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Leccionario I (B) - Solemnidad de nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo

TIEMPO ORDINARIO

Domingo XXXIV o último del tiempo ordinario

SOLEMNIDAD DE NUESTRO SEÑOR
JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO

PRIMERA LECTURA
Dan 7, 13-14
Su poder es un poder eterno

Lectura de la profecía de Daniel.

SEGUÍ mirando. Y en mi visión nocturna
vi venir una especie de hijo de hombre entre las nubes del cielo.
Avanzó hacia el anciano y llegó hasta su presencia.
A él se le dio poder, honor y reino.
Y todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieron.
Su poder es un poder eterno, no cesará.
Su reino no acabará.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 92, 1ab. 1c-2. 5 (R/.: 1a)
R/.   El Señor reina, vestido de majestad.

        V/.   El Señor reina, vestido de majestad,
                el Señor, vestido y ceñido de poder.   R/.

        V/.   Así está firme el orbe y no vacila.
                Tu trono está firme desde siempre,
                y tú eres eterno.   R/.

        V/.   Tus mandatos son fieles y seguros;
                la santidad es el adorno de tu casa,
                Señor, por días sin término.   R/.


SEGUNDA LECTURA
Ap 1, 5-8
El príncipe de los reyes de la tierra nos ha hecho reino y sacerdotes para Dios

Lectura del libro del Apocalipsis.

JESUCRISTO es el testigo fiel,
     el primogénito de entre los muertos,
     el príncipe de los reyes de la tierra.
Al que nos ama,
     y nos ha librado de nuestros pecados con su sangre,
     y nos ha hecho reino y sacerdotes para Dios, su Padre.
A él, la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.
Mirad: viene entre las nubes. Todo ojo lo verá, también los que lo traspasaron. Por él se lamentarán todos los pueblos de la tierra.
Sí, amén.
Dice el Señor Dios:
     «Yo soy el Alfa y la Omega, el que es, el que era y ha de venir, el todopoderoso».

Palabra de Dios.


Aleluya
Mc 11, 9b-10a
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
        ¡Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David!   R/.

EVANGELIO
Jn 18, 33-37
Tú lo dices: soy rey
Lectura del santo Evangelio según san Juan.

EN aquel tiempo, Pilato dijo a Jesús:
   «¿Eres tú el rey de los judíos?».
Jesús le contestó:
   «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?».
Pilato replicó:
   «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?».
Jesús le contestó:
   «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí».
Pilato le dijo:
   «Entonces, ¿tú eres rey?».
Jesús le contestó:
   «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz».

Palabra del Señor.


© Conferencia Episcopal Española

Leccionario I (B) - Domingo XXXIII del tiempo ordinario

TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO XXXIII
DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA
Dan 12, 1-3
Entonces se salvará tu pueblo

Lectura de la profecía de Daniel.

POR aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que se ocupa de los hijos de tu pueblo; serán tiempos difíciles como no los ha habido desde que hubo naciones hasta ahora. Entonces se salvará tu pueblo: todos los que se encuentran inscritos en el libro.
Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra despertarán: unos para vida eterna, otros para vergüenza e ignominia perpetua.
Los sabios brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 15, 5 y 8. 9-10. 11 (R/.: 1b)
R/.   Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

        V/.   El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
                mi suerte está en tu mano.
                Tengo siempre presente al Señor,
                con él a mi derecha no vacilaré.   R/.

        V/.   Por eso se me alegra el corazón,
                se gozan mis entrañas,
                y mi carne descansa esperanzada.
                Porque no me abandonarás en la región de los muertos
                ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.   R/.

        V/.   Me enseñarás el sendero de la vida,
                me saciarás de gozo en tu presencia,
                de alegría perpetua a tu derecha.   R/.


SEGUNDA LECTURA
Heb 10, 11-14. 18
Con una sola ofrenda ha perfeccionado definitivamente a los que van siendo santificados

Lectura de la carta a los Hebreos.

TODO sacerdote ejerce su ministerio diariamente ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, porque de ningún modo pueden borrar los pecados.
Pero Cristo, después de haber ofrecido por los pecados un único sacrificio, está sentado para siempre jamás a la derecha de Dios y espera el tiempo que falta hasta que sus enemigos sean puestos como estrado de sus pies.
Con una sola ofrenda ha perfeccionado definitivamente a los que van siendo santificados.
Ahora bien, donde hay perdón, no hay ya ofrenda por los pecados.

Palabra de Dios.


