Misal Romano - Viernes Santo: Celebración de la Pasión del Señor

Triduo Pascual

VIERNES SANTO

1. Según una antiquísima tradición, la Iglesia no celebra la eucaristía ni en este día ni el siguiente. 

En este día la sagrada comunión se distribuye a los fieles únicamente dentro de la celebración de la Pasión del Señor; a los enfermos, que no pueden participar en dicha celebración, se les puede llevar a cualquier hora del día.

2. El altar debe estar desnudo por completo: sin cruz, sin candelabros, sin manteles.


Celebración de la Pasión del Señor

3. Después del mediodía, cerca de las tres, a no ser que por razón pastoral se elija una hora más tardía, tiene lugar la celebración de la Pasión del Señor, que consta de tres partes: liturgia de la palabra, adoración de la Cruz y sagrada comunión.

4. El sacerdote y el diácono, revestidos de color rojo como para la misa, se dirigen al altar, y, hecha la debida reverencia, se postran rostro en tierra o, si se juzga mejor, se arrodillan, y todos oran en silencio durante algún espacio de tiempo.

5. Después el sacerdote, con los ministros, se dirige a la sede, donde, vuelto hacia el pueblo, con las manos juntas, dice una de las siguientes oraciones:

Oración

No se dice: Oremos

Recuerda, Señor,
que tu ternura y tu misericordia son eternas,
santifica a tus hijos
y protégelos siempre,
pues Jesucristo, tu Hijo,
en favor nuestro
instituyó por medio de su sangre
el misterio pascual.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.

O bien:

Oh Dios, tu Hijo Jesucristo, 
Señor nuestro, 
por medio de su pasión ha destruido la muerte 
que, como consecuencia del antiguo pecado, 
a todos los hombres alcanza. 
Concédenos hacernos semejantes a él. 
De este modo, los que hemos llevado grabada, 
por exigencia de la naturaleza humana 
la imagen de Adán, el hombre terreno, 
llevaremos grabada en adelante, 
por la acción santificadora de tu gracia, 
la imagen de Jesucristo, el hombre celestial. 
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
R/. Amén.


Primera parte: Liturgia de la palabra

6. Luego todos se sientan y se proclama la lectura, del profeta Isaías (52, 13-53, 12), con su salmo.

7. A esta lectura sigue la de la carta a los Hebreos (4, 14-16; 5, 7-9), y el canto antes del Evangelio.

8. Finalmente se lee la historia de la Pasión del Señor según san Juan (18, 1-19, 42), del mismo modo que el domingo precedente.

9. Después de la lectura de la Pasión es oportuno hacer una breve homilía. Al final de la homilía, el sacerdote puede invitar a los fieles a que permanezcan en oración silenciosa durante un breve espacio de tiempo.

Oración universal

10. La Liturgia de la Palabra se concluye con la oración universal, que se hace de este modo: el diácono, desde el ambón, dice la invitación que expresa la intención. Después todos oran en silencio durante un espacio de tiempo, y seguidamente el sacerdote, desde la sede o, si parece más oportuno, desde el altar, con las manos extendidas, dice la oración. Los fieles pueden permanecer de rodillas o de pie durante todo el tiempo de las oraciones.

11. La Conferencia Episcopal pueden establecer una aclamación del pueblo antes de la oración del sacerdote o determinar que se conserve la tradicional monición del diácono: Pongámonos de rodillas, y: Podéis levantaros, con un espacio de oración en silencio que todos hacen arrodillados.

12. En grave necesidad pública, el Ordinario del lugar puede permitir o mandar que se añada alguna intención especial.

13. De entre las oraciones que se proponen en el Misal, el sacerdote puede escoger aquellas que se acomoden mejor a las condiciones del lugar, pero de tal modo que se mantenga el orden de las intenciones que se propone para la oración universal (cf. Ordenación general del Misal Romano, n. 46, p. 41).

