Ritual de la Sagrada Comunión y del Culto Eucarístico fuera de la Misa - Capítulo 4

CAPÍTULO IV.
TEXTOS VARIOS PARA LA DISTRIBUCIÓN DE LA SAGRADA COMUNIÓN FUERA DE LA MISA Y PARA LA ADORACIÓN Y LA PROCESIÓN DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO

1. LECTURAS BÍBLICAS
LECTURAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO
113.
1. Sacó pan y vino
Lectura del libro del Génesis 14, 18-20
En aquellos días, Melquisedec, rey de Salén, sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino y bendijo a Abrán, diciendo:
— «Bendito sea Abrán por el Dios altísimo, creador del cielo y tierra; bendito sea el Dios altísimo, que te ha entregado tus enemigos».
Y Abrán le dio un décimo de cada cosa.
Palabra de Dios.
114.
2. Cuando vea la sangre, el Señor pasará de largo
Lectura del libro del Éxodo 12, 21-27
En aquellos días, Moisés llamó a todos los ancianos de Israel y les dijo:
— «Escogeos una res por familia y degollad la víctima de Pascua.
Tomad un manojo de hisopo, mojadlo en la sangre del plato y untad de sangre el dintel y las dos jambas; y ninguno de vosotros salga por la puerta de casa hasta la mañana siguiente.
El Señor va a pasar hiriendo a Egipto, y, cuando vea la sangre en el dintel y las jambas, el Señor pasará de largo y no permitirá al exterminador entrar en vuestras casas para herir.
Cumplid la palabra del Señor: es ley perpetua para vosotros y vuestros hijos.
Y, cuando entréis en la tierra que el Señor os va a dar, según lo prometido, observaréis este rito.
Y, cuando os pregunten vuestros hijos qué significa este rito, les responderéis: "Es el sacrificio de la Pascua del Señor. Él pasó en Egipto, junto a las casas de los israelitas, hiriendo a los egipcios y protegiendo nuestras casas"».
El pueblo se inclinó y se prosternó.
Palabra de Dios.
115.
3. Yo haré llover pan del cielo
Lectura del libro del Éxodo 16, 2-4. 12-15
En aquellos días, la comunidad de los israelitas protestó contra Moisés y Aarón en el desierto, diciendo:
— «¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos junto a la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta comunidad».
El Señor dijo a Moisés:
— «Yo haré llover pan del cielo: que el pueblo salga a recoger la ración de cada día; lo pondré a prueba a ver si guarda mi ley o no. He oído las murmuraciones de los israelitas.
Diles: "Hacia el crepúsculo comeréis carne, por la mañana os saciaré de pan; para que sepáis que yo soy el Señor, vuestro Dios"».
Por la tarde, una banda de codornices cubrió todo el campamento; por la mañana, había una capa de rocío alrededor del campamento. Cuando se evaporó la capa de rocío, apareció en la superficie del desierto un polvo fino, parecido a la escarcha. Al verlo, los israelitas se dijeron:
— «Qué es esto?»
Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo:
— «Es el pan que el Señor os da de comer».
Palabra de Dios.
116.
4. Ésta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros
Lectura del libro del Éxodo 24, 3-8
En aquellos días, Moisés bajó y contó al pueblo todo lo que había dicho el Señor y todos sus mandatos; y el pueblo contestó a una:
— «Haremos todo lo que dice el Señor».
Moisés puso por escrito todas las palabras del Señor. Se levantó temprano y edificó un altar en la falda del monte, y doce estelas, por las doce tribus de Israel. Y mandó a algunos jóvenes israelitas ofrecer al Señor holocaustos, y vacas como sacrificio de comunión. Tomó la mitad de la sangre, y la puso en vasijas, y la otra mitad la derramó sobre el altar. Después, tomó el documento de la alianza y se lo leyó en alta voz al pueblo, el cual respondió:
— «Haremos todo lo que manda el Señor y lo obedeceremos».
Tomó Moisés la sangre y roció al pueblo, diciendo:
— «Ésta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros, sobre todos estos mandatos».
Palabra de Dios.
118.
6. Con la fuerza de aquel alimento, caminó hasta el monte de Dios
Lectura del primer libro de los Reyes 19, 4-8
En aquellos días, Elías continuó por el desierto una jornada de camino, y, al final, se sentó bajo una retama y se deseó la muerte:
— «¡Basta, Señor! ¡Quítame la vida, que yo no valgo más que mis padres!»
Se echó bajo la retama y se durmió. De pronto un ángel lo tocó y le dijo:
— «¡Levántate, come!»
Miró Elías y vio a su cabecera un pan cocido sobre piedras y un jarro de agua. Comió, bebió y se volvió a echar. Pero el ángel del Señor lo volvió a tocar y le dijo:
— «¡Levántate, come!, que el camino es superior a tus fuerzas».
Elías se levantó, comió y bebió, y, con la fuerza de aquel alimento, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios.
Palabra de Dios.
119.
7. Comed de mi pan y bebed el vino que he mezclado
Lectura del libro de los Proverbios 9, 1-6
La Sabiduría se ha construido su casa
plantando siete columnas,
ha preparado el banquete,
mezclado el vino y puesto la mesa;
ha despachado a sus criados
para que lo anuncien
en los puntos que dominan la ciudad:
«Los inexpertos que vengan aquí,
quiero hablar a los faltos de juicio:
"Venid a comer de mi pan
y a beber el vino que he mezclado;
dejad la inexperiencia y viviréis,
seguid el camino de la prudencia"». 
Palabra de Dios.
LECTURAS DEL NUEVO TESTAMENTO
120.
1. Eran constantes en la vida común, en la fracción del pan
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 42-47
Los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones.