Aleluya
Lc 21, 36
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   Estad despiertos en todo tiempo,
        pidiendo manteneros en pie ante el Hijo del hombre.   R/.

EVANGELIO
Mc 13, 24-32
Reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
   «En aquellos días, después de la gran angustia, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán.
Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria; enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.
Aprended de esta parábola de la higuera: cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros que esto sucede, sabed que él está cerca, a la puerta. En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, solo el Padre».

Palabra del Señor.


© Conferencia Episcopal Española

Leccionario I (B) - Domingo XXXII del tiempo ordinario

TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO XXXII
DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA
1 Re 17, 10-16
La viuda preparó con su harina una pequeña torta y se la llevó a Elías

Lectura del primer libro de los Reyes.

EN aquellos días, se alzó el profeta Elías y fue a Sarepta. Traspasaba la puerta de la ciudad en el momento en el que una mujer viuda recogía por allí leña.
Elías la llamó y le dijo:
   «Tráeme un poco de agua en el jarro, por favor, y beberé».
Cuando ella fue a traérsela, él volvió a gritarle:
   «Tráeme, por favor, en tu mano un trozo de pan».
Ella respondió:
   «Vive el Señor, tu Dios, que no me queda pan cocido; solo un puñado de harina en la orza y un poco de aceite en la alcuza. Estoy recogiendo un par de palos, entraré y prepararé el pan para mí y mi hijo, lo comeremos y luego moriremos».
Pero Elías le dijo:
   «No temas. Entra y haz como has dicho, pero antes prepárame con la harina una pequeña torta y tráemela. Para ti y tu hijo la harás después. Porque así dice el Señor, Dios de Israel:
       “La orza de harina no se vaciará
       la alcuza de aceite no se agotará
       hasta el día en que el Señor conceda
       lluvias sobre la tierra”».
Ella se fue y obró según la palabra de Elías, y comieron él, ella y su familia.
Por mucho tiempo la orza de harina no se vació ni la alcuza de aceite se agotó, según la palabra que había pronunciado el Señor por boca de Elías.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 145, 6c-7. 8-9a. 9bc-10 (R/.: 1b)
R/.   Alaba, alma mía, al Señor.

O bien:

R/.   Aleluya.

        V/.   El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
                hace justicia a los oprimidos,
                da pan a los hambrientos.
                El Señor liberta a los cautivos.   R/.

        V/.   El Señor abre los ojos al ciego,
                el Señor endereza a los que ya se doblan,
                el Señor ama a los justos,
                el Señor guarda a los peregrinos.   R/.

        V/.   Sustenta al huérfano y a la viuda
                y trastorna el camino de los malvados.
                El Señor reina eternamente,
                tu Dios, Sion, de edad en edad.   R/.


SEGUNDA LECTURA
Heb 9, 24-28
Cristo se ha ofreció una sola vez para quitar los pecados de todos

Lectura de la carta a los Hebreos.

CRISTO entró no en un santuario construido por hombres, imagen del auténtico, sino en el mismo cielo, para ponerse ante Dios, intercediendo por nosotros.
Tampoco se ofrece a sí mismo muchas veces como el sumo sacerdote, que entraba en el santuario todos los años y ofrecía sangre ajena. Si hubiese sido así, tendría que haber padecido muchas veces, desde la fundación del mundo. De hecho, él se ha manifestado una sola vez, al final de los tiempos, para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo.
Por cuanto el destino de los hombres es morir una sola vez; y después de la muerte, el juicio.
De la misma manera, Cristo se ofreció una sola vez para quitar los pecados de todos.
La segunda vez aparecerá, sin ninguna relación al pecado, para salvar a los que lo esperan.

Palabra de Dios.


Aleluya
Mt 5, 3
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   Bienaventurados los pobres en el espíritu,
        porque de ellos es el reino de los cielos.   R/.

EVANGELIO (forma larga)
Mc 12, 38-44
Esa pobre viuda ha echado más que nadie
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, Jesús, instruyendo al gentío, les decía:
   «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en las plazas, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas y aparentan hacer largas oraciones. Esos recibirán una condenación más rigurosa».
Estando Jesús sentado enfrente del tesoro del templo, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban mucho; se acercó una viuda pobre y echó dos monedillas, es decir, un cuadrante.
Llamando a sus discípulos, les dijo:
   «En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».

Palabra del Señor.

