Ceremonial de los obispos - El tiempo pascual

LAS CELEBRACIONES DE LOS MISTERIOS DEL SEÑOR
A LO LARGO DEL AÑO

CAPÍTULO XII

EL TIEMPO PASCUAL


371. Los cincuenta días que van desde el Domingo de Resurrección hasta el Domingo de Pentecostés han de ser celebrados con alegría y exaltación, como si se tratase de un único día festivo, más aún, como «el gran domingo» [123].

Estos son los días en los que principalmente se canta el Aleluya.

Consérvese, donde aún esté vigente, la tradición especial de celebrar las Vísperas bautismales el día de Pascua, en las que, mientras se cantan los salmos, se va en procesión a la fuente bautismal.

372. En todas las celebraciones litúrgicas solemnes de este tiempo se enciende el cirio pascual, tanto en la misa como en Laudes y Vísperas. Tras el día de Pentecostés, el cirio pascual se guarda con reverencia en el baptisterio, para que de él reciban su luz los cirios de los bautizados, en la celebración del bautismo [124].

Durante el tiempo pascual, cuando se administra el bautismo, se utiliza el agua que se bendijo en la noche de Pascua [125].

373. Los ocho primeros días del tiempo pascual constituyen la octava de Pascua y se celebran como las solemnidades del Señor. Al despedir al pueblo en la misa, se añade el doble Aleluya al fórmula «Podéis ir en paz»; y en la Liturgia de las Horas también se responde: «Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya» [126].

374. Donde hay neófitos, el tiempo pascual, y especialmente la primera semana, es el tiempo de la  «mistagogía» de los neófitos, durante el cual la comunidad avanza con ellos en la meditación, en la partición de la eucaristía y en el ejercicio de la caridad, ellos van profundizando en el misterio pascual y traduciéndolo siempre más en la vida. Las misas de los domingos del tiempo pascual son el momento más indicado para esta «mistagogía», pues en ellas los neófitos encuentran, sobre todo en el año A del Leccionario, lecturas especialmente apropiadas para ellos, que deben comentarse en la homilía [127].

375. A los cuarenta días de la Pascua o, allí donde no es día de precepto, el domingo VII de Pascua, se celebra la Ascensión del Señor, solemnidad en la que contemplamos a Cristo, que a la vista de sus discípulos se elevó al cielo y está sentado a la deracha de Dios, investido de poder real, que nos está reservando a los hombres el reino de los cielos, y que vendrá de nuevo al final de los tiempos.

376. Las ferias que van de la Ascensión hasta el sábado anterior a Pentecostés inclusive, sirven para prepara la venida del Espíritu Santo Paráclito.

Cierra este sagrado tiempo de cincuenta días el Domingo de Pentecostés, en el que se conmemora el don del Espíritu Santo sobre los apóstoles, origen de la Iglesia y comienzo de su misión hacia todas las lenguas, pueblos y naciones. Normalmente, este día el obispo celebra la misa estacional y preside la Liturgai de las Horas, sobre todo las Laudes y las Vísperas.

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[123] SAN ATANASIO, Epist. Fest., 1: PG 26, 1366. Cf. Normas universales sobre el año litúrgico y el calendario, n. 22.

[124] Cf. Misal Romano, Domingo de Pentecostés.

[125] Cf. Ritual Romano, Ritual de la iniciación cristiana de adultos: Iniciación cristiana, Prænotanda, n. 21.

[126] Cf. Misal Romano, Domingo de Resurrección.

[127] Cf. Ritual Romano, Ritual de la Iniciación cristiana de adultos, Prænotanda, n. 40.


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Ceremonial de los obispos - La Vigilia pascual

LAS CELEBRACIONES DE LOS MISTERIOS DEL SEÑOR
A LO LARGO DEL AÑO

CAPÍTULO XI

LA VIGILIA PASCUAL


PRÆNOTANDA

332. Según una antiquísima tradición, esta es la noche en que veló el Señor [77], y la vigilia en la que se celebra la noche santa, conmemorando que el Señor ha resucitado, que se considera «la madre de todas las vigilias sagradas» [78]. Pues en ella, la Iglesia espera vigilante la Resurrección del Señor y en ella celebra los sacramentos de la iniciación cristiana.

333. Toda la celebración de la Vigilia pascual se realiza durante la noche, de modo que no debe comenzar antes de anochecer y debe concluir antes de que apunte la luz del domingo [79].

334. Como la celebración de la Vigilia pascual es la más importante y la más destacada de todas las solemnidades del año litúrgico, no descuide el obispo celebrarla él, personalmente.

335. La misa de la Vigilia es la misa pascual del Domingo de Resurrección. Quien celebra o concelebra la misa de la noche puede celebrar o concelebrar una segunda misa de Pascua [80].

336. Además de los que es necesario para la celebración de la misa estacional, prepárese cuanto sigue:

a) Para la bendición del fuego:

— un fuego (en un lugar fuera de la iglesia donde se reúne el pueblo);

— el cirio pascual;

— (cinco granos de incienso; punzón);

— un instrumento adecuado para encender el cirio, del nuevo fuego;

— una linterna para iluminar los textos que ha de leer el obispo;

— velas para quienes participan en la Vigilia;

— un instrumento para que el turiferario coloque en el incensario brasas encendidas del nuevo fuego.

b) Para el pregón pascual:

— un candelero para el cirio pascual, colocado junto al ambón;

— si el candelero no puede colocarse junto al ambón; se coloca un atril cerca del cirio para el diácono o para el cantor (cuando sea necesario) [81] que vaya a proclamar el pregón.

c) Para la liturgia bautismal:

— un acetre con agua;

— cuando se administran los sacramentos de iniciación crisitana: óleo de los catecúmenos, santo crisma, cirio bautismal, el Ritual Romano.