Todo el mundo estaba impresionado por los muchos prodigios y signos que los apóstoles hacían en Jerusalén. Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común; vendían posesiones y bienes, y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno.
A diario acudÍan al templo todos unidos, celebraban la fracción del pan en las casas y comían juntos, alabando a Dios con alegría y de todo corazón; eran bien vistos de todo el pueblo, y día tras día el Señor iba agregando al grupo los que iban salvando.
Palabra de Dios.
121.
2. Hemos comido y bebido con él después de su resurrección
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 34a. 37-43
En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
— «Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección.
Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados».
Palabra de Dios.
122.
3. El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10, 16-17
Hermanos:
El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?
El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan.
Palabra de Dios.
123.
4. Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del Señor
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 11, 23-26
Hermanos:
Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido:
Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo:
— «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía».
Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo:
— «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía».
Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.
Palabra de Dios.
124.
5. La sangre de Cristo podrá purificar nuestra conciencia
Lectura de la carta a los Hebreos 9, 11-15
Hermanos:
Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos. Su tabernáculo es más grande y más perfecto: no hecho por manos de hombre, es decir, no de este mundo creado.
No usa sangre de machos cabríos ni de becerros, sino la suya propia; y así ha entrado en el santuario una vez para siempre, consiguiendo la liberación eterna.
Si la sangre de machos cabríos y de toros y el rociar con las cenizas de una becerra tienen el poder de consagrar a los profanos, devolviéndoles la pureza externa, cuánto más la sangre de Cristo, que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, llevándonos al culto del Dios vivo.
Por esa razón, es mediador de una alianza nueva: en ella ha habido una muerte que ha redimido de los pecados cometidos durante la primera alianza; y así los llamados pueden recibir la promesa de la herencia eterna.
Palabra de Dios.
125.
6. Os habéis acercado a la aspersión purificadora de una sangre que habla mejor que la de Abel
Lectura de la carta a los Hebreos 12, 18-19. 22-24
Hermanos:
Vosotros no os habéis acercado a un monte tangible, a un fuego encendido, a densos nubarrones, a la tormenta, al sonido de la trompeta; ni habéis oído aquella voz que el pueblo, al oírla, pidió que no les siguiera hablando.
Vosotros os habéis acercado al monte de Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a millares de ángeles en fiesta, a la asamblea de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos, a las almas de los justos que han llegado a su destino y al Mediador de la nueva alianza, Jesús, y a la aspersión purificadora de una sangre que habla mejor que la de Abel.
Palabra de Dios.
126.
7. Os rescataron a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1, 17-21
Queridos hermanos:
Si llamáis Padre al que juzga a cada uno, según sus obras, sin parcialidad, tomad en serio vuestro proceder en esta vida.
Ya sabéis con qué os rescataron de ese proceder inútil recibido de vuestros padres: no con bienes efímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto ni mancha, previsto antes de la creación del mundo y manifestado al final de los tiempos por nuestro bien.
Por Cristo vosotros creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, y así habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza.
Palabra de Dios.
127.
8. Tres son los testigos: el Espíritu, el agua y la sangre
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 5, 4-8
Queridos hermanos:
Todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe.
¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Éste es el que vino con agua y con sangre: Jesucristo. No sólo con agua, sino con agua y con sangre; y el Espíritu es quien da testimonio, porque el Espíritu es la verdad. Porque tres son los testigos: el Espíritu, el agua y la sangre, y los tres están de acuerdo.
Palabra de Dios.
128.
9. Aquel que nos ama, nos ha librado de nuestros pecados por su sangre
Lectura del libro del Apocalipsis 1, 5-8
Gracia y paz a vosotros de parte de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra.
Aquel que nos ama, nos ha librado de nuestros pecados por su sangre, nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios, su Padre. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.
Mirad: Él viene en las nubes. Todo ojo lo verá; también los que lo atravesaron. Todos los pueblos de la tierra se lamentarán por su causa.
Sí. Amén.
Dice el Señor Dios:
«Yo soy el Alfa y la Omega, el que es, el que era y el que viene, el Todopoderoso».
Palabra de Dios.
129.
10. Han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero
Lectura del libro del Apocalipsis 7, 9-14
Yo, Juan, vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vertidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritaban con voz potente:
— «¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!»
Y todos los ángeles que estaban alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y rindieron homenaje a Dios, diciendo:
— «Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y Ia acción de gracias y el honor y el poder y Ia fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén."
Y uno de los ancianos me dijo:
— «Esos que están vestidos con vestiduras blancas ¿quiénes son y de dónde han venido?"
Yo le respondí:
— «Señor mío, tú lo sabrás».
Él me respondió:
— «Éstos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero».
Palabra de Dios.
SALMOS RESPONSORIALES
130.
1.           Sal 22, 1-3. 4. 5. 6 (R/.: 1)
R/. El Señor es mi pastor, nada me falta.
O bien:
Aleluya.
El Señor es mi pastor,
nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre. R/.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.
Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R/.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R/.
131.
2.          Sal 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9. 10-11 (R/.: 9a)
R/. Gustad y ved qué bueno es el Señor.
O bien:
Aleluya.
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.
Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R/.
Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará,
Si el afligido invoca al Señor; él lo escucha
y lo salva de sus angustias. R/.
El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R/.
Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que le temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada. R/.
132.
3.          Sal 39, 2 y 4ab. 7-8a.8b-9. 10 (R/.: 8a y 9a)
R/. Aquí estoy, Señor para hacer tu voluntad.
Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito;
me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios. R/.
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: «Aquí estoy». R/.
Como está escrito en mi libro:
«Para hacer tu voluntad».
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas. R/.
He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes. R/.
133.
4.          Sal 77, 3 y 4a y 7ab. 23-24. 25 y 54 (R/.: 2 b)
R/. El Señor les dio un trigo celeste.