EVANGELIO (forma breve)
Mc 12, 41-44
Esa pobre viuda ha echado más que nadie
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, estando Jesús sentado enfrente del tesoro del templo, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban mucho; se acercó una viuda pobre y echó dos monedillas, es decir, un cuadrante. Llamando a sus discípulos, les dijo:
   «En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».

Palabra del Señor.


© Conferencia Episcopal Española

Leccionario I (B) - Domingo XXXI del tiempo ordinario

TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO XXXI
DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA
Dt 6, 2-6
Escucha Israel: Amarás al Señor con todo tu corazón

Lectura del libro del Deuteronomio..

MOISÉS habló al pueblo diciendo:
«Teme al Señor, tu Dios, tú, tus hijos y nietos, y observa todos sus mandatos y preceptos, que yo te mando, todos los días de tu vida, a fin de que se prolonguen tus días. Escucha, pues, Israel, y esmérate en practicarlos, a fin de que te vaya bien y te multipliques, como te prometió el Señor, Dios de tus padres, en la tierra que mana leche y miel.
Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.
Estas palabras que yo te mando hoy estarán en tu corazón».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 171 2-3a. 3bc-4. 47 y 51ab (R/.: 2)
R/.   Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.

        V/.   Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
                Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.   R/.

        V/.   Dios mío, peña mía, refugio mío,
                escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte.
                Invoco al Señor de mi alabanza
                y quedo libre de mis enemigos.   R/.

        V/.   Viva el Señor, bendita sea mi Roca,
                sea ensalzado mi Dios y Salvador:
                Tú diste gran victoria a tu rey,
                tuviste misericordia de tu ungido.   R/.


SEGUNDA LECTURA
Heb 7, 23-28
Como permanece para siempre, tiene el sacerdocio que no pasa

Lectura de la carta a los Hebreos.

HERMANOS:
Ha habido multitud de sacerdotes de la anterior Alianza, porque la muerte les impedía permanecer; en cambio, Jesús, como permanece para siempre, tiene el sacerdocio que no pasa. De ahí que puede salvar definitivamente a los que se acercan a Dios por medio de él, pues vive siempre para interceder a favor de ellos.
Y tal convenía que fuese nuestro sumo sacerdote: santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores y encumbrado sobre el cielo.
Él no necesita ofrecer sacrificios cada día como los sumos sacerdotes, que ofrecían primero por los propios pecados, después por los del pueblo, porque lo hizo de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.
En efecto, la ley hace sumos sacerdotes a hombres llenos de debilidades. En cambio, la palabra del juramento, posterior a la ley, consagra al Hijo, perfecto para siempre.

Palabra de Dios.


Aleluya
Cf. Jn 14, 23
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   El que me ama guardará mi palabra –dice el Señor–,
        y mi Padre lo amará, y vendremos a él.   R/.

EVANGELIO
Mc 12, 28b-34
Amarás al Señor, tu Dios. Amarás a tu prójimo
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:
   «¿Qué mandamiento es el primero de todos?».
Respondió Jesús:
   «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos».
El escriba replicó:
   «Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».
Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
   «No estás lejos del reino de Dios».
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor.


© Conferencia Episcopal Española

Leccionario I (B) - Domingo XXX del tiempo ordinario

TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO XXX
DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA
Jer 31, 7-9
Guiaré entre consuelos a los ciegos y los cojos

Lectura del libro de Jeremías.

ESTO dice el Señor:
«Gritad de alegría por Jacob,
     regocijaos por la flor de los pueblos;
proclamad, alabad y decid:
     “¡El Señor ha salvado a su pueblo,
     ha salvado al resto de Israel!”.
Los traeré del país del norte,
     los reuniré de los confines de la tierra.
Entre ellos habrá ciegos y cojos,
     lo mismo preñadas que paridas:
     volverá una enorme multitud.
Vendrán todos llorando
     y yo los guiaré entre consuelos;
     los llevaré a torrentes de agua,
     por camino llano, sin tropiezos.
Seré un padre para Israel,
     Efraín será mi primogénito».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 125, 1b-2ab. 2cd-3. 4-5. 6 (R/.: 3)
R/.   El Señor ha estado grande con nosotros,
        y estamos alegres.

        V/.   Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sion,
                nos parecía soñar:
                la boca se nos llenaba de risas,
                la lengua de cantares.   R/.

        V/.   Hasta los gentiles decían:
                «El Señor ha estado grande con ellos».
                El Señor ha estado grande con nosotros,
                y estamos alegres.   R/.

