso eterno y brille sobre ellos la luz eterna; vivan con tus santos por siempre, porque tú eres compasivo.

Oración después de la comunión
SEÑOR y Dios
por el sacramento del Cuerpo de tu Hijo
que nos dejó como viático,
te pedimos en tu bondad que nuestro hermano N.
llegue a la mesa eterna de Cristo.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

B. Fuera del tiempo pascual

Antífona de entrada
El Señor le abra las puertas del paraíso para que pueda volver a aquella patria donde no hay muerte, donde permanece la alegría sin fin.

Oración colecta
OH, Dios,
misericordia de los pecadores
y felicidad de tus santos,
al cumplir [hoy] el deber humano
de dar sepultura al cuerpo de tu siervo N.,
te pedimos le des parte
en el gozo de tus elegidos
y que, libre de las ataduras de la muerte,
pueda presentarse ante ti
el día de la resurrección.
Por nuestro Señor Jesucristo.

     O bien:

OH, Dios, que has puesto término a la vida presente
para abrir las puertas de la eternidad,
te suplicamos humildemente
que, por la gracia de tu misericordia,
escribas el nombre de tu siervo N.
en el libro de la vida.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
MUÉSTRATE propicio, Señor, con tu siervo N.;
por quien te ofrecemos este sacrificio expiatorio
en el día de su sepultura,
y, si en algo quedó manchado por la culpa
o por debilidad de su condición humana,
que tu misericordia le perdone y purifique.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de los difuntos.

Antífona de comunión          Flp 3, 20-21
Aguardamos en Salvador: el Señor Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso.

Oración después de la comunión
DIOS todopoderoso, te pedimos por tu siervo N.
que [hoy] ha partido de este mundo,
para que, purificado por este sacrificio
y libre de pecado,
lo admitas a las alegrías eternas de la resurrección.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

C. Tiempo pascual

Antífona de entrada          1 Tes 4, 14; 1 Cor 15, 22
Del mismo modo que Jesús ha muerto y resucitado, Dios llevará con él, por medio de Jesús, a los que han muerto. Y del mismo modo que en Adán murieron todos, así en Cristo todos serán vivificados. Aleluya.

Oración colecta
ESCUCHA con bondad, Señor, nuestras súplicas
para que, al confesar nuestra fe
en tu Hijo resucitado de entre los muertos,
se afiance también nuestra esperanza
en la futura resurrección de tu siervo N.
Por nuestro Señor Jesucristo.

     O bien:

OH, Dios,
que por la caducidad de las realidades presentes
muestras el principio de las futuras,
concede que el alma de tu siervo N.,
conducida por ti, participe de la redención eterna.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
ACEPTA con bondad nuestras ofrendas, Señor,
para que tu siervo N.
sea recibido en la gloria con tu Hijo,
a quien nos unimos
por este gran sacramento de piedad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de los difuntos.

Antífona de comunión          Cf. Jn 11, 25-26
Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre, dice el Señor. Aleluya.

Oración después de la comunión
TE pedimos, Señor,
que tu siervo difunto N.,
por quien hemos celebrado el Misterio pascual,
llegue a la mansión de la luz y de la paz.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

D. Otras oraciones para la misa exequial

Oración colecta
OH, Dios,
el único que puede dar la vida
después de la muerte,
libra a tu siervo N. de todos los pecados
y, pues creyó en la resurrección de tu Hijo,
se una glorioso a ti el día de la resurrección.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
DIOS omnipotente y misericordioso,
te pedimos que limpies en la Sangre de Cristo
los pecados de tu siervo N.
por medio de este sacrificio,
y al que ya habías lavado con el agua del bautismo
purifícalo sin cesar con indulgencia amorosa.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración después de la comunión
DESPUÉS de recibir el sacramento de tu Unigénito,
que en favor nuestro fue inmolado y gloriosamente resucitó,
te pedimos humildemente, Señor,
por tu siervo N.,
para que, purificado por el Misterio pascual,
sea glorificado con el don de la resurrección futura.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

E. En las exequias de un niño bautizado

1

Antífona de entrada          Mt 25, 34
Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo [T.P. Aleluya].

Oración colecta
OH, Dios,
lleno de clemencia,
que en los planes de tu sabiduría
has querido llamar a ti,
desde el mismo umbral de la vida,
a este niño, a quien hiciste
hijo tuyo de adopción con la gracia del bautismo,
escucha con bondad nuestras plegarias
y concédenos un día compartir con él la vida eterna,
pues creemos que mora ya contigo en tu reino.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
SANTIFICA,  Señor, los dones que te ofrecemos
para que estos padres,
que te devuelven el hijo recibido de ti,
merezcan abrazarlo llenos de alegría en tu reino.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de los difuntos.

