Misal Romano (tercera edición) - Plegaria Eucarística de la Reconciliación I

ORDINARIO DE LA MISA

PLEGARIA EUCARÍSTICA «DE LA RECONCILIACIÓN» I

1. V/. El Señor esté con vosotros.
    R/. Y con tu espíritu.

    V/. Levantemos el corazón
    R/. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

    V/. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
    R/. Es justo y necesario.

EN verdad es justo y necesario
darte gracias siempre,
Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno:
Porque no dejas de alentarnos
a tener una vida más plena
y, como eres rico en misericordia,
ofreces siempre tu perdón
e invitas a los pecadores a confiar solo en tu indulgencia.

Nunca te has apartado de nosotros,
que muchas veces hemos quebrantado tu alianza,
y por Jesucristo tu Hijo, nuestro Redentor,
tan estrechamente te has unido a la familia humana,
con un nuevo vínculo de amor,
que ya nada lo podrá romper.

Y ahora, mientras le ofreces a tu pueblo
un tiempo de gracia y reconciliación,
alientas a esperar en Cristo Jesús a quien se convierte a ti,
y le concedes ponerse al servicio de todos los hombres,
confiando más plenamente en el Espíritu Santo.

Por eso, llenos de admiración,
ensalzamos la fuerza de tu amor
y, proclamando la alegría de nuestra salvación,
con todos los coros celestiales cantamos
el himno de tu gloria diciendo sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

2. El sacerdote, con las manos extendidas, dice:

Santo eres en verdad, Señor,
que desde el principio del mundo
obras siempre para que el hombre sea santo,
como tú mismo eres santo.

3. Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice:

Te pedimos que mires los dones de tu pueblo,
y derrames sobre ellos la fuerza de tu Espíritu
    Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
para que se conviertan en el Cuerpo y la Sangre
    Junta las manos
de tu amado Hijo, Jesucristo,
en quien nosotros también somos hijos tuyos.

Aunque en otro tiempo estábamos perdidos
y éramos incapaces de acercarnos a ti,
nos amaste hasta el extremo: 
tu Hijo, que es el único Justo,
se entregó a sí mismo a la muerte,
aceptando ser clavado en la cruz por nosotros.

Pero antes de que sus brazos,
extendidos entre el cielo y la tierra,
trazasen el signo indeleble de tu alianza,
el mismo quiso celebrar la Pascua con sus discípulos.

4. En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse claramente y con precisión, como lo requiere la naturaleza de las mismas palabras.

Mientras comía con ellos,
    Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó pan y dando gracias te bendijo,
lo partió
y se lo dio, diciendo:

    Se inclina un poco.

TOMAD Y COMED TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTO ES MI CUERPO,
QUE SERÁ ENTREGADO POR VOSOTROS.

    Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora, haciendo genuflexión.

5. Después prosigue: 

Del mismo modo, acabada la cena,
sabiendo que iba a reconciliar todas las cosas en sí mismo,
por su sangre derramada en la cruz,
    Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó el cáliz, lleno del fruto de la vid,
y, dándote gracias de nuevo,
lo pasó a sus discípulos, diciendo:

    Se inclina un poco.

TOMAD Y BEBED TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,
SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,
QUE SERÁ DERRAMADA
POR VOSOTROS Y POR MUCHOS
PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.

HACED ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

    Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora, haciendo genuflexión.

6. Luego dice:

Éste es el Misterio de la fe.

O bien:

Éste es el Sacramento de nuestra fe.

Y el pueblo prosigue, aclamando:

Anunciamos tu muerte,
proclamamos tu resurrección.
¡Ven, Señor Jesús!

O bien:

Aclamemos el Misterio de la fe.

Y el pueblo prosigue, aclamando:

Cada vez que comemos de este pan
y bebemos de este cáliz,
anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

O bien:

Proclamemos el Misterio de la fe.

Y el pueblo prosigue, aclamando:

Sálvanos, Salvador del mundo,
que nos has liberado por tu cruz y resurrección.

7. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:

Así, pues, al hacer el memorial de tu Hijo Jesucristo,
nuestra Pascua y nuestra paz verdadera,
celebramos su muerte y resurrección de entre los muertos,
y, mientras esperamos su venida gloriosa,
te ofrecemos, Dios fiel y misericordioso,
la víctima que reconcilia a los hombres contigo. 

Mira bondadosamente, Padre misericordioso,
a quienes unes a ti por el sacrificio de tu Hijo,
y concédeles, por la fuerza del Espíritu Santo,
que, participando de un mismo pan y de un mismo cáliz,
formen en Cristo un solo cuerpo,
en el que no haya ninguna división.

Guárdanos siempre en comunión de fe y amor,
con nuestro papa N., y con nuestro obispo N.
    Puede hacerse también mención del obispo coadjutor o de los obispos auxiliares.
[y con el obispo coadjutor (auxiliar) N.
    o bien:
y sus obispos auxiliares.
    El obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:
y conmigo, indigno siervo tuyo.
    o bien, cuando celebra un obispo que no es el ordinario diocesano, dice:
con mi hermano N., obispo de esta Iglesia de N., y conmigo, indigno siervo tuyo.]

Ayúdanos a esperar la venida de tu reino
hasta la hora en que nos presentemos a ti,
santos entre los santos del cielo,
con santa María, la Virgen Madre de Dios,
con los apóstoles y con todos los santos,
y con nuestros hermanos difuntos,
que confiamos humildemente a tu misericordia.
Entonces, liberados por fin de toda corrupción
y constituidos plenamente en nuevas criaturas,
te cantaremos gozosos la acción de gracias
    Junta las manos.
de tu Ungido, que vive eternamente.

8. Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz, los eleva, y dice:

Por Cristo con él y en él, 
a ti, Dios Padre omnipotente, 
en la unidad del Espíritu Santo, 
todo honor y toda gloria 
por los siglos de los siglos.

El pueblo aclama:

Amén.

Después sigue el rito de la comunión.


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