        V/.   Recoge, Señor, a nuestros cautivos
                como los torrentes del Negueb.
                Los que sembraban con lágrimas
                cosechan entre cantares.   R/.

        V/.   Al ir, iba llorando,
                llevando la semilla;
                al volver, vuelve cantando,
                trayendo sus gavillas.   R/.


SEGUNDA LECTURA
Heb 5, 1-6
Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec

Lectura de la carta a los Hebreos.

TODO sumo sacerdote, escogido de entre los hombres, está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios por los pecados.
Él puede comprender a los ignorantes y extraviados, porque también él está sujeto a debilidad.
A causa de ella, tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, como por los del pueblo.
Nadie puede arrogarse este honor sino el que es llamado por Dios, como en el caso de Aarón.
Tampoco Cristo se confirió a sí mismo la dignidad de sumo sacerdote, sino que la recibió de aquel que le dijo: «Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy»; o, como dice en otro pasaje: «Tú eres sacerdote para siempre según el rito de Melquisedec».

Palabra de Dios.


Aleluya
Cf. 2 Tm 1, 10
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   Nuestro Salvador, Cristo Jesús, destruyó la muerte,
        e hizo brillar la vida por medio del Evangelio.   R/.

EVANGELIO
Mc 10, 46-52
“Rabbuní”, haz que recobre la vista
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, un mendigo ciego, Bartimeo (el hijo de Timeo), estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar:
   «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí».
Muchos lo increpaban para que se callara. Pero él gritaba más:
   «Hijo de David, ten compasión de mí».
Jesús se detuvo y dijo:
   «Llamadlo».
Llamaron al ciego, diciéndole:
   «Ánimo, levántate, que te llama».
Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús.
Jesús le dijo:
   «¿Qué quieres que te haga?».
El ciego le contestó:
   «“Rabbuní”, que recobre la vista».
Jesús le dijo:
   «Anda, tu fe te ha salvado».
Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

Palabra del Señor.


© Conferencia Episcopal Española

Leccionario I (B) - Domingo XXIX del tiempo ordinario

TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO XXIX
DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA
Is 53, 10-11
Al entregar su vida como expiación, verá su descendencia, prolongará sus años

Lectura del libro de Isaías.

EL Señor quiso triturarlo con el sufrimiento,
     y entregar su vida como expiación:
     verá su descendencia, prolongará sus años,
     lo que el Señor quiere prosperará por su mano.
Por los trabajos de su alma verá la luz,
     el justo se saciará de conocimiento.
Mi siervo justificará a muchos,
     porque cargó con los crímenes de ellos.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 32, 4-5. 18-19. 20 y 22 (R/.: 22)
R/.   Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
        como lo esperamos de ti.

        V/.   La palabra del Señor es sincera,
                y todas sus acciones son leales;
                él ama la justicia y el derecho,
                y su misericordia llena la tierra.   R/.

        V/.   Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
                en los que esperan su misericordia,
                para librar sus vidas de la muerte
                y reanimarlos en tiempo de hambre.   R/.

        V/.   Nosotros aguardamos al Señor:
                él es nuestro auxilio y escudo.
                Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
                como lo esperamos de ti.   R/.


SEGUNDA LECTURA
Heb 4, 14-16
Acerquémonos con seguridad al trono de la gracia

Lectura de la carta a los Hebreos.

HERMANOS:
Ya que tenemos un sumo sacerdote grande que ha atravesado el cielo, Jesús, Hijo de Dios, mantengamos firme la confesión de fe.
No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo, como nosotros, menos en el pecado. Por eso, comparezcamos confiados ante el trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia para un auxilio oportuno.

Palabra de Dios.


Aleluya
Mc 10, 45
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   El Hijo del hombre ha venido a servir
        y dar su vida en rescate por muchos.   R/.

EVANGELIO (forma larga)
Mc 10, 35-45
El Hijo del hombre ha venido a dar su vida en rescate por muchos
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron:
   «Maestro, queremos que nos hagas lo que te vamos a pedir».
Les preguntó:
   «¿Qué queréis que haga por vosotros?».
Contestaron:
   «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda».
Jesús replicó:
   «No sabéis lo que pedís, ¿podéis beber el cáliz que yo he de beber, o bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?».
Contestaron:
   «Podemos».
Jesús les dijo:
   «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y seréis bautizados con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que es para quienes está reservado».
Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús, llamándolos, les dijo:
   «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos».

Palabra del Señor.

