Leccionario VIII - Misas de difuntos


MISAS DE DIFUNTOS


PRIMERAS LECTURAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO

1

Obró con gran rectitud y nobleza, pensando en la resurrección

Lectura del segundo libro de los Macabeos 12, 43-46

En aquellos días, Judas, jefe de Israel, recogió dos mil dracmas de plata en una colecta y las envió a Jerusalén para que ofreciesen un sacrificio de expiación.

Obró con gran rectitud y nobleza, pensando en la resurrección. Si no hubiera esperado la resurrección de los caídos, habría sido inútil y ridículo rezar por los muertos. Pero, considerando que a los que habían muerto piadosamente les estaba reservado un magnífico premio, la idea es piadosa y santa.

Por eso, hizo una expiación por los muertos, para que fueran liberados del pecado.

Palabra de Dios.

2

Yo sé que está vivo mi Redentor

Lectura del libro de Job 19, 1. 23-27a

Respondió Job a sus amigos:

«¡Ojalá se escribieran mis palabras, ojalá se grabaran en cobre,
con cincel de hierro y en plomo se escribieran para siempre en la roca!
Yo se que está vivo mi Redentor, y que al final se alzará sobre el polvo:
después que me arranquen la piel, ya sin carne, veré a Dios;
yo mismo lo veré, y no otro, mis propios ojos lo verán».

Palabra de Dios.

3

Dios creó al hombre para la inmortalidad

Lectura del libro de la Sabiduría 2, 1-5. 21-23

Se dijeron los impíos, razonando equivocadamente:

«La vida es corta y triste,
y el trance final del hombre, irremediable;
y no consta de nadie que haya regresado del abismo.
Nacimos casualmente y luego pasaremos como quien no existió;
nuestro respiro es humo, y el pensamiento, chispa del corazón que late;
cuando esta se apague, el cuerpo se volverá ceniza, y el espíritu se desvanecerá como aire tenue. 
Nuestro nombre caerá en el olvido con el tiempo, y nadie se acordará de nuestras obras;
pasará nuestra vida como rastro de nube,
se disipará como neblina
acosada por los rayos del sol y abrumada por su calor.
Nuestra vida es el paso de una sombra, y nuestro fin, irreversible;
está aplicado el sello, no hay retorno».

Así discurren, y se engañan, porque los ciega su maldad;
no conocen los secretos de Dios, no esperan el premio de la virtud ni valoran el galardón de una vida intachable.

Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su propio ser.

Palabra de Dios.

4

Los recibió como sacrificio de holocausto

Lectura del libro de la Sabiduría 3, 1-9

La vida de los justos está en manos de Dios, y no los tocará el tormento.

La gente insensata pensaba que morían, consideraba su tránsito como una desgracia, y su partida de entre nosotros como una destrucción; pero ellos están en paz.

La gente pensaba que cumplían una pena, pero ellos esperaban de lleno la inmortalidad; sufrieron pequeños castigos, recibirán grandes favores, porque Dios los puso a prueba y los hallo dignos de sí; los probó como oro en crisol, los recibió como sacrificio de holocausto; a la hora de la cuenta resplandecerán como chispas que prenden por un cañaveral; gobernarán naciones, someterán pueblos, y el Señor reinará sobre ellos eternamente.

Los que confían en el comprenderán la verdad, los fieles a su amor seguirán a su lado; porque quiere a sus devotos, se apiada de ellos y mira por sus elegidos.

Palabra de Dios.

O bien, más breve:

Lectura del libro de la Sabiduría 3, 1-6. 9

La vida de los justos está en manos de Dios, y no los tocará el tormento.

La gente insensata pensaba que morían, consideraba su tránsito como una desgracia, y su partida de entre nosotros como una destrucción; pero ellos están en paz.

La gente pensaba que cumplían una pena, pero ellos esperaban de lleno la inmortalidad; sufrieron pequeños castigos, recibirán grandes favores, porque Dios los puso a prueba y los hallo dignos de si; los probó como oro en crisol, los recibió como sacrificio de holocausto.

Los que confían en el comprenderán la verdad, los fieles a su amor seguirán a su lado; porque quiere a sus devotos, se apiada de ellos y mira por sus elegidos.

Palabra de Dios.