Lo que oímos y aprendimos,
lo que nuestros padres nos contaron,
no lo ocultaremos a sus hijos,
para que pongan en Dios su confianza
y no olviden las acciones de Dios. R/.
Dio orden a las altas nubes,
abrió las compuertas del cielo:
hizo llover sobre ellos maná,
les dio un trigo celeste. R/.
Y el hombre comió pan de ángeles,
les mandó provisiones hasta la hartura.
Los hizo entrar por las santas fronteras,
hasta el monte que su diestra había adquirido. R/.
134.
5.          Sal 109, 1.2.3.4 (R/.: 4bc)
R/. Cristo, el Señor, sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec, ofreció pan y vino.
O bien:
Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.
Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies». R/.
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos. R/.
«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora». R/.
El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec». R/.
135.
6.           Sal 115, 12-13. 15 y 16bc. 17-18 (R/.: cf. 1Co 10, 16)
R/. El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo.
O bien:
Aleluya.
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre. R/.
Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
hijo de tu esclava;
rompiste mis cadenas. R/.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo. R/.
136.
7.           Sal 144, 10-11. 15-16. 17-18 (R/.: cf. 16)
R/. Abres tú la mano, Señor, y nos sacias.
Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R/.
Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente. R/.
El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente. R/.
137.
8.           Sal 147, 12-13. 14-15. 19-20 (R/.: Jn 6, 58c)
R/. El que come este pan vivirá para siempre.
O bien:
Aleluya.
Glorifica al Señon Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R/.
Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz. R/.
Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos. R/.
ALELUYAS Y VERSÍCULOS ANTES DEL EVANGELIO
138.
1.         Jn 6, 51
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo
-dice el Señor-;
el que coma de este pan
vivirá para siempre.
139.
2.           Jn 6, 56
El que come mi carne y bebe mi sangre
habita en mí y yo en él
-dice el Señor-.
140.
3.           Jn 6, 57
El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre;
del mismo modo, el que me come vivirá por mí
-dice el Señor-.
141.
4.           Cf. Ap 1, 5ab
Jesucristo, tú eres el testigo fiel,
el primogénito de entre los muertos;
tú nos amaste
y nos has librado de nuestros pecados por tu sangre.
142.
5.           Ap 5, 9
Eres digno, Señor, de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre nos compraste para Dios.
EVANGELIOS
143.
1. Esto es mi cuerpo. Ésta es mi sangre
 Lectura del santo evangelio según san Marcos 14, 12-16. 22-26
El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:
— «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?»
Él envió a dos discípulos, diciéndoles:
— «Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: "El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?"
Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena».
Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.
Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo:
— «Tomad, esto es mi cuerpo».
Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron.
Y les dijo:
— «Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios».
Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.
Palabra de Dios.
144.
2. Comieron todos y se saciaron
 Lectura del santo evangelio según san Lucas 9, 11b-17
En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar al gentío del reino de Dios y curó a los que lo necesitaban.
Caía la tarde, y los Doce se le acercaron a decirle:
— «Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado».
Él les contestó:
— «Dadles vosotros de comer».
Ellos replicaron:
-"No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío».
Porque eran unos cinco mil hombres.
Jesús dijo a sus discípulos:
— «Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta».
Lo hicieron así, y todos se echaron.
Él, tomando los cinco panes y los dos peces , aIzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos.
Palabra del Señor.
145.
3. Lo reconocieron al partir el pan
 Lectura del santo evangelio según san Lucas 24, 13-35
Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo:
— «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?»
Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó:
— «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?»
Él les preguntó:
— «¿Qué?»
Ellos le contestaron:
— «Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».
Entonces Jesús les dijo:
— «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?»
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.
Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo:
— «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.
Ellos comentaron:
— «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?»
Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
— «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón»
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Palabra del Señor.
O bien más breve:
 Lectura del santo evangelio según san Lucas 24, 13-16.28-35
Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Ya cerca de la aldea donde iban, éI hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo:
— «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.
Ellos comentaron:
— «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?»
Y levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
— «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Palabra del Señor.
146.
4. Repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron
 Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 1-15
En aquel tiempo, Jesús se marchó ala otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos.
Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.
Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe:
— «¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?»
Lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer.
Felipe le contestó:
— «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo».
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice:
— «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?»
Jesús dijo:
— «Decid a la gente que se siente en el suelo».
Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil.
Jesús tomó los panes, dijo la acción de graciás y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado.
Cuando se saciaron, dice a sus discípulos:
— «Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie».
Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido.
La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía:
— «Éste sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo».
Jesús entonces, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.
Palabra del Señor.
147.
5. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed
 Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 24-35
En aquel tiempo, cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron:
— «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?»
Jesús les contestó:
— «Os aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros.
Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios».
Ellos le preguntaron:
— «Y, ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?»
Respondió Jesús:
— «La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado».
Le replicaron:
— «¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: "Les dio a comer pan del cielo"».
Jesús les replicó:
— «Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo».
Entonces le dijeron:
— «Señor, danos siempre de este pan».
Jesús les contestó:
— «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed».
Palabra del Señor.
148.
6. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo
 Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 41-51
En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: "Yo soy el pan bajado del cielo", y decían:
— «¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?»
Jesús tomó la palabra y les dijo:
— «No critiquéis. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado.
Y yo lo resucitaré el último día.
Está escrito en los profetas: "Serán todos discípulos de Dios".
Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí.
No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre.
Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna.
Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.
Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo».
Palabra del Señor.
149.
7. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida
 Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 51-58
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
— «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo».
Disputaban los judíos entre sí:
— «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
Entonces Jesús les dijo:
— «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis la sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».
Palabra del Señor.
150.
8. Le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua
 Lectura del santo evangelio según san Juan 19, 31-37
En aquel tiempo, los judíos, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza,le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.