EVANGELIO (forma breve)
Mc 10, 42-45
El Hijo del hombre ha venido a dar su vida en rescate por muchos
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, Jesús, llamando a los Doce, les dijo:
   «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos».

Palabra del Señor.


© Conferencia Episcopal Española

Leccionario I (B) - Domingo XXVIII del tiempo ordinario

TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO XXVIII
DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA
Sab 7, 7 11
Al lado de la sabiduría en nada tuve la riqueza

Lectura del libro de la Sabiduría.

SUPLIQUÉ y me fue dada la prudencia,
     invoqué y vino a mí el espíritu de sabiduría.
La preferí a cetros y tronos
     y a su lado en nada tuve la riqueza.
No la equiparé a la piedra más preciosa,
     porque todo el oro ante ella es un poco de arena
     y junto a ella la plata es como el barro.
La quise más que a la salud y la belleza
     y la preferí a la misma luz,
     porque su resplandor no tiene ocaso.
     Con ella me vinieron todos los bienes juntos,
     tiene en sus manos riquezas incontables.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 89, 12-13. 14-15. 16-17 (R/.: cf. 14)
R/.   Sácianos de tu misericordia, Señor,
        y estaremos alegres.

        V/.   Enséñanos a calcular nuestros años,
                para que adquiramos un corazón sensato.
                Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
                Ten compasión de tus siervos.   R/.

        V/.   Por la mañana sácianos de tu misericordia,
                y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
                Danos alegría, por los días en que nos afligiste,
                por los años en que sufrimos desdichas.   R/.

        V/.   Que tus siervos vean tu acción,
                y sus hijos tu gloria.
                Baje a nosotros la bondad del Señor
                y haga prósperas las obras de nuestras manos.
                Sí, haga prósperas las obras de nuestras manos.   R/.


SEGUNDA LECTURA
Heb 4, 12-13
La palabra de Dios juzga los deseos e intenciones del corazón

Lectura de la carta a los Hebreos.

HERMANOS:
La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo; penetra hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos; juzga los deseos e intenciones del corazón.
Nada se le oculta; todo está patente y descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas.

Palabra de Dios.


Aleluya
Mt 5, 3
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   Bienaventurados los pobres en el espíritu,
        porque de ellos es el reino de los cielos.   R/.

EVANGELIO (forma larga)
Mc 10, 17-30
Vende lo que tienes y sígueme
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló ante él y le preguntó:
   «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?».
Jesús le contestó:
   «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre».
Él replicó:
   «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud».
Jesús se quedó mirándolo, lo amó y le dijo:
   «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego ven y sígueme».
A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó triste porque era muy rico.
Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos:
   «¡Qué difícil les será entrar en el reino de Dios a los que tienen riquezas!».
Los discípulos quedaron sorprendidos de estas palabras. Pero Jesús añadió:
   «Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios».
Ellos se espantaron y comentaban:
   «Entonces, ¿quién puede salvarse?».
Jesús se les quedó mirando y les dijo:
   «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo».
Pedro se puso a decirle:
   «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».
Jesús dijo:
   «En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, que no reciba ahora, en este tiempo, cien veces más —casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones— y en la edad futura, vida eterna».

Palabra del Señor.

EVANGELIO (forma breve)
Mc 10, 17-27
Vende lo que tienes y sígueme
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló ante él y le preguntó:
   «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?».
Jesús le contestó:
   «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre».
Él replicó:
   «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud».
Jesús se quedó mirándolo, lo amó y le dijo:
   «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego ven y sígueme».
A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó triste porque
era muy rico.
Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos:
   «¡Qué difícil les será entrar en el reino de Dios a los que tienen riquezas!».
Los discípulos quedaron sorprendidos de estas palabras. Pero Jesús añadió:
   «Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios».
Ellos se espantaron y comentaban:
   «Entonces, ¿quién puede salvarse?».
Jesús se les quedó mirando y les dijo:
   «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo».

Palabra del Señor.


© Conferencia Episcopal Española

Leccionario I (B) - Domingo XXVII del tiempo ordinario

TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO XXVII
DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA
Gén 2, 18-24
Y serán los dos una sola carne

Lectura del libro del Génesis.

