Misal Romano (tercera edición) - Ordinario de la Misa: Ritos iniciales

ORDINARIO DE LA MISA

ORDINARIO DE LA MISA
CELEBRADA CON PARTICIPACIÓN DEL PUEBLO


RITOS INICIALES

Canto de entrada

1. Reunido el pueblo, el sacerdote se dirige al altar, con los ministros, mientras se entona el canto de entrada.

Saludo al altar y al pueblo congregado

Cuando llega al altar, habiendo hecho con los ministros una inclinación profunda, venera el altar con un beso y, si es oportuno, inciensa la cruz y el altar. Después se dirige con los ministros a la sede.

Terminado el canto de entrada, el sacerdote y los fieles, de pie, se santiguan con la señal de la cruz, mientras el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

El pueblo responde:

Amén.

2. Después el sacerdote, extendiendo las manos, saluda al pueblo con una de las fórmulas siguientes:

La gracia de nuestro Señor Jesucristo,
el amor del Padre
y la comunión del Espíritu Santo
esté con todos vosotros.

O bien:

La gracia y la paz de Dios, nuestro Padre,
y de Jesucristo, el Señor,
esté con todos vosotros.

O bien:

El Señor esté con vosotros.

O bien:

El Señor, que dirige nuestros corazones
para que amemos a Dios,
esté con todos vosotros.

O bien:

La paz, la caridad y la fe,
de parte de Dios Padre,
y de Jesucristo, el Señor,
estén con todos vosotros.

O bien:

El Dios de la esperanza,
que por la acción del Espíritu Santo
nos colma con su alegría y con su paz,
permanezca siempre con todos vosotros.

[El obispo, en vez de las anteriores fórmulas, en este primer saludo dice:

La paz esté con vosotros.]

El pueblo responde:

Y con tu espíritu.
___________________________
Otra fórmulas de saludo propias
para los diversos tiempos litúrgicos

Tiempo de Adviento:

El Señor, que viene a salvarnos,
esté con vosotros.

Tiempo de Navidad:

La paz y el amor de Dios, nuestro Padre,
que se ha manifestado en Cristo,
nacido para nuestra salvación,
estén con todos vosotros.

Tiempo de Cuaresma:

La gracia y el amor de Jesucristo,
que nos llama a la conversión,
estén con todos vosotros.

Cincuentena pascual:

El Dios de la vida,
que ha resucitado a Jesucristo,
rompiendo las ataduras de la muerte,
esté con todos vosotros.
___________________________

3. El sacerdote o el diácono, u otro ministro idóneo, puede hacer una monición muy breve para introducir a los fieles en la misa del día.

Acto Penitencial

4. A continuación se hace el acto penitencial, al que el sacerdote invita a los fieles, diciendo:

1

Hermanos: 
Para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados.

O bien:

El Señor Jesús, que nos invita a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía, nos llama ahora a la conversión. Reconozcamos, pues, que somos pecadores e invoquemos con esperanza la misericordia de Dios.

O bien, pero sólo en los domingos y durante la Octava de Pascua:

En el día que celebramos la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte, reconozcamos que estamos necesitados de la misericordia del Padre para morir al pecado y resucitar a la vida nueva.

Se hace una breve pausa en silencio. Después, todos dicen en común la fórmula de la confesión general:

Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
Y, golpeándose el pecho, dicen:
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Luego prosiguen:
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos
y a vosotros, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.

El sacerdote concluye con la siguiente plegaria:

Dios todopoderoso
tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados
y nos lleve a la vida eterna.

El pueblo responde:

Amén.

2

5. El sacerdote invita a los fieles al acto penitencial:

Al comenzar esta celebración eucarística, pidamos a Dios que nos conceda la conversión de nuestros corazones; así obtendremos la reconciliación y se acrecentará nuestra comunión con Dios y con nuestros hermanos.

O bien:

Humildes y penitentes, como el publicano en el templo, acerquémonos al Dios justo, y pidámosle que tenga piedad de nosotros, que también nos reconocemos pecadores.

Se hace una breve pausa en silencio.

Después el sacerdote dice:

Señor, ten misericordia de nosotros.

El pueblo responde:

Porque hemos pecado contra ti.

El sacerdote prosigue:

Muéstranos, Señor, tu misericordia.

El pueblo responde:

Y danos tu salvación.

El sacerdote concluye con la siguiente plegaria:

Dios todopoderoso
tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados
y nos lleve a la vida eterna.

El pueblo responde:

Amén.

