Leccionario IV - Nuestro Señor Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote

MAYO

Jueves después de Pentecostés

NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, SUMO Y ETERNO SACERDOTE

FIESTA



Año A

PRIMERA LECTURA (opción 1)
Gén 22, 9-18
El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe

Lectura del libro del Génesis.

EN aquellos días, llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán alargó la mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. Pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:
«¡Abrahán, Abrahán!».
Él contestó:
«Aquí estoy».
El ángel le ordenó:
«No alargues la mano contra el muchacho ni le hagas nada. Ahora he comprobado que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, a tu único hijo».
Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.
Abrahán llamó aquel sitio «El Señor ve», por lo que se dice aún hoy «En el monte el Señor es visto».
El ángel del Señor llamó a Abrahán por segunda vez desde el cielo y le dijo:
«Juro por mí mismo, oráculo del Señor: por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único, te colmaré de bendiciones y multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de sus enemigos. Todas las naciones de la tierra se bendecirán con tu descendencia, porque has escuchado mi voz».

Palabra de Dios.

PRIMERA LECTURA (opción 2)
Hbr 10, 4-10
Así está escrito en el comienzo del libro acerca de mí: para hacer, ¡oh, Dios!, tu voluntad

Lectura de la carta a los Hebreos.

HERMANOS:
Es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados.
Por eso, al entrar él en el mundo dice:
«Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas, pero me formaste un cuerpo;
no aceptaste
holocaustos ni víctimas expiatorias.
Entonces yo dije: He aquí que vengo
—pues así está escrito en el comienzo del libro acerca de mí—
para hacer, ¡oh, Dios!, tu voluntad».
Primero dice: «Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas, ni holocaustos, ni víctimas expiatorias», que se ofrecen según la ley.
Después añade: «He aquí que vengo para hacer tu voluntad».
Niega lo primero, para afirmar lo segundo.
Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 39, 7-8a. 8b-9. 10-11ab. 17 (R/.: cf. 8a. 9a)
R/.   Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

        V/.   Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
                y, en cambio, me abriste el oído;
                no pides sacrificio expiatorio;
                entonces yo digo: «Aquí estoy».   R/.
                
        V/.   «-Como está escrito en mi libro-
                para hacer tu voluntad.
                Dios mío, lo quiero,
                y llevo tu ley en las entrañas».   R/.
               
        V/.   He proclamado tu justicia
                ante la gran asamblea;
                no he cerrado los labios, Señor, tú lo sabes.
                No me he guardado en el pecho tu justicia,
                he contado tu fidelidad y tu salvación.   R/.

        V/.   Alégrense y gocen contigo
                todos los que te buscan;
                digan siempre: «Grande es el Señor»,
                los que desean tu salvación.   R/.


Aleluya
Flp 2, 8-9
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   Cristo se ha hecho obediente hasta la muerte,
        y una muerte de cruz.
        Por eso Dios lo exaltó sobre todo
        y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre.   R/.

EVANGELIO
Mt 26, 36-42
Mi alma está triste hasta la muerte
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

JESÚS fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y dijo a los discípulos:
«Sentaos aquí, mientras voy allá a orar».
Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a sentir tristeza y angustia.
Entonces les dijo:
«Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo».
Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo:
«Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú».
Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro:
« ¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil».
De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:
«Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad».

Palabra del Señor.



Año B

PRIMERA LECTURA (opción 1)
Jer 31, 31-34
Haré una alianza nueva y no recordaré los pecados

Lectura del libro de Jeremías.

YA llegan días —oráculo del Señor— en que haré con la casa de Israel y la casa de Juda una alianza nueva. No será una alianza como la que hice con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto, pues quebrantaron mi alianza, aunque yo era su Señor —oráculo del Señor—.
Esta será la alianza que haré con ellos después de aquellos días —oráculo del Señor—: Pondré mi ley en su interior y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Ya no tendrán que enseñarse unos a otros diciendo:
«Conoced al Señor», pues todos me conocerán, desde el más pequeño al mayor —oráculo del Señor—, cuando perdone su culpa y no recuerde ya sus pecados.

Palabra de Dios.

PRIMERA LECTURA (opción 2)
Heb 10, 11-18
Ha perfeccionado definitivamente a los que van siendo santificados

Lectura de la carta a los Hebreos.

