Leccionario - San Raimundo de Peñafort

Propio de los Santos
Enero

7 de enero 
San Raimundo de Peñafort, presbítero 

Del Común de pastores, o bien del Común de santos y santas (para los religiosos).
PRIMERA LECTURA 
Nos encargó el ministerio de la reconciliación 

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5, 14-20 

Hermanos: 

Nos apremia el amor de Cristo, al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. 

Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos. 

Por tanto, no valoramos a nadie según la carne. Si alguna vez juzgamos a Cristo según la carne, ahora ya no. El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo y nos encargó el ministerio de la reconciliación. 

Es decir, Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuenta de sus pecados, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación. 

Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. 

Palabra de Dios.

Salmo responsorial 
Sal 102, 1-2. 3-4. 8-9. 13-14. 17-18a (R/.: 1a) 

V/. Bendice, alma mía, al Señor.
R/. Bendice, alma mía, al Señor.

Bendice, alma mía, al Señor, 
y todo mi ser a su santo nombre. 
Bendice, alma mía, al Señor, 
y no olvides sus beneficios.

R/. Bendice, alma mía, al Señor.  

Él perdona todas tus culpas 
y cura todas tus enfermedades; 
él rescata tu vida de la fosa 
y te colma de gracia y de ternura. 

R/. Bendice, alma mía, al Señor. 

El Señor es compasivo y misericordioso, 
lento a la ira y rico en clemencia; 
no está siempre acusando 
ni guarda rencor perpetuo.

R/. Bendice, alma mía, al Señor.  

Como un padre siente ternura por sus hijos, 
siente el Señor ternura por sus fieles; 
porque él conoce nuestra masa, 
se acuerda de que somos barro.

R/. Bendice, alma mía, al Señor.  

Pero la misericordia del Señor dura siempre,
su justicia pasa de hijos a nietos, 
para los que guardan la alianza.

R/. Bendice, alma mía, al Señor.  


EVANGELIO: Lc 12, 35-40

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