El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron».
Palabra del Señor.
151.
9. Jesús toma el pan y se lo da
 Lectura del santo evangelio según san Juan 21, l-14
En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:
Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo,Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.
Simón Pedro les dice:
— «Me voy a pescar».
Ellos contestan:
— «Vamos también nosotros contigo».
Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
Jesús les dice:
— «Muchachos, ¿tenéis pescado?»
Ellos contestaron:
— «No».
Él les dice:
— «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis».
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro:
— «Es el Señor».
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se atóla túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces.
Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice:
— «Traed de los peces que acabáis de coger».
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.
Jesús les dice:
— «Vamos, almorzad».
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor.
Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.
Palabra del Señor.
2 . HIMNOS
PANGE, LINGUA
152. Para la bendición con que se acaba la adoración, especialmente cuando ésta es breve, se puede cantar solamente la última parte de este himno, es decir, desde las palabras: Tantum ergo.
         Pange, lingua, gloriósi
         córporis mystérium,
         sanguinísque pretiósi,
         quem in mundi prétium
         fructus ventris generósi
         Rex effúdit géntium.
         Nobis datus, nobis natus
         ex intácta Vírgine,
         et in mundo conversátus,
         sparso verbi sémine,
         sui moras incolátus
         miro clausit órdine.
         In suprémre nocte cenae
         recúmbens cum frátribus,
         observáta lege plene
         cibis in legálibus,
         cibum turbre duodénae
         se dat suis mánibus.
         Verbum caro panem verum
         verbo carnem éfficit,
         fitque sanguis Christi merum,
         et, si sensus déficit,
         ad firmándum cor sincérum
         sola fides súfficit.
            Tantum ergo sacraméntum
         venerémur cérnui,
         et antíquum documéntum
         novo cedat rítui;
         prestet fides suppleméntum
         sénsuum deféctui.
         Genitóri Genitóque
         laus et iubilátio,
         salus, honor, virtus quoque
         sit et benedíctio;
         procedénti ab utróque
         compar sit laudátio. Amen.
SACRIS SOLLEMNIIS
153. Sacris sollémniis iuncta sint gáudia,
         et ex praecórdiis sonent praecónia;
         recédant vétera, nova sint ómnia,
         corda, voces et ópera.
         Noctis recólitur cena novíssima,
         qua Christus créditur agnum et ázyma
         dedísse frátribus iuxta legítima
         priscis indúlta pátribus.
         Dedit fragílibus córporis férculum,
         dedit et trístibus sánguinis póculum,
         dicens: “Accípite quod trado vásculum;
         omnes ex eo bíbite”.
         Sic sacrifícium istud instítuit,
         cuius offícium commítti vóluit
         solis presbfteris, quibus sic cóngruit,
         ut sumant et dent céteris.
         Panis angélicus fit panis hóminum;
         dat panis caélicus figúris términum.
         O res mirábilis: mandúcat Dóminum
         servus pauper et húmilis.
         Te, trina Déitas únaque, póscimus;
         sic nos tu vísitas sicut te cólimus:
         per tuas sémitas duc nos quo téndimus
         ad lucem quam inhábitas. Amen.
VERBUM SUPERNUM
154. Verbum supérnum pródiens
         nec Patris linquens déxteram,
         ad opus suum éxiens
         venit ad vitae vésperam.
         In mortem a discípulo
         suis tradéndus aémulis,
         prius in vitae férculo
         se trádidit discípulis.
         Quibus sub bina spécie
         carnem dedit et sánguinem,
         ut dúplicis substántiae
         totum cibáret hóminem.
         Se nascens dedit sócium,
         convéscens in edúlium,
         se móriens in prétium,
         se regnans dat in praémium.
         O salutáris hóstia,
         que caeli pandis óstium,
         bella premunt hostília:
         da robut fer auxílium.
         Uni trinóque Dómino
         sit sempitérna glória,
         qui vitam sine término
         nobis donet in pátria. Amen.
IESU, NOSTRA REDEMPTIO
155. Iesu, nostra redémptio,
         amor et desidérium,
         Deus creátor ómnium,
         homo in fine témporum,
         Que te vicit cleméntia,
         ut ferres nostra crímina,
         crudélem mortem pátiens,
         ut nos a morte tólleres;
         Inférni claustra pénetrans,
         tuos captívos rédimens;
         victor triúmpho nóbili
         ad dextram Patris résidens!
         Ipsa te cogat píetas,
         ut mala nostra súperes
         parcéndo, et voti cómpotes
         nos tuo vultu sáties.
         Tu esto nostrum gáudium,
         qui es futúrus praémium;
         sit nostra in te glória
         per cuncta semper saécula.
AETERNE REX ALTISSIME
156. Ætérne rex altíssime,
         redémptor et fidélium,
         quo mors solúta déperit,
         datur triúmphus grátiae,
         Scandis tribúnal déxteræ
         Patris tibíque caélitus
         fertur potéstas ómnium,
         quae non erat humánitus,
         Ut trina rerum máchina
         celéstium, terréstrium
         et inferórum cóndita;
         flectat genu iam súbdita.
         Tremunt vidéntes ángeli
         versam vicem mortálium:
         culpat caro, purgat caro,
         regnat caro Verbum Dei.
         Tu, Christe, nostrum gáudium,
         manens perénne praémium,
         mundi regis qui fábricam,
         mundána vincens gáudia.
         Hinc te precántes quaésumus,
         ignósce culpis ómnibus
         et corda sursum súbleva
         ad te supérna grátia,
         Ut, cum rubénte coéperis
         clarére nube iúdicis,
         poenas repéllas débitas,
         reddas corónas pérditas.