TODO sacerdote ejerce su ministerio diariamente ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, porque de ningún modo pueden borrar los pecados.
Pero Cristo, “después de haber ofrecido” por los pecados un único sacrificio, está sentado para siempre jamás a la derecha de Dios y espera el tiempo que falta hasta que sus enemigos sean puestos como estrado de sus pies.
Con una sola ofrenda ha perfeccionado definitivamente a los que van siendo santificados. Esto nos lo atestigua también el Espíritu Santo.
En efecto, después de decir:
«Así será la alianza que haré con ellos
después de aquellos días»,
añade el Señor:
«Pondré mis leyes en sus corazones
y las escribiré en su mente,
y no me acordaré ya de sus pecados ni de sus culpas».
Ahora bien, donde hay perdón, no hay ya ofrenda por los pecados.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 109, 1bcde. 2.3 (R/.: 4bc)
R/.   Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.

        V/.   Oráculo del Señor a mi Señor:
                «Siéntate a mi derecha,
                y haré de tus enemigos
                estrado de tus pies».   R/.
                
        V/.   Desde Sion extenderá el Señor
                el poder de tu cetro:
                somete en la batalla a tus enemigos.   R/.
               
        V/.   «Eres príncipe desde el día de tu nacimiento
                entre esplendores sagrados;
                yo mismo te engendré, desde el seno,
                antes de la aurora».   R/.


Aleluya
Heb 5 8-9
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   Siendo Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer.
        Y, llevado a la consumación,
        se convirtió, para todos los que lo obedecen,
        en autor de salvación eterna.   R/.

EVANGELIO
Mc 14, 12a. 22-25
Esto es mi cuerpo. Esta es mi sangre
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

EL primer día de los Ácimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, mientras comían, Jesús tomó pan y, pronunciando la bendición, lo partió y se lo dio diciendo:
«Tomad, esto es mi cuerpo».
Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias, se lo dio y todos bebieron. Y les dijo:
«Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos. En verdad os digo que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios».

Palabra del Señor.


Año C

PRIMERA LECTURA (opción 1)
Is 6, 1-4. 8
Santo, santo, santo es el Señor del universo

Lectura del libro de Isaías.

EN el año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo.
Junto a él estaban los serafines, cada uno con seis alas: con dos alas se cubrían el rostro, con dos el cuerpo, con dos volaban, y se gritaban uno a otro diciendo:
«Santo, santo, santo es el Señor del universo, llena está la tierra de su gloria!».
Temblaban las jambas y los umbrales al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo.
Entonces escuché la voz del Señor, que decía:
«¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros?».
Contesté: «Aquí estoy, mándame».

Palabra de Dios.

PRIMERA LECTURA (opción 2)
Hbr 2, 10-18
El santificador y los santificados proceden todos del mismo

Lectura de la carta a los Hebreos.

CONVENÍA que Dios, para quien y por quien existe todo, llevara muchos hijos a la gloria perfeccionando mediante el sufrimiento al jefe que iba a guiarlos a la salvación.
El santificador y los santificados proceden todos del mismo. Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos, pues dice:
«Anunciaré tu nombre a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré».
Y también:
«En él pondré yo mi confianza».
Y de nuevo:
«Aquí estoy yo con los hijos que Dios me dio».
Por tanto, lo mismo que los hijos participan de la carne y de la sangre, así también participó Jesús de nuestra carne y sangre, para aniquilar mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al diablo, y liberar a cuantos, por miedo a la muerte, pasaban la vida entera como esclavos.
Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles. Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote misericordioso y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar los pecados del pueblo. Pues, por el hecho de haber padecido sufriendo la tentación, puede auxiliar a los que son tentados.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 22, 2-3.5.6 (R/.: 1b)
R/.   El Señor es mi pastor, nada me falta.

        V/.   En verdes praderas me hace recostar;
                me conduce hacia fuentes tranquilas
                y repara mis fuerzas;
                me guía por el sendero justo,
                por el honor de su nombre.   R/.
                
        V/.   Preparas una mesa ante mí,
                enfrente de mis enemigos;
                me unges la cabeza con perfume,
                y mi copa rebosa.   R/.
               
        V/.   Tu bondad y tu misericordia
                me acompañan todos los días de mi vida,
                y habitaré en la casa del Señor
                por años sin término.   R/.


Aleluya
Ez 36, 25a. 26a
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.

V/.   Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará;
        y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo.   R/.

EVANGELIO
Jn 17, 1-2. 9. 14-26
Por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad
Lectura del santo Evangelio según san Juan.

EN aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo:
«Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a todos los que le has dado.
Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por estos que tú me diste, porque son tuyos.
Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los envío también al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. No solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí. Padre, este es mi deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y estos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos, y yo en ellos».

Palabra del Señor.


© Conferencia Episcopal Española

3 comentarios:

  1. Me parece que faltan las lecturas del Año C

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  2. Buenas tardes considero que faltan las lecturas para el año ciclo c

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  3. Pues si. Hay también lecturas propias para el Año C

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