Las lámparas de la iglesia están apagadas.


BENDICIÓN DEL FUEGO Y PREPARACIÓN DEL CIRIO

337. El obispo, los concelebrantes y los diáconos se revisten en la sacristía mayor o en otro lugar adecuado, ya desde el comienzo de la Vigilia, con ornamentos de color blanco para la misa [82].

338. El obispo, con mitra y báculo, junto con los concelebrantes, el clero y los ministros, se dirige al lugar donde se halla reunido el pueblo, para bendecir el fuego. Uno de los acólitos lleva el cirio pascual delante de los ministros. No se lleva cruz procesional ni vela. El turiferario lleva el incensario sin brasas.

339. El obispo, dejando el báculo y la mitra, en pie y vuelto al pueblo, dice: «En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo»; saluda al pueblo, diciendo: «La paz esté con vosotros». A continuación, él mismo, o el diácono, o uno de los concelebrantes, se dirige brevemente al pueblo explicando la importancia de la celebración, con las palabras del Misal: «Queridos hermanos: En esta noche santa...» u otras similares [83].

340. Después, el obispo bendice el fuego diciendo, con las manos extendidas, la oración: «Oh, Dios, que por medio de tu Hijo...». Acabada la oración, recibe la mitra y, con ayuda del diácono, enciende el cirio pascual del fuego nuevo. El turiferario toma brasas encendidas del nuevo fuego y las introduce en el incensario [84].

341. Si a causa de la índole del pueblo parece oportuno resaltar, con algunos símbolos, la dignidad y el significado del cirio pascual, tras la bendición del fuego nuevo, un acólito lleva el cirio pascual ante el obispo, que, de pie y con la mitra, graba la señal de la cruz con un punzón sobre el cirio pascual. Luego, en la parte de arriba de la cruz graba la letra griega alfa, en la de abajo la letra omega, y entre los brazos de la cruz los cuatro números del año en curso, mientras dice: «Cristo ayer y hoy». Tras grabar la cruz y el resto de los signos, el obispo puede también incrustar en el cirio cinco granos de incienso formando una cruz, diciendo: «Por sus llagas...». Y, por fin, enciende el cirio con el nuevo fuego que ha sido bendecido, mientras dice: «La luz de Cristo, que resucitado glorioso...».

Puede realizarse todos lo que antecede o solo algunas de las cosas que se indican, de acuerdo a los usos locales y a las circunstancias pastorales. De igual modo, las Conferencias de obispos pueden establecer otras cosas, más adaptadas a la condición de los pueblos [85].


PROCESIÓN

342. Después de haber encendido el cirio, el obispo pone incienso en el incensario; entonces, el diácono recibe del acólito el cirio pascual.

343. Se organiza la procesión, que entra en la iglesia. El turiferario, con el incensario humeante, procede al diácono que lleva el cirio pascual. A continuación, siguen el ministro que porta el báculo, el obispo con los diáconos que lo asisten, los concelebrantes, el clero y el pueblo; todos llevan velas apagadas en sus manos.

A la puerta de la iglesia, el diácono se detiene y alzando el cirio, cantan: «Luz de Cristo», y todos responden: «Demos gracias a Dios». El obispo enciende su vela, tomando el fuego del cirio pascual.

Luego, el diácono avanza hasta la mitad de la iglesia, se detiene y, alzando el cirio, canta otra vez: «Luz de Cristo», y todos responden: «Demos gracias a Dios». Todos encienden las velas, dándose el fuego unos a otros.

El diácono, por fin, cuando llega ante el altar, y se detiene y vuelto al pueblo, canta por tercera vez: «Luz de Cristo», y todos responden: «Demos gracias a Dios»; después pone el cirio pascual en el candelero que ha sido colocado en medio del presbiterio o junto al ambón. Y se encienden las lámparas de la iglesia [86].


PREGÓN PASCUAL

344. El obispo, una vez que llega al presbiterio, se dirige a la cátedra, entrega su vela al diácono y se sienta con la mitra; luego, pone el incienso y lo bendice, como para el Evangelio en la misa. El diácono se acerca al obispo, pide y recibe la bendición, para lo cual el obispo dice en voz baja: y todos responden: «El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su pregón pascual; en el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo». El diácono responde: y todos responden: «Amén».

345. Al retirarse el diácono, el obispo se quita la mitra y se pone en pie para escuchar el pregón, con la vela encendida en su mano.

De la misma manera, todos están en pie, con las velas encendidas en sus manos.

El diácono, tras incensar el libro y el cirio, canta el pregón pascual desde el ambón o desde el atril [88].


LITURGIA DE LA PALABRA

346. Terminado el pregón pascual, todos dejan las velas y se sientan. El obispo, antes de que empiecen las lecturas, sentado y con la mitra, introduce la liturgia de la Palabra con una breve monición, salvo que se confíe tal cometido al diácono o a uno de los concelebrantes. Puede utilizarse como monición la que recoge el Misal: «Queridos hermanos: Con el pregón solemne de la Pascua...», u otra que lo exprese con palabras parecidas [89].