EL Señor Dios se dijo:
«No es bueno que el hombre esté solo; voy a hacerle a alguien como él, que le ayude».
Entonces el Señor Dios modeló de la tierra todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo, y se los presentó a Adán, para ver qué nombre les ponía. Y cada ser vivo llevaría el nombre que Adán le pusiera.
Así Adán puso nombre a todos los ganados, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no encontró ninguno como él, que le ayudase.
Entonces el Señor Dios hizo caer un letargo sobre Adán, que se durmió; le sacó una costilla, y le cerró el sitio con carne.
Y el Señor Dios formó, de la costilla que había sacado de Adán, una mujer, y se la presentó a Adán.
Adán dijo:
«¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Su nombre será “mujer», porque ha salido del varón».
Por eso abandonará el varón a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 127, 1bc-2.3. 4-5. 6 (R/.: cf. 5)
R/.   Que el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida.

        V/.   Dichoso el que teme al Señor
                y sigue sus caminos.
                Comerás del fruto de tu trabajo,
                serás dichoso, te irá bien.   R/.

        V/.   Tu mujer, como parra fecunda,
                en medio de tu casa;
                tus hijos, como renuevos de olivo,
                alrededor de tu mesa.   R/.

        V/.   Esta es la bendición del hombre
                que teme al Señor.
                Que el Señor te bendiga desde Sión,
                que veas la prosperidad de Jerusalén
                todos los días de tu vida.   R/.

        V/.   Que veas a los hijos de tus hijos.
                ¡Paz a Israel!   R/.


SEGUNDA LECTURA
Heb 2, 9-11
El santificador y los santificados proceden todos del mismo

Lectura de la carta a los Hebreos.

HERMANOS:
Al que Dios había hecho un poco inferior a los ángeles, a Jesús, lo vemos ahora coronado de gloria y honor por su pasión y muerte. Pues, por la gracia de Dios, gustó la muerte por todos.
Convenía que aquel, para quien y por quien existe todo, llevara muchos hijos a la gloria perfeccionando mediante el sufrimiento al jefe que iba a guiarlos a la salvación.
El santificador y los santificados proceden todos del mismo. Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos.

Palabra de Dios.


Aleluya
1 Jn 4, 12
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros,
        y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.   R/.

EVANGELIO (forma larga)
Mc 10, 2-16
Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, acercándose unos fariseos, preguntaban a Jesús para ponerlo a prueba:
   «¿Le es lícito al hombre repudiar a su mujer?».
Él les replicó:
   «¿Qué os ha mandado Moisés?».
Contestaron:
     «Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla».
Jesús les dijo:
   «Por la dureza de vuestro corazón dejó escrito Moisés este precepto. Pero al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».
En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo.
Él les dijo:
   «Si uno repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio».
Acercaban a Jesús niños para que los tocara, pero los discípulos los regañaban.
Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo:
   «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis, pues de los que son como ellos es el reino de Dios. En verdad os digo que quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él».
Y tomándolos en brazos los bendecía imponiéndoles las manos.

Palabra del Señor.

EVANGELIO (forma breve)
Mc 10, 2-12
Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, acercándose unos fariseos, preguntaban a Jesús para ponerlo a prueba:
   «¿Le es lícito al hombre repudiar a su mujer?».
Él les replicó:
   «¿Qué os ha mandado Moisés?».
Contestaron:
   «Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla».
Jesús les dijo:
   «Por la dureza de vuestro corazón dejó escrito Moisés este precepto. Pero al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».
En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo.
Él les dijo:
   «Si uno repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio».

Palabra del Señor.


© Conferencia Episcopal Española

Leccionario I (B) - Domingo XXVI del tiempo ordinario

TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO XXVI
DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA
Núm 11, 25-29
¿Estás tú celoso por mí? ¡Ojalá todo el pueblo profetizara!

Lectura del libro de los Números.

EN aquellos días, el Señor bajó en la Nube, habló con Moisés y, apartando algo del espíritu que poseía, se lo pasó a los setenta ancianos. En cuanto se posó sobre ellos el espíritu, se pusieron a profetizar. Pero no volvieron a hacerlo. Habían quedado en el campamento dos del grupo, llamados Eldad y Medad. Aunque eran de los designados, no habían acudido a la tienda. Pero el espíritu se posó sobre ellos, y se pusieron a profetizar en el campamento.
Un muchacho corrió a contárselo a Moisés:
«Eldad y Medad están profetizando en el campamento».
Josué, hijo de Nun, ayudante de Moisés desde joven, intervino:
«Señor mío, Moisés, prohíbeselo».
Moisés le respondió:
«¿Es que estás tú celoso por mí? ¡Ojalá todo el pueblo del Señor recibiera el espíritu del Señor y profetizara!».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 18, 8. 10. 12-13. 14 (R/.: 9ab)
R/.   Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón.