I. Por la santa Iglesia

Oremos, hermanos, 
por la Iglesia santa de Dios, 
para que el Señor le dé la paz, 
la mantenga en la unidad, 
la proteja en toda la tierra, 
y a todos nos conceda 
una vida confiada y serena, 
para gloria de Dios, Padre todopoderoso.

Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno, 
que en Cristo manifiestas tu gloria 
a todas las naciones, 
vela solícito por la obra de tu amor, 
para que la Iglesia, extendida por todo el mundo, 
persevere con fe inquebrantable 
en la confesión de tu nombre. 
Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.

II. Por el Papa

Oremos también por nuestro santo padre el Papa N.
para que Dios, 
que lo llamó al orden episcopal, 
lo asista y proteja para bien de la Iglesia, 
como guía del pueblo santo de Dios.

Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno, 
cuya sabiduría gobierna todas las cosas, 
atiende bondadoso nuestras súplicas 
y protege al Papa, 
para que el pueblo cristiano, 
gobernado por ti 
bajo el cayado del Sumo Pontífice, 
progrese siempre en la fe. 
Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.

III. Por todos los ministros y por los fieles

Respecto al nombre del obispo y de la fórmula que se ha de emplear, cf. Ordenación general del Misal Romano, n. 109.

Oremos también por nuestro obispo N.
por todos los obispos, presbíteros y diáconos, 
y por todos los miembros del pueblo santo de Dios.

Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno, 
cuyo Espíritu santifica y gobierna 
todo el cuerpo de la Iglesia, 
escucha las súplicas 
que te dirigimos por todos sus ministros, 
para que, con la ayuda de tu gracia, 
cada uno te sirva fielmente 
en la vocación a que le has llamado. 
Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.

IV. Por los catecúmenos

Oremos también por los (nuestros) catecúmenos, 
para que Dios nuestro Señor 
los ilumine interiormente, 
les abra con amor las puertas de la Iglesia, 
y así encuentren en el bautismo 
el perdón de sus pecados 
y la incorporación plena a Cristo, nuestro Señor.

Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno, 
que heces fecunda a tu Iglesia 
dándole constantemente nuevos hijos, 
acrecienta la fe y la sabiduría 
de los (nuestros) catecúmenos, 
para que al renacer en la fuente bautismal, 
sean contados entre los hijos de adopción. 
Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.

V. Por la unidad de los cristianos

Oremos también por todos los hermanos nuestros 
que creen en Cristo, 
para que Dios nuestro Señor 
asista y congregue en una sola Iglesia 
a los que viven de acuerdo con la verdad 
que han conocido.

Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno, 
que vas reuniendo a tus hijos dispersos 
y velas por la unidad ya lograda, 
mira con amor a toda la grey que sigue a Cristo, 
para que la integridad de la fe 
y el vínculo de la caridad 
congregue en una sola Iglesia 
a los que consagró un solo bautismo. 
Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.

VI. Por los judíos

Oremos también por el pueblo judío, 
el primero a quien Dios habló 
desde antiguo por los profetas, 
para que el Señor acreciente en ellos 
el amor de su nombre 
y la fidelidad a la alianza 
que selló con sus padres.

Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno, 
que confiaste tus promesas a Abraham y a su descendencia, 
escucha con piedad las súplicas de tu Iglesia, 
para que el pueblo de la primera alianza 
llegue a conseguir en plenitud la redención. 
Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.

VII. Por los que no creen en Cristo.

Oremos también por los que no creen en Cristo, 
para que, iluminados por el Espíritu Santo, 
puedan encuentren también ellos el camino de la salvación.

Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno, 
concede a quienes no creen en Cristo 
que, viviendo con sinceridad ante ti, 
lleguen al conocimiento pleno de la verdad, 
y a nosotros concédenos también 
que, progresando en la caridad fraterna 
y en el deseo de conocerte más, 
seamos ante el mundo 
testigos más convincentes de tu amor. 
Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.