3

6. El sacerdote invita a los fieles al arrepentimiento:

Jesucristo, el justo, intercede por nosotros y nos reconcilia con el Padre. Abramos, pues, nuestro espíritu al arrepentimiento, para acercarnos a la mesa del Señor.

O bien:

El Señor ha dicho: «El que esté sin pecado, que tire la primera piedra». Reconozcámonos, pues, pecadores y perdonémonos los unos a los otros desde lo más íntimo de nuestro corazón.

Se hace una breve pausa en silencio.

Después el sacerdote o el diácono, u otro ministro,empleando éstas u otras invocaciones, con el Señor, ten piedad [Kýrie, eléison], dice:

Tú, que has sido enviado para sanar a los contritos de corazón: Señor, ten piedad. (O bien: Kýrie eléison).

El pueblo responde:

Señor, ten piedad. (O bien: Kýrie eléison).

Sacerdote o ministro:

Tú, que has venido a llamar a los pecadores: Cristo ten piedad. (O bien: Christe eléison).

El pueblo responde:

Cristo ten piedad. (O bien: Christe eléison).

Sacerdote o ministro:

Tú que estás sentado a la derecha del Padre para interceder por nosotros: Señor, ten piedad. (O bien: Kýrie eléison).

El pueblo responde:

Señor, ten piedad. (O bien: Kýrie eléison).

El sacerdote concluye con la siguiente plegaria:

Dios todopoderoso
tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados
y nos lleve a la vida eterna.

El pueblo responde:

Amén.
___________________________
Otras invocaciones para la tercera fórmula
del acto penitencial

Tiempo ordinario:

I

Tú, que eres el camino que conduce al Padre: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

— Tú, que eres la verdad que ilumina los pueblos: Cristo, ten piedad.
R/. Cristo ten piedad.

— Tú, que eres la vida que renueva el mundo: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

II

— Tú, que eres la plenitud de la verdad y la gracia: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

— Tú. que te has hechos pobre para enriquecernos: Cristo, ten piedad.
R/. Cristo ten piedad.

— Tú que has venido para hacer de nosotros un pueblo santo: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

III

— Tú, que no has venido a condenar sino a perdonar: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

— Tú, que has dicho que hay gran fiesta por un pecador que se arrepiente: Cristo, ten piedad.
R/. Cristo ten piedad.

— Tú, que perdonas mucho a quien mucho ama: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

IV

— Tú, que has venido a buscar al que estaba perdido: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

— Tú, que has querido dar la vida en rescate por todos: Cristo, ten piedad.
R/. Cristo, ten piedad.

— Tú que reúnes a tus hijos dispersos: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

V

— Tú. que ofreciste el perdón a Pedro arrepentido: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

— Tú, que prometiste el paraíso al buen ladrón: Cristo, ten piedad.
R/. Cristo, ten piedad.

— Tú, que perdonas a todo hombre que confía en tu misericordia: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

VI

— Defensor de los pobres: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

— Refugio de los débiles: Cristo, ten piedad.
R/. Cristo, ten piedad.

— Esperanza de los pecadores: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

Tiempo de Adviento:

I

— Tú. que viniste al mundo para salvarnos: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

— Tú. que nos visitas continuamente con la gracia de tu Espíritu: Cristo, ten piedad.
R/. Cristo, ten piedad.

 Tú. que vendrás un día a juzgar nuestras obras: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

II

— Tú, que viniste a visitar a tu pueblo con la paz: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

— Tú, que viniste a salvar lo que estaba perdido: Cristo, ten piedad.
R/. Cristo, ten piedad.

— Tú, que viniste a crear un mundo nuevo. Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

III

— Luz del mundo, que vienes a iluminar a los que viven en las tinieblas: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

— Buen pastor, que vienes a guiar a tu rebaño por las sendas de la verdad y la justicia: Cristo, ten piedad.
R/. Cristo, ten piedad.

— Hijo de Dios, que volverás un día para dar cumplimiento a las promesas del Padre: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

Tiempo de Navidad:

I

— Hijo de Dios, que, nacido de María, te hiciste nuestro hermano: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

— Hijo del hombre, que conoces y comprendes nuestra debilidad: Cristo, ten piedad.
R/. Cristo ten piedad.

— Hijo primogénito del Padre, que haces de nosotros una sola familia. Señor, ten piedad.
R/. Señor ten piedad.

II

— Palabra eterna del Padre, por la que todo ha venido a la existencia: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

— Luz verdadera, que ha venido al mundo y a quien el mundo no recibió: Cristo, ten piedad.
R/. Cristo, ten piedad.