5

Edad avanzada, una vida sin tacha

Lectura del libro de la Sabiduría 4, 7-15

El justo, aunque muera prematuramente, tendrá descanso; vejez venerable no son los muchos días, ni se mide por el numero de años; canas del hombre son la prudencia, y edad avanzada, una vida sin tacha.

Agrado a Dios, y Dios lo amo, vivía entre pecadores, y Dios se lo llevó; lo arrebato, para que la malicia no pervirtiera su conciencia, para que la perfidia no sedujera su alma; la fascinación del vicio ensombrece la virtud, el vértigo de la pasión pervierte una mente sin malicia.

Maduró en pocos años, cumplió mucho tiempo; como su alma era agradable a Dios, se dio prisa en salir de la maldad; la gente lo ve y no lo comprende, no se da cuenta de esto: que quiere a sus elegidos, se apiada de ellos y mira por sus devotos.

Palabra de Dios.

6

El Señor aniquilará la muerte para siempre

Lectura de libro de Isaías 25, 6a. 7-9

Aquel día, el Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos. Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones. Aniquilará la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país. —Lo ha dicho el Señor—. Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; celebremos y gocemos con su salvación».

Palabra de Dios.

7

Es bueno esperar en silencio la salvación del Señor

Lectura del libro de las Lamentaciones 3, 17-26

Me han arrancado la paz, y ni me acuerdo de la dicha; me digo:
«Se me acabaron las fuerzas y mi esperanza en el Señor».
Fíjate en mi aflicción y en mi amargura, en la hiel que me envenena;
no hago mas que pensar en ello, y estoy abatido.
Pero hay algo que traigo a la memoria y me da esperanza:
que la misericordia del Señor no termina y no se acaba su compasión;
antes bien, se renuevan cada mañana: ¡que grande es tu fidelidad!
El Señor es mi lote, me digo, y espero en el.
El Señor es bueno para los que en el esperan y lo buscan;
es bueno esperar en silencio la salvación del Señor.

Palabra de Dios.

8

Los que duermen en el polvo despertaran

Lectura de la profecía de Daniel 12, 1-3

En aquellos días, yo, Daniel, estaba cumpliendo un luto, y oí estas palabras del Señor: 

— «Por aquel tiempo se levantará Miguel, el arcángel que se ocupa de tu pueblo: serán tiempos difíciles, como no los ha habido desde que hubo naciones hasta ahora. Entonces se salvará tu pueblo: todos los inscritos en el libro.

Muchos de los que duermen en el polvo despertarán: unos para vida eterna, otros para ignominia perpetua. Los sabios brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad».

Palabra de Dios.


PRIMERAS LECTURAS DEL NUEVO TESTAMENTO

Tiempo pascual

1

Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 34-43

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:

— «Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.

Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con el. 

Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que el había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con el después de su resurrección. 

Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en el reciben, por su nombre, el perdón de los pecados».

Palabra de Dios.

O bien, más breve:

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 34-36. 42-43

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo

— «Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.

Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados».

Palabra de Dios.

2

Dichosos los muertos que mueren en el Señor

Lectura del libro del Apocalipsis 14, 13

Yo, Juan, oí una voz que decía desde el cielo:

— «Escribe: ¡Dichosos ya los muertos que mueren en el Señor! Si (dice el Espíritu), que descansen de sus fatigas, porque sus obras los acompañan».

Palabra de Dios.

3

Los muertos fueron juzgados según sus obras

Lectura del libro del Apocalipsis 20, 11 -- 21, 1

Yo, Juan, vi un trono blanco y grande, y al que estaba sentado en el. A su presencia desaparecieron cielo y tierra, porque no hay sitio para ellos.

Vi a los muertos, pequeños y grandes, de pie ante el trono. Se abrieron los libros y se abrió otro libro, el libro de la vida. Los muertos fueron juzgados según sus obras, escritas en los libros.

El mar entregó sus muertos, muerte y abismo entregaron sus muertos, y todos fueron juzgados según sus obras.

Después muerte y abismo fueron arrojados al lago de fuego —el lago de fuego es la segunda muerte—. Los que no estaban escritos en el libro de la vida fueron arrojados al lago de fuego.

Luego vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra han pasado, y el mar ya no existe.