VIII. Por los que no creen en Dios.

Oremos también por los que no admiten a Dios, 
para que por la rectitud y sinceridad de su vida 
alcancen el premio de llegar a él.

Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno, 
que creaste a todos los hombres 
para que te busquen 
y, cuando te encuentren, descansen en ti, 
concédeles que, en medio de sus dificultades, 
los signos de tu amor 
y el testimonio de los creyentes 
les lleven al gozo de reconocerte como Dios 
y Padre de todos los hombres. 
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.

IX. Por los gobernantes

Oremos también por los gobernantes 
de todas las naciones, 
para que Dios nuestro Señor,
según sus designios, 
les guíe en sus pensamientos y decisiones 
hacia la paz y libertad de todos los hombres.

Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno, 
que tienes en tus manos 
el destino de todos los hombres 
y los derechos de todos los pueblos, 
asiste a los que gobiernan, 
para que, por tu gracia, 
se logre en todas las naciones 
la paz, el desarrollo 
y la libertad religiosa de todos los hombres. 
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.

X. Por los que se encuentran en alguna tribulación.

Oremos, hermanos, a Dios Padre todopoderoso, 
por todos los que en el mundo 
sufren las consecuencias del pecado, 
para que cure a los enfermos, 
dé alimento a los que padecen hambre, 
libere a de la injusticia a los perseguidos, 
redima a los encarcelados, 
conceda volver a casa a los emigrantes y desterrados, 
proteja a los que viajan, 
y dé la salvación a los moribundos.

Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno, 
consuelo de los que lloran 
y fuerza de los que sufren, 
lleguen hasta ti las súplicas 
de quienes te invocan en la tribulación, 
para que sientan en sus adversidades 
la ayuda de tu misericordia. 
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.


Segunda parte: Adoración de la santa Cruz

14. Acabada la oración universal, tiene lugar la solemene adoración de la santa Cruz. De las dos formas que se proponen a continuación para mostrar la cruz, elíjase la que se juzgue más apropiada de acuerdo con las circunstancias.

Primera forma de mostrar la santa Cruz

15. Se lleva al altar la cruz, cubierta con un velo y acompañada por dos ministros con velas encendidas. El sacerdote, de pie ante el altar, toma la cruz, descubre un poco su parte superior y la eleva y comienza a cantar la invitación: Mirad el árbol de la Cruz acompañándole en el canto el diácono o, si es necesario, la “schola”. Todos responden: Venid a adorarlo, y acabado el canto se arrodillan y adoran en silencio, durante unos momentos, la cruz, que el sacerdote, de pie, mantiene en alto.

Seguidamente el sacerdote descubre el brazo derecho de la cruz y de nuevo, elevándola, cantar la invitación: Mirad el árbol, y se hace todo lo restante como la primera vez. 



Finalmente descubre totalmente la cruz y, elevándola, canta por tercera vez la invitación: Mirad el árbol, y se hace todo lo restante como la primera vez.

16. Seguidamente, acompañado por los dos ministros con velas encendidas, lleva la cruz al comienzo del presbiterio o a otro lugar apto, y allí la deja o la entrega a los ministros para que la sostengan, una vez dejadas las velas a ambos lados de la cruz.

Luego se hace la adoración de la Cruz.

Segunda forma de mostrar la santa Cruz

17. El sacerdote, o el diácono, con los ministros, o bien otro ministro idóneo, se dirige a la puerta de la iglesia, donde toma la cruz ya descubierta; los ministros le acompañan con las velas encendidas, y van procesionalmente por la iglesia hacia el presbiterio. Cerca de la puerta, en medio de la iglesia y antes de subir al presbiterio el que lleva la cruz la eleva y canta la invitación Mirad el árbol, a la que todos responden Venid a adorarlo, y después de cada una de las respuestas se arrodillan y la adoran en silencio durante unos momentos, como se ha indicado antes.

Después se coloca la cruz con los candelabros, según se ha indicado antes.