         Iesu, tibi sit glória,
         qui scandis ad caeléstia,
         cum Patre et almo Spíritu,
         in sempitérna saécula. Amen.
LAUDA, SION
157. Esta secuencia puede cantarse íntegramente o en forma más breve, desde las palabras: Ecce panis.
         Lauda, Sion, Salvatórem,
         lauda ducem et pastórem
         in hymnis et cánticis.
         Quantum potes, tantum aude:
         quia maior omni laude,
         nec laudáre súfficis.
         Laudis thema speciális,
         panis vivus et vitális
         hódie propónitur.
         Quem, in sacrae mensa cenae,
         turbe fratrum duodénae
         datum non ambígitur.
         Sit laus plena, sit sonóra,
         sit iucúnda, sit decóra
         mentis iubilátio.
         Dies enim sollémnis ágitur,
         in qua mensae prima recólitur
         huius institútio.
         In hac mensa novi Regis,
         novum Pascha novae legis
         Phase vetus términat.
         Vetustátem nóvitas,
         umbram fugat véritas,
         noctem lux elíminat.
         Quod in cena Christus gessit,
         faciéndum hoc expréssit
         in sui memóriam.
         Docti sacris institútis,
         panem, vinum in salútis
         consecrámus hóstiam.
         Dogma datur christiánis,
         quod in carnem transit panis,
         et vinum in sánguinem.
         Quod non capis, quod non vides,
         animósa firmat fides,
         preter rerum órdinem.
         Sub divérsis speciébus,
         signis tantum, et non rebus,
         latent res exímiae.
         Cara cibus, sanguis potus:
         manet tamen Christus totus,
         sub utráque spécie.
         A suménte non concísus,
         non confráctus, non divísus:
         ínteger accípitur.
         Sumit unus, sumunt mille:
         quantum isti, tantum ille:
         nec sumptus consúmitur.
         Sumunt boni, sumunt mali:
         sorte tamen inaequáli,
         vitae vel intéritus.
         Mors est malis, vita bonis:
         vide paris sumptiónis
         quam sit dispar éxitus.
         Fracto demum sacraménto,
         ne vacílles, sed meménto,
         tantum esse sub fragménto,
         quantum toto tégitur.
         Nulla rei fit scissúra:
         signi tantum fit fractúra:
         qua nec status nec statúra
         signáti minúitur.
            Ecce panis angelórum,
         factus cibus viatórum:
         vere panis filiórum,
         non mitténdus cánibus.
         In figúris praesignátur
         cum Isaac immolátur:
         agnus pasche deputátur:
         datur manna pátribus.
         Bone Pastor panis vere,
         Iesu, nostri miserére:
         tu nos pasce, nos tuére:
         tu nos bona fac vidére
         in terra vivéntium.
         Tu, qui cuncta scis et vales:
         qui nos pascis hic mortáles:
         tuos ibi commensáles,
         coherédes et sodáles
         fac sanctórum cívium.
ADORO TE DEVOTE
158. Adóro te devóte, latens véritas,
         te qui sub his figuris vere látitas:
         tibi se cor meum totum súbicit,
         quia te contémplans totum déficit.
         Visus, gustus, tactus, in te fállitur;
         sed solus audítus tute créditur.
         Credo quicquid dixit Dei Fílius:
         nihil Veritátis verbo vérius.
         In cruce latébat sola Déitas;
         sed hic latet simul et humánitas.
         Ambo tamen credens atque cónfitens
         peto quod petívit latro paénitens.
         Plagas, sicut Thomas, non intúeor;
         meum tamen Deum te confíteor.
         Fac me tibi semper magis crédere,
         in te spem habére, te dilígere.
         O memoriále mortis Dómini,
         Panis veram vitam praestans hómini,
         praesta mere menti de te vívere,
         et te semper illi dulce sápere.
         Pie pelicáne, Iesu Dómine,
         me immúndum munda tuo sánguine,
         cuius una stilla salvum f.ácere
         totum mundum posset omni scélere.
         Iesu, quem velátum nunc aspício,
         quando fiet illud quod tam cúpio
         ut, te reveláta cernens fácie,
         visu sim beátus tue glóriae? Amen.
UBI CARITAS
159. Ant. Ubi cáritas est vera, Deus ibi est.
         V/. Congregávit nos in unum Christi amor.
         V/. Exsultémus et in ipso iucundémur.
         V/. Timeámus et amémus Deum vivum.
         V/. Et ex corde diligámus nos sincéro.
         Ant. Ubi cáritas est vera, Deus ibi est.
         V/. Simul ergo cum in unum congregámur:
         V/. Ne nos mente dividámur:, caveámus.
         V/. Cessent iúrgia malígna, cessent lites.
         V/. Et in médio nostri sit Christus Deus.
         Ant. Ubi cáritas est vera, Deus ibi est.
         V/. Simul quoque cum beátis videámus
         V/. Gloriánter vultum tuum, Christe Deus:
         V/. Gáudium, quod est imménsum atque probum,
         V/. Saécula per infiníta seculórum. Amen.
(PANGE, LINGUA)
160. Que la lengua humana
         cante este misterio:
         la preciosa sangre
         y el precioso cuerpo.
         Quien nació de Virgen
         Rey del universo,
         por salvar al mundo,
         dio su sangre en precio.
         Se entregó a nosotros,
         se nos dio naciendo
         de una casta Virgen;
         y, acabado el tiempo,
         tras haber sembrado
         la palabra al pueblo,
         coronó su obra
         con prodigio excelso.
         Fue en la última cena
         -ágape fraterno-,
         tras comer la Pascua
         según mandamiento,
         con sus propias manos
         repartió su cuerpo,
         lo entregó a los Doce
         para su alimento.
         La Palabra es carne
         y hace carne y cuerpo
         con palabra suya
         lo que fue pan nuestro.
