Bendicional - Bendición de cosas destinadas a la liturgia y devoción

TERCERA PARTE

BENDICIÓN DE LAS COSAS
QUE EN LAS IGLESIAS
SE DESTINAN AL USO LITÚRGICO
O A LAS PRÁCTICAS DE DEVOCIÓN

929. La Iglesia ha tenido siempre un interés especial en que las cosas relacionadas con el culto sean dignas, decorosas y bellas, y que, una vez bendecidas, se utilicen solamente para las celebraciones sagradas, y no para usos corrientes. Esta costumbre la Iglesia quiere conservarla.

Por lo cual, las cosas destinadas por la bendición al culto divino han de ser tratadas por todos con respeto y no se han de emplear en usos inapropiados o en actos corrientes.

930. Estas bendiciones para las cosas que en las Iglesias se destinan o erigen para el uso litúrgico o las prácticas devocionales se añaden aquí con el fin de completar las que ya figuran en los demás libros litúrgicos.

931. Cuando las iglesias se consagran a Dios con el rito de la dedicación, o cuando se bendicen debidamente, todo lo que hay en ellas, exceptuando el altar, se ha de tener por bendecido y erigido por el mismo rito de la dedicación o bendición, de modo que no necesita una nueva bendición o erección.

932. Algunas bendiciones, como la bendición de la cruz y de las imágenes que se exponen a la pública veneración, la bendición de la campana, del órgano y de la puerta de la Iglesia, como también la erección de las estaciones del vía crucis, tienen un significado y una importancia pastoral destacados en la vida de la comunidad eclesial, por lo cual es conveniente que las hagan el Obispo o el presbítero rector de la iglesia. No obstante, en determinadas circunstancias, en ausencia del presbítero, pueden encomendarse al diácono.

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