347. En esta Vigilia se proponen nueve lecturas, este es, siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo (Epístola y Evangelio). Donde importantes circunstancias pastorales lo aconsejen, puede reducirse el número de lecturas del Antiguo Testamento; sin embargo, siempre se debe tener presente que la lectura de la Palabra de Dios es una parte fundamental de esta Vigilia pascual. Del Antiguo Testamento se leerán al menos tres lecturas. Pero nunca se debe omitir la lectura del capítulo 14 del Éxodo [90].

348. Estando todos sentados y a la escucha, el lector se dirige al ambón y proclama la primera lectura. Luego, el salmista o cantor dice el salmo, proclamando el pueblo la respuesta. Después, el obispo, una vez que ha dejado la mitra, se levanta y, estando todos de pie, dice: «Oremos», y, tras orar todos en silencio durante unos instantes, dice la oración correspondiente a la lectura. Esta lo hace después de cada lectura del Antiguo Testamento [91].

349. Tras la última lectura del Antiguo Testamento con su responsorio y su oración, se encienden los cirios del altar y se entona solemnemente el himno Gloria, que todos continúan, mientras suenan las campanas según las costumbres del lugar [92].

350. Concluido el himno, el obispo dice, como de costumbre, la colecta: «Oh, Dios, que has iluminado esta noche santísima...» [93].

351. Luego se sienta y recibe la mitra. También se sientan todos y el lector lee desde el ambón la lectura del Apóstol [94].

352. Acabada la Epístola, si es oportuno y según las costumbres locales, uno de los diáconos o el rector se acerca al obispo y le dice: «Reverendísimo padre, os anuncio una gran alegría, que es el Aleluya».

Tras este anuncio o, si no ha tenido lugar, inmediatamente después de la Epístola, todos se levantan. El obispo, en pie sin mitra, entona solemnemente el Aleluya, con la ayuda, si es necesario, de uno de los diáconos o de los concelebrantes. Lo canta tres veces, elevando gradualmente la voz, y el pueblo, después de cada una de las veces, responde en el mismo tono, repitiendo lo mismo.

Luego, el salmista o el cantor proclama el salmo, a lo que el pueblo responde: «Aleluya» [95].

353. Después, el obispo se sienta, pone incienso y bendice al diácono para el Evangelio, como de costumbre. No se llevan ciriales para el Evangelio [96].

354. Inmediatamente después del Evangelio, se hace la homilía. Luego, se prosigue con la liturgia bautismal [97].  


LITURGIA BAUTISMAL

355. Es muy conveniente que el obispo mismo administre en esta Vigilia los sacramentos del bautismo y de la confirmación [98].

356. La liturgia bautismal se realiza junto a la fuente bautismal o en el mismo presbiterio. Sin embargo, donde, según una antigua tradición, el baptisterio se encuentre fuera de la nave de la iglesia, allí hay que dirigirse para celebrar la liturgia bautismal [99].

357. Se llama primero a los catecúmenos, que son presentados por los padrinos o, si son párvulos, son llevados por los padres y padrinos [100].

358. Entonces, si se realiza la procesión al baptisterio o a la fuente, esta se ordena inmediatamente: precede el acólito con el cirio pascual, al que siguen los catecúmenos con los padrinos; después, los diáconos, los concelebrantes y el obispo, que lleva mitra y báculo. Durante la presión, se cantan las letanías. Terminadas las letanías, el obispo deja el báculo y la mitra, y realiza la monición: «Hermanos: Acompañemos con nuestra oración...» [101].

359. Si, por el contrario, la liturgia bautismal se realiza en el presbiterio, el obispo deja el báculo y la mitra, y realiza la monición introductoria: «Queridos hermanos: acompañemos unánimes...»; luego, dos cantores cantan las letanías, a las que todos responden en pie, por ser tiempo pascual [102].

360. Acabadas las letanías y, como se ha dicho, hecha la monición por el obispo, este, en pie junto a la fuente bautismal, sin mitra y con las manos extendidas, bendice el agua, diciendo la oración: «Oh, Dios, que realizas en tus sacramentos...»; y mientras dice: «Te pedimos, Señor, que el poder del Espíritu Santo...», puede, si es oportuno, introducir en el agua el cirio pascual, una o tres veces, como se indica en el Misal [103].

361. Concluida la bendición del agua y pronunciada la aclamación del pueblo, el obispo se sienta y recibe la mitra y el báculo; interroga a los elegidos para realizar la renuncia, si son adultos, conforme al Ritual de la Iniciación cristiana de adultos [104]; en cambio, a los padres y padrinos de los párvulos, conforme al Ritual del Bautismo de niños [105].

362. Si no se ha hecho antes, en los ritos inmediatamente preparatorios, la unción con el óleo de los catecúmenos, de los adultos, se hace en este momento, de acuerdo con el Ritual de la Iniciación cristiana de adultos, con ayuda de los presbíteros, si es necesario [106].

363. Luego, el obispo, informado oportunamente por el padrino acerca del nombre de cada uno de los adultos que van a ser bautizados, les pregunta a cada uno acerca de su fe, como dice el Ritual de la Iniciación cristiana de adultos [107]. Si se trata de niños, solicita de todos los padres y padrinos la triple profesión de fe, al mismo tiempo, como dice el Ritual del Bautismo de niños [108].