         Hace sangre el vino,
         y, aunque no entendemos,
         basta fe si existe
         corazón sincero.
            Adorad postrados
         este Sacramento.
         Cesa el viejo rito;
         se establece el nuevo.
         Dudan los sentidos
         y el entendimiento:
         que la fe lo supla
         con asentimiento.
         Himnos de alabanza,
         bendición y obsequio;
         por igual la gloria
         y el poder y el reino
         al eterno Padre
         con el Hijo eterno
         y el divino Espíritu
         que procede de ellos. Amén.
(SACRIS SOLLEMNIIS)
161. Sumando nuestro gozo al de esta fiesta
         elevemos cordiales alabanzas,
         y que todo lo viejo se renueve:
         corazones, acciones y palabras.
         Hoy se recuerda la postrera cena
         en que Jesús, conforme al viejo rito,
         se dignó repartir a sus hermanos
         el cordero y los ázimos prescritos.
         Una vez acabado aquel banquete
         y después de comido aquel Cordero,
         creemos que fue el mismo Jesucristo
         quien se dio a todos, igualmente entero.
         Como a flacos les dio a comer su cuerpo,
         como a tristes les dio a beber su sangre,
         cuando les dijo: "Recibid, amigos,
         lo que os doy a beber en este cáliz".
         Así dejó instituido el sacrificio
         y encomendó tan sólo al sacerdote
         celebrar el oficio respectivo
         y distribuir el pan que él mismo come.
         El angélico pan se vuelve humano
         y las figuras llegan a su término.
         ¡Oh maravilla! El pobre y el esclavo
         comen el cuerpo de su propio dueño.
         Oh Deidad trina y una: te rogamos
         que te dignes bajar a nuestra vida,
         y que nos lleves por tus derroteros
         hasta la misma claridad que habitas.
(VERBUM SUPERNUM)
162. Sin dejar la derecha de su Padre
         y para consumar su obra divina,
         el sumo Verbo, que ha venido al mundo,
         llega al fin a la tarde de su vida.
         Antes de ser (por uno de los suyos)
         dado a quienes la muerte le darían,
         en el vital banquete del cenáculo
         se dio a los suyos como vianda viva.
         Se dio a los suyos, bajo dos especies,
         en su carne y su sangre sacratísimas,
         a fin de alimentar en cuerpo y alma
         a cuantos hombres este mundo habitan.
         Se dio, naciendo, como compañero;
         comiendo se entregó como comida;
         muriendo se empeñó como rescate;
         reinando, como premio se nos brinda.
         Hostia de salvación, que abres las puertas
         celestes de la gloria prometida:
         fortalece y socorre a nuestras almas
         asediadas por fuerzas enemigas.
         Glorificada eternamente sea
         la perpetua Deidad, que es una y trina,
         y que ella finalmente nos conceda
         en la patria sin fin vida infinita.
(LAUDA, SION)
163. Alaba, alma mía, a tu Salvador;
         alaba a tu guía y pastor
         con himnos y cánticos.
         Pregona su gloria cuanto puedas,
         porque él está sobre toda alabanza,
         y jamás podrás alabarle lo bastante.
         El tema especial de nuestros loores
         es hoy el pan vivo
         y que da vida.
         El cual se dio en la mesa de la sagrada cena
         al grupo de los doce apóstoles
         sin género de duda.
         Sea, pues, llena, sea sonora,
         sea alegre, sea pura
         la alabanza de nuestra alma.
         Pues celebramos el solemne día
         en que fue instituido
         este divino banquete.
         En esta mesa del nuevo rey,
         la pascua nueva de la nueva ley
         pone fin a la pascua antigua.
         Lo viejo cede ante lo nuevo,
         la sombra ante la realidad,
         y la luz ahuyenta la noche.
         Lo que Jesucristo hizo en la cena,
         mandó que se haga
         en memoria suya.
         Instruidos con sus santos mandatos,
         consagramos el pan y el vino,
         en sacrificio de salvación.
         Es dogna que se da a los cristianos,
         que el pan se convierte en carne,
         y el vino en sangre.
         Lo que no comprendes y no ves,
         una fe viva lo atestigua,
         fuera de todo el orden de la naturaleza.
         Bajo diversas especies,
         que son accidentes y no sustancia,
         están ocultos los dones más preciados.
         Su carne es alimento y su sangre bebida;
         mas Cristo está todo entero
         bajo cada especie.
         Quien lo recibe no lo rompe,
         no lo quebranta ni lo desmembra;
         recíbese todo entero.
         Recíbelo uno, recíbenlo mil;
         y aquél lo toma tanto como éstos,
         pues no se consume al ser tomado.
         Recíbenlo buenos y malos;
         mas con suerte desigual
         de vida o de muerte.
         Es muerte para los malos,
         y vida para los buenos;
         mira cómo un mismo alimento
         produce efectos tan diversos.
         Cuando se divida el Sacramento,
         no vaciles, sino recuerda
         que Jesucristo tan entero
         está en cada parte como antes en el todo.
         No se parte la sustancia,
         se rompe sólo la señal;
         ni el ser ni el tamaño
         se reducen de Cristo presente.
            He aquí el pan de los ángeles,
         hecho viático nuestro;
         verdadero pan de los hijos,
         no lo echemos a los perros.
         Figuras lo representaron:
         Isaac fue sacrificado;
         el cordero pascual, inmolado;
         el maná nutrió a nuestros padres.
         Buen pastor, pan verdadero,
         ¡oh Jesús!, ten piedad.
         Apaciéntanos y protégenos;
         haz que veamos los bienes
         en la tierra de los vivientes.
         Tú, que todo lo sabes y puedes,
         que nos apacientas aquí siendo aún mortales,
         haznos allí tus comensales,
         coherederos y compañeros
         de los santos ciudadanos.
