Ceremonial de los obispos - Proemio


PROEMIO


1. HISTORIA DEL LIBRO CEREMONIAL DE LOS OBISPOS

El Ceremonial de los obispos que estaba en uso hasta nuestros días se publicó por orden del sumo pontífice Clemente VIII, el año 1600. Aquella edición no era sino una revisión y corrección, de acuerdo con el espíritu de la reforma tridentina, de una obra aprobada desde hacía mucho tiempo.

En efecto, el Ceremonial de los obispos sucede a los Ordines Romani, que desde finales del siglo séptimo recogían las normas para las acciones litúrgicas que realizaban los romanos pontífices. Entre estos Ordines, el que aparece catalogado con el número trece en el Museo itálico de Juan Mabillon, publicado por mandato del beato Gregorio X (1271-1276) en torno al año 1273, en el Concilio II de Lyon (1274), no llevaba el título de Ceremonial de los obispos; pero en él se describían las ceremonias de la elección y ordenación del papa, con algunas indicaciones para la misa papal y las celebraciones a lo largo del año.

Casi cuarenta años después, aparece otro Ordo Romanus, catalogado con el número XIV, entre 1314 y 1320 —preparado por encargo del cardenal Santiago Cayetano Stefaneschi y publicado más tarde, hacia el año 1341—, que describía las acciones sagradas que se realizaban en la elección y coronación del sumo pontífice, y sobre todo con ocasión de concilios generales, canonizaciones y coronaciones de emperadores y reyes.

Este mismo libro se publicó en tiempos de Benedicto XII (1334-1342) y de Clemente VI (1342-1352), muy ampliado; además, bajo el beato Urbano V (1362-1370) se le añadió un suplemento sobre la muerte del sumo pontífice y sobre la situación de los cardenales.

Catalogado con el número XV en la obra de Mabillon, otro Ordo o Liber de Cæremoniis Ecclesiæ Romanæ fue elaborado por el patriarca Pedro Ameil, a finales del siglo XIV, en el pontificado de Urbano VI (1378-1389); poco después fue enriquecido por Pedro Assalbit, obispo de Bayona, bajo Martín V (1417-1431), y, junto con los manuscritos de Aviñón, se le dio el nombre de Liber Cæremoniarum Sacræ Romanæ Ecclesiæ, y estuvo en uso en la Curia papal, hasta que, por mandato de Inocencio VIII (1484-1492), Agustín Patrizi, obispo de Pienza y Montalcino, terminó un nuevo Ceremonial el 1488. Este libro fue editado con una nueva redacción en Venecia, el año 1516, por Cristóbal Marcello, arzobispo electo de Corfú, bajo el título Rituum ecclesiasticarum sive sacrarum Cærimoniarum sanctæ Romanæ Ecclesiæ libri tres non ante impressi y su uso se ha mantenido en las ceremonias del romano pontífice hasta nuestros días.

A partir del Ceremonial precedente, París de Grassi, ceremoniero mayor del papa Julio II (1503-1513), no solo extrajo un Ordo Romanus para la liturgia papal, sino que también compuso una obra a la que posteriormente, el año 1564, se le dio el título de De Cæremoniis Cardinalium et Episcoporum in eorum dioecesibus libri duo, en la que se adoptó la liturgia papal a la liturgia episcopal, en concreto a la de Bolonia.

El día 15 de diciembre del año 1582, Gregorio XIII (1572-1585) instituyó una comisión, que fue el precedente de la Congregación para los Sagrados Ritos y Ceremonias, presidida por el cardenal Gabriel Paleotti, con objetivo de revisar la citada obra de De Grassi Librum Cæremoniarum pro Cardinalibus et Episcopis. El promotor y animador de esta reforma, ante el papa Gregorio XIII, había sido san Carlos Borromeo, que en ese momento residía en Roma; pero con su muerte, el año 1584, se detuvieron los trabajos de esa comisión.

Sixto V (1585-1590) no solo creó, el 22 de febrero de 1588, la Congregación para los Sagrados Ritos y Ceremonias con el fin de revisar los libros litúrgicos, sino que también ordenó, el día 19 de marzo de 1586, que le llevaran de la Biblioteca Vaticana numerosos códices para elaborar él, personalmente, una nueva regulación de los ritos sagrados. Se desconoce cuál fue el resultado.