Antífona de comunión          Cf. Rm 6, 4. 8
Por el bautismo fuimos sepultados con Cristo en la muerte; creemos que también viviremos con él [T.P. Aleluya].

Oración después de la comunión
SEÑOR, después de recibir la comunión
del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,
te rogamos con fe,
que, en medio de las tristezas de esta vida,
fortalezcas con la esperanza de la vida eterna
a los que has alimentado en estos sagrados misterios.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

2
Otras oraciones

Oración colecta
OH, Dios,
tú sabes que nuestros corazones
están sumidos en la tristeza
por la muerte de este niño;
concede a quienes lloramos
al que ha dejado ya esta vida,
creer que ha sido recibido, según tu designio,
en la eterna morada del cielo.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
DÍGNATE, Señor, recibir esta ofrenda
como signo de nuestra entrega,
y, a quienes nos sometemos confiadamente
a los designios de tu providencia,
confórtanos con la dulzura de tu bondad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración después de la comunión
SEÑOR, tú que has concedido a este niño
sentarse a la mesa de tu reino celestial,
concédenos también participar en ella
a los que has alimentado con el don divino.
Por Jesucristo, nuestro Señor.


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Misal Romano (tercera edición) - Carta apostólica «Mysterii Paschalis»


CARTA APOSTÓLICA
MYSTERII PASCHALIS

DADO EN FORMA DE MOTU PROPRIO,
POR LA QUE SE APRUEBAN
LAS NORMAS UNIVERSALES SOBRE EL AÑO LITÚRGICO
Y EL NUEVO CALENDARIO ROMANO GENERAL

PABLO PAPA VI

El sagrado Concilio Vaticano II nos ha enseñado claramente que la celebración del MISTERIO PASCUAL tiene la máxima importancia en el culto cristiano y que se explicita a lo largo de los días, las semanas y el curso de todo el año. De aquí se desprende la necesidad de poner a plena luz el misterio pascual de Cristo en la reforma del año litúrgico, según las normas dadas por el Concilio [1], tanto en lo que respecta a la ordenación del Propio del tiempo y de los Santos, como a la revisión del Calendario Romano.

I

Ciertamente, en el transcurso de los siglos ha acontecido que, por el aumento de las vigilias, de las fiestas religiosas, de sus celebraciones durante octavas y de las diversas inserciones dentro del año litúrgico, los fieles han puesto en práctica, algunas veces, peculiares ejercicios de piedad de tal modo que sus mentes se han visto apartadas en cierta manera de los principales misterios de la divina Redención.

A nadie se le oculta que Nuestros Predecesores san Pío X y Juan XXIII, de venerable memoria, han dado algunas normas con la finalidad de restituir su dignidad genuina al domingo, que verdadera y propiamente debe ser tenido por todos como «día de fiesta primordial» [2], y al mismo tiempo restaurar la celebración litúrgica de la sagrada Cuaresma. No es menos sabido que Nuestro Predecesor Pío XII, de venerable memoria, decretó [3] para la Iglesia Occidental la reintegración de la solemne Vigilia en la noche pascual, en la cual, el pueblo de Dios, celebrando los sacramentos de la iniciación cristiana, renueva su alianza con Cristo, el Señor resucitado.

Estos Sumos Pontífices, siguiendo con firmeza las enseñanzas de los santos Padres y la tradición de la Iglesia católica, estaban convencidos rectamente de que el curso del año litúrgico no solo conmemora hechos, por los que Jesucristo, muriendo por nosotros, nos salva, o evoca el recuerdo de unos gestos de cosas pasadas por cuya meditación el espíritu de los cristianos, por sencillos que sean, es instruido y alimentado, sino también enseñaban que la celebración del año litúrgico «tiene una peculiar fuerza y eficacia sacramental para alimentar la vida cristiana» [4]. Todo esto Nos mismo lo sentimos y lo profesamos.

Con razón, al celebrar «el misterio del Nacimiento de Cristo» [5] y su manifestación al mundo, pedimos «poder transformarnos interiormente a imagen de aquel que hemos conocido semejante a nosotros en su humanidad» [6] y, cuando renovamos la Pascua de Cristo, suplicamos a Dios que los que han renacido con Cristo «sean fieles durante su vida a la fe que han recibido en el sacramento» [7]. Pues, usando las palabras del Concilio Ecuménico Vaticano II, la Iglesia, «conmemorando así los misterios de la Redención, abre las riquezas del poder santificador y de los méritos de su Señor, de tal manera que, en cierto modo, se hacen presentes en todo tiempo para que puedan los fieles ponerse en contacto con ellos y llenarse de la gracia de la salvación» [8].

