Misal Romano (tercera edición) - Por los laicos

PROPIO DE LOS SANTOS

10. Por los laicos


Antífona de entrada          Mt 13, 33
El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta.

Oración colecta
OH, Dios,
que enviaste al mundo, como fermento,
la fuerza del Evangelio,
concede a tus fieles, llamados a vivir
en medio del mundo y de los afanes terrenos,
que, encendidos de espíritu cristiano,
instauren sin cesar tu reino
mediante la gestión de los asuntos temporales.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
OH, Dios,
que quisiste salvar al mundo entero
por el sacrificio de tu Hijo,
haz que, por la eficacia de esta ofrenda,
tus siervos, a los que no dejas de llamar al apostolado,
impregnen el mundo del espíritu de Cristo
y sean el fermento de su santificación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Sal 99, 1-2
Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría, entrad en su presencia con vítores. Aleluya.

     O bien:           Cf. Jn 15, 8

Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos, dice el Señor.

Oración después de la comunión
DESPUÉS de participar de la plenitud de tu gracia,
te pedimos, Señor, que tus fieles,
que quisiste que se dedicaran a las cosas temporales,
fortalecidos con el vigor del banquete eucarístico,
sean testigos valientes de la verdad evangélica
y transformen tu Iglesia,
presente y activa siempre
en las realidades terrenas.
Por Jesucristo, nuestro Señor.


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Misal Romano (tercera edición) - Por las vocaciones a las sagradas Órdenes

PROPIO DE LOS SANTOS

9. Por las vocaciones a las sagradas Órdenes


Antífona de entrada          Cf. Mt 9, 38
Rogad al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies, dijo Jesús a sus discípulos.

Oración colecta
OH, Dios,
que quisiste dar pastores a tu pueblo,
derrama sobre tu Iglesia el espíritu de piedad y fortaleza,
que suscite dignos ministros de tu altar
y los haga testigos valientes y humildes de tu Evangelio.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
ACEPTA, Señor, las oraciones y ofrendas de tu pueblo
y haz que los dispensadores de tus misterios
sean cada vez más numerosos
y perseveren siempre en tu amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Cf. 1 Jn 3, 16
En esto hemos conocido el amor de Dios: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestras vidas por los hermanos.

Oración después de la comunión
SEÑOR, alimentados con el pan de la mesa celestial
te pedimos que, por este sacramento de amor,
germinen las semillas
que esparces generosamente en el campo de tu Iglesia,
de manera que sean cada vez más numerosos
los que elijan el camino de servirte en los hermanos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.


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Misal Romano (tercera edición) - Por los ministros de la Iglesia

PROPIO DE LOS SANTOS

8. Por los ministros de la Iglesia


Antífona de entrada          1 Cor 12, 4-6
Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos.

Oración colecta
OH, Dios,
que enseñaste a los ministros de tu Iglesia
no a ser servidos sino a servir,
concédeles
competencia en la acción,
mansedumbre en el servicio
y perseverancia en la oración.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
PADRE santo, Dios,
cuyo Hijo quiso lavar los pies de los discípulos
para darnos ejemplo,
recibe los dones de nuestro servicio,
y haz que, al ofrecernos como oblación espiritual,
nos llenemos de espíritu de humildad y de amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Lc 12, 37
Bienaventurados aquello criados a quienes el Señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá y los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo.

Oración después de la comunión
CONCEDE, Señor, a tus siervos,
nutridos con el alimento y la bebida del cielo,
que, para gloria tuya y salvación de los creyentes,
sean siempre fieles ministros del Evangelio,
de los sacramentos y de la caridad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.


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Misal Romano (tercera edición) - Por el propio sacerdote

PROPIO DE LOS SANTOS

7. Por el propio sacerdote


A

sobre todo por el sacerdote con cura de alma

Antífona de entrada          Cf. Col 1, 25. 28
Soy ministro de la Iglesia por designio de Dios, conforme al encargo que me ha sido dado en orden a vosotros: anunciamos a Cristo, para presentarlos a todos perfectos en Cristo Jesús.