364. Concluido el interrogatorio, el obispo deja el báculo, se levanta y bautiza a los elegidos, con la ayuda, si es necesario, de presbíteros y también de diáconos, como se indica en el Ritual de la Iniciación cristiana de adultos [109] y en el Ritual del Bautismo de niños [110].

365. Después, el obispo se sienta otra vez. Tras el bautismo, los niños reciben la unción del crisma que realizan los presbíteros o los diáconos, sobre todo si los bautizados son numerosos, mientras el obispo dice, a un tiempo, sobre todos los bautizados: «Dios todopoderoso, Padre...». Todos, tanto adultos como niños, reciben la vestidura blanca, mientras el obispo dice: «N. y N., sois ya nueva creatura» [111]. Luego, el obispo o el diácono toma el cirio pascual de manos del acólito y dice: «Acercaos, padrinos»; y se encienden los cirios de los neófitos, mientras el obispo dice: «Habéis sido transformados en luz» [112]. Si se trata de niños, se omite la entrega del cirio y el rito del Effetha, como se indica en el Ritual del Bautismo de niños [113].

366. Concluido el baño bautismal y los demás ritos complementarios, a no ser que todo se hubiera realizado ante el altar, se regresa al presbiterio procesionalmente de la misma manera que antes, llevando un cirio encendido todos los neófitos como los padrinos o padres. Durante la procesión, se canta un canto bautismal, por ejemplo, Los que habéis sido bautizados.

367. Si han sido bautizados adultos, el obispo administra en el presbiterio el sacramento de la confirmación, observando lo que se indica en el Ritual de la Iniciación cristiana [114].


RENOVACIÓN DE LAS PROMESAS BAUTISMALES

368. Terminado el rito del bautismo y de la confirmación o, si no se hubieren realizado, tras la bendición del agua, el obispo toma la mitra y el báculo, y en pie, vuelto al pueblo, recibe la renovación de las promesas de la fe bautismal, que los fieles realizan de pie y con las velas encendidas en sus manos [115].

369. Concluida la renovación de las promesas bautismales, el obispo, sin quitarse la mitra, asperja al pueblo con agua bendita, ayudado, si es el caso, de los presbíteros, recorriendo, si es oportuno, la nave de la iglesia, mientras todos cantan la antífona Vi que manaba agua u otro canto de índole bautismal [116].

Mientras tanto, los neófitos son conducidos a su lugar entre los fieles.

Si la bendición del agua bautismal se realizó fuera del baptisterio, los diáconos y los acólitos llevan respetuosamente el acetre con agua a la fuente.

Realizada la aspersión, el obispo regresa a la cátedra, donde, omitido el Símbolo, en pie y sin mitra, dirige la oración universal, en la que por primera vez participan los neófitos [117].


LITURGIA EUCARÍSTICA

370. Comienza, luego, la liturgia eucarística, que se celebra según el rito de la misa estacional.

Es conveniente que sean los neófitos, o, tratándose de niños, los padres y padrinos, quienes lleven las ofrendas al altar [118].

En la plegaria eucarística se hace memoria de los bautizados y de los padrinos, según las fórmulas que en el Misal Romano y en el Ritual se proponen para cada plegaria eucarística [119].

Antes de la comunión, este, entes del Cordero de Dios, el obispo puede dirigir una breve monición a los neófitos acerca del valor de un misterio tan grande, que es el culmen de la iniciación cristiana y el centro de toda la vida cristiana.

Conveniene que los neófitos reciban la comunión bajo las dos especies, junto con los padrinos, padres, allegados y también los catequistas.

Al despedir a los fieles, el diácono añade un doble Aleluya a la fórmula acostumbrada: «Podéis ir en paz»; los fieles hacen lo mismo al responder [120].

Para impartir la bendición final de la misa, es conveniente que el obispo utilice, o bien la fórmula de bendición solemne de la misa de la Vigilia pascual, propuesta en el Misal, [121] o la fórmula de bendición final del rito del bautismo de adultos o de niños, según las circunstancias lo aconsejen [122].

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[77] Cf. Éx 12, 42.

[78] SAN AGUSTÍN, Sermo 219: PL 38, 1088.

[79] Misal Romano, Vigilia pascual, n, 3.

[80] Cf. ibíd., n. 5.

[81] Cf. ibíd., nn. 17 y 19.

[82] Cf. ibíd., n. 6.

[83] Cf. ibíd., n. 9.

[84] Cf. ibíd., n. 10.

[85] Cf. ibíd., n. 11-12 y 14.

[86] Cf. ibíd., n. 15-17.

[87] Cf. ibíd., n. 18. Si es un presbítero quien anuncia el pregón, se acerca al obispo y pide y recibe la bendición, igual que el diácono.
Pero si es un cantor quien, por necesidad, va a anunciar el pregón, no se acerca al obispo, ni inciensa el libro, ni el cirio; y omite las palabras que van desde: «Por eso, queridos hermanos» hasta el final de la invitación; tampoco dice el saludo: «El Señor esté con vosotros». 

[88] Cf. ibíd., n. 19.

[89] Cf. ibíd., n. 22.

[90] Cf. ibíd., nn. 20-21.

[91] Cf. ibíd., n. 23.