Invitación para mostrar la santa Cruz 


Adoración de la santa Cruz

18. El sacerdote, los ministros y el pueblo se acercan procesionalmente y adoran la cruz mediante una genuflexión simple o con algún otro signo de veneración (por ejemplo besándola), según las costumbres de cada lugar.

Mientras tanto se canta la antífona: Tu cruz adoramos, los Improperios u otros cantos apropiados. Los que han adorado la cruz regresan a sus lugares y se sientan.

19. Para la adoración sólo debe exponerse una cruz. Si por el gran número de asistentes resulta difícil que cada uno de los fieles adore individualmente la santa cruz, el sacerdote, después que una parte de los fieles haya hecho la adoración, toma la cruz y, de pie ante el altar, invita al pueblo con una breve monición a que adore la santa cruz. Luego la levanta en alto durante unos momentos y los fieles la adoran en silencio.

Mientras tanto, se canta la antífona Tu Cruz adoramos, los Improperios, u otros cánticos apropiados. Los que ya han adorarado la cruz, regresan a sus lugares y se sientan.

Cantos para la adoración de la santa Cruz

Antífona 

Tu cruz adoramos, Señor, 
y tu santa resurrección alabamos y glorificamos. 
Por el madero ha venido la alegría al mundo entero.

Salmo 66, 2 

El Señor tenga piedad y nos bendiga, 
ilumine su rostro sobre nosotros y tenga piedad.

Antífona 

Tu cruz adoramos, Señor, 
y tu santa resurrección alabamos y glorificamos. 
Por el madero ha venido la alegría al mundo entero.

Improperios

Las partes que corresponden al primer coro se indican con el número 1; las que corresponden al segundo, con el número 2; las que deben cantar conjuntamente los dos coros se indican con los números 1 y 2.

I

1 y 2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,
          en qué te he ofendido?
          Respóndeme.

1.       Yo te saqué de Egipto;
          tú preparaste una cruz para tu Salvador.

2.       ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,
          en qué te he ofendido?
          Respóndeme.

1.       Hágios o Theós.
2.       Santo es Dios.

1.       Hágios Ischyrós.
2.       Santo y fuerte.

1.       Hágios Athánatos, eléison himás.
2.       Santo e inmortal, ten piedad de nosotros.

1 y 2. Yo te guié cuarenta años por el desierto,
           te alimenté con el maná,
           te introduje en una tierra excelente;
           tú preparaste una cruz para tu Salvador.

1.       Hágios o Theós.
2.       Santo es Dios.

1.       Hágios Ischyrós.
2.       Santo y fuerte.

1.       Hágios Athánatos, eléison himás.
2.       Santo e inmortal, ten piedad de nosotros.

1 y 2. ¿Qué más pude hacer por ti?
          Yo te planté como viña mía,
          escogida y hermosa.
          ¡Qué amarga te has vuelto conmigo!
          Para mi sed me diste vinagre,
          con la lanza traspasaste el costado
          a tu Salvador.

1.       Hágios o Theós.
2.       Santo es Dios.

1.       Hágios Ischyrós.
2.       Santo y fuerte.

1.       Hágios Athánatos, eléison himás.
2.       Santo e inmortal, ten piedad de nosotros.

II

1.       Yo por ti azoté a Egipto y a sus primogénitos;
          tú me entregaste para que me azotaran.

2.       ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,
          en qué te he ofendido?
          Respóndeme.

1.       Yo te saqué de Egipto,
          sumergiendo al Faraón en el mar Rojo;
          tú me entregaste a los sumos sacerdotes.

2.       ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,
          en qué te he ofendido?
          Respóndeme.

1.       Yo abrí el mar delante de ti;
          tú con la lanza abriste mi costado.

2.       ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,
          en qué te he ofendido?
          Respóndeme.

1.       Yo te guiaba con una columna de nubes;
          tú me guiaste al pretorio de Pilato.

2.       ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,
          en qué te he ofendido?
          Respóndeme.

