Ceremonial de los Obispos - Parte III: Liturgia de las Horas y celebraciones de la Palabra de Dios

PARTE III.
LITURGIA DE LAS HORAS Y CELEBRACIONES DE LA PALABRA DE DIOS
LITURGIA DE LAS HORAS.NOCIONES GENERALES
187. Ya que el Obispo representa la persona de Cristo de modo eminente y visible, y por ser el gran sacerdote de su grey, debe ser también el primer orante entre los miembros de su Iglesia [1].
Por tanto, se le recomienda encarecidamente que, en cuanto pueda, celebre la Liturgia de las Horas, principalmente Laudes matutinas y Vísperas con su presbiterio, sus ministros y con participación plena y activa del pueblo, sobre todo en la iglesia catedral [2].
188. Conviene que en las mayores solemnidades el Obispo celebre con el clero y con el pueblo congregados en la iglesia catedral, ya sea las Primeras Vísperas, ya sea Laudes matutinas o las Segundas Vísperas, según lo aconsejen las circunstancias de los lugares, y observando siempre el tiempo más aproximado al verdadero tiempo de la Hora.
189. Asimismo, conviene que el Obispo celebre en la iglesia catedral el Oficio de lectura y Laudes matutinas el Viernes Santo en la Pasión del Señor y el Sábado Santo, como también el Oficio de lectura en la noche de la Navidad del Señor.
190. Finalmente, enseñe a la grey que se le ha encomendado, tanto de palabra, como con su ejemplo, la importancia de la Liturgia de las Horas, y promueva la celebración comunitaria de ella en las parroquias, en las comunidades y en las diversas reuniones, según las normas de la Instrucción general de la Liturgia de las Horas [3].
CAPÍTULO I.
CELEBRACIÓN DE VÍSPERAS EN LAS PRINCIPALES SOLEMNIDADES
191. Para la llegada del Obispo a la iglesia, obsérvese lo que se dice en las normas generales, referidas en el número 79.
192. En el secretarium, el Obispo, ayudado por los diáconos y los otros ministros, que antes de su llegada ya se han revestido con sus vestiduras litúrgicas, deja la capa o la muceta y, según las circunstancias, también el roquete, y se reviste con amito, alba, cíngulo, cruz pectoral, estola y pluvial. Luego recibe de uno de los diáconos la mitra, y también el báculo.
Entretanto, es conveniente que los presbíteros, especialmente los canónigos, se revistan con la capa pluvial sobre la sobrepelliz o sobre el alba; los diáconos con la capa pluvial o con la dalmática.
193. Estando todos preparados, mientras suena el órgano o se canta, se hace la entrada a la iglesia en este orden:
- el acólito que lleva la cruz en medio de dos acólitos que llevan candeleros con cirios encendidos;
- el clero de dos en dos;
- los diáconos, si son varios, de dos en dos;
- los presbíteros de dos en dos;
- el Obispo avanza solo, llevando la mitra y el báculo pastoral, que tiene en la mano izquierda;
- un poco detrás del Obispo, dos diáconos que lo asisten y, si es necesario, toman a cada lado los bordes del pluvial;
- por último los ministros del libro, la mitra y el báculo.
Si la procesión pasa ante la capilla del Santísimo Sacramento, no se detiene ni se hace genuflexión [4].
194. Se recomienda que la cruz llevada procesionalmente se coloque cerca del altar, de tal manera que sea la cruz del altar, de lo contrario se guarda.
Los candeleros se colocan cerca del altar, o sobre la credencia, o cerca del presbiterio.
195. Todos al entrar al presbiterio, de dos en dos, hacen profunda reverencia al altar, y se dirigen a sus sitios. Pero si el Santísimo Sacramento se conserva en el presbiterio, hacen genuflexión.
196. El Obispo, al llegar al altar, entregado el báculo pastoral al ministro y dejada la mitra, hace profunda reverencia al altar, con los diáconos y los otros ministros que lo acompañan.
Después se llega al altar y lo besa, a una con los diáconos que lo asisten. Luego va a la cátedra, donde de pie y signándose con el signo de la cruz, canta el versículo: Dios mío, ven en mi auxilio. Todos responden: Señor, date prisa en socorrerme. Y se canta: Gloria al Padre y, según las rúbricas, Aleluya.