[92] Cf. ibíd., n. 31.

[93] Cf. ibíd., n. 32.

[94] Cf. ibíd., n. 33.

[95] Cf. ibíd., n. 34.

[96] Cf. ibíd., n. 35.

[97] Ibíd., n. 36.

[98] Cf. Ritual Romano, Ritual de la Iniciación cristiana de adultos, Prænotanda, n. 44.

[99] Cf. Misal Romano, Vigilia pascual, n. 37.

[100] Cf. ibíd., n. 38.

[101] Cf. ibíd., nn. 39-40.

[102] Cf. ibíd., nn. 40-41.

[103] Cf. ibíd., nn. 44-45.

[104] Cf. Ritual Romano, Ritual de la Iniciación cristiana de adultos, n. 217.

[105] Cf. Ritual Romano, Ritual del Bautismo de niños, n. 124-125.

[106] Cf. Ritual Romano, Ritual de la Iniciación cristiana de adultos, n 218.

[107] Cf. ibíd., n. 219.

[108] Cf. Ritual Romano, Ritual del Bautismo de niños, n. 126.

[109] Cf. Ritual Romano, Ritual de la Iniciación cristiana de adultos, nn. 220-222.

[110] Cf. Ritual Romano, Ritual del Bautismo de niños, n. 128.

[111] Cf. Ritual Romano, Ritual de la Iniciación cristiana de adultos, n. 225; Ritual del Bautismo de niños, n. 130.

[112] Cf. Ritual Romano, Ritual de la Iniciación cristiana de adultos, n. 226; Ritual del Bautismo de niños, n. 131.

[113] Cf. Ritual Romano, Ritual del Bautismo de niños, n. 78, c.

[114] Cf. Ritual Romano, Ritual de la Iniciación cristiana de adultos, nn. 227-231.

[115] Cf. Misal Romano, Vigilia pascual, n. 55.

[116] Cf. ibíd., n. 56.

[117] Cf. ibíd., n,. 57-58.

[118] Cf. ibíd., n. 60.

[119] Cf. ibíd., Misas rituales: «En la celebración del bautismo»; cf. Ritual Romano, Ritual de la Iniciación cristiana de adultos, nn. 233 y 391.

[120] Cf. Misal Romano, Vigilia pascual, n. 69.

[121] Cf. ibíd., n. 68.

[122] Cf. Ritual Romano, Ritual del Bautismo de niños, n. 135; nn. 225-227.


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Ceremonial de los obispos - La celebración de la Pasión del Señor

LAS CELEBRACIONES DE LOS MISTERIOS DEL SEÑOR
A LO LARGO DEL AÑO

CAPÍTULO X

LA CELEBRACIÓN DE LA PASIÓN DEL SEÑOR


PRÆNOTANDA

312. En este día en que «ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo» [56], tuvo manifiesto y cumplido efecto todo aquello que desde antiguo había sido misteriosamente prefigurado: sustituyó el verdadero Cordero al cordero simbólico, y con un único sacrificio se llevó a cumplimiento los de las diferentes víctimas precedentes [57].

«Cristo el Señor realizó esta obra de redención humana y de glorificación perfecta de Dios, preparada por las maravillas que Dios hizo en el pueblo de la Antigua Alianza, principalmente por el misterio pascual de su bienaventurada Pasión, de su Resurrección de entre los muertos y de su gloriosa Ascensión. Por este misterio, con su muerte destruyó nuestra muerte y con su Resurrección restauró nuestra vida. Pues del costado de Cristo dormido en la cruz nació el sacramento admirable de toda la Iglesia» [58].

La Iglesia, contemplando la cruz de su Señor y Esposo, conmemora su propio nacimiento y su misión de extender a todos los pueblos los maravillosos efectos de la pasión de Cristo, que hoy celebra, dado gracias por un don tan sublime.

313. En torno a las tres de la tarde, salvo que por motivos pastorales se decida hacerlo a una hora posterior, se realiza la celebración de la Pasión del Señor, que consta de tres partes: liturgia de la Palabra, adoración de la cruz y sagrada comunión [59].

314. El altar estará totalmente desnudo: sin cruz, sin candelabros ni manteles [60].

315. Para la celebración de la Pasión del Señor, prepárese lo siguiente:

a) En la sacristía mayor:

— para el obispo y los diáconos, ornamentos de color rojo, como para la misa; el obispo utilizará mitra sencilla, pero sin anillo ni báculo;

— para el resto de los ministros: albas y otras vestiduras legítimamente aprobadas.

b) En un lugar adecuado:

— una cruz (cubierta, si se emplea la primera forma);

— dos ciriales;

c) En el presbiterio:

— el Misal;

— el Leccionario;

— manteles;

— un corporal;

— estolas de color rojo para los presbíteros y diáconos que reciben la comunión.

d) En el lugar donde está reservado el Santísimo Sacramento:

— un velo humeral de color rojo o blanco para el diácono;

— dos ciriales para los acólitos.


RITOS INTRODUCTORIOS

316. El obispo y los diáconos, revestidos con ornamentos de color rojo, como para la misa, se dirigen en silencia al altar. El obispo, tras quitarse la mitra y hecha la reverencia, se postra mirando al suelo o, si las circunstancias lo aconsejan, se arrodilla sobre un reclinatorio desnudo y, en silencio, ora durante unos momentos.