Oración colecta
OH, Dios,
que has querido que presidiese a tu familia,
no por la estima de mis propios méritos,
sino por la sola e inefable generosidad de tu gracia,
concédeme realizar dignamente el ministerio sacerdotal
y conducir, bajo tu plena dirección, la grey que me has confiado.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
OH, Dios,
que riges generosamente los días y los tiempos,
muéstrate propicio
por los dones que he recibido de tu gracia,
y, por la eficacia de este sacrificio,
une en un mismo amor el corazón del pueblo y del sacerdote,
para que al pastor no le falte la obediencia de su grey,
ni a la grey el cuidado del pastor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Cf. Jn 15, 9
Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor, dice el Señor.

Oración después de la comunión
DIOS todopoderoso y eterno,
fuente y plenitud de todas las virtudes,
concédeme, por la participación en este sacramento,
la gracia de hacer lo que es bueno y predicar la verdad,
para ofrecer a los fieles, de palabra y de obra,
el conocimiento de tu gracia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

B

Antífona de entrada          Sal 15, 2. 5
Yo digo al Señor: Tú eres mi Dios. No hay bien para mí fuera de ti. El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi suerte está en tu mano.

Oración colecta
DIOS de misericordia,
inclina amorosamente tu oído
a mis plegarias,
e ilumina mi corazón
con la gracia del Espíritu Santo,
para celebrar dignamente tus misterios,
servir fielmente a tu Iglesia
y merecer amarte con eterno amor.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
RECIBE, Dios todopoderoso,
estos dones que te ofrecemos humildemente;
y, al mirar a Cristo, tu sacerdote y víctima,
concédeme, al participar de su sacerdocio,
la gracia de ofrecerme cada día
como víctima agradable en tu presencia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Cf. Lc 22, 28-30
Jesús dijo a los que han perseverado en sus pruebas: «Yo preparo para vosotros el reino de forma que comáis y bebáis a mi mesa».

Oración después de la comunión
PADRE santo,
concédeme, fortalecido con el pan del cielo
y gozoso con el cáliz de la nueva alianza,
servirte con fidelidad
y gastar mi vida con fortaleza y entrega
a la salvación de los hombres.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

C

en el aniversario de la propia ordenación

Antífona de entrada          Cf. Jn 15, 16
No sois vosotros los que me habéis elegido, dice el Señor; soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca.

Oración colecta
PADRE santo,
que, sin mérito alguno de mi parte,
me has elegido para unirme
al sacerdocio eterno de Cristo
y para el servicio de tu Iglesia;
concédeme ser un valiente y humilde predicador del Evangelio
y ser hallado fiel dispensador de tu misterios.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
TE ofrecemos, Señor,
este sacrificio de alabanza
para que perfecciones nuestro servicio,
y lleves a término, con bondad,
lo que has conferido a los que no teníamos méritos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Cf. 1 Cor 10, 16
El cáliz de la bendición que bendecimos es comunión de la sangre de Cristo; el pan que partimos es participación del cuerpo del Señor.

Oración después de la comunión
PARA alabanza de tu nombre, Señor,
en el aniversario festivo
que revive el comienzo de mi sacerdocio,
he celebrado, lleno de alegría,
este misterio de fe,
para llegar a ser en verdad
lo que he realizado místicamente en el sacrificio.
Por Jesucristo, nuestro Señor.


© Conferencia Episcopal Española

Misal Romano (tercera edición) - Por los sacerdotes

PROPIO DE LOS SANTOS

6. Por los sacerdotes


Antífona de entrada          Cf. Lc 4, 18
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, sanar a los contritos de corazón y poner libertad a los oprimidos.

Oración colecta
OH, Dios,
que constituiste a tu Unigénito
sumo y eterno sacerdote,
te rogamos que cuantos él eligió
como ministros y administradores de tus misterios,
sean hallados fieles en el cumplimiento de su servicio.
Por nuestro Señor Jesucristo.