197. Los cantores, inician el himno, y lo prosigue el coro o el pueblo, según lo exija la melodía musical del himno.
198. Después del himno, el Obispo se sienta y recibe la mitra, como de ordinario. Igualmente todos se sientan.
Un cantor inicia las antífonas y los salmos.
Para la salmodia todos pueden estar de pie, según las costumbres de los lugares.
Cuando se usan las oraciones sálmicas, se repite la antífona, luego el Obispo deja la mitra, se levanta, y estando de pie, dice: Oremos. Y después de que todos hayan orado en silencio por algún espacio de tiempo, dice la oración correspondiente al salmo o al cántico.
199. Terminada la salmodia, el lector de pie en el ambón, hace la lectura, sea larga o breve, que todos escuchan sentados.
200. Según las circunstancias, si quiere el Obispo, una vez recibido el báculo, puede agregar una breve homilía para explicar la lectura. La hace con mitra y sentado en la cátedra, o desde el lugar más apto para ser visto y oído por todos.
201. Después de la lectura, o de la homilía, se pueden guardar unos minutos de silencio, si se juzga oportuno.
202. Luego, para responder a la Palabra de Dios, se canta el responsorio breve, o el canto responsorial.
203. Para la antífona del cántico evangélico, el Obispo coloca incienso en el incensario. Al empezar el coro el cántico Proclama mi alma la grandeza del Señor, el Obispo con mitra, se levanta, y todos con él.
Después de trazar sobre sí el signo de la cruz desde la frente hasta el pecho, avanza hacia el altar, y hecha la debida reverencia, junto con los ministros, sube al altar y omite el beso.
204. Mientras se canta el cántico evangélico, se hace como de costumbre la incensación del altar, de la cruz, del Obispo y de los demás como en la Misa, según se dijo en los nn. 89, 93, 96 y 131.
205. Terminado el cántico y repetida como de costumbre la antífona, se hacen las preces. El ministro presenta el libro al Obispo, quien dice la monición, y después uno de los diáconos, en el ambón o desde otro lugar conveniente, dice las intenciones, a las que el pueblo responde.
El Padrenuestro es cantado o rezado por todos. Si pareciere oportuno, el Obispo le antepone una monición.
Por último, el Obispo, con las manos extendidas, canta o dice la oración conclusiva. Todos responden: Amén.
206. En seguida el Obispo recibe la mitra y saluda al pueblo, diciendo: El Señor esté con vosotros. Luego uno de los diáconos puede hacer la monición: Inclinaos para recibir la bendición, (con éstas o palabras parecidas) y el Obispo con las manos extendidas sobre el pueblo, dice las invocaciones de la bendición solemne, empleando una fórmula adecuada de las que se encuentran en el Misal Romano.
Dichas las invocaciones, recibe el báculo y dice: La bendición de Dios todopoderoso y hace el signo de la cruz sobre el pueblo.
El Obispo puede dar la bendición también con las fórmulas propuestas en los nn. 1120-1121.
207. En seguida uno de los diáconos despide al pueblo, diciendo: Podéis ir en paz y todos responden: Demos gracias a Dios.
208. Finalmente, el Obispo se retira de la cátedra, llevando la mitra y el báculo y, según las circunstancias, besa el altar.
También los presbíteros y quienes están en el presbiterio, saludan el altar. Todos regresan al secretarium procesionalmente, en el mismo orden en que vinieron.
CAPÍTULO II.
VÍSPERAS CELEBRADAS EN FORMA MÁS SIMPLE
209. También cuando el Obispo preside las Vísperas fuera de las solemnidades más grandes, o cuando es menor el concurso de pueblo y del clero, o en una iglesia parroquial, es aconsejable que haya algunos presbíteros que conviene se revistan con sobrepelliz sobre la sotana, o con alba y pluvial, o dos diáconos, o por lo menos uno, que se revista con alba y dalmática. El Obispo por su parte se reviste como se dice en el n. 192, o por lo menos con alba y sobre ella la estola y el pluvial.
Todo se hace como se dice en los nn. 191-208, con las debidas adaptaciones.