Todos los demás hacen lo mismo [61].

317. Después, el obispo, con los diáconos, se dirige a la cátedra donde, vuelto al pueblo, con las manos extendidas, dice la oración: «Recuerda, Señor...», o esta otra: «Oh, Dios, que por la pasión de tu Hijo...». Luego, se sienta y recibe la mitra [62].


LITURGIA DE LA PALABRA

318. Entonces, estando todos sentados, se lee la primera lectura del libro del profeta Isaías, con su salmo. Sigue la segunda lectura de la carta a los Hebreos [63].

319. Al iniciarse el canto que precede al Evangelio, todos, salvo el obispo, se ponen en pie. Para la lectura de la historia de la Pasión no se utiliza incienso ni cirios. Los diáconos que van a leer la Pasión piden y reciben del obispo la bendición, como otras veces. El obispo deja la mitra y se levanta. Luego se lee la historia de la Pasión según san Juan. Se suprime el saludo al pueblo y la signación del libro.

Tras el anuncio de la muerte del Señor, todos se arrodillan y se hace una pequeña pausa. Al final se dice: «Palabra del Señor», pero se omite el beso al libro.

Concluida la historia de la Pasión, el obispo hace una breve homilía. Cuando esta finaliza, el obispo o el diácono pueden invitar a los fieles a que hagan un momento de oración [64].

320. Después de la homilía, el obispo, en pie, sin mitra, en la cátedra o, si es preferible, en el altar, con las manos extendidas, dirige la oración universal, como aparece en el Misal, o seleccionando, si es el caso, aquellos moniciones que resulten más oportunas.

Las preces, con que se indican las intenciones de esta oración, también pueden ser enunciadas, si es conveniente, por los diáconos desde el ambón.

Durante todo el tiempo que dure esta oración, los fieles pueden permanecer de pie o de rodillas [65].

ADORACIÓN DE LA SANTA CRUZ

321. Después se realiza la ostensión y adoración de la santa cruz, utilizando una de las fórmulas que propone el Misa.

a) Primera forma de mostrar la santa cruz: Mientras uno de los diáconos lleva la cruz cubierta al altar, acompañada por dos acólitos con cirios encendidos, el obispo se acerca al altar con los diáconos que lo asisten y allí, en pie y sin mitra, toma la cruz y la va descubriendo en tres momentos sucesivos, a la vez que la ofrece a la adoración de los fieles, repitiendo cada una de las veces la invitación: «Mirad el árbol de la cruz...» (esta invitación la puede continuar el diácono o, si es el caso, el coro). Todos responden: «Venid a adorarlo», y una vez que finaliza el canto, todos se postran de rodillas y adoran en silencio, un breve momento, la cruz que el obispo, en pie, mantiene alzada. Luego, el diácono, al que acompañan los acólitos con cirios encendidos, lleva la cruz a la entrada del presbiterio o a otro lugar apropiado y la coloca allí o la entrega a los ministros para que la sostengan; los cirios encendidos quedarán situados a derecha e izquierda de la cruz [66].

b) Segunda forma de mostrar la cruz: Estando el obispo en la cátedra, de pie y sin mitra, el diácono se dirige con los acólitos a la puerta de la iglesia, donde toma la cruz descubierta, y los acólitos cirios encendidos, y se hace la procesión por la iglesia hacia el presbiterios. Junto a la puerta, en medio de la iglesia y a la entrada del presbiterio, el diácono alza la cruz y canta la invitación: «Mirad el árbol de la cruz...», a la que todos responden: «Venid a adorarlo»; tras cada una de las respuestas, todos, salvo el obispo que se mantiene en pie, se arrodillan y adoran en silencio durante unos momentos. Luego, el diácono deposita la cruz en la entrada del presbiterio o en otro lugar, como se dijo antes [67].

322. Para adorar la cruz, el obispo deja la mitra, la casulla y, si parece oportuno, el calzado, se descubre la cabeza y es el primero en acercarse, arrodillarse ante la cruz y besarla; después, regresa a la cátedra, donde vuelve a ponerse la casulla y calzarse, y se sienta sin la mitra. Tras el obispo, adoran la cruz los diáconos y luego el clero y los fieles que se acercan de forma procesional y manifiestan su veneración a al cruz con una genuflexión sencilla u otro signo adecuado, conforme a los usos locales, por ejemplo, besando la cruz.

Mientras tanto se canta la antífona Tu cruz adoramos, los improperios u otros cantos apropiados. Todos los que ya adoraron la cruz se sientan en su lugar [68].

323. Solamente se utilizará una cruz para la adoración. Si debido al elevado número de fieles no todos pueden acercarse procesionalmente, el obispo, una vez que una parte del clero y de los fieles ya han realizado la adoración, regresa al altar, recibe la cruz del diácono y, estando delante del altar en el medio, invita al pueblo a adorar la santa cruz con breves palabras, y luego mantiene alzada la cruz durante un breve espacio de tiempo, para que los fieles la adoren en silencio [69].

SAGRADA COMUNIÓN

324. Terminada la adoración, el diácono lleva la cruz a su lugar en el altar, mientras el obispo regresa a la cátedra. Los cirios encendidos se ponen cerca del altar o junto a la cruz. Entonces se extiende el mantel sobre el altar, y se colocan el corporal y el Misal [70].

