Misal Romano - Plegaria Eucarística V/a

Plegaria Eucarística V/a
Dios guía a su Iglesia

Esta plegaria eucarística forma un todo con su prefacio, el cual nunca puede cambiarse. Por consiguiente, no puede decirse cuando está prescrito un prefacio propio. En los otros casos puede decirse, incluso cuando las rúbricas prescriban un prefacio del tiempo.

V/. El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.

V/. Levantemos el corazón.
R/. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V/. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R/. Es justo y necesario.

Te damos gracias,
Señor y Padre nuestro,
te bendecimos y te glorificamos,
porque has creado todas las cosas
y nos has llamado a la vida.

Tú nunca nos dejas solos,
te manifiestas vivo y presente
en medio de nosotros. 

Ya en tiempos antiguos
guiaste a Israel, tu pueblo,
con mano poderosa y brazo extendido,
a través de un inmenso desierto.

Hoy acompañas a tu Iglesia peregrina,
dándole la fuerza de tu Espíritu.

Por medio de tu Hijo
nos abres el camino de la vida,
para que, a través de este mundo,
lleguemos al gozo perfecto de tu reino.

Por eso,
con los ángeles y los santos,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

El sacerdote, con las manos extendidas, dice:

Te glorificamos, Padre Santo,
porque estás siempre con nosotros
en el camino de la vida,
sobre todo cuando Cristo, tu Hijo, nos congrega
para el banquete pascual de su amor.

Como hizo en otro tiempo
con los discípulos de Emaús,
él nos explica las Escrituras
y parte para nosotros el pan.

Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice:

Te rogamos, pues, Padre todopoderoso,
que envíes tu Espíritu sobre este pan y este vino, 

Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:

de manera que sean para nosotros
Cuerpo y Sangre de Jesucristo,
Hijo tuyo y Señor nuestro.

Junta las manos.

En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse con claridad, como lo requiere la naturaleza de éstas.

Él mismo, la víspera de su Pasión,
mientras estaba a la mesa con sus discípulos,

Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:

tomó pan,
te dio gracias, lo partió
y se lo dio, diciendo:

Se inclina un poco.

Tomad y comed todos de él,
porque esto es mi Cuerpo,
que será entregado por vosotros.

Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo genuflexión.

Después prosigue:

Del mismo modo, 

Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:

tomó el cáliz lleno de vino,
te dio gracias con la plegaria de bendición
y lo pasó a sus discípulos, diciendo:

Se inclina un poco.

Tomad y bebed todos de él,
porque éste es el cáliz de mi Sangre,
Sangre de la alianza nueva y eterna,
que será derramada por vosotros
y por todos los hombres
para el perdón de los pecados.
Haced esto en conmemoración mía.

Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión.

Luego dice una de las siguientes fórmulas:

1

Éste es el Sacramento de nuestra fe.

O bien:

Éste es el Misterio de la fe.

Y el pueblo prosigue, aclamando:

Anunciamos tu muerte,
proclamamos tu resurrección.
¡Ven, Señor Jesús!

2

Aclamad el Misterio de la redención.

Y el pueblo prosigue, aclamando:

Cada vez que comemos de este pan
y bebemos de este cáliz,
anunciamos tu muerte, Señor,
hasta que vuelvas.

3

Cristo se entregó por nosotros.

Y el pueblo prosigue, aclamando:

Por tu cruz y resurrección nos has salvado, Señor.

Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:

Por eso, Padre de bondad,
celebramos ahora
el memorial de nuestra reconciliación,
y proclamamos la obra de tu amor:
Cristo, tu Hijo,
a través del sufrimiento y de la muerte en Cruz,
ha resucitado a la vida nueva
y ha sido glorificado a tu derecha. 

Dirige tu mirada, Padre santo,
sobre esta ofrenda;
es Jesucristo que se ofrece con su Cuerpo
y con su Sangre
y, por este sacrificio,
nos abre el camino hacia ti. 
Señor,
Padre de misericordia,
derrama sobre nosotros
el Espíritu del Amor,
el Espíritu de tu Hijo.

Fortalécenos con este mismo Espíritu
a todos los que hemos sido invitados a tu mesa,
para que todos nosotros, pueblo de Dios,
con nuestros pastores,
el Papa N.,
nuestro Obispo N.

Puede hacerse mención de los Obispos coadjutores o auxiliares.

con los presbíteros y los diáconos,
caminemos alegres en la esperanza
y firmes en la fe,
y comuniquemos al mundo el gozo del Evangelio. 

Acuérdate también, Padre, de nuestros hermanos
que murieron en la paz de Cristo,
y de todos los demás difuntos,
cuya fe sólo tú conociste;
admítelos a contemplar la luz de tu rostro
y llévalos a la plenitud de la vida en la resurrección.

Y, cuando termine
nuestra peregrinación por este mundo,
recíbenos también a nosotros en tu reino,
donde esperamos gozar todos juntos
de la plenitud eterna de tu gloria.
En comunión con la Virgen María, Madre de Dios,
los apóstoles y los mártires,
[san N.: Santo del día o patrono]
y todos los santos,
te invocamos, Padre, y te glorificamos,

Junta las manos.

Por Cristo, Señor nuestro.

Toma la patena con el pan consagrado, y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:

Por Cristo, con él y en él,
a ti, Dios Padre omnipotente,
en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria
por los siglos de los siglos.

El pueblo aclama:

Amén.

Después sigue el rito de la comunión.

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