Misal Romano (tercera edición) - Domingo de Pentecostés: Misa de la vigilia

PROPIO DEL TIEMPO: PASCUA

DOMINGO DE PENTECOSTÉS

Solemnidad

Misa de la vigilia


Esta misa se dice en la tarde del sábado, antes o después de las primeras Vísperas del domingo de Pentecostés.

Antífona de entrada           Cf. Rom 5, 5; 8, 11
El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que habita en nosotros. Aleluya.

Se dice Gloria.

Oración colecta
DIOS todopoderoso y eterno,
que has querido que el Misterio pascual
se actualizase bajo el signo sagrado de los cincuenta días,
haz que los pueblos dispersos en la diversidad de lenguas
se congreguen, por los dones del cielo,
en la única confesión de tu nombre.
Por nuestro Señor Jesucristo.


O bien:

DIOS todopoderoso,
brille sobre nosotros el resplandor de tu gloria
y que tu luz fortalezca,
con la iluminación del Espíritu Santo,
los corazones de los renacidos por tu gracia.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas
COLMA, Señor, estos dones
con la acción santificadora de tu Espíritu,
para que se manifiesta, por medio de ellos,
aquel amor de tu Iglesia
que hace brillar en todo el mundo
la verdad del misterio de la salvación
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pentecostes, como en la misa del día.

Antífona de comunión          Jn 7, 37
El último día de la fiesta, Jesús en pie gritó: «El que tenga sed, que venga a mí y beba». Aleluya.

Oración después de la comunión
ESTOS dones que acabamos de recibir, Señor,
nos sirvan de provecho,
para que nos inflame el mismo Espíritu
que infundiste de modo inefable en tus apóstoles.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Se puede utilizar la fórmula de bendición solemne.


Misa vespertina de la vigilia de forma más extensa


1. En las iglesias donde se celebra la misa de la vigilia de forma más extensa, esta misa se puede celebrar del modo siguiente:

2.   a) Si las I Vísperas, rezadas en el coro o en comunidad, preceden inmediatamente a la misa, la celebración puede comenzar por el versículo introductorio y el himno ven Espíritu divino, o bien por el canto de entrada (El amor de Dios) con la procesión de entrada y el saludo del celebrante, omitiendo en uno y otro caso el rito penitencial (cf. Ordenación general de la Liturgia de las Horas, nn. 94 y 96).

Luego sigue la salmodia de Vísperas hasta la lectura breve exclusive.

Después de la salmodia, omitido el acto penitencial y, según las circunstancias, el Señor ten piedad, el sacerdote dice la oración: Dios todopoderoso (segunda de la misa de la vigilia).

3.   b) Si la misa empieza del modo acostumbrado, después del Señor, ten piedad el sacerdote dice la oración: Dios todopoderoso (segunda de la misa de la vigilia).

A continuación, el sacerdote puede exhortar al pueblo con estas palabras u otras semejantes:

Hemos empezado ya, queridos hermanos, la vigilia de Pentecostés; imitando a los apóstoles y discípulos, que, con María, la madre de Jesús, se dedicaban a la oración, esperando el Espíritu prometido por el Señor, escuchemos ahora, con atención y con calma, la palabra de Dios. Meditemos los prodigios que hizo Dios en favor de su pueblo y pidamos que el Espíritu Santo, a quien el Padre envió como primicia para los creyentes, lleve a plenitud su obra en el mundo.

4. Siguen luego las lecturas propuestas ad libitum en el Leccionario. El lector se dirige al ambón y proclama la lectura. Luego, el salmista o el lector proclama el salmo al que responde el pueblo. Después, poniéndose todos en pie, el sacerdote dice Oremos y, tras un breve lapso de tiempo que todos dedican a la oración, pronuncia la oración correspondiente a la lectura. En lugar del salmo responsorial puede guardarse un instante de respetuoso silencio, en cuyo caso se omite la pausa tras el Oremos.

Oraciones para después de las lecturas

5. Después de la primera lectura (Se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra: Gén 11, 1-9) y el salmo (32, 10-11. 12.13. 14-15; R/. [12b] Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad).

Oración
DIOS todopoderoso,
haz que tu Iglesia permanezca siempre
como pueblo santo,
renacido en la unidad del Padre, y del Hijo, y del Espíritu,
que manifestaste al mundo el signo de tu santidad y unidad,
y que lo conduzca a la perfección de tu amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

6. Después de la segunda lectura (El Señor bajó al monte Sinaí a la vista del pueblo: Éx 19, 3-8a. 16-20b) y el cántico (Dan 3, 52. 53. 54. 55. 56; R/. [52b] A ti la gloria y alabanza por los siglos) o el salmo (18, 8. 9. 10. 11; R/. [Jn 6, 68c] Señor, tú tienes palabras de vida eterna).

Oración
OH, Dios, que en el monte Sinaí,
en medio del resplandor del fuego,
diste a Moisés la ley antigua,
y en el día de hoy,
manifestare la nueva Alianza,
te pedimos que nos inflame continuamente
el mismo Espíritu que infundiste de modo inefable en tus apóstoles
y que el nuevo Israel, convocado de entre todos los pueblos,
reciba con alegría el mandamiento eterno de tu amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

7. Después de la tercera lectura (Huesos secos, traeré sobre vosotros espíritu, y viviréis: Ex 37, 1-14) y el salmo (106, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9; R/. [1] Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia, o bien: Aleluya).

Oración
SEÑOR, Dios todopoderoso,
que restauras cuanto está caído
y, una vez restaurado, lo conservas,
multiplica los pueblos que han de ser renovados
por la acción santificadora de tu nombre,
para que todos los que reciban el santo bautismo
sean guiados siempre por tu misericordia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

O bien:

OH, Dios que nos has regenerado por tu palabra de vida,
derrama sobre nosotros el Espíritu Santo,
para que, caminando en la unidad de la fe,
merezcamos llegar a la incorruptible resurrección
de la carne que habrá de ser glorificada.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

O bien:

QUE tu pueblo, oh, Dios, exulte siempre
al verse renovado y rejuvenecido en el espíritu,
para que todo el que se alegra ahora
de haber recobrado la gloria de la adopción filial,
ansíe el día de la resurrección
con la esperanza cierta de la felicidad eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

8. Después de la cuarta lectura (Sobre mis siervos y siervas derramaré mi Espíritu: Jl 3. 1-5) y el salmo (103, 1-2a. 24 y 35c. 27-28. 29bc-30; R/. [cf. 30] Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra, o bien: Aleluya).

Oración
CUMPLE, Señor, en nosotros tu promesa,
para que la venida del Espíritu Santo
nos convierta ante el mundo
en testigos del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

9. Luego el sacerdote entona el himno Gloria a Dios en el cielo.

10. Terminado el himno, el sacerdote dice la oración colecta: Dios todopoderoso y eterno (primera de la misa de la vigilia).

11. Luego el lector proclama la lectura del Apóstol (Rom 8, 22-27), y la misa continua del modo acostumbrado.

12. Si se celebran unidas las Vísperas y la misa, después de la comunión con la antífona El último día de la fiesta, se canta el Magnificat con su antífona de las Vísperas ven Espíritu Santo; luego se dice la oración después de la comunión y lo demás, del modo acostumbrado.

13. Se puede usar la formula de bendición solemne.

Para despedir al pueblo, el diácono, o el mismo sacerdote, dice:

Podéis ir en paz, aleluya, aleluya.

R/. Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya.

Se puede anteponer una de las fórmulas de despedida previstas en el Ordinario de la misa.


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