325. Después, el diácono, con velo humeral y por el camino más corto, lleva el Sacramento desde el lugar de la reserva hasta el altar. Dos acólitos con velas encendidas acompañan al Sacramento y dejan las velas junto o sobre el altar.

Mientras tanto, el obispo y todos los demás se ponen en pie y permanecen en silencia [71].

326. Una vez que el diácono ha colocado el Sacramento sobre el altar y ha destapado el copón, el obispo se acerca con los diáconos y, tras hacer genuflexión, sube al altar. Se proclama la oración dominical con su embolismo y se distribuye la comunión, como se indica en el Misal [72].

327. Si el obispo estuviera presente en la acción litúrgica, pero sin celebrarla, conviene que al menos, tras la adoración de la cruz, se revista con estola y capa pluvial de color rojo sobre el roquete, y presida el rito de la comunión.

Sin embargo, si no hace esto, se coloca una estola para la comunión y él mismo comulga en el altar, después del celebrante.

328. Finalizada la distribución de la comunión, el diácono, con velo humeral, traslada el copón a un lugar preparado fuera de la iglesia o, si las circunstancias así lo piden, lo guarda en el sagrario [73].

329. Luego, el obispo, tras guardar, si es oportuno, unos momentos de sagrado silencia, recita la oración después de la comunión [74].

RITO DE CONCLUSIÓN

330. Terminada la oración después de la comunión, para la despedida, el obispo de pie vuelto al pueblo y extendiendo las manos sobre él, dice la oración: «Descienda, Señor, tu bendición...» [75].

331. Tras hacer genuflexión a la cruz, el obispo recibe la mitra y todos se retiran en silencio.

En el momento oportuno, se desnuda el altar [76].


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[56] 1 Cor 5, 7.

[57] Cf. SAN LEÓN MAGNO, Sermo 58 De Passione Domini I: PL 54, 332.

[58] CONCILIO VATICANO II, Constitución sobre la sagrada liturgia, Sacrosanctum Concilium, n. 5.

[59] Cf. Misal Romano, Viernes Santo en la Pasión del Señor, n. 4.

[60] Cf. ibíd., n. 3.

[61] Cf. ibíd., n. 5.

[62] Cf. ibíd., n. 6.

[63] Cf. ibíd., nn. 7-8.

[64] Cf. ibíd., nn. 9-10.

[65] Cf. ibíd., n,. 11-13.

[66] Cf. ibíd., n. 15.

[67] Cf. ibíd., n. 16.

[68] Cf. ibíd., n. 18 y 20.

[69] Cf. ibíd., n. 19.

[70] Cf. ibíd., n.. 21-22.

[71] Cf. ibíd., n. 22.

[72] Cf. ibíd., n. 22-28.

[73] Cf. ibíd., n. 29.

[74] Cf. ibíd., n. 30.

[75] Cf. ibíd., n. 31.

[76] Cf. ibíd., n. 32-33.


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Ceremonial de los obispos - La misa en la Cena del Señor

LAS CELEBRACIONES DE LOS MISTERIOS DEL SEÑOR
A LO LARGO DEL AÑO

CAPÍTULO IX

LA MISA EN LA CENA DEL SEÑOR


PRÆNOTANDA

297. Con esta misa, que se celebra en la tarde del jueves de la Semana Santa, la Iglesia comienza el santo Triduo Pascual, y desea conmemorar aquella última cena en la que el Señor Jesús, la noche en que iba a ser entregado, amando hasta el extremo a los suyos que estaban en el mundo, ofreció a Dios Padre su Cuerpo y su Sangre bajo las especies de pan y vino, y lo entregó a los apóstoles para que lo tomaran, ordenándoles a ellos y a sus sucesores en el sacerdocio que lo ofrecieran [42].

Con esta misa, en efecto, se hace el memorial tanto de la institución de la eucaristía —es decir, el memorial de la Pascua del Señor, con el que se perpetúa en nosotros el sacrificio de la nueva ley, bajo los signos del sacramento— como también de la institución del sacerdocio, mediante el cual se perpetúan en el mundo la misión y el sacrificio de Cristo; además, es memorial de la caridad con que Cristo nos amó hasta la muerte. Procure el obispo, a través del ministerio de la palabra, proponer de forma adecuada tdoo esto a los fieles, para que puedan profundizar piadosamente en tales misterios y experimentarlos con más intensidad en su vida.

298. El obispo, aunque ya haya celebrado por la mañana la misa crismal, procure celebrar también la misa en la Cena del Señor, con la participación plena de presbíteros, diáconos, ministros y fieles en torno a él.

Del mismo modo, los sacerdotes que ya hayan concelebrado en la misa crismal pueden concelebrar de nuevo en la misa vespertina [43].

299. Además de los necesario para la celebración de la misa estacional, prepárese cuanto sigue:

a) En un lugar apropiado del presbiterio:

— un copón con las formas que deben consagrarse para la comunión del día siguiente;

— un velo humeral;

— un segundo incensario, con naveta;

— cirios y veles.

b) Donde vaya a realizarse el lavatorio de pies:

— asientos para las personas designadas;

— un lavabo y una jofaina;

— paños para secar los pies;

— un gremial para el obispo;

— lo necesario para que el obispo se lave las manos.

c) En la capilla donde se reserva el Santísimo Sacramento:

— un sagrario o cofre para la reserva;

— velas, flores y otros adornos adecuados.