210. Pero cuando el Obispo asiste a una asamblea menor, en una parroquia o en otra iglesia, puede presidir las Vísperas desde su sede, revestido con el hábito coral [5], y con algunos ministros que lo asistan.
211. Si el Obispo participa en la celebración de Vísperas presididas por un presbítero, el Obispo da la bendición antes de la despedida del pueblo.
CAPÍTULO III.
LAUDES MATUTINAS
212. Las laudes matutinas se pueden celebrar con el mismo rito de las Vísperas, excepto lo siguiente.
213. Si se antepone el Invitatorio, en vez del versículo: Dios mío, ven en mi auxilio, el Obispo comienza las Laudes con el versículo: Señor, abre mis labios, al cual se responde: Y mi boca proclamará tu alabanza. Mientras se dice este versículo, todos se signan la boca con el signo de la cruz. Luego, estando todos de pie, se canta el salmo invitatorio, intercalando la antífona, como se dice en el libro de la Liturgia de las Horas.
Terminado el salmo invitatorio y repetida como de costumbre la antífona, se canta el himno. La celebración de las Laudes matutinas prosigue como se dijo para la celebración de Vísperas.
CAPÍTULO IV.
OFICIO DE LECTURA
214. El Obispo preside el Oficio de lectura desde la cátedra, revestido con hábito coral. El inicia el Oficio con el versículo: Señor, abre mis labios, o: Dios mío, ven en mi auxilio, según las rúbricas.
El cantor entona los himnos, las antífonas y los salmos. Un lector hace las lecturas.
Al final el Obispo canta o dice la oración conclusiva y, si hay despedida, bendice al pueblo, tal como se dice en los nn. 1120-1121.
215. Si se celebra la Vigilia prolongada, el domingo se anuncia solemnemente el Evangelio de la Resurrección, u otro Evangelio los demás días. Lo hace el diácono revestido con alba, estola y dalmática, el cual previamente pide la bendición al Obispo y va acompañado por dos acólitos con cirios encendidos, y por el turiferario con el incensario humeante, en el que el Obispo ha puesto el incienso y bendecido.
Según las circunstancias, el Obispo hace la homilía.
Después del Señor, Dios eterno, alegres te cantamos (Te Deum), si debiera decirse, el Obispo canta o dice la oración conclusiva y, si hay despedida, da la bendición.
216. Cuantas veces se celebra la Vigilia prolongada con participación del pueblo, y en forma más solemne, el Obispo, los presbíteros y los diáconos pueden revestirse como para las Vísperas.
El Obispo durante la salmodia está sentado en la cátedra y tiene puesta la mitra; pero para escuchar el Evangelio, deja la mitra, se pone de pie y recibe el báculo, el cual también mantiene mientras se canta el Señor, Dios eterno, alegres te cantamos (Te Deum). Lo demás se hace como se indica en el n. 214.
217. La noche de la Natividad del Señor, el Viernes Santo en la Pasión del Señor y el Sábado Santo, en cuanto sea posible, celébrese el Oficio de lectura con participación del pueblo, con la presencia o presidencia del Obispo, según el rito descrito en los nn. 214-216.
CAPÍTULO V.
TERCIA, SEXTA, NONA
218. Las Horas de Tercia, Sexta y Nona, sea en la iglesia catedral, o en otra, las puede presidir el Obispo, revestido con hábito coral [6].
Inicia la Hora con el versículo Dios mío, ven en mi auxilio, y la concluye con la oración.
Para la salmodia todos se sientan o están de pie, según las costumbres de los lugares. Después de la salmodia, estando todos sentados, el lector desde un lugar apropiado, hace lectura breve, a la que sigue el versículo que inician los cantores. Todos están de pie y responden.
No se da la bendición. La Hora se concluye con la aclamación: Bendigamos al Señor, a la cual responden todos: Demos gracias a Dios.
CAPÍTULO VI.
COMPLETAS
219. Cuando el Obispo preside las Completas en la iglesia, se reviste con el hábito coral [7], y lo asisten algunos ministros.
El Obispo inicia la Hora con el versículo: Dios mío, ven en mi auxilio.
Si se hace el examen de conciencia, o se realiza en silencio o se incluye en el acto penitencial.