— Hijo de Dios, que, hecho carne, has acampado entre nosotros: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

III

— Rey de la paz y Santo de Dios: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

— Luz que brilla en las tinieblas: Cristo, ten piedad.
R/. Cristo, ten piedad.

— Imagen del hombre nuevo: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

Tiempo de Cuaresma:

I

— Tú, que nos has hecho renacer por el agua y el Espíritu: Señor, ten piedad.
R/. Señor ten piedad.

— Tú. que enviaste al Espíritu Santo para crear en nosotros un corazón nuevo: Cristo, ten piedad.
R/. Cristo, ten piedad.

— Tú. que eres el autor de la salvación eterna: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

II

— Tú. que borras nuestras culpas: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

— Tú. que creas en nosotros un corazón puro: Cristo, ten piedad.
R/. Cristo, ten piedad.

— Tú. que nos devuelves la alegría de la salvación: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

III

— Tú. que has puesto la salvación del género humano en el árbol de la Cruz: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

— Tú. que padeciste por nosotros para que sigamos tus huellas: Cristo, ten piedad.
R/. Cristo, ten piedad.

— Tú. que, cargado con nuestros pecados, subiste al leño para que nosotros, muertos al pecado, vivamos en la justicia: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

Cincuentena pascual:

I

— Tú, que has destruido el pecado y la muerte con tu resurrección: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

— Tú. que has renovado la creación entera con tu resurrección: Cristo, ten piedad.
R/. Cristo, ten piedad.

— Tú. que das la alegría a los vivos y la vida a los muertos con tu resurrección: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

II

— Tú, el Primogénito de entre los muertos: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

— Tú, el vencedor del pecado y de la muerte: Cristo, ten piedad.
R/. Cristo, ten piedad.

— Tú, la resurrección y la vida: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

III

— Tú que eres el sumo sacerdote de la nueva Alianza: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

— Tú que nos edificas como piedras vivas en el templo santo de Dios: Cristo, ten piedad.
R/. Cristo, ten piedad.

— Tú que has ascendido a la derecha del Padre para enviarnos el don del Espíritu: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.
___________________________

Rito para la bendición y aspersión del agua en los domingos

El rito de la bendición y aspersión del agua los domingos sustituye al acto penitencial y puede usarse todos los domingos -desde las misas vespertinas de los sábados- y es recomendable especialmente en el tiempo de Pascua.

Para el rito de esta bendición, véase el Apéndice II.

Señor, ten piedad

7. Siguen las invocaciones Señor, ten piedad [Kýrie eléison], si no se han dicho ya en alguna de las fórmulas del acto penitencial. 

V/. Señor, ten piedad.                R/. Señor, ten piedad.

V/. Cristo, ten piedad.                R/. Cristo, ten piedad.

V/. Señor, ten piedad.                R/. Señor, ten piedad.

Gloria

8. A continuación, cuando está prescrito, se canta o se dice el himno:

Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos,
te bendecimos,
te adoramos,
te glorificamos,
te damos gracias,
Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso.
Señor, Hijo único, Jesucristo,
Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre;
tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros;
tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros;
porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo, en la Gloria de Dios Padre.
Amén.
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En latín:

Glória in excélsis Deo
et in terra pax homínibus bonae voluntátis.
Laudámus te, benedícimus te,
adorámus te, glorificámus te,
grátias ágimus tibi propter magnam glóriam tuam,
Dómine Deus, Rex caeléstis,
Deus Pater omnípotens.
Dómine Fili Unigénite, Iesu Christe,
Dómine Deus, Agnus Dei, Fílius Patris,
qui tollis peccáta mundi, miserére nobis;
qui tollis peccáta mundi, súscipe deprecatiónem nostram.
Qui sedes ad déxteram Patris, miserére nobis.
Quóniam tu solus Sanctus, tu solus Dóminus,
tu solus Altíssimus,
Iesu Christe, cum Sancto Spíritu: in glória Dei Patris.
Amen.
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Oración colecta

9. Acabado el himno, el sacerdote, con las manos juntas, dice:

Oremos.

Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante un breve espacio de tiempo. 

Entonces el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta, al final de la cual, el pueblo aclama:

Amén.
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La colecta termina siempre con la conclusión larga que el sacerdote dice con las manos juntas:

Si la oración se dirige al Padre:

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.

Si la oración se dirige al Padre, pero al final de ella se menciona al Hijo:

Él, que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.

Si la oración se dirige al Hijo:

Tú, que vives y reinas con el Padre
en la unidad del Espíritu Santo
y eres Dios por los siglos de los siglos.
___________________________


© Conferencia Episcopal Española

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