DESCRIPCIÓN DEL RITO

300. La preparación, la entrada en la iglesia y la liturgia de la Palabra se realiza como es habitual en la misa estacional.

Mientras se canta el himno Gloria, se hace sonar las campanas, y, una vez que terminen, no sonarán hasta la Vigilia pascual, salvo que la Conferencia de obispos o el obispo diocesano, según las circunstancias, disponga otra cosa [44].

También durante ese tiempo, el órgano y los demás instrumentos musicales solo podrán sonar para acompañar el canto.

301. Tras la homilía, en la que se explican los importantísimos misterios que se conmemoran en esta misa, es decir, la institución de la sagrada eucaristía y del orden sascerdotal, y también el mandato del Señor sobre la caridad fraterna, se procederá, donde lo aconsejen rezones pastorales, al lavatorio de pies.

Las personas designadas son conducidas por los ministros a los asientos preparados en un lugar adecuado. El obispo deja la mitra y la casulla, pero no la dalmática, si la lleva; se ciñe, si conviene, un gremial adecuado y se acerca a cada una de ellas, derrama agua sobre sus pies y los seca, con la ayuda de los diáconos. Mientras tanto se cantan las antífonas que se proponen en el Misal u otros cantos adecuados [45].

302. Después del lavatorio de los pies, el obispo regresa a la cátedra, se lava las manos y se reviste la casulla. Enseguida, dado que en esta misa no se dice el Símbolo, se haca la oración universal [46].

303. Al comenzar la liturgia eucarística, se puede ordenar una procesión de los fieles con las ofrendas para los pobres. Mientras tanto, se canta Ubi caritas est vera, u otro canto adecuado [47].

304. Desde la preparación de las ofrendas hasta la comunión incluida, todo se hará como en la misa estacional, utilizando en la plegaria eucarística los textos propios que se proponen en el Misal [48].

305. Terminada la comunión de los fieles, se deja sobre el altar el copón con las formas para la comunión del día siguiente y se dice la oración después de la comunión.

306. Una vez dicha la oración y omitidos los ritos conclusivos, el obispo, en pie ante el altar, pone incienso en el incensario y lo bendice, y, arrodillado, inciensa el Sacramento. Después, se pone el velo humeral, se acerca al altar, hace genuflexión y con ayuda del diácono toma el copón, con sus manos cubiertas por los extremos del velo humeral [50].

307. Se ordena la procesión en la que el Sacramento es trasladado por la iglesia, hasta el lugar de la reserva, preparado en alguna capilla. Precede el acólito con la cruz, al que acompañan dos acólitos con cirios encendidos; sigue el clero, los diáconos, los concelebrantes, el ministro que lleva el báculo del obispo, dos turiferarios con los inciensos humeantes, el obispo que lleva el Sacramento y, ligeramente detrás, los dos diáconos que los asisten; después, los ministros del libro y la mitra. Todos llevan velas encendidas y luces, junto al Sacramento.

Mientras tanto, se canta el himno Pange, lingua (excepto las dos últimas estrofas) u otro canto eucarístico, de acuerdo con las costumbres del lugar [51].

308. Una vez que llega al lugar de la reserva, el obispo entrega el copón al diácono, que lo coloca sobre el altar o en el sagrario, cuya puerta permanece abierta; y, mientras se canta el Tantum ergo Sacramentum u otro canto adecuado, el obispo arrodillado, inciensa al Santísimo Sacramento. Luego, el diácono coloca el Sacramento en el sagrario o cierra su puerta [52].

309. Tras unos momentos de adoración en silencio, todos se ponen en pie y, hecha la genuflexión, se retiran a la sacristía mayor; el obispo lleva mitra y báculo [53].

310. En el momento oportuno se desnuda el altar y, si es posible, se retiran las cruces de la iglesia. Es conveniente que se cubran las cruces que pudieran quedar en la iglesia, a no ser que ya estén cubiertas, por disposición de la Conferencia de obispos [54].

311. Exhórtese a los fieles sobre la conveniencia de permanecer por la noche en adoración ante el Santísimo Sacramento reservado, durante un espacio de tiempo razonable, según las circunstancias y los lugares. Tras la medianoche, esta adoración se realiza sin ningún tipo de solemnidad [55].


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[42] CONCILIO DE TRENTO, Sesión XXII (17.IX.1562), doctr. De ss. Missæ sacrif., c. 1: CONCILIO DE TRENTO, Diariorum, Actorum, Espistolarum; Tractatuum nova collectio, ed. Soc. Gœrresianæ, t. VIII. Actorum pars V, Friburgo de Brisgovia 1919, p. 960.

[43] Cf. Misal Romano, Ordenación general, nn. 203-204 a.

[44] Cf. Misal Romano, Jueves Santo en la Cena del Señor, n. 7.

[45] Cf. ibíd., nn. 11-12.

[46] Cf. ibíd., nn. 13.

[47] Cf. ibíd., nn. 14.

[48] Cf. ibíd., nn. 16.

[49] Cf. ibíd., nn. 35.

[50] Cf. ibíd., nn. 37.

[51] Cf. ibíd., nn. 38.

[52] Cf. ibíd., nn. 39.

[53] Cf. ibíd., nn. 40.

[54] Cf. ibíd., nn. 41.

[55] Ibíd., nn. 43.


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