(ADORO TE DEVOTE)
164. Adórote devotamente, oculta Deidad, que bajo estas sagradas Especies te ocultas verdaderamente. A ti mi corazón se somete totalmente, pues al contemplarte, se siente desfallecer por completo.
La vista, el tacto, el gusto, son aquí falaces; sólo con el oído se llega a tener fe segura. Creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios, nada más verdadero que esta palabra de la Verdad.
En la cruz se ocultaba sólo la Divinidad, mas aquí se oculta hasta la humanidad. Pero yo, creyendo y confesando entrambas cosas, pido lo que pidió el ladrón arrepentido.
Tus llagas no las veo, como las vio Tomás; pero te confieso por Dios mío. Haz que crea yo en ti más y más, que espere en ti y te ame.
Oh recordatorio de la muerte del Señor; pan vivo, que das vida al hombre, da a mi alma que de ti viva y disfrute siempre de tu dulce sabor.
Piadoso pelícano, Jesús Señor límpiame a mí, inmundo, con tu sangre; una de cuyas gotas puede limpiar al mundo entero de todo pecado.
Oh Jesús, a quien ahora veo velado, te pido que se cumpla lo que yo tanto anhelo: que viéndote finalmente cara a cara, sea yo dichoso con la vista de tu gloria. Amén.
(UBI CARITAS)
165. Ant. Donde hay caridad y amor, allí está Dios.
         V/. Nos congregó y unió el amor de Cristo.
         V/. Regocijémonos y alegrémonos en él.
         V/. Temamos y amemos al Dios vivo.
         V/. Y amémonos con corazón sincero.
         Ant. Donde hay caridad y amor, allí está Dios.
         V/. Pues estamos en un cuerpo congregados.
         V/. Cuidemos que no se divida nuestro afecto.
         V/. Cesen las contiendas malignas, cesen los litigios.
         V/. Y en medio de nosotros esté Cristo Dios.
         Ant. Donde hay caridad y amor, allí está Dios.
         V/. Veamos juntamente con los santos
         V/. tu glorioso rostro, ¡oh Cristo Dios!
         V/. Éste será gozo inmenso y puro.
         V/. Por los siglos de los siglos infinitos. Amén.
OTROS CANTOS
Pueden emplearse “ad libitum” otros cantos de la Liturgia de las Horas que celebran el misterio pascual de Cristo, como, por ejemplo:
I
166. Nuestra Pascua inmolada, aleluya,
         es Cristo el Señor aleluya, aleluya.
         Pascua sagrada, ¡oh fiesta de la luz!,
         despierta, tú que duermes,
         y el Señor te alumbrará.
         Pascua sagrada, ¡oh fiesta universal!,
         el mundo renovado
         canta un himno a su Señor.
         Pascua sagrada, ¡victoria de la cruz!
         La muerte, derrotada,
         ha perdido su aguijón.
         Pascua sagrada, ¡oh noche bautismal!
         Del seno de las aguas
         renacemos al Señor.
         Pascua sagrada, ¡eterna novedad!
         Dejad al hombre viejo,
         revestíos del Señor.
         Pascua sagrada. La sala del festín
         se llena de invitados
         que celebran al Señor.
         Pascua sagrada. ¡Cantemos al Señor!
         Vivamos la alegría
         dada a luz en el dolor.
II
167. Quédate con nosotros,
         la tarde está cayendo.
         ¿Cómo te encontraremos
         al declinar el día,
         si tu camino no es nuestro camino?
         Detente con nosotros;
         la mesa está servida,
         caliente el pan y envejecido el vino.
         ¿Cómo sabremos que eres
         un hombre entre los hombres,
         si no compartes nuestra mesa humilde?
         Repártenos tu cuerpo,
         y el gozo irá alejando
         la oscuridad que pesa sobre el hombre.
III
168. Oveja perdida, ven
         sobre mis hombros, que hoy
         no sólo tu pastor soy,
         sino tu pasto también.
         Por descubrirte mejor
         cuando balabas perdida,
         dejé en un árbol la vida
         donde me subió el amor;
         si prenda quieres mayor,
         mis obras hoy te la den.
         Oveja perdida, ven
         sobre mis hombros, que hoy
         no sólo tu pastor soy,
         sino tu pasto también.
         Pasto, al fin, hoy tuyo hecho,
         ¿cuál dará mayor asombro,
         o el traerte yo en el hombro
         o el traerme tú en el pecho?
         Prendas son de amor estrecho
         que aun los más ciegos las ven.
         Oveja perdida, ven
         sobre mis hombros, que hoy
         no sólo tu pastor soy,
         sino tu pasto también.
3. ANTÍFONAS
169. ¡Oh sagrado banquete, en que Cristo es nuestra comida,
         se celebra el memorial de su pasión,
         el alma se llena de gracia
         y se nos da la prenda de la gloria futura!
170. ¡Qué bueno es, Señor, tu espíritu!
         Para demostrar a tus hijos tu ternura,
         les has dado un pan delicioso bajado del cielo,
         que colma de bienes a los hambrientos,
         y deja vacíos a los ricos hastiados.
171. Salve, Cuerpo verdadero, nacido de María Virgen,
         verdaderamente atormentado,
         inmolado en la cruz por el hombre,
         de cuyo costado traspasado manó agua y sangre.
         Seas saboreado por nosotros en el trance de la muerte,
         oh Jesús dulce, oh Jesús piadoso, oh Jesús hijo de María.
172. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo;
         el que coma de este pan vivirá para siempre;
         y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.
4 . RESPONSORIOS
173. Durante la cena, Jesús cogió pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a los discípulos diciendo: *“Tomad, comed: esto es mi cuerpo”.