Por esta razón, la revisión del año litúrgico y las normas que derivan de su reforma no pretenden otra cosa sino que los fieles, por medio de la fe, la esperanza y la caridad, estén en comunión más viva con «todo el misterio de Cristo desarrollado a lo largo del curso del año» [9].

II

Creemos que a todo lo que hemos dicho no se opone el que las fiestas de la bienaventurada Virgen María, «que está unida con vinculo indisoluble a la obra salvadora de su Hijo» [10], y las memorias de los santos, entre las cuales se encuentran con toda justicia los natalicios «de nuestros señores, los mártires y vencedores» [11], destaquen con viva luz; en efecto, «las fiestas de los santos proclaman las maravillas de Cristo en sus servidores y proponen ejemplos oportunos a la imitación de los fieles». La Iglesia católica ha tenido siempre como firme y cierto que las fiestas de los santos proclaman y renuevan el misterio pascual de Cristo [13].

Como no se puede negar que a través de los siglos fueron introducidas un número excesivo de fiestas de santos, el santo sínodo advierte oportunamente: «Para que las fiestas de los santos no prevalezcan sobre las que celebran los Misterios de la salvación, déjese la celebración de muchas de ellas a las iglesias particulares, naciones o familias religiosas, extendiendo a toda la Iglesia sólo aquellas que recuerden a santos de importancia realmente universal» [14].

Para llevar a efecto estos decretos del Concilio Ecuménico, han sido excluidos del Calendario general algunos nombres de santos, y se ha concedido la facultad de restituir oportunamente, si conviene, las memorias y el culto de otros santos en sus propias regiones. De todo esto ha resultado que, al suprimir del Calendario Romano algunos nombres de santos no conocidos universalmente, se han incluido en él algunos nombres de mártires originarios de países de evangelización más reciente; de tal modo que en su lista se encuentran con igual dignidad representantes de todos los pueblos insignes o porque han derramado su sangre por Cristo o porque se han distinguido por unas virtudes extraordinarias.

Por estas causas pensamos que el nuevo Calendario general, elaborado para el rito latino, se acomoda más a la mentalidad y piadoso sentir de este tiempo y presenta más adecuadamente aquella propiedad de la Iglesia que es la universalidad; ya que propone nombres de hombres insignes que ofrecen a todo el Pueblo de Dios unos modelos especiales de santidad, vivida de diferentes maneras. No es necesario decir el provecho espiritual que esto representa para todos los cristianos.

Después de haber pensado diligentemente ante el Señor todas estas causas, aprobamos con nuestra autoridad apostólica el nuevo Calendario Romano general, elaborado por el Consilium para la aplicación de la Constitución sobre la sagrada liturgia, y las Normas universales que se refieren a la ordenación del año litúrgico, para que comiencen a tener vigor el día 1 de enero del año 1970, de acuerdo con los decretos que dará la Sagrada Congregación de Ritos conjuntamente con el Consilium, al que acabamos de hacer referencia, y que serán válidos hasta el tiempo en que se haga la edición reformada del Misal y del Breviario.

Todo lo que hemos establecido en esta Carta Nuestra, dada en forma de Motu proprio, mandamos que sea firme y tenga valor, sin que obsten, si fuere el caso, las Constituciones y ordenaciones apostólicas emanadas de Nuestros Predecesores, o cualquier otra prescripción, incluso digna de mención y derogación.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el día 14 de febrero de 1969, año sexto de Nuestro Pontificado.

PABLO P.P. VI


__________

[1] Cf. CONCILIO VATICANO II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, nn. 102-111.

[2] Cf. CONCILIO VATICANO II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, n. 106.

[3] Cf. SAGRADA CONGREGACIÓN DE RITOS, Decreto Dominica Resurrectionis, del 9 de febrero de 1951: AAS 43 (1951), pp. 128-129.

[4] SAGRADA CONGREGACIÓN DE RITOS, Decreto general Maxima Redemptionis nostra mysteria, del 16 de noviembre de 1955: AAS 47 (1955), p. 839.

[5] SAN LEÓN MAGNO, Sermo XXVII in Nativitate Domini 7, 1; PL 54, 216.

[6] MISAL ROMANO, ed. típ. 1962, Oración de la Epifanía (en el presente Misal, segunda oración del Bautismo del Señor, p. 179).

