Bendicional - Bendición con ocasión de la inauguración de una nueva cátedra o sede presidencial

Bendición de cosas destinadas a la liturgia y devoción

I. BENDICIÓN CON OCASIÓN
DE LA INAUGURACIÓN
DE UNA NUEVA CÁTEDRA
O SEDE PRESIDENCIAL

981. La cátedra simboliza de forma eminente el magisterio que corresponde al Obispo en su Iglesia. Por esto, el rito de la inauguración de una nueva cátedra sólo puede celebrarlo el mismo Obispo diocesano, o bien, en alguna circunstancia muy especial, otro Obispo que haya recibido de él un mandato especial.

982. El lugar de presidencia o sede del sacerdote celebrante significa la función de presidir la asamblea litúrgica y de dirigir la oración del pueblo santo.

983. Aunque resulta más adecuado unir este rito a la celebración de la Misa, no hay inconveniente en que, si se da el caso, se haga junto con una celebración de la palabra de Dios.

A. En la celebración de la Misa

984. En la Misa, después de la veneración e incensación del altar, el celebrante, antes de dirigirse a la cátedra o la sede, se santigua, diciendo:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

985. Luego el celebrante saluda a los presentes, empleando alguna de las fórmulas que propone el Misal romano.

986. Después, con una monición adecuada, introduce a los fieles en la Misa, ilustrándolos al mismo tiempo sobre el significado del rito inicial referido a la cátedra o a la sede recién construida. Puede hacerlo con estas palabras u otras semejantes:

Hoy se destina por primera vez esta nueva cátedra (sede) al uso litúrgico. Alabemos, queridos hermanos, a nuestro Dios y Señor, que se digna hacerse presente en sus ministros, dedicados a las funciones sagradas, para enseñar, dirigir y santificar a los fieles, y pidámosle que haga cada vez más dignos a los que ejercen tan santo ministerio.

ORACIÓN DE BENDICIÓN

987. Terminada la monición, el celebrante dice:

Oremos.

Y todos oran durante algún tiempo en silencio. Luego el celebrante prosigue, con las manos extendidas:

Alabamos tu Nombre, Señor, unidos en una sola voz,
y te suplicamos humildemente
a ti que viniste como buen Pastor
para reunir en un solo redil a tu rebaño disperso,
por medio de aquellos que tú has elegido
como cooperadores en la propagación de la verdad.
Apacienta a tus fieles
y llévalos por el camino de la santidad,
y así, pastores y ovejas podrán un día
entrar con gozo en los pastos eternos.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

988. El celebrante pone incienso en el incensario e inciensa la cátedra o la sede. Luego se dirige a la cátedra o la sede, donde es incensado por el ministro, mientras se entona un canto adecuado.

989. La Misa continúa como de costumbre, omitiendo el acto penitencial.

B. En una celebración de la palabra de Dios

990. Si la bendición de la cátedra o de la sede se hace en una celebración de la palabra de Dios, se procederá de la siguiente manera. El celebrante, después del saludo, antes de dirigirse a la sede, exhorta brevemente a los fieles con el fin de disponerlos a la celebración y explicar su significado. Puede hacerlo con estas palabras u otras semejantes:

Hoy se destina por primera vez esta nueva cátedra (sede) al uso litúrgico. Alabemos, queridos hermanos, a nuestro Dios y Señor, que se digna hacerse presente en sus ministros, dedicados a las funciones sagradas, para enseñar, dirigir y santificar a los fieles, y pidámosle que haga cada vez más dignos a los que ejercen tan santo ministerio.

ORACIÓN DE BENDICIÓN

991. Terminada la monición, el celebrante dice:

Oremos.