Por fin, el día 14 de julio de 1600, Clemente VIII (1592-1605), al publicar el Ceremonial de los obispos, llevó a término la obra de renovación de este libro. Para su redacción utilizó con libertad no solo las obras precedentes de Patrizzi y de De Grassi, sino también, según parece, las de otros muchos, hoy desconocidos. Colaboraron en este trabajo varones ilustres en santidad y doctrina, que en aquel momento trabajaban en la Sagrada Congregación de Ritos: los cardenales César Baronio, san Roberto Bellarmino y Silvio Antoniano. En la bula introductoria nunca se habla de un nuevo libro sino, siempre, de la revisión del Ceremonial de los obispos, obra de todos conocida.

Sin embargo, ya el día 30 de julio de 1650, Inocencio X (1644-1655) publicó una nueva versión, corregida y revisada, del Ceremonial de los obispos, obra que, un siglo después, el papa Benedicto XIII (1724-1730), en razón de su interés por los ritos sagrados, reeditó el día 7 de marzo de 1727, tras corregir algunos pasajes oscuros y ambiguos, o contradictorios entre sí. Por fin, quince años más tarde, el 25 de marzo de 1742, Benedicto XIV (1740-1758), quien había sido oficial de la Sagrada Congregación de Ritos, hizo una nueva edición del Ceremonial, añadiendo el libro III, con todo lo referente al Estado Romano Eclesiástico, y elogiando, además, el método de la escuela litúrgica, cuya sede en aquel momento se encontraba en el Colegio Romano Gregoriano, de la Compañía de Jesús.

Más recientemente, León XIII (1878-1903), el año 1886, ordenó publicar una nueva edición típica del Ceremonial de los obispos en la que se conservaba íntegramente el libro III, aunque ya no tenía relevancia, pues el Estado Eclesiástico había sido suprimido o, más bien, reducido a la Ciudad del Vaticano.

Finalmente, el Concilio Ecuménico Vaticano II ordenó la reforma de todos los ritos y libros sagrados, y así fue necesario rehacer por completo el Ceremonial de los obispos y publicarlo con una estructura diferente.

2. VALOR DEL LIBRO CEREMONIAL DE LOS OBISPOS

Los sumos pontífices que promulgaron las diferentes ediciones del Ceremonial de los obispos, de hecho, editaron un libro cuyas normas debían ser observadas por todos y para siempre, pero no quisieron ni abolir ni derogar las antiguas ceremonias que fueran conformes con el espíritu Ceremonial.

Este libro, acomodado a las normas del Concilio Vaticano II, viene a ocupar el lugar del Ceremonial anterior, que en lo sucesivo debe considerarse totalmente abrogado, y ha sido redactado de tal modo que puedan conservarse, oportunamente, las costumbres y tradiciones locales, que son, para cada una de las Iglesias particulares, como un tesoro propio del que disfrutan, transmitiéndolas a las generaciones futuras, siempre y cuando resulten conformes con la liturgia renovada por mandato del Concilio Vaticano II.

La mayor parte de las normas litúrgicas que el nuevo Ceremonial ofrece conservan la obligatoriedad vigente en los libros litúrgicos ya publicados. Pero si se da alguna variación en el nuevo Ceremonial, habrá que observarla tal como se indica en el mismo Ceremonial.

El resto de las normas que aparecen en este Ceremonial tienen por objeto lograr una liturgia episcopal que sea a un tiempo sencilla y noble, y además, llena de eficacia pastoral, de modo que pueda convertirse en modelo para todas las demás celebraciones.

Para que tal intención pastoral llegue más fácilmente a cumplirse, este libro ha sido redactado de modo que el obispo y los demás ministros, y en especial los maestros de ceremonias, puedan hallar en él cuanto es preciso para que las celebraciones litúrgicas que el obispo preside no sean una mera organización de ceremonias sino, de acuerdo con el sentir del Concilio Vaticano II, la principal manifestación de la Iglesia particular.


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