[7] Ibíd., Oración del martes de la octava de Pascua (en el presente Misal, oración colecta del lunes, p. 320).

[8] CONCILIO VATICANO II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, nn. 102.

[9] Cf. CONCILIO VATICANO II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, nn. 102.

[10] Ibíd., n. 103.

[11] Cf. Brevarium Syriacum (siglo V), ed. B. Marini, Roma 1956, p. 27.

[12] Cf. CONCILIO VATICANO II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, nn. 111.

[13] Cf. ibíd., n. 104.

[14] Cf. ibíd., n. 111.


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Misal Romano (tercera edición) - De todos los santos

MISAS VOTIVAS

19. De todos los santos


Esta misa se dice con vestiduras de color blanco.

Antífona de entrada
Las almas de los santos, que siguieron las huellas de Cristo, se alegran en el cielo: por eso exultan con Cristo para siempre.

Oración colecta
OH, Dios,
fuente de toda santidad,
haz que cada uno de nosotros
caminemos dignamente en nuestra vocación,
por los méritos de tus santos,
a quienes concediste en la tierra diversidad de carismas
y un mismo premio de gloria en el cielo.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
SEAN agradables a tus ojos, Señor,
los dones que te ofrecemos
en honor de todos los santos,
y haz que sintamos interceder por nuestra salvación
a los que creemos ya seguros en la vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de los santos.

Antífona de comunión          Mt 5, 8-10
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Oración después de la comunión
OH, Dios,
que nos alimentas con un mismo pan
y nos confortas con una misma esperanza,
danos también fuerza con tu gracia
para que todos juntos,
formando con tus santos
un solo cuerpo y un solo espíritu en Cristo,
resucitemos a la gloria con él.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.


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Misal Romano (tercera edición) - De un santo apóstol

MISAS VOTIVAS

18. De un santo apóstol


Se dice, con vestiduras de color rojo, la misa de su festividad. Pero si en esta se celebran juntamente dos apóstoles y los textos de la misa no concuerdan con el apóstol que se quiere celebrar, se dice, con vestiduras de color rojo, la misa siguiente:

Antífona de entrada          Cf. Sal 95, 2-3
Proclamad días tras día la victoria del Señor, contad a los pueblos su gloria.

Oración colecta
AFIANZA en nosotros, Señor,
aquella fe con la que san N., apóstol,
se entregó sinceramente a tu Hijo
y concédenos, por sus ruegos,
que tu Iglesia sea sacramento de salvación para todos los pueblos.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
AL presentarte estas ofrendas
en la conmemoración del apóstol san N.,
te rogamos, Señor,
que, a ejemplo suyo, viviendo con rectitud según el Evangelio de Cristo,
colaboremos a la evangelización de la fe.
Por Jesucristo, nuestro Señor.


Antífona de comunión          Cf. Lc 22, 29-30
Yo preparo para vosotros el Reino como me lo preparó mi Padre a mí, de forma que comáis y bebáis a mi mesa en mi Reino, dice el Señor.

Oración después de la comunión
EN la memoria de tu apóstol san N.
hemos recibido, Señor,
la prenda de la eterna salvación;
te pedimos que sea para nosotros
auxilio para la vida presente y futura.
Por Jesucristo, nuestro Señor.


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Misal Romano (tercera edición) - De san Pablo, apóstol

MISAS VOTIVAS

17. De san Pablo, apóstol


Esta misa se dice con vestiduras de color rojo.

Antífona de entrada          Cf. 2 Tim 1, 12; 4,8
Sé de quién me he fiado, y estoy firmemente persuadido de que el juez justo tiene poder para velar, hasta aquel día, por el depósito que se me confió.

Oración colecta
SEÑOR y Dios nuestro,
que de modo admirable elegiste al apóstol san Pablo
para predicar el Evangelio,
haz que penetre en todo el mundo
la fe que el Apóstol llevó a los reyes y a las naciones,
para que tu Iglesia crezca sin cesar.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
AL celebrar estos divinos misterios,
te pedimos, Señor, que el Espíritu
nos ilumine con aquella luz de la fe
que alumbró al apóstol san Pablo
para propagar tu gloria.
Por Jesucristo, nuestro Señor.


Antífona de comunión          Gál 2, 20
Vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí.

Oración después de la comunión
ALIMENTADOS con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,
te pedimos, Señor,
que la vida para nosotros sea Cristo
y nada nos separe de su amor;
y haz que vivamos en caridad con los hermanos,
fieles al consejo del Apóstol.
Por Jesucristo, nuestro Señor.


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