Y todos oran durante algún tiempo en silencio. Luego el celebrante prosigue, con las manos extendidas:

Alabamos tu Nombre, Señor, unidos en una sola voz,
y te suplicamos humildemente
a ti que viniste como buen Pastor
para reunir en un solo redil a tu rebaño disperso,
por medio de aquellos que tú has elegido
como cooperadores en la propagación de la verdad.
Apacienta a tus fieles
y llévalos por el camino de la santidad,
y así, pastores y ovejas podrán un día
entrar con gozo en los pastos eternos.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

992. El celebrante pone incienso en el incensario e inciensa la cátedra o la sede. Luego se dirige a ella y allí es incensado por el ministro, mientras se entona un canto adecuado.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

993. Después de la incensación del celebrante, se leen algunos textos adecuados de la sagrada Escritura, seguidos oportunamente de un salmo responsorial o de un sagrado silencio meditativo. La lectura del Evangelio ha de ser siempre el acto más relevante.

Le 4, 16-22a: Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en Jesús

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del santo Evangelio según san Lucas.

Fue Jesús a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:

«El Espíritu del Señor está sobre mí,
porque él me ha ungido.
Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres,
para anunciar a los cautivos la libertad,
y a los ciegos, la vista.
Para dar libertad a los oprimidos;
para anunciar el año de gracia del Señor».

Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles:

— «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír».

Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios.

Palabra del Señor.

994. Pueden también leerse: Ne 8, l-4a. 5-6. 8-10; Is 40, 9-11; Hch 10, 34-38; Hch 13, 15-32.

995. Salmos responsoriales:

Sal 118 (119), 129. 130. 133. 135. 144 (R.: 105)

R/. Lámpara es tu palabra para mis pasos, Señor.

Tus preceptos son admirables,
por eso los guarda mi alma; R/.

la explicación de tus palabras ilumina,
da inteligencia a los ignorantes. R/.

Asegura mis pasos con tu promesa,
que ninguna maldad me domine. R/.

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
enséñame tus leyes. R/.

La justicia de tus preceptos es eterna,
dame inteligencia, y tendré vida R/.

996. O bien:

Sal 18B (19B), 8-9. 10. 15
R/. (cf. Jn 6, 63c) Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.

997. Terminadas las lecturas, el celebrante hace la homilía. En ella explica las lecturas bíblicas y la presencia de Cristo, en representación del cual ejercen su función los ministros sagrados.

PRECES

998. Luego se hace la plegaria común. Entre las invocaciones que aquí se proponen, el celebrante puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias del momento.

Nuestro Señor Jesucristo de tal manera ama a la Iglesia que ha querido por medio de sus ministros y pastores que sea adoctrinada por la palabra divina y alimentada por los santos sacramentos. Por todo esto, lo alabamos, diciendo:

R/. Te damos gracias, Señor.

Bendito seas, Señor, que, por medio de los maestros de la fe, continúas enseñándonos tu Evangelio. R/.

Bendito seas, Señor, que, por medio de los pastores que tú has elegido, nos das sin cesar el alimento espiritual, a nosotros, ovejas de tu rebaño. R/.

Bendito seas, Señor, que, por medio de tus pregoneros, nos llamas y nos invitas a cantar las alabanzas del Padre. R/.

ORACIÓN DE BENDICIÓN

999. Luego el celebrante prosigue, con las manos extendidas:

Señor Jesucristo,
que enseñaste a los pastores de tu Iglesia
a servir a los hermanos y no a ser servidos,
te pedimos que hagas con tu gracia
que todos los que vengan a esta cátedra (sede)
proclamen siempre tu palabra
y administren dignamente tus sacramentos,
y así, junto con el pueblo a ellos confiado,
te alaben sin cesar en la sede eterna del cielo.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

CONCLUSIÓN DEL RITO

1000. El celebrante concluye el rito, diciendo, con las manos extendídas sobre los fieles:

El Señor os bendiga
con todas las bendiciones del cielo
y os mantenga siempre santos y puros en su presencia;
que él derrame sobre vosotros, con abundancia,
las riquezas de su gloria,
os instruya con la palabra de la verdad,
os oriente con el Evangelio de la salvación
y os haga siempre ricos en caridad fraterna.
R/. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo X y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros.
R/. Amén.

1001. Es aconsejable terminar el rito con un canto adecuado.

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