V/. Los hombres de mi campamento dijeron: “¡Ojalá nos dejen saciarnos de su carne!” *“Tomad, comed: esto es mi cuerpo.”
174. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: *Éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.
V/. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre: *Éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.
175. Reconoced en el pan lo que estuvo colgado en la cruz; en el cáliz, lo que manó del costado. Tomad, pues, y comed el Cuerpo de Cristo; tomad y bebed la Sangre de Cristo. *Ya estáis hechos, vosotros, miembros de Cristo.
V/. Para que no viváis separados,.comed al que es vínculo de vuestra unión; para que no os estiméis en poco, bebed vuestro precio. *Ya estáis hechos, vosotros, miembros de Cristo.
176. El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo. *Todos participamos del mismo pan y del mismo cáliz.
V/. Tu bondad, oh Dios, lo preparó para los pobres, a los que haces habitar unánimes en tu casa. *Todos participamos del mismo pan y del mismo cáIiz.
177. Un hombre daba un gran banquete , y a la hora del banquete mandó a un criado a avisar a los convidados: Venid, *Que ya está preparado.
V/. Venid a comer de mi pan y a beber el vino que he mezclado. *Que ya está preparado.
178. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre. *Y el que me come vivirá por mí.
V/. El Señor lo alimentó con pan de vida y de sensatez. *Y el que me come vivirá por mí.
5. ORACIONES DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
179. Señor, que por el misterio pascual de tu Hijo realizaste la redención de los hombres, concédenos avanzar por el camino de la salvación a quienes, celebrando los sacramentos, proclamamos con fe la muerte y resurrección de Cristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
180. Derrama, Señor, sobre nosotros tu espíritu de caridad para que, alimentados con el mismo pan del cielo, permanezcamos unidos en el mismo amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.
181. Te rogamos, Señor, que nos santifique nuestra participación en esta Eucaristía, para que, en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo, se estreche cada vez más la fraternidad universal de todos los hombres. Por Jesucristo, nuestro Señor.
182. Alimentados con esta Eucaristía, te pedimos, Señor, que, por la comunión de tu Sacramento, nos des sabiduría para sopesar los bienes de la tierra amando intensamente los del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
183. Te damos gracias, Señor, porque al darnos en este sacramento el Cuerpo glorioso de tu Hijo nos haces partícipes, ya en este mundo, de los bienes eternos de tu reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.
184. Te suplicamos, Dios todopoderoso, que concedas a quienes alimentas con tus sacramentos la gracia de poder servirte llevando una vida según tu voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
185. Oh Dios, que has querido hacernos partícipes de un mismo pan y de un mismo cáliz, concédenos vivir tan unidos en Cristo que fructifiquemos con gozo para la salvación del mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
186. Saciados con el pan del cielo, te pedimos, Señor, que el amor con que nos alimentas fortalezca nuestros corazones y nos mueva a servirte en nuestros hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
187. Alimentados con esta Eucaristía, te hacemos presente, Señor, nuestra acción de gracias, implorando de tu misericordia que el Espíritu Santo mantenga siempre vivo el amor a la verdad en quienes han recibido la fuerza de lo alto. Por Jesucristo, nuestro Señor.
188. Después de comer el mismo pan, te rogamos, Señor, humildemente, que nos mantengas en tu amor y siempre caminemos como hombres nuevos en una vida nueva. Por Jesucristo, nuestro Señor.
En el tiempo pascual:
189. Derrama, Señor, sobre nosotros tu espíritu de caridad, para que vivamos siempre unidos en tu amor los que hemos participado en un mismo sacramento pascual. Por Jesucristo, nuestro Señor.
190. Te pedimos, Señor, que la participación en los sacramentos de tu Hijo nos libre de nuestros antiguos pecados y nos transforme en hombres nuevos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
191. Dios todopoderoso y eterno, que en la resurrección de Jesucristo nos has hecho renacer a la vida eterna, haz que los sacramentos pascuales den en nosotros fruto abundante, y que el alimento de salvación que acabamos de recibir fortalezca nuestras vidas. Por Jesucristo, nuestro Señor.
192. Otra oración del Viático:
Señor, tú que eres la salvación eterna de los que creen en ti, concede a tu hijo N. que, fortalecido con el pan y el vino del Viático, llegue seguro a tu reino de luz y de vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.
6. ORACIONES PARA LA BENDICIÓN CON EL SANTÍSIMO SACRAMENTO
193. Concédenos, Señor y Dios nuestro, a los que creemos y proclamamos que Jesucristo, el mismo que por nosotros nació de la Virgen María y murió en la cruz, está presente en el Sacramento, bebamos de esta divina fuente el don de la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
194. Concédenos, te rogamos, Señor y Dios nuestro, celebrar con dignas alabanzas al Cordero que fue inmolado por nosotros y que está oculto en el Sacramento, para que merezcamos verle patente en la gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor.
195. Oh Dios, que nos diste el verdadero pan del cielo, concédenos, te rogamos, que, con la fuerza de este alimento espiritual, siempre vivamos en ti y resucitemos gloriosos en el último día. Por Jesucristo, nuestro Señor.
196. Ilumina, Señor, con la luz de la fe nuestros corazones y abrásalos con el fuego de la caridad, para que adoremos confiadamente en espíritu y en verdad a quien reconocemos en este Sacramento como nuestro Dios y señor. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
197. Que los sacramentos con los que te has dignado restaurarnos, Señor, llenen de la dulzura de tu amor nuestros corazones y nos impulsen a desear las riquezas inefables de tu reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.
198. Oh Dios, que redimiste a todos los hombres con el misterio pascual de Cristo, conserva en nosotros la obra de tu misericordia, para que, venerando constantemente el misterio de nuestra salvación, merezcamos conseguir su fruto. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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