    O bien:

SEÑOR Dios nuestro,
que para regir a tu pueblo
has querido servirte del ministerio de los sacerdotes,
concédeles perseverar al servicio de tu voluntad,
para que, en su ministerio y en su vida,
puedan buscar tu gloria en Cristo.
Él, que vive y reina contigo.

Oración sobre las ofrendas
OH, Dios,
tú has querido que tus sacerdotes
sean ministros del santo altar y del pueblo,
concede propicio, por la eficacia de este sacrificio,
que el ministerio de tus siervos te sea siempre grato
y dé, en tu Iglesia, frutos que siempre permanezcan.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

    O bien:

SEÑOR Dios nuestro,
que para regir a tu pueblo
has querido disponer del ministerio de los sacerdotes,
concédeles un servicio perseverante según tu voluntad,
para que, en su ministerio y en su vida,
sean capaces de procurar tu gloria en Cristo.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

    O bien:

OH, Dios,
tú has querido que tus sacerdotes
sean servidores de los santos altares y del pueblo,
concede propicio, por la eficacia de este sacrificio,
que su ministerio te sean siempre grato
y dé, en tu Iglesia, el fruto que siempre permanece.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Cf. Jn 17, 17-18
Padre santo, santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los envío también al mundo, dice el Señor.

Oración después de la comunión
TE pedimos, Señor,
que el sacrificio santo
que te hemos ofrecido y recibido en comunión
llene de vida a tus sacerdotes y a tus fieles,
para que, unidos a ti por un amor constante,
puedan servir dignamente a tu majestad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

    O bien:

LA víctima que hemos ofrecido y recibido, Señor,
llene de vida a tus sacerdotes y a tus fieles,
para que, unidos a ti por un amor constante,
merezcan servir dignamente a tu majestad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.


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Leccionario III (impar) - Lunes de la XXV semana del tiempo ordinario

TIEMPO ORDINARIO

LUNES DE LA XXV SEMANA
DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA
Esd 1, 1-6
El que pertenezca al pueblo del Señor que suba a Jerusalén, a reconstruir el templo del Señor

Comienzo del libro de Esdras.

EL año primero de Ciro, rey de Persia, para que se cumpliera la palabra del Señor por boca de Jeremías, el Señor despertó el espíritu de Ciro, rey de Persia, para que proclamara de palabra y por escrito en todo su reino:
    «Esto dice Ciro, rey de Persia:
El Señor, Dios del cielo, me ha dado todos los reinos de la tierra y me ha encargado que le edifique un templo en Jerusalén de Judá. El que de vosotros pertenezca a su pueblo, que su Dios sea con él, que suba a Jerusalén de Judá, a reconstruir el templo del Señor, Dios de Israel, el Dios que está en Jerusalén. Y a todos los que hayan quedado, en el lugar donde vivan, que las personas del lugar en donde estén les ayuden con plata, oro, bienes y ganado, además de las ofrendas voluntarias pira el templo de Dios que está en Jerusalén».
Entonces, los cabezas de familia de Judá y Benjamín, los sacerdotes y los levitas, y todos aquellos a quienes Dios había despertado el espíritu, se pusieron en marcha hacia Jerusalén para reconstruir el templo del Señor.
Todos sus vecinos les ayudaron con toda clase de plata, oro, bienes, ganado y objetos preciosos, además de las ofrendas voluntarias.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial 
Sal 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6 (R/.: 3a)
R/.   El Señor ha estado grande con nosotros.

        V/.   Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sion,
                nos parecía soñar:
                la boca se nos llenaba de risas,
                la lengua de cantares.   R/.

        V/.   Hasta los gentiles decían:
                «El Señor ha estado grande con ellos».
                El Señor ha estado grande con nosotros,
                y estamos alegres.   R/.

        V/.   Recoge, Señor, a nuestros cautivos
                como los torrentes del Negueb.
                Los que sembraban con lágrimas
                cosechan entre cantares.   R/.