        V/.   La ley del Señor es perfecta
                y es descanso del alma;
                el precepto del Señor es fiel
                e instruye a los ignorantes.   R/.

        V/.   El temor del Señor es puro
                y eternamente estable;
                los mandamientos del Señor son verdaderos
                y enteramente justos.   R/.

        V/.   También tu siervo es instruido por ellos
                y guardarlos comporta una gran recompensa.
                ¿Quién conoce sus faltas?
                Absuélveme de lo que se me oculta.   R/.

        V/.   Preserva a tu siervo de la arrogancia,
                para que no me domine:
                así quedaré limpio e inocente
                del gran pecado.   R/.


SEGUNDA LECTURA
Sant 5, 1-6
Vuestra riqueza está podrida

Lectura de la carta del apóstol Santiago.

ATENCIÓN, ahora, los ricos: llorad a gritos por las desgracias que se os vienen encima.
Vuestra riqueza está podrida y vuestros trajes se han apolillado. Vuestro oro y vuestra plata están oxidados y su herrumbre se convertirá en testimonio contra vosotros y devorará vuestras carnes como fuego.
¡Habéis acumulado riquezas… en los últimos días!
Mirad, el jornal de los obreros que segaron vuestros campos, el que vosotros habéis retenido, está gritando, y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor del universo.
Habéis vivido con lujo sobre la tierra y os habéis dado a la gran vida, habéis cebado vuestros corazones para el día de la matanza. Habéis condenado, habéis asesinado al inocente, el cual no os ofrece resistencia.

Palabra de Dios.


Aleluya
Cf. Jn 17, 17b.a
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   Tu palabra, Señor, es verdad;
        santifícanos en la verdad.   R/.

EVANGELIO
Mc 9, 38-43. 45. 47-48
El que no está contra nosotros está a favor nuestro. Si tu mano te induce a pecar, córtatela
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, Juan dijo a Jesús:
   «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no viene con nosotros».
Jesús respondió:
   «No se lo impidáis, porque quien hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro.
Y el que os dé a beber un vaso de agua porque sois de Cristo, en verdad os digo que no se quedará sin recompensa. El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu mano te induce a pecar, córtatela:
más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos a la “gehenna”, al fuego que no se apaga.
Y, si tu pie te induce a pecar, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies a la “gehenna”.
Y, si tu ojo te induce a pecar, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos a la “gehenna”, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga».

Palabra del Señor.


© Conferencia Episcopal Española

Leccionario I (B) - Domingo XXV del tiempo ordinario

TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO XXV
DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA
Sab 2, 12. 17-20
Lo condenaremos a muerte ignominiosa

Lectura del libro de la Sabiduría.

SE decían los impíos:
«Acechemos al justo, que nos resulta fastidioso:
se opone a nuestro modo de actuar,
nos reprocha las faltas contra la ley
y nos reprende contra la educación recibida.
Veamos si es verdad lo que dice,
comprobando cómo es su muerte.
Si el justo es hijo de Dios, él lo auxiliará
y lo librará de las manos de sus enemigos.
Lo someteremos a ultrajes y torturas,
para conocer su temple y comprobar su resistencia.
Lo condenaremos a muerte ignominiosa,
pues, según dice, Dios lo salvará».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 53, 3-4. 5. 6 y 8 (R/.: 6b)
R/.   El Señor sostiene mi vida.

        V/.   Oh, Dios, sálvame por tu nombre,
                sal por mí con tu poder.
                Oh, Dios, escucha mi súplica,
                atiende a mis palabras.   R/.

        V/.   Porque unos insolentes se alzan contra mí,
                y hombres violentos me persiguen a muerte,
                sin tener presente a Dios.   R/.

        V/.   Dios es mi auxilio,
                el Señor sostiene mi vida.
                Te ofreceré un sacrificio voluntario,
                dando gracias a tu nombre, que es bueno.   R/.


SEGUNDA LECTURA
Sant 3, 16—4, 3
El fruto de la justicia se siembra en la paz para quienes trabajan por la paz

Lectura de la carta del apóstol Santiago.