1.       Yo te sustenté con maná en el desierto;
          tú me abofeteaste y me azotaste.

2.       ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,
          en qué te he ofendido?
          Respóndeme.

1.       Yo te di a beber el agua salvadora
          que brotó de la peña;
          tú me diste a beber hiel y vinagre.

2.       ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,
          en qué te he ofendido?
          Respóndeme.

1.       Yo por ti herí a los reyes cananeos;
          tú me heriste la cabeza con la caña.

2.       ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,
          en qué te he ofendido?
          Respóndeme.

1.       Yo te di un cetro real;
          tú me pusiste una corona de espinas.

2.       ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,
          en qué te he ofendido?
          Respóndeme.

1.       Yo te levanté con gran poder;
          tú me colgaste del patíbulo de la cruz.

2.       ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,
          en qué te he ofendido?
          Respóndeme.

Himno

1 y 2  Antífona 
          ¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!
          Jamás el bosque dio mejor tributo
          en hoja, en flor y en fruto.
          ¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza
          con un peso tan dulce en su corteza!

1.       Cantemos la nobleza de esta guerra,
          el triunfo de la sangre y del madero,
          y un Redentor, que en trance de Cordero,
          sacrificado en cruz, salvó la tierra.

2.       ¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!
          Jamás el bosque dio mejor tributo
          en hoja, en flor y en fruto.

1.       Dolido mi Señor por el fracaso
          de Adán, que mordió muerte en la manzana,
          otro árbol señaló, de flor humana,
          que reparase el daño paso a paso.

2.       ¡Dulces clavos!¡Dulce árbol donde la Vida empieza
          con un peso tan dulce en su corteza!

1.       Y así dijo el Señor: ¡Vuelva la Vida
          y que Amor redima la condena!
          La gracia está en el fondo de la pena
          y la salud naciendo de la herida.

2.       ¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!
          Jamás el bosque dio mejor tributo
          en hoja, en flor y en fruto.

1.       ¡Oh plenitud del tiempo consumado!
          Del seno de Dios Padre en que vivía,
          ved la Palabra entrando por María
          en el misterio mismo del pecado.

2.       ¡Dulces clavos!¡Dulce árbol donde la Vida empieza
          con un peso tan dulce en su corteza!

1.       ¿Quién vio en más estrechez gloria más plena
          y a Dios como el menor de los humanos?
          Llorando en el pesebre, pies y manos
          le faja una doncella nazarena.

2.       ¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!
          Jamás el bosque dio mejor tributo
          en hoja, en flor y en fruto.

1.       En plenitud de vida y de sendero,
          dio el paso hacia la muerte porque él quiso.
          Mirad de par en par el paraíso
          abierto por la fuerza de un Cordero.

2.       ¡Dulces clavos!¡Dulce árbol donde la Vida empieza
          con un peso tan dulce en su corteza!

1.       Vinagre y sed la boca, apenas gime;
          y al golpe de los clavos y lanza,
          un mar de sangre fluye, inunda, avanza
          por tierra, mar y cielo y los redime.

2.       ¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!
          Jamás el bosque dio mejor tributo
          en hoja, en flor y en fruto.

1.       Ablándate, madero, tronco abrupto
          de duro corazón y fibra inerte;
          doblégate a este peso y esta muerte
          que cuelga de tus ramas como un fruto.

2.       ¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza
          con un peso tan dulce en su corteza!

1.       Tú sólo entre los árboles, crecido
          para tender a Cristo en tu regazo;
          tú el arca que nos salva, tú el abrazo
          de Dios con los verdugos del Ungido.

2.       ¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!
          Jamás el bosque dio mejor tributo
          en hoja, en flor y en fruto.

Esta conclusión no debe omitirse:

1 y 2. Al Dios de los designios de la historia,
          que es Padre, Hijo y Espíritu, alabanza;
          al que en cruz devuelve la esperanza
          de toda salvación, honor y gloria. Amén.