Para la salmodia todos o se sientan o están de pie, según las costumbres de los lugares. Después de la salmodia, estando todos sentados, el lector de pie desde un lugar apropiado, hace la lectura breve, a la que sigue el responsorio: En tus manos, Señor. Luego se dice la antífona del cántico evangélico: Ahora, Señor, según tu promesa.
Al empezar éste, todos se levantan y se signan con el signo de la cruz.
El Obispo dice la oración conclusiva y luego bendice a los participantes, diciendo: El Señor todopoderoso nos conceda una noche.
220. La Hora concluye con la antífona de la Santísima Virgen, sin oración.
CAPÍTULO VII.
CELEBRACIONES DE LA PALABRA DE DIOS
NOCIONES GENERALES
221. «La Iglesia siempre ha venerado las Divinas Escrituras, como lo ha hecho con el mismo Cuerpo de Cristo, puesto que, sobre todo en la sagrada Liturgia nunca ha cesado de tomar y repartir a sus fieles el pan de vida tanto de la mesa de la Palabra de Dios, como del Cuerpo de Cristo» [8], más aún, toda celebración litúrgica se apoya y se sostiene en la Palabra de Dios [9]. Por tanto, el Obispo esfuércese al máximo para que todos los fieles con una adecuada preparación espiritual previa, adquieran el sentido de escuchar y meditar el misterio de Cristo, que se propone en el Antiguo y el Nuevo Testamento.
222. Las celebraciones sagradas de la Palabra de Dios son sumamente útiles en la vida tanto de cada uno de los fieles, como de las comunidades, para fomentar el espíritu y la vida espiritual, para establecer un amor más intenso a la Palabra de Dios y para una celebración más fructuosa tanto de la Eucaristía, como de los otros sacramentos.
223. Por lo cual, es conveniente que el Obispo presida, sobre todo en la iglesia catedral, celebraciones de la Palabra de Dios especialmente en las vigilias de las fiestas más solemnes, en algunos días de Adviento, de Cuaresma y en los domingos y en los días de fiesta.
DESCRIPCIÓN DE LAS CELEBRACIONES
224. Las celebraciones de la Palabra de Dios se asemejarán al modelo de la Liturgia de la Palabra en la Misa.
225. Una vez recibido el Obispo, según lo dicho en el n. 79, en el secretarium o en otro lugar a propósito, se reviste sobre el alba, la cruz pectoral, la estola y el pluvial del color conveniente y, como de costumbre, recibe la mitra báculo.
Lo asisten dos diáconos revestidos con las vestiduras litúrgicas propias de su orden.
Si no hay diáconos, asisten al Obispo dos presbíteros con alba o sobrepelliz sobre la sotana.
226. Después de los ritos iniciales (canto, saludo y oración) se leen una o varias lecturas de la Sagrada Escritura, a las cuales se intercalan cantos o salmos o momentos de silencio. Las lecturas se explican a los fieles reunidos y a ellos se aplican mediante la homilía.
Después de la homilía es oportuno guardar silencio para meditar la Palabra de Dios. Luego la asamblea de los fieles, con un mismo corazón y una sola voz ore, sea por medio de alguna plegaria litánica o de otra forma apta para promover la participación. Al final de la celebración se reza siempre el Padrenuestro.
El Obispo que ha presidido la celebración concluye con la oración y bendice al pueblo, como está indicado más abajo en los nn. 1120 y 1121.
En seguida uno de los diáconos o de los ministros despide al pueblo, diciendo: Podéis ir en paz, y todos responden: Demos gracias a Dios.

[1] Cf. Liturgia de las Horas, lnstrucción general, n. 28.
[2] Cf. ibidem, n. 254.
[3] Cf. ibidem, nn. 1.5-19; 20-27; 30-32.
[4] Cf. supra n. 71.
[5] Cf. supra n. 63.
[6] Cf. supra n. 63 .
[7] Cf. supra n. 63 .
[8] Conc. Vat. ll, Const. dogmática sobre la Divina Revelación, Dei Verbum, n. 21
[9] Cf. Misal Romano, Ordenación de las Lecturas de la Misa, Nociones generales, n. 3.

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