Leccionario VI - Misa para la elección del Papa o del obispo


MISA PARA LA ELECCIÓN DEL PAPA
O DEL OBISPO

LECTURA DEL ANTIGUO TESTAMENTO

I

El Señor me ha ungido y me ha enviado a evangelizar a los pobres

Lectura del Profeta Isaías 61, 1-3a.

El Espíritu del Señor está sobre mí,
      porque el Señor me ha ungido.
Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los que sufren,
      para vendar los corazones desgarrados,
para proclamar la amnistía a los cautivos
      y a los prisioneros la libertad;
para proclamar el año de gracia del Señor,
      el día del desquite de nuestro Dios;
      para consolar a los afligidos,
      los afligidos de Sión.

Palabra de Dios.


LECTURA DEL NUEVO TESTAMENTO

I

Se procura el crecimiento del cuerpo, para construcción de sí mismo en el amor

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Efesíos 4, 11-16.

Hermanos:
Cristo ha constituido a unos, apóstoles,
      a otros, profetas,
      a otros, evangelistas,
      a otros, pastores y doctores,
      para el perfeccionamiento de los fieles, en función del ministerio,
      y para la edificación del cuerpo de Cristo;
      hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al Hombre perfecto, a la medida de Cristo
      en su plenitud.
Para que ya no seamos niños
      sacudidos por las olas
      y llevados al retortero por todo viento de doctrina,
      en la trampa de los hombres,
      que con astucia conduce al error;
sino que, realizando la verdad en el amor,
      hagamos crecer todas las cosas hacia él, que es la cabeza: Cristo,
      del cual todo el cuerpo,
      bien ajustado y unido a través de todo el complejo de junturas que lo nutren,
      actuando a la medida de cada parte,
      se procura el crecimiento del cuerpo,
      para construcción de sí mismo en el amor.

Palabra de Dios.

II

Cristo es proclamado por Dios Sumo Sacerdote, según el rito de Melquisedec

Lectura de la carta a los Hebreos 5, 1-10.

El Sumo Sacerdote, escogido entre los hombres,
      está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios:
      para ofrecer dones y sacrificios por los pecados.
Él puede comprender a los ignorantes y extraviados,
      ya que él mismo está envuelto en debilidades.
A causa de ellas, tiene que ofrecer sacrificios
      por sus propios pecados,
      como por los del pueblo.
Nadie puede arrogarse este honor:
      Dios es quien llama, como en el caso de Aarón.
Tampoco Cristo se confirió a sí mismo
      la dignidad de Sumo Sacerdote,
sino aquel que le dijo:
«Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy»,
      o como dice otro pasaje de la Escritura:
      «Tú eres sacerdote eterno,
      según el rito de Melquisedec».
Cristo, en los días de su vida mortal,
      a gritos y con lágrimas,
presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte,
      cuando en su angustia fue escuchado.
Él, a pesar de ser Hijo,
      aprendió, sufriendo, a obedecer.
Y, llevado a la consumación,
      se ha convertido para todos los que le obedecen
      en autor de salvación eterna,
      proclamado por Dios sumo sacerdote, según el rito de Melquisedec.

Palabra de Dios.


Salmo responsorial          Sal 88, 4-5. 21-22. 25 y 27

V/. Cantaré eternamente las misericordias, Señor.

R/. Cantaré eternamente las misericordias, Señor.

Sellé una alianza con mi elegido,
      jurando a David, mi siervo:
«Te fundaré un linaje perpetuo, 
      edificaré tu trono para todas las edades».

R/. Cantaré eternamente las misericordias, Señor.

Encontré a David, mi siervo,
      y lo he ungido con óleo sagrado;
para que mi mano esté siempre con él
      y mi brazo lo haga valeroso.

R/. Cantaré eternamente las misericordias, Señor.

Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán,
      por mi nombre crecerá su poder.
Él me invocará: «Tú eres mi padre,
      mi Dios, mi Roca salvadora».

R/. Cantaré eternamente las misericordias, Señor.


Aleluya y versículo antes del Evangelio
Jn 10, 11
Yo soy el buen pastor, dice el Señor.
El buen pastor da la vida por sus ovejas.


EVANGELIOS

I

Yo os he elegido y os he destinado para que deis fruto

Lectura del santo Evangelio según San Juan 15, 9-17.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

— «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.

Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.

Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.

Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.

Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.

Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure.

De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. 

Esto os mando: que os améis unos a otros».

Palabra del Señor.

II

Como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo

 Lectura del santo Evangelio según San Juan 17, 11b. 17-23.

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo:

— «Padre santo,
      guárdalos en tu nombre, a los que me has dado,
      para que sean uno, como nosotros.
Santifícalos en la verdad;
      tu Palabra es verdad.
Como tú me enviaste al mundo,
      así los envío yo también al mundo.
Y por ellos me consagro yo,
      para que también se consagren ellos en la verdad. 
No sólo por ellos ruego,
      sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos,
      para que todos sean uno,
      como tú, Padre, en mí y yo en ti,
      que ellos también lo sean en nosotros,
      para que el mundo crea que tú me has enviado.
También les di a ellos la gloria que me diste,
      para que sean uno,
      como nosotros somos uno:
      yo en ellos, y tú en mí,
      para que sean completamente uno,
      de modo que el mundo sepa que tú me has enviado
      y los has amado como me has amado a mi».

Palabra del Señor.

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