20. Terminada la adoración, se lleva la cruz a su sitio, encima o cerca del altar. Los candelabros con las velas encendidas se colocan cerca del altar o sobre el mismo, o a los lados de la cruz.


Tercera Parte: Sagrada comunión

21. Sobre el altar se extiende el mantel y sobre el mismo se coloca el corporal y el misal. Luego el diácono, o en su defecto el mismo sacerdote, traslada el Santísimo Sacramento desde el lugar de la reserva al altar, pasando por el recorrido más breve, mientras todos permanecen de pie y en silencio. Dos ministros con velas encendidas, acompañan al Santísimo Sacramento y dejan luego las velas cerca del altar o sobre el mismo.

22. Después que el diácono ha colocado sobre el altar el Santísimo Sacramento y ha descubierto el pixis, elsacerdote se acerca y, previa genuflexión, sube al altar.Allí, teniendo las manos juntas, dice en voz alta:

Fieles a la recomendación del Salvador, 
y siguiendo su divina enseñanza, 
nos atrevemos a decir:

El sacerdote, con las manos extendidas, dice junto con el pueblo:

Padre nuestro, que estás en el cielo, 
santificado sea tu Nombre; 
venga a nosotros tu reino; 
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; 
perdona nuestras ofensas, 
como también nosotros perdonamos 
a los que nos ofenden; 
no nos dejes caer en la tentación, 
y líbranos del mal.

El sacerdote, con las manos extendidas, prosigue él solo:

Líbranos de todos los males, Señor, 
y concédenos la paz en nuestros días, 
para que, ayudados por tu misericordia, 
vivamos siempre libres de pecado 
y protegidos de toda perturbación, 
mientras esperamos la gloriosa venida 
de nuestro Salvador Jesucristo.

Junta las manos.

El pueblo concluye la oración, aclamando:

Tuyo es el reino, 
tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

23. A continuación el sacerdote, con las manos juntas, dice en secreto:

Señor Jesucristo, 
la comunión de tu Cuerpo 
no sea para mí un motivo de juicio y condenación, 
sino que, por tu piedad, 
me aproveche para defensa de alma y cuerpo 
y como remedio saludable.

24. Seguidamente hace genuflexión, toma una partícula, la mantiene un poco elevada sobre el pixis y dice en voz alta, de cara al pueblo:

Este es el Cordero de Dios, 
que quita el pecado del mundo. 
Dichosos los invitados a la cena del Señor.

Y, juntamente con el pueblo, añade una sola vez:

Señor, no soy digno 
de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya 
bastará para sanarme.

Luego, comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo.

25. Después distribuye la comunión a los fieles. Durante la comunión se pueden entonar cantos apropiados.

26. Acabada la comunión, un ministro idóneo lleva el pixis a algún lugar especialmente preparado fuera de la iglesia, o bien, si lo exigen las circunstancias, lo reserva en el sagrario.

27. Después el sacerdote, guardado si lo cree oportuno un breve silencio, dice la siguiente oración:

Oración después de la comunión

Oremos.
Dios todopoderoso, rico en misericordia, 
que nos has renovado 
con la gloriosa muerte y resurrección de Jesucristo, 
no dejes de tu mano 
la obra que has comenzado en nosotros, 
para que nuestra vida, 
por la comunión en este misterio, 
se entregue con verdad a tu servicio. 
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.

28. Para despedir al pueblo, el sacerdote, de pie cara al pueblo, y con las manos extendidas sobre él, dice la siguiente oración:

Oración sobre el pueblo

Que tu bendición, Señor,
descienda con abundancia sobre este pueblo, 
que ha celebrado la muerte de tu Hijo 
con la esperanza de su santa resurrección; 
venga sobre él tu perdón, 
concédele tu consuelo, 
acrecienta su fe, 
y consolida en él la redención eterna. 
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.

Y todos salen en silencio. El altar se desnuda en el momento oportuno.

29. Los que han participado en esta solemne acción litúrgica vespertina no están obligados a rezar Vísperas.

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