QUERIDOS hermanos:
Donde hay envidia y rivalidad, hay turbulencia y todo tipo de malas acciones.
En cambio, la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, intachable, y además es apacible, comprensiva, conciliadora, llena de misericordia y buenos frutos, imparcial y sincera. El fruto de la justicia se siembra en la paz para quienes trabajan por la paz.
¿De dónde proceden los conflictos y las luchas que se dan entre vosotros? ¿No es precisamente de esos deseos de placer que pugnan dentro de vosotros? Ambicionáis y no tenéis, asesináis y envidiáis y no podéis conseguir nada, lucháis y os hacéis la guerra, y no obtenéis porque no pedís.
Pedís y no recibís, porque pedís mal, con la intención de satisfacer vuestras pasiones.

Palabra de Dios.


Aleluya
Cf. 2 Tes 2, 14
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   Dios nos llamó por medio del Evangelio,
        para que sea nuestra la gloria de nuestro Señor Jesucristo.   R/.

EVANGELIO
Mc 9, 30-37
El Hijo del hombre va a ser entregado. Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos.
Les decía:
   «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará».
Pero no entendían lo que decía, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y una vez en casa, les preguntó:
   «¿De qué discutíais por el camino?».
Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante.
Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo:
   «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos».
Y tomando un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo:
   «El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado».

Palabra del Señor.


© Conferencia Episcopal Española

Leccionario I (B) - Domingo XXIV del tiempo ordinario

TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO XXIV
DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA
Is 50, 5-9
Ofrecí la espalda a los que me golpeaban

Lectura del libro de Isaías.

EL Señor Dios me abrió el oído;
     yo no resistí ni me eché atrás.
Ofrecí la espalda a los que me golpeaban,
     las mejillas a los que mesaban mi barba;
     no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos.
El Señor Dios me ayuda,
     por eso no sentía los ultrajes;
     por eso endurecí el rostro como pedernal,
     sabiendo que no quedaría defraudado.
Mi defensor está cerca,
     ¿quién pleiteará contra mí?
Comparezcamos juntos,
     ¿quién me acusará?
Que se acerque.
Mirad, el Señor Dios me ayuda,
     ¿quién me condenará?

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 114, 1-2. 3-4. 5-6. 8-9 (R/.: 9)
R/.   Caminaré en presencia del Señor
        en el país de los vivos.

O bien:

R/.   Aleluya.

        V/.   Amo al Señor, porque escucha
                mi voz suplicante,
                porque inclina su oído hacia mí
                el día que lo invoco.   R/.

        V/.   Me envolvían redes de muerte,
                me alcanzaron los lazos del abismo,
                caí en tristeza y angustia.
                Invoqué el nombre del Señor:
                «Señor, salva mi vida».   R/.

        V/.   El Señor es benigno y justo,
                nuestro Dios es compasivo;
                el Señor guarda a los sencillos:
                estando yo sin fuerzas, me salvó.   R/.

        V/.   Arrancó mi alma de la muerte,
                mis ojos de las lágrimas,
                mis pies de la caída.
                Caminaré en presencia del Señor
                en el país de los vivos.   R/.


SEGUNDA LECTURA
Sant 2, 14-18
La fe, si no tiene obras, está muerta

Lectura de la carta del apóstol Santiago.

¿DE qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo esa fe?
Si un hermano o una hermana andan desnudos y faltos del alimento diario y uno de vosotros les dice: «Id en paz, abrigaos y saciaos», pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve?
Así es también la fe: si no tiene obras, está muerta por dentro.
Pero alguno dirá:
«Tú tienes fe y yo tengo obras, muéstrame esa fe tuya sin las obras, y yo con mis obras te mostraré la fe».

Palabra de Dios.


Aleluya
6, 14
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz del Señor,
        por la cual el mundo está crucificado para mí,
        y yo para el mundo.   R/.

EVANGELIO
Mc 8, 27-35
Tú eres el Mesías. El Hijo del hombre tiene que padecer mucho
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EN aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino preguntó a sus discípulos:
   «¿Quién dice la gente que soy yo?».
Ellos le contestaron:
   «Unos, Juan el Bautista; otros, Elías, y otros, uno de los profetas».
Él les preguntó:
   «Y vosotros, ¿quién decís que soy?».
Tomando la palabra Pedro le dijo:
   «Tú eres el Mesías».
Y les conminó a que no hablaran a nadie acerca de esto. Y empezó a instruirlos:
   «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días».
Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Pero él se volvió y, mirando a los discípulos, increpó a Pedro:
   «¡Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!».
Y llamando a la gente y a sus discípulos les dijo:
   «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. Pues ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma?».

Palabra del Señor.


© Conferencia Episcopal Española