Palabra de Dios.

4

Ya no habrá muerte

Lectura del libro del Apocalipsis 21, 1-5a. 6b-7

Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra han pasado, y el mar ya no existe.

Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo. Y escuche una voz potente que decía desde el trono:

— «Ésta es la morada de Dios con los hombres: acampará entre ellos. Ellos serán su pueblo, y Dios estará con ellos y será su Dios. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado».

Y el que estaba sentado en el trono dijo: 

— «Todo lo hago nuevo. Yo soy el alfa y la omega, el principio y el fin. Al sediento, yo le daré a beber de balde de la fuente de agua viva. Quien salga vencedor heredará esto, porque yo seré su Dios, y el será mi hijo».

Palabra de Dios.


SALMOS RESPONSORIALES

1

Sal 22, 1-3. 4. 5. 6 (R/.: 1; o bien: 4ab)

R/. El Señor es mi pastor, nada me falta.

O bien: Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tu vas conmigo.

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.  R/.

Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tu vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

Preparas una mesa ante mi,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R/.

Tu bondad y tu misericordia
me acompañan todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin termino. R/.

2

Sal 24, 6-7bc. 17-18. 20-21 (R/.: 1; o bien: 3)

R/. A ti, Señor, levanto mi alma.

O bien: Los que esperan en ti, Señor, no quedan defraudados.

Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
acuérdate de mi con misericordia,
por tu bondad, Señor. R/.

Ensancha mi corazón oprimido
y sácame de mis tribulaciones.
Mira mis trabajos y mis penas
y perdona todos mis pecados. R/.

Guarda mi vida y líbrame,
no quede yo defraudado de haber acudido a ti.
La inocencia y la rectitud me protegerán,
porque espero en ti. R/.

3

Sal 26, 1. 4. 7 y 8b y 9a. 13-14 (R/.: 1a; o bien: 13)

R/. El Señor es mi luz y mi salvación.

O bien: Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida.

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quien temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quien me hará temblar? R/.

Una cosa pido al Señor, eso buscare:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R/.

Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.
Tu rostro buscare, Señor,
no me escondas tu rostro. R/.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, se valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. R/.

4

Sal 41, 2. 3. 5bcd; 42, 3. 4. 5 (R/.: 41, 3a)

R. Mi alma tiene sed del Dios vivo.

Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío. R/.

Tiene sed de Dios, del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? R/.

Recuerdo cómo marchaba a la cabeza del grupo,
hacia la casa de Dios, entre cantos de jubilo y alabanza. R/.

Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen y me conduzcan
hasta tu monte santo, hasta tu morada. R/.

Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío. R/.

¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío». R/.

5

Sal 62, 2. 3-4. 5-6. 8-9 (R/.: 2b)

R. Mi alma está sedienta de ti, mi Dios.

Oh Dios, tu eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua. R/.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios. R/.

Toda mi vida te bendeciré
y alzare las manos invocándote.
Me saciare como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos. R/.

Porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con jubilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene. R/.

6

Sal 102, 8 y 10. 13-14. 15-16. 17-18 (R/.: 8a; o bien: Sal 36, 39a)

R/. El Señor es compasivo y misericordioso.

O bien: El Señor es quien salva a los justos.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R/.

Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por sus fieles;
porque el conoce nuestra masa,
se acuerda de que somos barro. R/.

Los días del hombre duran lo que la hierba,
florecen como la flor del campo,
que el viento la roza, y ya no existe,
su terreno no volverá a verla. R/.

Pero la misericordia del Señor dura siempre,
su justicia pasa de hijos a nietos:
para los que guardan la alianza y recitan
y cumplen sus mandatos. R/.

7
Sal 114, 5-6; 115, 10-11. 15-16ac (R.: 114, 9)
R. Caminare en presencia del Señor en el país de la vida.
O bien:
Aleluya.
El Señor es benigno y justo, nuestro Dios es compasivo; el Señor guarda a los
sencillos: estando yo sin fuerzas, me salvó. R.
Tenía fe, aun cuando dije: «¡ Que desgraciado soy!» Yo decía en mi apuro: «Los
hombres son unos mentirosos.» R.
Mucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles. Señor, yo soy tu siervo, rompiste
mis cadenas. R.

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