        V/.   Al ir, iba llorando,
                llevando la semilla;
                al volver, vuelve cantando,
                trayendo sus gavillas.   R/.


Aleluya
Mt 5, 16
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   Brille así vuestra luz ante los hombres,
        para que vean vuestras buenas obras
        y den gloria a vuestro Padre.   R/.

EVANGELIO
Lc 8, 16-18
La lámpara se pone en el candelero para que los que entren vean la luz
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

EN aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
    «Nadie que ha encendido una lámpara, la tapa con una vasija o la mete debajo de la cama, sino que la pone en el candelero para que los que entren vean la luz.
Pues nada hay oculto que no llegue a descubrirse ni nada secreto que no llegue a saberse y hacerse público.
Mirad, pues, cómo oís, pues al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener».

Palabra del Señor.


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Leccionario III (impar) - Sábado de la XXIV semana del tiempo ordinario

TIEMPO ORDINARIO

MIÉRCOLES DE LA XXIV SEMANA
DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA
1 Tim 6, 13-16
Guarda el mandamiento sin mancha hasta la manifestación del Señor

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo.

QUERIDO hermano:
Delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Cristo Jesús, que proclamó tan noble profesión de fe ante Poncio Pilato, te ordeno que guardes el mandamiento sin mancha ni reproche hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, que, en el tiempo apropiado, mostrará el bienaventurado y único Soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores, el único que posee la inmortalidad, que habita una luz inaccesible, a quien ningún hombre ha visto ni puede ver.
A él honor y poder eterno. Amén.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial 
Sal 99, 1-2. 3. 4. 5 (R/.: 2b)
R/.   Entrad en la presencia del Señor con vitores.

        V/.   Aclama al Señor, tierra entera,
                servid al Señor con alegría,
                entrad en su presencia con vítores.   R/.

        V/.   Sabed que el Señor es Dios:
                que él nos hizo y somos suyos,
                su pueblo y ovejas de su rebaño.   R/.

        V/.   Entrad por sus puertas con acción de gracias,
                por sus atrios con himnos,
                dándole gracias y bendiciendo su nombre.   R/.

        V/.   El Señor es bueno,
                su misericordia es eterna,
                su fidelidad por todas las edades».   R/.


Aleluya
Cf. Lc 8, 15
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios
        con un corazón noble y generoso,
        la guardan y dan fruto con perseverancia.   R/.

EVANGELIO
Lc 8, 4-15
Los de la tierra buena son los que guardan la palabra y dan fruto con perseverancia
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

EN aquel tiempo, habiéndose reunido una gran muchedumbre y gente que salía de toda la ciudad, dijo Jesús en parábola:
    «Salió el sembrador a sembrar su semilla.
Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros del cielo se lo comieron.
Otra parte cayó en terreno pedregoso, y, después de brotar, se secó por falta de humedad.
Otra parte cayó entre abrojos, y los abrojos, creciendo al mismo tiempo, la ahogaron.
Y otra parte cayó en tierra buena, y, después de brotar, dio fruto al ciento por uno».
Dicho esto, exclamó:
    «El que tenga oídos para oír, que oiga».
Entonces le preguntaron los discípulos qué significaba esa parábola.
Él dijo:
    «A vosotros se os ha otorgado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los demás, en parábolas, “para que viendo no vean y oyendo no entiendan”.
El sentido de la parábola es este: la semilla es la palabra de Dios.
Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la palabra de sus corazones, para que no crean y se salven.
Los del terreno pedregoso son los que, al oír, reciben la palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba fallan.
Lo que cayó entre abrojos son los que han oído, pero, dejándose llevar por los afanes, riquezas y placeres de la vida, se quedan sofocados y no llegan a dar fruto maduro.
Lo de la tierra buena son los que escuchan la palabra con un corazón noble y generoso, la guardan y dan fruto con perseverancia».

Palabra del Señor.


© Conferencia Episcopal Española